Protegido: Mi estrella verde y azul

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Opinión.- JUEGOS

Hoy empezó el Mundial de fútbol en Qatar.
Es absurdo, pero hay juegos que hacen cambiar el mundo. La vida se para o se acelera al compás del campeonato. Naciones enteras y medio mundo se colocan frente a las pantallas para no perder detalle. A estos eventos se suman inmensidad de gente que no sigue habitualmente este deporte. Incluso algunos que ni siquiera les gusta. Pero claro, juega LA SELECCION.
Y pasa en Croacia, o en Italia, no te digo nada de Brasil o Argentina, o Senegal… Es un comportamiento digamos de la especie. No hay ningún otro acontecimiento que conlleve este tipo de seguimiento.
Ni la guerra. Que, por cierto, parará sus hostilidades para ver según que «cruce» de selecciones. Y luego seguirán machacándose mutuamente a bombazos, dejando muertos de frío y de hambre a millones de personas. Y de odio a varias generaciones.
¡Que pena! Podíamos haber conseguido que con un juego tan simple se resolvieran conflictos sin apenas víctimas. Pero ese milagro aún no lo alcanzó el deporte.
No estamos preparados. Y creo que las «reglas deportivas» con sus árbitros y el VAR, no resistirían el envite de presiones tan brutales, criminales e interesadas de este despropósito inhumano.
Todo por un juego.

Perdone que les escriba.

Trémula

Con la mirada en el horizonte más lejano.
El frío condensado de mitad de noviembre.
Por Dios, apenas son las 5 y media,
aún no es tiempo de estar mirando.
Pero no quiero perderme hoy ni un solo detalle.
La oscuridad no se desvanece.
Sólo el oído agudiza la mente,
y te envía estímulos para que imagine.
Y el frío, húmedo, penetrante.
Permanezco sentado, abrazado a mis rodillas.
El tiempo pasa, despacio, muy despacio, imagino.
Pero no sé detiene.

Una hora más. Alguna lágrima atrevida se me escapa.
No estoy triste.
Vivo con la esperanza de verte amanecer, cada día.

La luz aclara lentamente el cielo espeso.
El horizonte se adivina lejano, inmenso.
Lentamente, muy lentamente.
Escucho alejadas, las pisadas de un insomne.

A lo lejos, el perfil más lejano tiembla.
La luz, difusa, trémula, tenue.
El corazón tranquilo se acelera impaciente.
Sigo sentado mirando, adivinándote.
Todo pasa lentamente, muy lentamente.
Algún eco de vida a distancia escucho,
mientras acomodo mi abrazo para no perderme nada.

Sin avisar, se aclara la noche, aparece lo cercano, acompañándome.
Altísimas palmeras que se acercan a mi espalda.
Una piedra enorme, muy cerca de la playa.
El murmullo de la vida se despereza y acrecienta.
Aquí cerca, madrugador, se paró un caminante.

Y como si todos parasen para no perdèrselo,
encendido en el horizonte un punto de sangre,
que prende anaranjado y añil el cielo lejano.
El tiempo no sé detiene, no sé detiene.
Un haz de luz se extiende por encima de las olas.
Si lo sigues hasta el principio, hasta el final,
la ves, la luz trémula hace temblar el horizonte.
Y de pronto apareces. El Sol.
Tembloroso, prudente, despacio, muy lentamente.
Alumbra el día fresco y transparente.
Te elevas sin prisa, dando vida a este día de noviembre.

Y mientras, la Luna, arrebatada, se esconde.
Amanece.

30 minutos

Ya sé, ya sé. 
No dispones de 30 minutos.
La vida que llevamos es horrible. Te hace correr de un lado a otro, quedándote sin tiempo cada día.
Ya viví eso.
Pero, escucha.
Hay infinidad de cosas preciosas que ocurren en apenas 30 minutos.
Calcula, el día tiene creo 1.440 minutos, o algo mas.
...
Sólo 30 minutos.
Una vez a la semana.
Al colmo de lo absurdo, una vez al mes. Concedetelo.
Porque en tan solo 30 minutos te encuentras respirando con tu alma.

30 minutos del Alma.

Perdone que les escriba
30 minutos

Emboscada

Cuento Sultana de Istanbul

Al llegar en silencio a la muralla de palacio, sentí un escalofrío desconcertante.
¿Y si no consiguiera verla, si la impidieran al fin escaparse a mi encuentro?
La noche cerrada, sin luna, al pié del impresionante muro.
¿Estarán esperándome para detenerme antes de entrar en la ciudadela?
A pesar del sigilo y la cautela con la que acordamos el encuentro en la puerta secreta de la muralla, aprovechando la oscuridad de la noche y la soledad de esa entrada, nos vimos envueltos en una emboscada. Parecían asaltantes bandidos en busca de nuestra bolsa. Pero el orden de ataque y la violencia me resultaron muy familiares de la milicia.
Las espadas en alto, sin margen para rendirse. Afortunadamente decidí venir acompañado.
Un lance sin duda sangriento.
Me sorprendió verte llegar con tus acompañantes en nuestra ayuda, y acabamos por salir airoso de este ataque.
Nuevas heridas que sanar.
Decidimos partir en este intante. Tu custodio había preparado el embarque en una nave atracada en Puerto, y que nos esperaban para zarpar de inmediato en plena noche.
Alejándonos de la ciudad, con el mar sin olas, despacio abandonamos los recuerdos, los amigos, la infancia, los méritos.
Sólo me calma estrecharte entre mis brazos, mientras empezamos una nueva historia en Moldavia.

Palacio

Cuento Sultana de Istanbul

Cuanta razón tienes. Aquí en Palacio he tenido que defenderme con inteligencia y tesón de las presiones y acosos de gente de esta, que ya te daban por perdido, y optaban sin vergüenza a ocupar tu sitio en la guardia.
No se cómo controlas el normal deseo de venganza. Yo los pasaría por mi espada sin dudarlo. Pero siempre hablamos de situaciones como está, y responder con fuerza a la fuerza desencadena mucha más violencia. Y solo se construye desde la paz, y se destruye desde la guerra.
Acudiré dónde dices, al alba, de capa negra.
Y partiremos lejos en busca de la paz que tanto ansiamos.
Tanto como tú abrazo y tus besos. Y tus relatos y risas por las que tanto te amo.

No vengas sólo, te lo ruego. Cuida tu espalda y guarda también toda cautela.

Cautela

Cuento Sultana de Istanbul

Volveré de inmediato, en cuanto mis heridas me permitan viajar.
Os he de confesar que no me encuentro seguro entre estos.
La gran victoria de la que hablas fue muy complicada por pequeñas traiciones y decisiones controvertidas que me dejaron a solas con un puñado de hombres defendiendo la atalaya.
Entonces no me di cuenta. Pero ahora, con calma, veo que grandes triunfos sobre el enemigo despiertan un enemigo aún mayor entre tus filas. Y es la envidia.
Algunos de los que me animaban encarecidamente al combate, esperaban ansiosos el desastre. Y una vez volví victorioso, descubro con rabia sus maniobras.
Declaran guerras que no libran, te empujan a batallas que no pelean, donde mueren gente de bien sin saber porqué les aplastan de esa manera tan cruel. Vi morir a mi lado amigos y gente buena. Muertes inútiles que en mi alma se quedan.
Son gente poderosa, que se mueven bien medrando en la voluntades y maniobrando la política, arma más peligrosa que la espada, porque la alimenta la ambición y el poder.
Si pudiera contar con vuestra ayuda, os ruego rechaceis en mi nombre homenajes y festejos. No deseo ninguna fiesta.
Escusaros en mi mala salud, y esperemos a que amanezca.
Yo llegaré a recogeros por la puerta oscura de la muralla.
Actuad por favor con cautela.