¿Como estás?

Ahora mismo lucho con un cuerpo que quiere parar, y una cabeza que quiere morir. 
Y con ninguno de los dos estoy de acuerdo.
Pero exhausto, a punto de la rendición. 

Crece

No se porqué hoy, la primera palabra que me viene es ANGUSTIA. 
Respiro fatigado, dormí mal, a tropezones, siempre alerta sin motivo, siempre con la idea de no alcanzar el nivel que requiere la necesidad de este momento. 
Son cosas del séptimo mes de cada año. Y cada vez lo llevo con peor cara. Cosas del tiempo que pasa impasible, constante y sin pausa. Como siempre. Pero aveces debería sentir que necesito más pausa o más ritmo. Mas tiempo. 
… y me lo concede, pero el dolor me parte en dos, me deja sufriendo. 

Las noticias se me agolpan cada día, y se me hace “bola”. Siento miedo por el siguiente parte, que viene lleno de malas noticias. Aumenta por momentos el ruido, las algaradas, las necesidades y el descontento.
La historia aquí ha cogido un giro que se me antoja violento. Y eso me da miedo.

También por mí, pero sobre todo por ellos. Estoy llegando a la cima. Poco me queda por recorrer. Pero a ellos le alcanza recién empieza el camino, y es incierto. 

Y, muriendo de ganas de terminar, me angustia lo mal que quedó todo esto. 
Quebrado y molido por dentro, no me quedan fuerzas para arrimar el hombro a la causa. Y solo me quedan consejos. Que es una señal bien clara de donde estoy, cuál es mi momento. 

Apártate de mi, sal de mis pensamientos Ángel de la Muerte, Parca oscura y obediente.
Se que te acercas y que no eres el fin. Pero no tengo prisa.
Apenas me quedan fuerzas que quiero gastar en risas, y mirar a lo lejos, a poniente. 

Ella

Ella, cuando sabía con certeza que se acercaba el final, sin dudar, sus últimos días decidió pasarlos conmigo.

A solas en una playa de poniente, de arenas doradas, tranquilamente, su mano en la mía.

Organizó todo a su gusto. La pequeña al campamento, los demás a sus tareas. Todo con normalidad. 

Nos dejó a solas por última vez. El último paseo, las ultimas fotos del atardecer, una última cena a la luz de las velas en el jardín.
Sin abandonar su conversación animada, sin coartada ni señales de tristeza. Solo el cansancio infinito, la ausencia de vitalidad, cercenaban por momentos los ratos a medias. 

A veces me confundía su risa y su felicidad. Y el engaño era el cariño, que quería fuera eterno como esos días que pasamos. 

Al despedirnos del hospedaje, y ya en el coche, nos miramos a los ojos, brillando, serenos, sinceros.
Le pregunté.
– ¿estás bien? 
– Movió la cabeza a ambos lados, como respuesta 
– ¿vamos al hospital?
– ¡Vamos! dijo con seguridad.

P.D. Nunca salimos juntos de ese hospital.

Cumplir

Me voy fijando como mis amigos van cumpliendo sus años en un goteo interminable. Yo también, afortunadamente, claro. 
El calendario empuja con una fuerza constante que no ceja, ni deja tregua en ningún caso.
Impasible a que tú ánimo esté de bajón, aburrido o más contento que de bares con amigos (quien pudiera). 
No podemos descuidarnos. En un despiste te has perdido más de un buen rato, y no se puede repetir lo irrepetible. Hay que saborearlo en su punto y hora. 
Por supuesto que puedes elegir. Escoger entre amigos y ratos a solas, entre fiestas ruidosas o cafés tranquilos, risas continuas que terminan con dolor en el carrillo o charlas serenas con ideas contrapuestas compartidas. 
Pero no puedes consentir el tiempo perdido.
Es un derroche, tan escaso y caro como está ahora la vida, como pasan volando los días, como ves a tus amigos los años cumplir. Feliz.

26 de junio, viernes de la semana 26 de 1959, tras una noche de calor, a la vista de Puerta de Palmas, me tocó a mi. 





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enfadío

Nos encontramos de frente con días eléctricos, cargados de tensión, a veces acumulada durante tiempo. Solo nos basta con mirarnos – ¿y tú qué miras? – o con encontrarnos en mitad del pasillo estrecho de casa. y rozarnos, como única agresión.

O hacer la pregunta  – ¿te vas a quedar? – la pregunta es lo que ve.


Entramos de lleno en territorio de conflicto, donde olvidamos el porqué, pero no cejamos, exhibiendo constancia y empeño como si ninguna otra cosa importara en este momento.


Hasta que encontramos el hilo del que tirar y desenreda el nudo, ceder sin herir, ni vencedores ni ofendidos, y fundirnos en ese abrazo nuestro, sanador con el que concluye el enfadío 

Nota.-  Pido disculpas. El término es INVENTADO, y enfadío no existe. Solo es una licencia poética. Alguna vez jugamos a inventar palabras, pero sin valor alguno, porque el lenguaje sirve para entenderse, y necesita de términos conocidos y comunes.

Sin dalia

Sin Dalia
Mirando al suelo sin ver  
nada mas que la sandalia en tu pie, 
con las uñas pintadas de oscuro.

Un pie precioso y delicado. 
Y no mirar más allá. 
Y perder tu huella en el mar.

Solo tu perfume 
enredado en mi cara, 
imaginando la tuya. 

Tu sonrisa dibujada 
pasos cruzados, alejándose 
en esta historia inventada. 



El día viene sin hoja de calendario 
sin día de la semana 
Completamente en blanco 
para no recordar nada 
de este día sin dalia

Derrumbe

Ayer, aprovechando otro alto en el camino, acudí a regañadientes a una consulta prevista desde hace tiempo.
No quería seguir de médicos porque intuía que me “cazarían”, echando al traste todos mis planes para estos días.
Y los peores augurios se han confirmado. Estoy desolado.

No se como decirme, como convencerme de que este proyecto del Gran Camino es para mi inalcanzable. 
Busco excusas, alternativas, opciones parciales más asequibles, escucho razones y consejos de la gente que me quiere, y que no dejan de tener toda la razón. Pero estoy inconsolable.

Mis antiguos temores creyendo haber llegado demasiado tarde, aplazando una y otra vez esta ruta mágica, convertida, al fin, en necesidad física y sobre todo emocional, se han concretado en una “agenda” extensísima de citas, consultas, pruebas, diagnósticos, analíticas y reconsultas, que ocupan los próximos días, semanas y meses.

Los últimos síntomas de dolor, entre otros, tampoco presagiaban otro desenlace, haciendo incompatible caminar alejándome de casa hacia mi destino, y atender esta agenda, y sobre todo con la salud. 

No dejéis para más adelante los sueños y planes que os emocionan. A veces, más adelante es prácticamente hasta siempre. 

Yo, indómito, pregunté a mi doctora Carmen, si todo esto me impedía seguir en el Camino.
Y mi sorpresa fue mayúscula cuando me respondió: “por lo que a mi respecta, no. Pero no se vaya muy lejos” 
Fue como se me diera un cachete y un abrazo. 
Y me dejó completamente desolado. 

Mañana amenaza lluvia. Sería un día perfecto para cruzar el Torcal y sus increíbles figuras de piedra, y superar el macizo defensivo de la costa hasta llegar a Antequera. Y apreciar ese placer de olor a tierra mojada, a primavera, en un paseo de 17 km o más, como si fuera casi el último. 

Cuando, en la sobremesa lo planteo, me dan por imposible.
Soy incorregible. Pero no se puede corregir lo que siento tan profundo e intenso, que me hace sobreponerme al dolor y la adversidad. 

No voy a esperar en un rincón seguro y oscuro que me llegue la hora de parar.
Y soñar es vivir. Es respirar. Es construir felicidad, y regalar. 
Es escalar ese peldaño que ya no está a tu alcance.

Gente

Hay gente maravillosa escondida detrás de una taza de café.
Intento descubrirlos en el desayuno, cuando me toca fuera de casa; es decir, ahora todos los días.

Son gente normal y corriente. Algunos no son conscientes de su poder. Pero están ahí, a tan solo una oportunidad de aparecer y alegrarte la vida con una sonrisa. 

Sois gente maravillosa. No hay que tomar ninguna medida, ni cambiar ningún hábito corriente.
Solo seguir siendo así, gente maravillosa. 




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Paseo al fin. El principio

Un once de mayo radiante.
Y a pesar, la brisa viene fría, de lluvia.
En el paseo un bebe en su silla no para de sonreír y me sigue con su mirada curiosa. El gato gris de la esquina me espera y ronronea acariciando su cola en mi pierna. La furgoneta amarilla, que llamo y me llama a Marta, aparcada en la otra esquina.
La playa más desierta, más bonita. Me lo llevo para el recuerdo de mi paso al fin. 






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A buscar el día

Hoy salí a buscar el día 
y no lo encontré. 
Ni la luz, ni la brisa me decía  
nada de ti, ni de mi.  

Hoy era un día cualquiera 
que nunca voy a recordar, 
el aire entraba y salía. 
Y la vida se me iba ... 

En la casa suponía, dormían.  
Yo no dejaba de olvidar. 
Era mi último día, perdiendo 
la huella para regresar.   
  
  
  
  

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