Toque de vela

Son las 4 de la mañana, 
y el día me llama. Prende la vela. 
No hay luz en la calle. 
Aún quedan horas de toque de queda. 

No puedo salir.
Y aquí en la cama arde. 
Sin propósito decidido, 
será difícil mantenerme tranquilo. 

Afuera hace frío, mucho frío. 
Y en mi cabeza un rio. 
Recuerdos descolocados, 
planes abarrotados sin sentido. 

Así cada día, cada noche. 
No es un reproche. 
Es que no puedo hacer nada 
para volver a ser un tipo ordenado. 

Los controles de horario
la movilidad reducida 
la actividad desactivada.  
El confinamiento decidido. 

La pandemia del miedo 
rebeldía contenida 
 desastre sanitario. 
La propaganda política urdida. 

Y en mi cabeza solo estás tú 
Amor 
y emprender el camino solitario 
cuesta arriba, camino abajo. 

A quien haría daño 
es solo un pie pequeño 
y una cabeza de anciano 
no pueden acabar con el sueño. 

El destino está inmensamente lejos. 
El chasquido de los pasos 
no lo escucha nadie. 
Lucho contra mí mismo. 

Romper mis reglas. 
Elegí las nuevas, que son ninguna. 
Mira a la luna, si se deja, 
y caminar sin parar. 

Solo parar para seguir. 
Recuerda que el placer está en el camino pero no pierdas nunca el destino 
que soñaste al salir. 

Y ahora espera, 
no puedes hacer nada 
hasta que suene la alarma 
y se apague la vela. 

Montaña

Carta al corazón de mi amigo cubano. 

Estimado amigo: 

Quiero que estén capeando con salud la dichosa pandemia. Reparta mis saludos a toda la familia y amigos.

Espero que, pasando de puntillas sobre la política, el nuevo rumbo del “primer país del mundo” ayude a mejorar la vida en casa. 

Nadie es capaz de derrumbar una montaña de escombros hecha durante más de 50 años de cruel guerra fría y desencuentros.
Es imposible materialmente deshacer infinitas micro_historias de dolor y sufrimientos en las dos orillas de la costa, agrandadas por el altavoz de la conveniencia política a ambos lados.
¿Como reparar los daños de escalar esa montaña, produciendo el abandono y desarraigo de tus orígenes?

Pero, por difícil que parezca, creo que es más que posible construir un túnel que atraviese de momento esos 50 años, que permita escucharse a ambos lados, convencido de que hay más causas en común que distancia, y que procuraría ventajas personales, familiares e intelectuales en las dos orillas. 

No es aceptable más tiempo de embargo, ni más tiempo de pensamiento único empecinado, que solo han traído consecuencias devastadoras. 

Y es, mas que importante, imprescindible, que la intención, el esfuerzo y la determinación estén en ambos lados. 

También habrá que visualizar en este tiempo la necesidad de alguna renuncia y cesiones, en las dos partes, claro está, si se quiere conseguir el objetivo. 

Necesitan crecer personal e intelectualmente hacia el siglo 21, sin con ello perder su esencia y sus costumbres.

Eso es posible con esfuerzo y constancia, siempre que visualicen las ventajas. Y esto también depende de la comunidad internacional y de su entorno, que debe visualizar las ventajas de aperturar e incorporar esa cultura hacia el siglo 21.

He conocido, como sabes, a personas bellísimas, a familias entrañables, a juventud radiante y a madurez experta en Cuba. Todos con la ansiedad y la incertidumbre del futuro. Convencerles de que es posible mejorar serenamente, aceptando su pasado y construyendo su futuro_embajador del porvenir que quieran para ellos, es un proyecto enorme. Pero empujar a ese país hacia adelante, bien merece el esfuerzo. 

Espero que reciban el trato que se merecen, y prenda con fuerza el entusiasmo desde el respeto a lo vivido y con la esperanza de conquistar un nuevo paradigma. 

Ojalá así fuera. Cuenten conmigo.

Siempre suyo.
Un extremeño.

Aprenderte. Amor distancia. Fin de la espera.

Tenemos que aprender a querernos, sin verte y tú sin verme. Sin abrazos, sintiendo en la distancia sideral tan cerca, que imaginemos el roce de las miradas en el horizonte.

Tendremos que aprender a imaginar lo que no tenemos, a recordar con cariño lo pasado, espantando el olvido. 
Y esperar que estos tiempos se acaben, e intentemos encontrarnos lo antes posible en un sin aliento, acabando esta angustia de no tenernos.

Tendré que aprenderte de memoria, a la espera de descubrirte de nuevo cuando esté por fin a nuestro alcance. Y guardar hasta entonces tanto por querernos.

Te necesito.

Solo la esperanza de volver a verte, de estar juntos me vale para pasar por este calvario, por esta etapa tan sombría e injusta. 
Solo la certeza de volver a estar contigo, para emprender el camino soñado.
Hasta entonces contener la respiración en un suspiro. Hasta volver a estar contigo. 

Cruzando el camino

Al otro lado, cruzando el camino de mi existencia, sin mas equipaje que tu insistencia y tu curiosidad, encontraras lo que no imaginas.

Y yo, asustado por ver tus progresos, temiendo descubras todos mis secretos, y feliz por compartir contigo lo que soy y lo que siento.

Pero no será fácil el trayecto. A veces me resisto a desnudarme en mitad de tanto ajetreo. Y en lugar de entregarme a todo tu empeño, me defiendo con vergüenza y cierto miedo a perderte en este nuevo sendero.

No es fácil. No es fácil ser sincero, entregar todo el cofre de secretos escondidos muy adentro con esmero, sin sentir que estas del todo al descubierto. 

Estoy dispuesto a explorar esto contigo, si tu me das tu mano y siento en mi pecho el latido de tu pecho, y tus labios acompañan mis mejillas, mis ojos bien abiertos descubriendo la felicidad. 

Estoy cansado de andar solo, tan perdido. De que el frío mas intenso invada mis sentidos, mirar sin ver nada, hablar en sueños, imaginarte aquí a mi lado, descubrir en la brisa tus aromas, y esperar a ver si asomas allí, cruzando el camino.

Cerca de aquí

A la vuelta de la esquina, en una calle vacía, estrecha, cerca de aquí, en un rincón de la fachada principal de la casa, blanca y azul, la encontré sentada en el suelo. 
La cara alegre, invitando a acercarse, la mirada fija en mi. No tuve otra oportunidad mejor que esta.

Y sin embargo seguí a paso lento sosegado mi trayecto previsto. 

Estaba lleno de curiosidad ante el descaro y la felicidad de esa mirada. 

Y cuando me volví a rescatarla, ya no estaba. Así es de fugaz. 
La felicidad. 
La vida. 

Mimama

Mi mamá me dijo que ha dejado de cantar.

La vida, que pasó volando, le ha llevado a preocuparse más por los demás que por ella. Y con tanta intensidad, de pronto se dio cuenta que ya no era como se recordaba, que apenas reía, que ya no cantaba.

Me lo decía ayer con pena.
Se acordaba que en casa de su madre, cuando tocaba recoger la cocina, lo hacía con la copla “Francisco Alegre y olé“, y se reía. Y planchar con su cantinela. Y caminaba por la calle con el sonsineque. Y recordaba a su madre, que a pesar de su historia, cantaba coplillas como  ahora las canta Pasión Vega.
Ponme una de esta, Luisito,  como mi madre la cantaba, como mi madre…

De pequeños, recuerdo un regreso de visitar a tía Engracia, andando por un camino hasta casa. Nos alcanzó la noche, y alguno protestábamos por que teníamos miedo de la oscuridad. Y nos pedía mi madre, “canta niño canta, que el miedo espanta” . Y cruzando la noche cerrada, cantando llegamos a casa.

O cuantas veces de viaje en el pequeño “robertito”, un Renault4L sin radio, por supuesto, entretenía a seis niños, cantando una detrás de otra, hasta llegar de un largo viaje. 

Y a los hijos nos enseñó, claro. Maribel “debutó “ en Lopez De Ayala “en los brazos de una Virgen”. Jose Manuel tiro de blues, Paco con la flauta, a mi me enganchó la guitarra, y Jesús destiló todo, y desde muy pequeño a la rondalla de pulso y púa, y enseguida a la tuna “canalla”. … A Juande, … le gustaba el fútbol, y el pobre mejor que no cantara… era “sintónico

Y ahora nos damos cuenta de que ya no canta mi madre. 
Pero hay que animarla y que se ría. 
¡Pobre de nosotros, si mi madre no cantara!

Íntero

Muy quieto, me enfrento a pasar los días.
Por ver si pasa uno de estos, el tren todavía.

De tanto parar y mirar adentro sin mover una pestaña, la foto fija de ti se me mueve y cobra vida.
Será la memoria selectiva, que te da la que me hace falta hoy.

Y las tripas revueltas de no comer con ganas, y de sentir vacío.
Y el corazón en llamas que consumen lo que queda de pasión.

Así un día o diez, pasando en el reloj despacio el tiempo futuro, cuando el pasado fue intensamente rápido. Voló sin saber que ya pasó, dejando el rastro iluminado al que miro cansado cada instante.

Nunca será lo de antes igual que lo de mañana. No dejo de mirar en la ventana cómo se rompen las olas, despeinando las ramas de los árboles, resistiendo el horizonte el envite.

Saldré a buscarte, mi destino, a explorar el camino que me queda, donde me perdí.


Íntero es un término de origen en el latín, que encuentras en portugués e italiano. Su significado es desmenuzar o espolvorear rayando dentro …

Contigo soñé

Hoy soñé contigo.
Con todo 
el corazón partido, 
el tiempo perdido. 

Y la luz oscura de la noche 
escondió las lágrimas. 
Rabia y tristeza,
solo en mis páginas.

La sonrisa más sincera,
lo que vivimos juntos. 
Soy un enfermo mental 
de amor, brutal e inmortal.
Sin final.

¿Será amor eterno?
Si no fuera, será definitivo. 
Muero de ganas
de tenerte conmigo.

Una nube oscura 
tapa la poca luz
de la luna llena,
soñando. 

Y no me deja pensar bien
lo que quiero y no debo,
imaginando como será
amanecer.

El de ayer, el de hoy, 
El horizonte encendido 
donde te vi los ojos de miel
por última vez. 

No hay más frío 
que el que tu pasas.
Cuanto más tiemblas, 
más ganas tengo 
de abrazos y besos 
de abrigo. 

Y tus ojos cerrados 
me miran. 
Y tus labios temblando, 
castigan. 

Mi corazón se rompe 
cuando me dices 
mi Vida.

Maniquíes guardados

Muñecos desnudos, desordenados, sin cabellos, con la expresión fría, impertérrita, sin mirada, enfrentados unos a otros, o de cara a la pared, reunidos en el “doblado”, con las ventanas abiertas que les hace visibles junto al tejado, en silencio revelador. 
Los vi en Paris. Y su recuerdo es imborrable. Algunos brazo en alto, la cabeza girada a un lado, esperando volver a la galería vestidos con la última moda que llegó al almacen. 
Listos para lucir, y sin embargo, en esa habitación del tejado, atestados de compañeros, pacientes eternos, desnudos, esbeltos, parecen tan humanos. 
Muñecos de quita y pon, esperando su momento de esplendor en un escaparate o en un pasillo junto al ascensor.
En ningún momento se movieron. En ningún momento desertaron, inmóviles, paralizados. 

Un cocodrilo en mi jardín

Hay un cocodrilo en mi jardín.
Se ha encaprichado de los geranios. Será por sus flores rojas, o por sus hojas verdes.
Será que está enamorado de la luna que se refleja en el cristal. 
O será por mi. 
Llora y no se porqué. Quizás no sepa por donde empezar a comer. Si por la cabeza o por los pies. 

He intentado llevarme bien con él. Aveces se queda inmóvil, como pensando, como dormido. Pero no se deja acariciar, ni acercarme deja, si no lo quiero enfadar y escuchar el chasquido de su mandíbula. 

Para que estuviera más tranquilo, he empezado a darle de comer. Empecé con poco, y su apetito y su tamaño no paran de crecer. Ya no se que hacer.
Ahora me hace “ojitos”, asoma su enorme cabezota y me avisa de ser el siguiente. 

Es una mala compañía.
No se quiere ir, y no se le ve feliz. 
Ni a mi con él. 
Y ahí lo tengo, en el jardín.