739 aproximadamente

Hoy cumplo apenas 739 meses de vida.
Contados así parecen pocos. Y la verdad es que no me dio tiempo a nada. Tendré que apurar, y en los próximos acelerar el paso si quiero alcanzar el objetivo de hacer el Camino mozárabe, por ejemplo. 
Me hace mucha ilusión cumplir con los sueños de siempre,  y también poder afrontar algunos nuevos.
Ahora duelen más los pasos, en la espalda y la cabeza, pero también es verdad que te acostumbras antes al dolor.
Y te motivas mucho más con los planes en momentos que no derrochas vida. 

Creo que me acerco a marchas forzadas a los 22.500 días, y que he superado las 530.000 horas de vida, aproximadamente. Que no son pocas, ni tampoco muchas, … no se. 

Calculando que mis padres alcanzaron en este mismo más de 1040 meses cada uno, y casi todos uno al lado del otro, debo ponerme en marcha sin demora, si de verdad quiero cumplir con esos planes. 
Que la vida es bonita, y no espera. 
Ya tocará descansar. 

… adiós. NOTA

NOTA

Estimado: 
He de comunicarte mi feliz fallecimiento, tras una larga vida de aventuras y descubrimientos. No es un momento triste. Es un alivio. 
Deseo que disfrutes de este rato de encuentro. Que charléis de vuestras cosas y de los recuerdos. Eso si controla la voz para no impedir el resto de conversaciones.
Servirán un cóctel y un discreto brunch para que estéis cómodos, escuchando la música que yo mismo escogí. 
Cuenta, por favor, algún chiste sin vergüenza, para sentir la risa que tanto amé. 
No llegues tarde. Empieza a las 8 de la tarde y llegará hasta las 10:30, que recogerán todo. La música dejará de sonar, se apagarán las luces y se encenderán las velas. 
Un fuerte abrazo.
Hasta siempre.

… adiós. Réquiem póstumo

Réquiem póstumo 

Para recrear la situación, debe situarse en la Sala 17 del Tanatorio Nuestra Señora de la Soledad, repleta de familiares, amigos y conocidos, que acompañan a los hijos y nietos, afligidos.
El abuelo decidió por su cuenta, como siempre, que sirvieran un cóctel con brunch, discreto pero notable, para acompañar a la música que él había escogido, y que no paraba de sonar en la sala, con el volumen preciso para no molestar las conversaciones. Eso si rogaba que no fueran salidas de tono.
También aconsejó en la nota que redactó y se entregaba a la llegada al velatorio, que por favor no dejaran de contar algún chiste bueno para escuchar las risas. Le encantaba las risas, el sonido, las caras y los ojos chispeantes. 

Finalmente, dispuso que terminada la despedida, y una vez incinerado, esparcieran sus cenizas en el campo y en la playa, de madrugada, amaneciendo. 
Y depositarán la urna vacía en un punto limpio.

 Aunque … no sé si todo podrá ser de esta manera. 

de querer, adiós

Después de vivir, 
he tenido la suerte
de quererte, 
Amor. 

Inmensa la nota 
que rompe el silencio, 
al decir Te quiero
color azul. 

Inmenso el silencio
que llena el cielo
de la noche 
sin Estrellas.  

Abrumador
el cariño recibido.  
Y el desdén 
de tu rechazo. 

Ahora, 
sentado 
a un lado de la sala, 
espero solo. 

Y todos 
han venido 
a acompañaros. 
El protagonista soy yo. 

Deja que sienta 
la última caricia 
del aire en la cara.  

Lágrimas y risas,  
música,  
comida y vino. 
Despedida. 

Con todo sentido, 
una gota más 
en el mar. 
Ha amanecido. 


Réquiem póstumo 

Toque de vela

Son las 4 de la mañana, 
y el día me llama. Prende la vela. 
No hay luz en la calle. 
Aún quedan horas de toque de queda. 

No puedo salir.
Y aquí en la cama arde. 
Sin propósito decidido, 
será difícil mantenerme tranquilo. 

Afuera hace frío, mucho frío. 
Y en mi cabeza un rio. 
Recuerdos descolocados, 
planes abarrotados sin sentido. 

Así cada día, cada noche. 
No es un reproche. 
Es que no puedo hacer nada 
para volver a ser un tipo ordenado. 

Los controles de horario
la movilidad reducida 
la actividad desactivada.  
El confinamiento decidido. 

La pandemia del miedo 
rebeldía contenida 
 desastre sanitario. 
La propaganda política urdida. 

Y en mi cabeza solo estás tú 
Amor 
y emprender el camino solitario 
cuesta arriba, camino abajo. 

A quien haría daño 
es solo un pie pequeño 
y una cabeza de anciano 
no pueden acabar con el sueño. 

El destino está inmensamente lejos. 
El chasquido de los pasos 
no lo escucha nadie. 
Lucho contra mí mismo. 

Romper mis reglas. 
Elegí las nuevas, que son ninguna. 
Mira a la luna, si se deja, 
y caminar sin parar. 

Solo parar para seguir. 
Recuerda que el placer está en el camino 
pero no pierdas nunca el destino 
que soñaste al salir. 

Y ahora espera, 
no puedes hacer nada 
hasta que suene la alarma 
y se apague la vela. 

Montaña

Carta al corazón de mi amigo cubano. 

Estimado amigo: 

Quiero que estén capeando con salud la dichosa pandemia. Reparta mis saludos a toda la familia y amigos.

Espero que, pasando de puntillas sobre la política, el nuevo rumbo del “primer país del mundo” ayude a mejorar la vida en casa. 

Nadie es capaz de derrumbar una montaña de escombros hecha durante más de 50 años de cruel guerra fría y desencuentros.
Es imposible materialmente deshacer infinitas micro_historias de dolor y sufrimientos en las dos orillas de la costa, agrandadas por el altavoz de la conveniencia política a ambos lados.
¿Como reparar los daños de escalar esa montaña, produciendo el abandono y desarraigo de tus orígenes?

Pero, por difícil que parezca, creo que es más que posible construir un túnel que atraviese de momento esos 50 años, que permita escucharse a ambos lados, convencido de que hay más causas en común que distancia, y que procuraría ventajas personales, familiares e intelectuales en las dos orillas. 

No es aceptable más tiempo de embargo, ni más tiempo de pensamiento único empecinado, que solo han traído consecuencias devastadoras. 

Y es, mas que importante, imprescindible, que la intención, el esfuerzo y la determinación estén en ambos lados. 

También habrá que visualizar en este tiempo la necesidad de alguna renuncia y cesiones, en las dos partes, claro está, si se quiere conseguir el objetivo. 

Necesitan crecer personal e intelectualmente hacia el siglo 21, sin con ello perder su esencia y sus costumbres.

Eso es posible con esfuerzo y constancia, siempre que visualicen las ventajas. Y esto también depende de la comunidad internacional y de su entorno, que debe visualizar las ventajas de aperturar e incorporar esa cultura hacia el siglo 21.

He conocido, como sabes, a personas bellísimas, a familias entrañables, a juventud radiante y a madurez experta en Cuba. Todos con la ansiedad y la incertidumbre del futuro. Convencerles de que es posible mejorar serenamente, aceptando su pasado y construyendo su futuro_embajador del porvenir que quieran para ellos, es un proyecto enorme. Pero empujar a ese país hacia adelante, bien merece el esfuerzo. 

Espero que reciban el trato que se merecen, y prenda con fuerza el entusiasmo desde el respeto a lo vivido y con la esperanza de conquistar un nuevo paradigma. 

Ojalá así fuera. Cuenten conmigo.

Siempre suyo.
Un extremeño.

Aprenderte. Amor distancia. Fin de la espera.

Tenemos que aprender a querernos, sin verte y tú sin verme. Sin abrazos, sintiendo en la distancia sideral tan cerca, que imaginemos el roce de las miradas en el horizonte.

Tendremos que aprender a imaginar lo que no tenemos, a recordar con cariño lo pasado, espantando el olvido. 
Y esperar que estos tiempos se acaben, e intentemos encontrarnos lo antes posible en un sin aliento, acabando esta angustia de no tenernos.

Tendré que aprenderte de memoria, a la espera de descubrirte de nuevo cuando esté por fin a nuestro alcance. Y guardar hasta entonces tanto por querernos.

Te necesito.

Solo la esperanza de volver a verte, de estar juntos me vale para pasar por este calvario, por esta etapa tan sombría e injusta. 
Solo la certeza de volver a estar contigo, para emprender el camino soñado.
Hasta entonces contener la respiración en un suspiro. Hasta volver a estar contigo. 

Cruzando el camino

Al otro lado, cruzando el camino de mi existencia, sin mas equipaje que tu insistencia y tu curiosidad, encontraras lo que no imaginas.

Y yo, asustado por ver tus progresos, temiendo descubras todos mis secretos, y feliz por compartir contigo lo que soy y lo que siento.

Pero no será fácil el trayecto. A veces me resisto a desnudarme en mitad de tanto ajetreo. Y en lugar de entregarme a todo tu empeño, me defiendo con vergüenza y cierto miedo a perderte en este nuevo sendero.

No es fácil. No es fácil ser sincero, entregar todo el cofre de secretos escondidos muy adentro con esmero, sin sentir que estas del todo al descubierto. 

Estoy dispuesto a explorar esto contigo, si tu me das tu mano y siento en mi pecho el latido de tu pecho, y tus labios acompañan mis mejillas, mis ojos bien abiertos descubriendo la felicidad. 

Estoy cansado de andar solo, tan perdido. De que el frío mas intenso invada mis sentidos, mirar sin ver nada, hablar en sueños, imaginarte aquí a mi lado, descubrir en la brisa tus aromas, y esperar a ver si asomas allí, cruzando el camino.

Cerca de aquí

A la vuelta de la esquina, en una calle vacía, estrecha, cerca de aquí, en un rincón de la fachada principal de la casa, blanca y azul, la encontré sentada en el suelo. 
La cara alegre, invitando a acercarse, la mirada fija en mi. No tuve otra oportunidad mejor que esta.

Y sin embargo seguí a paso lento sosegado mi trayecto previsto. 

Estaba lleno de curiosidad ante el descaro y la felicidad de esa mirada. 

Y cuando me volví a rescatarla, ya no estaba. Así es de fugaz. 
La felicidad. 
La vida. 

Mimama

Mi mamá me dijo que ha dejado de cantar.

La vida, que pasó volando, le ha llevado a preocuparse más por los demás que por ella. Y con tanta intensidad, de pronto se dio cuenta que ya no era como se recordaba, que apenas reía, que ya no cantaba.

Me lo decía ayer con pena.
Se acordaba que en casa de su madre, cuando tocaba recoger la cocina, lo hacía con la copla “Francisco Alegre y olé“, y se reía. Y planchar con su cantinela. Y caminaba por la calle con el sonsineque. Y recordaba a su madre, que a pesar de su historia, cantaba coplillas como  ahora las canta Pasión Vega.
Ponme una de esta, Luisito,  como mi madre la cantaba, como mi madre…

De pequeños, recuerdo un regreso de visitar a tía Engracia, andando por un camino hasta casa. Nos alcanzó la noche, y alguno protestábamos por que teníamos miedo de la oscuridad. Y nos pedía mi madre, “canta niño canta, que el miedo espanta” . Y cruzando la noche cerrada, cantando llegamos a casa.

O cuantas veces de viaje en el pequeño “robertito”, un Renault4L sin radio, por supuesto, entretenía a seis niños, cantando una detrás de otra, hasta llegar de un largo viaje. 

Y a los hijos nos enseñó, claro. Maribel “debutó “ en Lopez De Ayala “en los brazos de una Virgen”. Jose Manuel tiro de blues, Paco con la flauta, a mi me enganchó la guitarra, y Jesús destiló todo, y desde muy pequeño a la rondalla de pulso y púa, y enseguida a la tuna “canalla”. … A Juande, … le gustaba el fútbol, y el pobre mejor que no cantara… era “sintónico

Y ahora nos damos cuenta de que ya no canta mi madre. 
Pero hay que animarla y que se ría. 
¡Pobre de nosotros, si mi madre no cantara!