La niebla gris

El invierno se cierra en torno al hogar. Este año tardó en venir.
Una suave niebla, gris y densa, le gana la batalla a la luz, invadiendo lentamente todo de oscuridad.
De tristeza también.
Es inútil seguir mirando, a lo lejos el horizonte se hace invisible. Una vez más va haciéndose a la idea de que ya no volverá.
El viento frío se siente con dolor en las mejillas.
Ya no sonríe. Hace tiempo qué aprendió a hundir bien profundo sus emociones.
La angustia le va atrapando en este callejón sin salida.
Mientras se atormenta buscando en su cabeza una salida, un pequeño destello de luz que le indique el fin de esta tortura, la mirada cae despacio hasta sus pies en señal inequívoca de derrota.
Luego, el peso se coloca todo encima del pecho y no le deja respirar. Siente palpitar a toda velocidad el corazón, que bombea con fuerza en las muñecas y la sien. También en la cabeza, con una punzada aguda que le atraviesa.
Los nervios disparatados, pelean con esta parálisis, intentan sacudirle para que se mueva. Pero ni lo intenta.
Los ojos, ahora abiertos de par en par, hacia el suelo, sin mirar, se secan, y dejan escapar una lagrima.
Otra vez le viene a visitar.
Es la ansiedad.

Tormenta

Cuando era pequeño, en las noches de tormenta mi madre nos mandaba poner los pies en alto. Se apagaba la tv, todos los aparatos y la luz eléctrica. Estábamos mejor a la luz escasa de un candil o un quinqué, y el misterio de sus sombras en la pared. A poder ser nos mandaba directamente a la cama.
Por supuesto nada de salir a la calle, y menos con paraguas o debajo de los árboles. Y quitarse de las corrientes.
Ya en mi cuarto, las noches de tormenta imaginaba un gigante que escupía rayos luminosos por los ojos y sus pisadas sonaban como truenos. No tenía mucho miedo, sino curiosidad. Me asomaba a hurtadillas al postigo de la ventana y miraba asombrado el espectáculo de luz rompiendo en el cielo oscuro. Y el llanto interminable del aguacero, arreciando a cada trueno, corriendo el agua por los tejados y ya en el suelo, calle abajo. Mañana tocaría saltar charcos con las katiuscas. Y, a pesar del atraso en el trabajo del campo, no se les veía tristes a Leandro y a Emiliana, ni a Leandrin con las vacas en el establo.
Y esos rayos.
Algunas veces restallaban como un látigo. Otras, sonaban más broncos y hacía temblar todo a su paso.
Ya no llueve como antes.
Aunque esta noche fue como hace años.
Apague las luces, la tv y me asomé al patio.¡Menudo espectáculo!

De camino

– Ahora se que viví un amor de sueño. -respondía en voz baja a su compañero de viaje.
– Lo mejor de amar es ser correspondido, querido amigo. – le contestó totalmente convencido.
– Ahora, que se acabó, se que fue el mejor. Fue intenso y tan efímero, que me dejó descompuesto y frío. Sin aliento.
Sin saber que hacer, sin respiración, a medio camino entre el jardín y el pozo. – continuó, haciendo un silencio que pareció eterno.
– A pesar de que gozo del beneficio de la duda, sin saber que hacer: si vivir como alma en pena, o morir de amor. –
El camino cruza el bosque, cuesta arriba en este tramo. La respiración se hace intensa y el esfuerzo les obliga a tomar una pausa.
– Si buscas un poco de dignidad, … o vives con horror. – le aconsejó con dulce indolencia apoyado en el tronco de un árbol enorme.
– Nunca dejaré de amarle .- replicó sin alterarse, mientras fijó la mirada en sus ojos. – Nunca –
La tarde caía rendida después de un día tan largo. El cielo se teñía anaranjado, mientras se escondía el sol, por fin.

Demasiado tarde

Ahora es demasiado tarde, y ya no deseo vivir más.
Tanto afán, tanta lucha desplegada, tanto tiempo, que en el intento se esfumó toda la vida.
Y es, en este momento que aún nos espera el sprint final, cuando no queda nada con que soñar.
El silencio atronador, la luz azul, el frío violento, la fuerza fallida, el corazón parado, la mirada perdida, la voluntad disuelta.
En un rincón sentada, acalambrada, hecho un ovillo de dolor, imposible estar erguido. Solo un brillo en la mirada, la alegría de ver esa cara, esa voz amiga, de la familia, que al paso te da la caricia justa, el cariño que añoras, y que debes administrar bien, pues tardará en volver esos mis ojos preferidos. 
Y la rabia, a veces, por dentro, no es suficiente para poner fin a la tortura.
¿Por que está insistencia desmedida, si solo necesito un poco de dignidad, y que la calma me lleve a mi final, agradecida? 
Esto no es vida

La carta que nunca escribí

La carta que nunca escribí, y que nunca has leído. 
Es tan difícil cruzar una mirada con alguien descubriendo lo que para ti es tu mundo, que cuando la encuentras y la pierdes, nada te vale de consuelo.
Tantas veces fue imposible, que me doy por fin vencido.
No hay rencor alguno, sino pena. No hay culpable, sino yo mismo. 
No fui capaz, dándolo todo, de crear un sueño perdido. 
Hoy llevo el corazón parado, en busca de un nuevo sentido. No sé estar solo, pero a ti nunca te olvido. 
Llevo tiempo exhausto, pedaleando un tándem con un asiento vacío. Llegó para mi el fin de etapa. Siento como lentamente el cuerpo me dice basta, como lentamente me derrumbo, me invade el dolor y el frío.
Me quedan, así, pocas cosas por hacer. A su término y conseguido no ser imprescindible, será el momento de salir a buscar mi destino. De “hacerme transparente” para no hacer ningún ruido. Y escapar a otro mundo, otra vida de gato y desaparecer diluido. 
Todo ha terminado. Y los ojos en lágrimas no deciden lo que he vivido.
Sin contacto, sin heridas.
Sin ilusión, sin razones, sin esperanza, sin corazón. Sin futuro, sin sentido.
Sin rencor, sin culpable.
Solo, sin olvido.
Es la carta que nunca escribí, y que nunca has leído.
FIN

(A la mujer que he perdido)

Soñar caminos

¿Que extraño si estoy solo?
Hablar contigo.
Que te ocupes de mi,
y yo de ti.
Los abrazos.
Que curiosees en lo que hago.
Interesarme por lo que haces.
Compartir lo que piensas,
aunque no estemos tan de acuerdo. Sentirte cerca.
Respetarte
y sentirme respetado.
Ser la fuerza en tus proyectos e ilusiones. Viajar.
Nunca estar solo
incluso cuando no estás conmigo.
La luz.
Tu olor.
Tu calor.
Tu mano en la mía,
y tus labios mientras me miras.
Tus ojos cerrados.
Tu caminar de lejos.
Volver a ti.
Juntos sentir amor.

Sácame de este infierno.
No sé estar solo,
sueña un nuevo camino para mi, para ti.

Pez globo

Sensible, vacío y asustado
como un pez globo en peligro.
Mirándome el ombligo.
Aburrido y solo.

Así me siento cada día
mientras sueño una fantasía.
En la que tú.
estás junto a mi.

Pero la soledad es
la única compañía.
Imagino la fisonomía
de tu sonrisa más feliz.

Y duermo solo
y soy el dueño
compartiendo mi sueño
del camino contigo.

Un nuevo año empieza.
Y ya tengo en mi cabeza
los planes de viaje.
Sin nada de equipaje, contigo.

La aventura se abre
delante de los ojos.
Mirándote de frente.
Con sorpresa.

Estoy en el obrador de sueños.
Amaso recuerdos y visiones.
Y luego invento canciones
que siempre me hacen reír.

La noche es azul y violeta.
Reflejos en una pared.
Espero despacio a que amanezca.
Dibujando tu rostro de nuevo.

Y atravieso el espejo.
Dejando atrás la historia.
Congelada en mi memoria.
Siguiendo la luz otra vez.

Siempre esperar alguien.
Nunca dejar de querer.
Todo el cariño es poco.
Mucha risa por hacer.

Mucho tiempo por delante.
con el alma al hombro.
Mucho de dar amor.
¿A quien?