Previsión del tiempo

Esta es mi previsión del tiempo 
para mañana: 
El tiempo pasará, 
ni rápido, ni lento, 
como siempre, 
con su pausa vertiginosa, 
incansable. 

El día durará 
lo que normalmente: 
Veinticuatro horas 
y poco más. 
Eso si, 
repartidas equitativamente 
a lo largo de ese día. 

No se espera 
que, mientras discurra, 
se produzcan 
interrupciones. 
Probablemente 
algunos ratos se les pasen volando 
y otros más lentamente.

Pero el tiempo, 
como eternamente, 
se presentará a poco a poco,  
indefinidamente. 
No podemos ganarle 
y lo perderemos, 
probablemente.

Baile de mascarillas

La nueva norma obligatoria que consiste en llevar puesta continuamente la mascarilla fuera de casa, en realidad supone para mi no salir de casa.
Los paseos caminando a ritmo no los puedo hacer con la máscara puesta.
Una sensación insuperable de ahogo, de faltarme el aire, me paraliza con la mascarilla puesta.
Sudar en frío, hiperventilación y algo de mareo, con la boca abierta detrás de la máscara como un pez fuera del agua.

El daño colateral de esta norma, que parece no tiene un sólido fundamento científico, hay quien dice que es para recordarnos continuamente que el bicho sigue ahí, está  siendo, al menos en mí caso, un nuevo confinamiento. 
Este baile de máscaras, muchas personalizadas con diseños diferentes y multitudinarios, o personalizados, todo muy creativo, no es para mi. 
Dificulta la comunicación, escondiendo la cara detrás del paño y filtrando decibelios de la conversación, abriendo nuevas posibilidades de esconderse frente a tu interlocutor que no me gustan.
Siempre he preferido más transparencia, la relación directa cara a cara sin velos sugerentes ni celosías de confesionario. 

Espero que la realidad quite la razón a esta norma, y los impostores sean descubiertos al caerse la máscara que ahora les oculta. 
Claro que, como leía hace unos meses al profesor Miguel Lorente de la Universidad de Granada, encontraremos algunos que cuando le quitemos la venda, como al hombre invisible, detrás no hay nada. 

Que no me hablen de nueva normalidad, que está nueva norma, que no es buena ni sana, no es normal. Perdone que le escriba.

Doblando curvas

De cuando empiezas a delegar, en general, no a nadie en particular, en la gente, todo lo que concierne a la política y sociedad, las reuniones de escalera, la peña y la hermandad.
Solo te reservas el círculo más cercano: que comer, cuando dormir, que hacer, y si va a llover o hace sol, por preguntar.
Si te duele todo a pesar de que el esfuerzo más grande que has hecho ha sido levantarte de la cama.
Entonces debes pensar seriamente que quizás el futuro te importa una mi… Y que tú vida ha “doblado la curva”, y con suerte no hayas entrado en una rotonda de la que no sepas ya salir.
Has reducido drásticamente el número de amigos, incluso de Facebook. Y de las llamadas de teléfono, que se han convertido en molestas, solo te quedan las imprescindibles. La familia.
Te acostumbraste a estar en casa sin hablar. Y tus pensamientos suelen ser o profundos, o ningunos. 
Recuperas colecciones antiguas, retomas lecturas aparcadas hace tiempo, ordenas todas las fotos del cajón, … son otros síntomas de “lo tuyo”.
Recuerdas deportes, la moda, ecos de sociedad o espectáculos como algo histórico, lejano.
Sueñas con volar, hablar debajo del agua, o  viajar a Roma.
Has perdido el apetito, mientras sin parar te atiborras a todas horas de snacks y chuches.
Violentamente enfadado, a veces sensible, indolente, trasnochado, blanquecino, entumecido, ….aburrido.

Confirmado: llevas más de treinta días confinado, y aún no te han dicho hasta cuando.
¡Cabrones!
Si no fuera porque somos héroes anónimos…