De pronto, sin avisar

Foto de Mikael Kapanaga
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De pronto sin avisar nos envuelve, cerca de la costa, la niebla del mar.
Y con ella la tristeza, que entra igual, sin ruido y con afán invasor.
No es solo que el día esté gris, y a estas alturas del año, con calor. Es que sin razón aparente no veo a donde ir, ni que hacer aquí. No estoy de humor para reuniones y no quiero compartir tristeza.
Es melancolía. Es inapetencia y falta de energía.
Es rendición, aceptar el fracaso. Es consumirte por dentro, enfermar sin oponerse.
Es despedida.
Es la tristeza.

El Muro

Me encontré de frente con un muro.
No era la primera vez, pero antes siempre escalaba para saltar y seguir con mi camino. Al menos lo intentaba.
Esta vez me quedé parado frente a él, mirando. Sin hacer nada, exhausto.
Estuve dibujando sobre el, para ver si desaparecía. O quizás para sentir que se abría un paso y me dejaría continuar.
Pero no. Ahí estaba el muro plantado. Plantado ante mi, sin ruido, sin moverse.
Yo también plantado ante él, sin moverme.
Y me dormí.
¿Que pensará esta mole gigante para mi tamaño que hago aquí frente a frente tanto tiempo?
Si es cuestión de paciencia, le echaré un poco, pero he llegado hasta aquí con la paciencia casi agotada. También justo de fuerzas. Y en consecuencia alterado, cansado e impaciente.
He recorrido muchos caminos, en bajada, en llano, rápidos y lentos. He salido de laberintos y encrucijadas. A veces también anduve en barbecho. Me encontré con situaciones de muchísima dificultad, con senderos empinados que había que atacar, siempre adelante, sin parar.
Hasta que me tope con mi muro. Todos tenemos uno, y el mío lo tengo ahora frente a mi.
No tiene porque ser grande. Ni siquiera de piedra o de cal. Puede ser una circunstancia, una situación inesperada. Solo que este no lo vas a superar.
Es un “hasta aquí hemos llegado”
Creo que quizás aún podía intentar superarlo, pero no tengo el ánimo, ni el deseo, ni la curiosidad. Es que realmente quiero quedarme aquí, frente a mi muro. Y no dar ningún un paso más.
Me arrodillé cómodamente delante para observarlo. Luego me senté con las piernas recogidas en cuclillas a descubrirlo. Porque este era Mi Muro.
Cuando pasas algún tiempo mirando cambia de color, de oscuro a brillante. Se convierte en un espejo donde te ves caminando en el pasado. Reconoces a personas queridas y a situaciones pasadas. Todo está ahí enfrente.
Ya no tengo dudas, ni fuerzas, ni ganas de moverme.
Todos tenemos nuestro muro. Lo encuentras antes o después. Este es mi muro. Lo encontré. Hasta aquí llegué.

Escribir

Dejé de escribir cuando sufría, para no hacerlo contagioso.
Dejé de escribir cuando no vivía, y tampoco dormía.
Dejé de escribir cuando abandoné la esperanza, que ya no me seguía.
Y dejé de escribir lo que a nadie importaba, y solo quería morir.
Todo lo perdí. La memoria de lo imprescindible, sobrevivir. Las necesidades innegables, respirar me costaba. La ambición, la competencia, la habilidad, la fuerza, la destreza, el interés por algo, cualquier cosa, también lo perdí. Las rutinas saludables, el cuidado propio, las amistades, las aficiones, los sueños, la felicidad.

Escuchaba conversaciones, apenas susurros, ruidos inesperados, aún estando solo. Cada vez más solo. 

Soñaba despierto cada noche, una y otra vez con detalle mis fracasos en bucle infinito.

Cada vez mas medicado, la tensión disparada, en guerra conmigo mismo, a medio riñón de intoxicarme, vomitando lo que no comí, con menos salud, viviendo la coplilla de Veneno “Por favor doctor, Recéteme Vd. un sedante que me quite la velocidad que cogí con lo de antes.” 

Escuchando consejos amigos, la medicación te ayuda, pero tan solo tú podrás curarte.

Y si de mi depende, se hace difícil, pero mi interés esta en cómo puede uno esfumarse, hacerse invisible, desaparecer. 

Y así dejé de escribir. 

Y de ser. 

Ahora ando refugiado detrás de una sonrisa eterna. Esperando que nada pase, como así ocurre. 

Se ha derrumbado mi mundo, que tanto esfuerzo me costo construir, y de los que solo un montón de escombros dan cuenta de lo que fue. 

Más nada de recuerdo dejo atrás, ni merece la pena. Tampoco arreglé el mundo como en mis sueños, ni conseguí que la gente fuera más feliz. Solo repartí algo de dignidad.

Todo lo perdí, y me olvidé. 

Dejé de escribir. Y así es como dejé de existir. En un mundo al que no pertenezco.

Si dejara de sentir estaré cerca de morir. …que para lo que hay…

Opinión.- Planes

La primavera escasa de este año no ha dado tiempo a despedir el invierno como se merece, y a iniciar los planes que por delante nos abre el año.
Planes de viajar, como antes. Y de conocer a gente nueva o reencontrarse con viejas amistades, como antes. Ahora sin restricciones ni confinamientos, todo invita a hacerlo intenso, casi sin recato, con los deseos enervados, como si fuera la última vez.
Contagiados de alegría contagiosa, con deseos de risas y desenfado, de conversación larga y animosa, en unas vacaciones merecidas después de dos o casi tres años contenidos, o directamente sin ellas.
Sean felices. Pierdan momentáneamente la cabeza, relájense y disfruten. Lo necesitamos.
Abrámos un nuevo tiempo, creativo, solidario, crítico e inconformista. Agarrados a nuestros valores, dudemos de todo. Y construyamos entre todos un nuevo e inédito futuro que está en nuestra mano y es posible.
Y es que está muy cerca ya el verano.
Perdone que les escriba.

Refugiado

Amanece 
Solo son las 6:45 
No iré 
Hoy no veré salir el sol 
Ni esconderse temerosa la luna 

Refugiado en mi casa 
detrás de las sábanas 
Más de una hora llevo despierto 
Pero este día 
No saldré al encuentro 
del horizonte del mar 

Refugiado en mi casa 
Atrapado dentro de mi cabeza 
Imposible librar esta batalla 
Escondido dentro de mi 
Todo lo pasado perdido 

Perdido entre miedos 
Refugiado 

Arpa

Con disparo certero del arpa, 
mientras el arco hace sonar
las cuerdas de tu violín,
cobra vida una víctima
inocente de tu música.

Suenan las lágrimas
que brotan sin más
Llenan las rojas mejillas
Brillan los ojos encendidos
Vuela el sueño libre en paz

Tan solo el piano tensado
se queda sonando una pausa
acompañando el último movimiento
la estrofa precisa
del violín

Cuando tú no estás …siempre

Tiembla, pulso

Me tiembla el pulso, nervioso ante el pasado que no volverá, ante el futuro incierto y ante el presente desierto.
Entregué mi alma a la ciencia, y ha dispuesto la bioquímica cuando duermo, sin sueño, y cuando despierto, por fin.
Regulada la tensión que experimento, insensible casi al dolor invalidante, que aveces me recuerda a punzadas que esta ahí presente.
Me tiembla la mano y a pesar de todo escribo lo que me viene de dentro, mezcla de pasión y desencanto, inspiración y olvido inmediato. ese impulso ya no lo controlo.
Ya no me tiembla la voz, olvidé hablar de tanto estar en silencio.
Y uso como escudo la sonrisa, a salvo de ser preguntado.
Hundido sin dudarlo en mi mundo interior, inventado a la medida de mis sueños de dolor y risas, que me tienen encantado.
La vida está para vivirla, no para esperar a que se acabe. Y yo, si puedo, así lo haré. Sin despedirme me marcharé cuando no pueda vivir lo que sueño.

Tinta y tiempo


Cabe un violín en una tumba

Mi querido Jesús:

Os echo de menos. Es normal. En primer lugar por la suerte de haberos tenido a tiro de una mirada, en estrecha cercanía tantos años y haber disfrutado de tus anécdotas, de tus anhelos, de tu vida y de tu música.
En estos últimos tiempos un poquito más alejado, pero entiendo que una persona tan generosa y espléndida, y con ese aura de luz intensa de colores y esa música que te envuelve, no podía acapararla, y necesariamente debe ser compartida.

Recuerdo esa tarde de hace años, en el balcón de casa, tú tocando el violín, los ojos de Toñi brillando, y al acabar, sin darnos cuenta, aplausos llegando desde ventanas y balcones cercanos. Y al asomarte, gente arremolinada en el rincón del jardín hasta donde fueron llegando en silencio siguiendo tu música cuál Hamelin.
Y esta fue una anécdota de mil.

Al contrario de otras actividades humanas, como la política, los negocios, o el deporte, que inexcusablemente dividen en bandos enfrentados a las personas, la música siempre une, sea del género que sea. Así un buen tema musical atrae a cualquiera que la escuche, ya sea flamenco, clásico, jazz, pop, rock o folclore, dejándote completamente en paz.
Se que experimentas y te dejas acariciar por la música, y entre tus instrumentos cuentas la Viola, la guitarra, el piano, el cajón…. Pero de todos ellos, y desde los aún cercanísimos cuatro o cinco años, el violín ha sido la continuidad natural de tus manos desde las puntas de los dedos, la extensión de tu persona, de tu manera de sentir y de ser, del respeto y el cariño inmenso al violín y a las personas que te escuchamos embelesadas.

Por eso cuando descubrí la cita:
Un violín cabe en una tumba
supe que era para ti. Desde muy niño y hasta el final de tus días, que deseo sea felizmente dentro de muchísimos años, el violín serás tú y te acompañará por siempre.

Os añoro. Es normal después de todo sois mi familia del corazón, aquella que elegimos, pero siempre en mi corazón, orgulloso y agradecido por lo que me diste.
Me calmo con tus grabaciones y mis recuerdos. Tú musica me da mucho, me aporta la tranquilidad y la calma, la alegría y la profundidad que necesito.

Cuidaros mucho. Cuídate mucho.
Siempre tuyo, con todo mi cariño y admiración. Luis

Jesus Reina

No volveré

21siglosofia

Un paso, dos. 
Tres pasos, cuatro  
cinco pasos o mil,  
Seis son casi siete 
más de este no sé contar. 

¿Y cuando volverás?...   
un día o jamas.  
¿Y cuando volverás?... 

Cuantas veces decimos,  
y no volveré,
... y después.  

Las emociones, 
las flores, 
esa canción que te lleva de viaje al futuro,
que ya pasójusto al lado de tu pié,
otra vez. 

Bailemos 
alrededor de un sueño, 
tu mano en mi hombro, 
la mia en tu espalda. 

Dejemos que el tiempo 
detenga el dolor. 
Por un instante,
cruzarme en tu mirada. 

Y soñar, 
dejándome llevar 
al son de tus requiebros. 

El corazón, alterado, 
quiere volar, 
perseguido por un beso.

Inspirado en “Mil pasos · Soha“ … y en la luna

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