Soledad

La soledad. Dulce y amarga. Engancha.

Es adictiva. No compartes con nadie. No compromete con nada. Es desoladora. Es un círculo vicioso. 

La soledad no expande a la persona. La cercena. La estanca. Hay que ser muy valiente para estar solos, pero la soledad es cobarde. Y acrecienta la cobardía.

Es conservadora. Nunca arriesga nada. Es oscura, y temerosa. 

La soledad es paciente y temosa. No tiene prisas. Esta acomodada. Es falsa. Y mentirosa. No da felicidad, pero facilita la supervivencia.

Es de poca ciencia, y creatividad nula.

La soledad es vacía y triste. Es monótona. Es cruel.

Es el fondo del pozo donde resbalan todas las conquistas. Y los fracasos. Y las miserias. 

La soledad es parca y austera. Es gris, con ojeras. Es senil, embustera. Es arrugas en la piel. Y agria el carácter.

Es oscura. No me gusta. Es traicionera. Y engañosa.




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Sueño un camino interminable

Llegados hasta aquí, qué importancia tiene lo demás. 
No quiero parar. 
Iniciar los preparativos. 
Llevar solo lo imprescindible. 
Que nada necesario falte. 
Aligerar la carga es acercar el destino. 
Veo ante mi ese camino. Y solo puedo echar a andar. 
Disfrutar. 
Superar las dificultades. 
Buscar agua. 
Enfrentar los miedos. 
Respirar. 
Curas del corazón en llamas. O lo curas, o lo apagas. 

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Último

El último dragón vino a buscarte.
En el momento de más soledad, el cielo se abre para ti.

En un abrir y cerrar de ojos, cuando más solo estás y más necesitas.

Un hada púrpura te indica cuál es el camino, la dirección para encontrar la salida con el último dragón, para encontrar tu destino.

Bajo una intensa lluvia, el cielo oscuro magenta y azul, remonta el vuelo sin mirar atrás. 


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La del 2 de mayo

Deseo, determinación, intención, locura. 

Al amanecer, quizás antes, en estos primeros de mayo. Ese día o nunca. 
Un camino inmenso, un destino cierto, inalcanzable. Un sueño. 

Y a cada paso, ojalá que no termine en falso, una sonrisa de felicidad. 
La soledad no debe ser un inconveniente. La dificultad la tengo dentro de mi. 

Y mi alma no para de llamar, y no le atiendo. 

Me recomiendo cuidar la cabeza y los pies. 

Hacer rutinas. Pensamientos saludables. Esfuerzo/descanso. Alimentación. 

Y escribirte para no olvidar.



P.D. Hoy no se me va a olvidar:

FELICIDADES MAMÁ


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Todo a la espalda

Queridos:

Agradeceros a todos el ánimo incansable, el humor imprescindible y el respeto, eso que antes llamábamos simplemente educación. Además en este grupo tiene sentido lo de inmunidad de rebaño: con vosotros no cabe el desánimo. 

A las chicas primero, porque son mayoría (se nota cuál es el sexo fuerte) y por que todas y cada una sois de oro y diamantes. 
A la inmensa minoría, y a cada uno, por ser como sois. La elegancia y discreción de Paco, la bendita humildad de Francisco, y la chispa constante de Felipe (ojalá consigas dejar ya l’asiática y te eches al monte) No pares. Sabemos que sufres cuando callas. 

Y también agradecer a los chicos del Patronato, a Bea, Isa, Francin, Miguel y Sergio (alguno se me olvidará) en esta último año, en grado inmenso, por añadir a sus capacidades profesionales la atención y el cariño, y alcanzar así la excelencia. 

Gracias. 

Gracias a todos por ayudarme a superar mis achaques físicos, y a superar los malos momentos de salud mental. La depresión o la ansiedad, son como la artrosis o el anquilosamiento, y todo se carga a la espalda. Y al alma. 

Pediros disculpas si algún momento parecía distante. No soy la persona más sociable, pero no era arrogancia, es vergüenza, os lo aseguro.

Ahora, por necesidad y por el deseo infinito de cumplir una promesa, os dejó por un tiempo. 

Inició un largo camino que espero me permita volver de nuevo en septiembre. 

Guardo buenos recuerdos de otros turnos, pero os aseguro que sois el mejor. Mérito vuestro. 

Os deseo a todos mucha salud y risas. Y que toda la felicidad que dais generosamente os venga de vuelta. 

Cuidaros. Cuidaros mucho.

De todo corazón, con afecto. 
Luis Movilla 


P.D. Por favor decidle a Diego que me fui con mis indios a la misión.

Si queréis saber de mi, teclea en internet @21siglosofia, o también http://www.elmundoenlosojos.com donde escribo. 

Rara

Va pasando el tiempo sin pausa. Después de “media vida” te das cuenta de que no aceptas según qué cosas, que no renunciarías a esto o a lo otro; que tienes el corazón ardiendo pero no estás para más mentiras, o más desengaños, o más sufrimiento. Que lo darías todo, pero no apuestas nada por conseguirlo; y hasta se te escapa sin alcanzarlo cuando lo tienes a tu lado. 

Perdonad que os diga, nos vamos haciendo personas raras. Muy raras. 
Queremos cuidarnos y dejamos abandonado el lado más importante, emotivo y relevante de nuestra existencia: el amor.
Y dejamos de regarlo. 

Yo soy así. Raro de esos.
Pero no dejaré de buscar a una persona rara que me complete.
Ya no busco corazones lisos, sino texturas. 

Mírame a los ojos. Se que te encontraré, allí donde estés. O quizás ya te encontré, y te dejé pasar incrédulo y descuidado. 
Pero volveré. Andaré el camino entero dos veces si hace falta, revisaré mil veces las estrellas para tomarte en mis brazos. Esperaré a que cada noche salga la luna brillante, y se disipe; y amanezca otro día para decirte, entre risas y lágrimas: 

Eres mi persona rara. Una rara bella, única e increíble, amor. 

Y sin remedio, sentir ese golpe en el pecho, el calor en las mejillas, la mirada brillante, y atraído irremediablemente hacia tu abrazo, acercarte al oído, susurrando, te quiero. ❤️ 


Solo es un sueño que no renuncio a vivir contigo.

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Parejas de más

Mirando al horizonte más lejano, a la historia que recuerdo más antigua, siempre recurrente me alcanza la de las parejas de más.

Reconozco haber encontrado alguna vez a parejas de más, incluso parejas de más de dos.

Y más de una vez, parejas divididas de más de uno.

Nos puede más que la razón la costumbre maniática de clasificar y etiquetar todo.

Viva la diversidad, y la risa de más.


De brujas y dragones

Anoche soñé contigo 🎶 
Y no estaba durmiendo 🎶 
Soñar con un ángel 
siempre es soñar despierto 

Soñé que me necesitabas, 
y fuimos a hablar silencios. 
Desborde de lágrimas guardadas, 
tus dudas y mis miedos. 

Las risas que más curan 
en el café mas viejo. 
Sentados en la calle. 
Verdades a ras de sueño. 

Amiga con alma y magia, 
no se porqué te cuento esto. 
El corazón en la distancia 
esta noche dio un vuelco. 

Hermana de corazón,  
me llamas. 
Una cuestión de celos. 
La soledad acompañada.

El dragón 
guarda tu secreto.   
Cogida de la mano, pequeña,  
te llevo a casa de nuevo. 

Avisa 
cuando te haga falta, 
y te devuelvo 
el último beso. 

Que seas muy feliz. 
Mi deseo más ciego. 
Siempre acaba bonito 
este embrujado sueño. 




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Misionero

Era temprano, primera hora de la mañana. Una señora pregunta curiosa al recepcionista por ese señor de blanca barba, siempre sentado en una esquina, sin hacer ruido.

  • Ese buen hombre tiene una historia. Es un misionero jesuita, que estuvo viviendo con los indios del Amazonas. –  

Le explica Diego, quedándose la mujer perpleja.

Poco a poco me van llegando las imágenes de los dos años perdido en lo más profundo de la selva, viviendo en un poblado indio que me acogió cuando, vagando por los senderos, me perdí.

El día que me rodearon, asustado pensé que me capturaban y suponía el último día de mi vida. Tal era mi nivel de angustia y desesperanza. En realidad me salvaron, y cuidaron de mi todo ese tiempo que estuve allí.

Con humildad y curiosidad aprendí cómo era su vida. Me sentía como un “mono blanco” en mitad de todos ellos. Al fin y al cabo, también era objeto de curiosidad y observación; y eran más de treinta pares de ojos mirando. ¡No tenía ojos para todos! Siempre sobrexpuesto, no encontré donde buscarme un sitio discreto, en segundo plano como a mi me gusta, para observar y aprender.

Luego de comprender cómo hacían las cosas, pasé con torpeza a intentar hacerlas con ellos. Una cura de humildad para mi, y de paciencia en su caso. Y siempre un montón de risas en medio. Este es un vehículo universal estupendo para repartir felicidad. Y esas personas eran felices allí. Felices con lo simple, con lo singular, cuidando con respeto y veneración de su casa y su gente.

Intente acompañarles a todo lo que emprendían, excepto a cazar. Era un desastre andando en la selva, haciendo ruido como un elefante en una cacharrería, frente a su andar silencioso. De ahí mi apodo nativo de gran tambor.

Alguna vez me atreví a ayudarles, poniendo mis conocimientos y habilidades, para facilitar o mejorar pequeñas tareas. Claro que no mostraron ningún interés, por ejemplo, en mi empeño de guardar agua en depósitos o cultivar tubérculos y verduras. Les pareció absurdo ese esfuerzo ante la abundancia y la generosidad de la tremenda selva, su casa. En cambio si atendieron a mis escasas facultades culinarias, que parecieron sorprendentes.

Les llamó mucho la atención los ratos de meditación y oración. Siempre fui un hombre profundo, callado y reflexivo, no especialmente religioso. Pero les aseguro que en mitad de la selva, la grandeza y la fuerza de la naturaleza me sobrecogía extremadamente, conduciendo a un estado de paz de camino a la fe. En eso siempre fui respetado.

Inevitablemente paso lo natural, y después de dos años, aquel paraje se convirtió en mi casa, y esa gente en mi familia.

Hasta que, un buen día, en mitad de un aguacero, un pequeño destacamento de la policía federal me rescató cuando buscaban a un misionero jesuita español también perdido. 

A pesar de mis quejas y explicaciones, no conseguí convencerles de que no era la persona que buscaban. Mi larga barba blanca, mi aspecto, mi origen español y mi carácter calmado coincidían con la descripción de sus órdenes escritas. Mi desconocimiento del portugués acelerado y el miedo a que se descontrolara la situación, pudiendo hacer daño a la tribu, dispuesta a defenderme, también ayudó a zanjar con brevedad cualquier discusión.

Así abruptamente, sin apenas despedida, terminó mi estancia en el Amazonas después de dos años, que para mi fueron un suspiro. Un suspiro feliz lleno de risas y de calor, el que me daba mi familia de la selva. Los añoro muchísimo.

Y de golpe, así convertido en el misionero jesuita de larga barba blanca perdido en la selva del Amazonas, sin serlo. 


P.D. Sorprendente los detalles de la historia, que si no la atropellas demasiado, convierte a los captores en cuidadores, y en raptores a los que rescataron.

Envidio muchísimo al misionero jesuita buscado, que con este rescate, acabo de liberar. Estará sin duda feliz en la selva.

(Basado en un relato improvisado de Diego, de Torremolinos, en plena pandemia.)

Sobre la arena

Sobre la arena 
de la playa bonita 
deje mis lágrimas por ti 
Una noche de julio 
Un día cualquiera 

Mirando salir el sol
radiante 
abrazado con rabia 
a una promesa 
un ruego estéril 

Nunca me sentí tan solo
como aquella mañana
mientras rompía la oscuridad 
tiñiendo rojo anaranjado 
Aquel cielo de fuego 

Miles de días fui allí 
a ver amanecer otra vez 
Todas las que volví a ver 
me hicieron feliz 
Como predijo 

Sobre la arena 
de mi jardín de olas 
te prometí de rodillas 
Por siempre 
Y así estará en mi corazón