Mimama

Mi mamá me dijo que ha dejado de cantar.

La vida, que pasó volando, le ha llevado a preocuparse más por los demás que por ella. Y con tanta intensidad, de pronto se dio cuenta que ya no era como se recordaba, que apenas reía, que ya no cantaba.

Me lo decía ayer con pena.
Se acordaba que en casa de su madre, cuando tocaba recoger la cocina, lo hacía con la copla “Francisco Alegre y olé“, y se reía. Y planchar con su cantinela. Y caminaba por la calle con el sonsineque. Y recordaba a su madre, que a pesar de su historia, cantaba coplillas como  ahora las canta Pasión Vega.
Ponme una de esta, Luisito,  como mi madre la cantaba, como mi madre…

De pequeños, recuerdo un regreso de visitar a tía Engracia, andando por un camino hasta casa. Nos alcanzó la noche, y alguno protestábamos por que teníamos miedo de la oscuridad. Y nos pedía mi madre, “canta niño canta, que el miedo espanta” . Y cruzando la noche cerrada, cantando llegamos a casa.

O cuantas veces de viaje en el pequeño “robertito”, un Renault4L sin radio, por supuesto, entretenía a seis niños, cantando una detrás de otra, hasta llegar de un largo viaje. 

Y a los hijos nos enseñó, claro. Maribel “debutó “ en Lopez De Ayala “en los brazos de una Virgen”. Jose Manuel tiro de blues, Paco con la flauta, a mi me enganchó la guitarra, y Jesús destiló todo, y desde muy pequeño a la rondalla de pulso y púa, y enseguida a la tuna “canalla”. … A Juande, … le gustaba el fútbol, y el pobre mejor que no cantara… era “sintónico

Y ahora nos damos cuenta de que ya no canta mi madre. 
Pero hay que animarla y que se ría. 
¡Pobre de nosotros, si mi madre no cantara!

Contigo soñé

Hoy soñé contigo.
Con todo 
el corazón partido, 
el tiempo perdido. 

Y la luz oscura de la noche 
escondió las lágrimas. 
Rabia y tristeza,
solo en mis páginas.

La sonrisa más sincera,
lo que vivimos juntos. 
Soy un enfermo mental 
de amor, brutal e inmortal.
Sin final.

¿Será amor eterno?
Si no fuera, será definitivo. 
Muero de ganas
de tenerte conmigo.

Una nube oscura 
tapa la poca luz
de la luna llena,
soñando. 

Y no me deja pensar bien
lo que quiero y no debo,
imaginando como será
amanecer.

El de ayer, el de hoy, 
El horizonte encendido 
donde te vi los ojos de miel
por última vez. 

No hay más frío 
que el que tu pasas.
Cuanto más tiemblas, 
más ganas tengo 
de abrazos y besos 
de abrigo. 

Y tus ojos cerrados 
me miran. 
Y tus labios temblando, 
castigan. 

Mi corazón se rompe 
cuando me dices 
mi Vida.

Navidad

La Nochebuena es la oportunidad de estar con tu familia más íntima, de encontrarte, casi sin querer, de frente con los sentimientos más tiernos e intensos que tu corazón pueda demostrar. Un buen momento para saludar a las nuevas incorporaciones.

También es una noche en la que, inevitablemente, te aparecen en el recuerdo las ausencias más íntimas. Has vivido todo el año enredado en mil cosas que te han despistado de su presencia eterna.

Así que la noche se presenta con la sensibilidad y la ternura a flor de piel. En la mejilla irrumpen sin querer unas lágrimas limpias y puras de amor.
Son de emoción, de felicidad y de recuerdo. Con toda la alegría y la esperanza, la aventura y el misterio.

Son mis perlas de amor de navidad.
Siempre con el mundo en los ojos. 

Y las quiero compartir contigo.
Feliz Navidad.

Estoy

Estoy dispuesto. 
Creo que ha llegado el momento. 
Y, a partir de ahora, 
a pensar en la siguiente aventura. 

No será sonada, 
ni la contaré cada día en la ventana. 
Discretamente, haré mutis.  
Y hasta siempre, afortunada. 

Sí será repentino. 
Las despedidas, si breves,  
mejor las olvidas.  
Un abrazo fuerte, si quieres.  

Y, mientras, 
el pulso acelerado.  
La ilusión intacta.  
Empiezo otra vida de gato.

Felicidad

Allí donde el cielo y el mar 
se confunden. 
Allí donde el horizonte no es frontera,  
siempre me espera 
tu sonrisa infinita. 

Deja que la imaginación 
te lleve con ella, 
a viajar a la felicidad, 
y camina junto a su estrella.

La playa al amanecer 
es vuestro paraíso.  
No es un adiós,
es un aviso. 

Todo el tiempo nos llena. 
No pares de andar. 
La vida no espera.
Sal a su búsqueda. 
No pierdas su estela.

¿Tú?

Escucho tu musica, leo tus canciones, estoy atento a todo, guardando la distancia 
invasiva, para intentar comprender. 
Pero la distancia crece, a pesar de mi intención. 
Ya no basta con creer. La fe mueve lo ingente, y ni un centímetro menos de lo que 
separa;  y no para de crecer la distancia 
desde la última vez que te vi. 

No hay fuerzas en mí para sujetar esta corriente adversa. 
Con el viento en contra, todo el esfuerzo es inútil. 
Y las tinieblas envuelven los perfiles más dolorosos, y la carita encendida y tu 
sonrisa, es lo que más me cuesta perder. 
...todo lo demás se difumina, sin querer. 

En la medida en que se vacía poco a poco el 
mundo, mi mundo desmoronado de hoy... 
y los ecos de lo que fue se amortiguan, todo 
parece más grande, más solemne, más distante. 
El don musical que ahora respira, se 
conforma con el latido más personal. El de el corazón.

Apenas una vela me sujeta al recuerdo encendido. 

No se que hacer, ahora que solo vivo el 
futuro. El pasado es mi tesoro y el presente se ha esfumado.

De pronto, el camino se divide aquí.

Un gusano

Un gusano me invadió 
dejando todo vacío. 
La fachada la defendí 
heroicamente,

sin propósito aparente. 
Solo por vergüenza,  
sin darme cuenta 
del gran vacío interior. 

Ni planes a medida 
ni nada en consecuencia. 
Que importancia tenia 
lo que pudiera pasar. 

Y ahora, que reparo, 
nada tiene sentido 
si solo he conseguido 
mantener en pie lo de fuera. 

No siento nada conmigo, 
ni aprecio lo que vendrá. 
Todo se acabará 
con el último suspiro. 

Speedy Gonzalez, Pablo

Fue un día 30 de octubre. 
Yo estaba trabajando con un grupo de empleados en Nerja ese día. 
No recuerdo bien, pero creo que fue como al medio día que recibí una llamada al teléfono del  
despacho de mi cliente. “Es para ti” y me pasó el teléfono amablemente. 
Desde mi oficina me avisaban de que la buena noticia que esperaba estaba al llegar.   
Mi pequeño llamaba a la puerta. 
Como hoy, ese año aún no había llegado el frío y se sucedían los días soleados, radiantes,   
como la sonrisa y el brillo de mis ojos en ese instante. 
Hice un esfuerzo por calmarme y terminar la reunión. Pero cordialmente me despidieron,   
entre enhorabuenas y deseos de suerte, para volver a casa, al encuentro de mi pequeño.   
Entonces inicie un viaje al sprint, intentando llegar antes que él. Nuestra primera competición   
de muchísimas más que luego vendrían.   
Volver a la oficina, dar instrucciones, pasar por el hotel, hacer la maleta, poner gasolina,   
subir al coche, y a buscarle.   
Nunca ese trayecto de cuatro horas y media, que tantas veces he hecho, igualó el de ese día.   
Con la sonrisa puesta todo el rato hasta dolerme la cara, imaginando cómo sería, como encajaría   
con los dos pequeños en la foto de mi familia. Sería moreno, rizado, despierto y menudo, como el   
mayor; o rubio y de ojazos, enorme y cariñoso, como su otro hermano.   
Cuando llegue excitado al hospital materno subí por las escaleras, demasiado impaciente para   
esperar el ascensor.   
Se me fue el día en el viaje y cuando entré a la habitación era de noche. Estaba a oscuras.   
La mamá y mi hermana, que le acompañaba, las dos durmiendo.   
Y el bebé dentro.   
Una tanda de besitos tiernos, y me enviaron a dormir a casa de Eloísa y Antonio.   
La abuela no paraba de preguntarme ¿cómo está mi niña? Con cariño me preparó una tortilla,   
un baso de leche y a dormir.   
Ya en la cama pensé “menudo sprint; al menos no llegué tarde” .   
Me quedé dormido al instante, agotado.  
Al día siguiente desperté sobresaltado. Me había quedado dormido. ¡No podía ser!   
seguro que el peque ya había llegado.   
Corriendo de nuevo al hospital. Al llegar me tranquilizan “está todo controlado”.   
Una breve espera más y ya está.   
En el capazo ¡nada de todo lo que había imaginado! Salió pitando con ganas mi pequeño Pablo.   
La carita redonda, se parecía más a los Ramos.   
Y desde entonces este pequeño ratón lo hizo todo muy rápido. Al estilo de aquel personaje de   
Loones Tunes “Speedy González”,  que arrancaba a correr gritando ¡epa epa ándale ándale arriba   
arriba!   
Hoy después de estos años te pido, una vez más, que tengas cuidado. Cosas inevitables de padre.   
Pásalo bien. Solo tu corazón es más grande que tu fuerza, ratón. 
Y reconozco mi derrota. Por el corazón me has ganado. 

31 de octubre. Felicidades. 
Papá 

Silencio pío

Me cortaron las manos 
para no escribirte 
ni un verso más.

Para no poder 
decirte ni pio. 
En silencio completamente. 

Y, mientras miraba 
lo que antes fueron, 
me inundó el silencio, 

dejando vacío y ruido 
el único espacio 
que llenaba contigo, amor 

Y solo el sonido 
de una lágrima 
 rompió 

pensamiento 
y oración, 
el silencio pío.