Ulio, siempre

Se nos va el mes a toda prisa, con la cantidad de cosas por hacer y sin tener prisa.
Será cuestión del verano que a veces frena el ánimo y otras lo acelera.
O quizás también va por horas, y el greco (fresco) de la mañana apacigua sin duda las cosas, mientras que la noche te invita a invadir el día siguiente entre las penumbras de la noche junto al mar. 
Para soñar. Y esperar que nos llegue la luna llena, más allá de la mitad de la mitad del mes, cuando casi se nos escapa del calendario, y empezamos con el dedo mojado a pasar la página y dar un vistazo al agosto planeado. 

Julio es un mes intenso. Muy, muy intenso. Y a pesar de ser de los meses largos, no da tiempo a tanto acumulado.
Será después de tantos años, que lo tengo como mes señalado. A fuego y llanto, a cielo y miedo.

Fue un mes de julio…

Opinión.- No puedo creer

No me puedo creer que la única salida es la violencia. Sin inteligencia. 

No me puedo creer que no haya nadie convencido de que se puede hacer en paz. Y ver el futuro sin tierra calcinada. 

Si nadie pensó que mejor es conquistar y ceder a mitad, acordar no hacer daño, ni volver atrás. Se hace duro. 

Si nada quedó de lo que fue, del amor al son, la música del amor, el carácter tan singular. Oriente, La Habana, el paraíso interior, el sudor y la lucha. El orgullo de pertenencia, la historia.

Tan buen anfitrión, tan luchador, tan orgulloso de ser, tan querido. Tan caliente. 

No me puedo creer que el final sea siempre marcharse de aquí, regalar el talento y la preparación; huir. Perder otra generación. 

No quiero pensar que fue un sueño imaginar una Cuba alegre, moderna y libre, comunista y democrática, ¡FELIZ! 

Derriben para siempre muros y levanten embargos, dentro y fuera, odios amargos, cuentas antiguas, hipotecas vencidas. Injusticias a ambos lados.

Dejen que sea la mayoría, responsable, agradecida, madura y soberana la que decida. Y la que construya.
Que surja ordenada toda la energía, solidaria, joven, con talento y alma. Generosa.

Y que respete la historia, que no estamos para perder nada.
Porque solo el odio, el rencor y la muerte es patrimonio de pocos. La Patria, la Historia, la Vida es patrimonio de todos.

Mil millones de gracias daré siempre a mi familia del corazón, a los amigos, a la gente con la que trabajé, que me ayudaron y a las que ayudé, por enseñarme a ser mejor persona. Y el café.

¡Viva Cuba linda! La más linda de todas ellas.


Perdone que le escriba.

Carma

Algunas veces la fantasía invade tu vida.
Ideas imposibles atraviesan la gruesa tela de la realidad, y te hacen vivir un sueño. 

Yo se que es verdad, porque tiemblo al recordar como me pasó a mi. 

Y una sonrisa abierta enciende la cara, cuando pienso en tu mirada, nerviosa, excitada, mientras acordábamos nuestra próxima cita en el paraíso. 

Y como vino se fue. Pero aunque pasen mil pasos nunca te olvidaré, vida mía. 

Y enredados en el sueño, algún día, en el nido aquel nos volveremos a ver.

Crece

No se porqué hoy, la primera palabra que me viene es ANGUSTIA. 
Respiro fatigado, dormí mal, a tropezones, siempre alerta sin motivo, siempre con la idea de no alcanzar el nivel que requiere la necesidad de este momento. 
Son cosas del séptimo mes de cada año. Y cada vez lo llevo con peor cara. Cosas del tiempo que pasa impasible, constante y sin pausa. Como siempre. Pero aveces debería sentir que necesito más pausa o más ritmo. Mas tiempo. 
… y me lo concede, pero el dolor me parte en dos, me deja sufriendo. 

Las noticias se me agolpan cada día, y se me hace “bola”. Siento miedo por el siguiente parte, que viene lleno de malas noticias. Aumenta por momentos el ruido, las algaradas, las necesidades y el descontento.
La historia aquí ha cogido un giro que se me antoja violento. Y eso me da miedo.

También por mí, pero sobre todo por ellos. Estoy llegando a la cima. Poco me queda por recorrer. Pero a ellos le alcanza recién empieza el camino, y es incierto. 

Y, muriendo de ganas de terminar, me angustia lo mal que quedó todo esto. 
Quebrado y molido por dentro, no me quedan fuerzas para arrimar el hombro a la causa. Y solo me quedan consejos. Que es una señal bien clara de donde estoy, cuál es mi momento. 

Apártate de mi, sal de mis pensamientos Ángel de la Muerte, Parca oscura y obediente.
Se que te acercas y que no eres el fin. Pero no tengo prisa.
Apenas me quedan fuerzas que quiero gastar en risas, y mirar a lo lejos, a poniente. 

La primera vez

Siempre hay una primera vez.
Una experiencia distinta de todas, en la que te adentras sin darte cuenta, y te atrapa despacio, sin vuelta atrás.
Una trampa. Una enseñanza.

Ahora lo puedo contar, de mañana bien temprano, en el banco de pensar, con el sol estrenando día de cara. 
Pero, anoche, de madrugada, la angustia no hizo rehenes, nos invadió. Y nos salió cara. 

Después del día intenso en que nos la presentaran, con la noche ya avanzada, Martina se encerró en el baño. Y cuando quiso salir, se quedó atrapada. 
Ya noté pequeños golpes en la puerta y conversaciones susurradas, pero preferí mantenerme discreto.
Cuando me avisaron, la puerta estaba cancelada. Y lo intentamos todo durante más de una hora. Y Martina, dentro, sola, desesperaba.
Y valiente, colaboraba, pero no hubo forma de rescatarla. 
A la de tres, pedimos ayuda. Y se presentó en casa uno con la cara tatuada, seguramente de la legión extranjera. Y en unos minutos disipó el drama y sacamos a la dama de su celda.

Eran solo las tres en este cuento de madrugada. Y era la primera vez.
Ahora Martina descansa.

A mi me sacaron al parque, como siempre temprano. Fue solo un ratito. Ya volvemos a la terraza donde aprendí hace unos días que el azul es cian.
Miedo me da ¿que será la próxima?
Aventura asegurada.
… y risas.
Martina, tan pequeña, tan princesa, encantada.

Summer irse

Con este calor cuesta no sumergirse en cualquier sitio, aunque sea de agua. 
Río, pantano, alberca, piscina o playa. Cualquiera nos vale para bucear un rato y que se bajen los humos. 
En casa, en calma, a veces echas de menos ese chapuzón sanador.
Y te enciendes sin querer pensando en varias cosas a la vez, intentando atender a dos manos, sin dar a basto. 
Son cosas del calendario, que corre a favor de corriente estos días. Y aún queda la mitad por venir. 

Tantas cosas por cerrar, es decir, abiertas en canal, y en la certeza de que no llegarás a todas. No me alcanzará para casi ninguno. 

En otros tiempos, estos eran días felices para disfrutar de la familia y los amigos. Sin duda felices. Ahora, sin embargo, la angustia de no llegar, de no estar a la altura, de no poder corresponder con la generosidad que acostumbraba, me mantiene encerrado y alerta, sin asomar la cabeza ni a la ventana, deseando escapar a hurtadillas o desaparecer para evitar este sufrimiento.
Esperando en pié para dar lo que me resta, con cariño y atención, sin tener seguro si será suficiente. 
A mi me gustaría ofrecer mucho más, y me duelen las manos que ahora extiendo vacías.
Pero he de entender que ya no intereso, y eso hace más fácil desaparecer.

Mientras, espero que pasen los días, con recuerdos de risas espléndidos. Espero la tristeza de las pérdidas compulsivas, y las llamadas que no llegarán nunca más.

Y es que en Julio ocurrió todo en mi vida. 

Old vida

Hay cosas que quiero olvidar, y otras que no, pero las olvido. 
Nunca se si es un buen recurso o un castigo. 
Y siempre que me quiero acordar, me olvido. 

Me olvidé de como, sin querer, llegué hasta aquí, renunciando cada vez a lo que fui, decidiendo ser humilde y dejar pasar, y pasar… Y así pasó que me olvidé.
Y ya no sé de qué vivir, ni para que. Si merece el esfuerzo que me cuesta estar aquí. Si hasta perdí la ilusión, y el futuro es igual cada vez. Los días y las horas de los días se repiten, desde el amanecer hasta la noche, cada vez. 
Y me olvidé de planear lo que fuera a venir. Y siento cada vez que me perdí. Y me pierdo cada vez que olvidé. 
Y así, sin salir de esta escalera, donde no se si bajé o subí. Si ahora subí o bajé. 

Solo la Luna, y el sol al amanecer hacen que olvide lo que dejé de sentir, y por un instante sienta lo bello que es vivir esta vida vieja.

Desaparecer

Desaparecer, esfumarse en el aire a tu espalda, sin ser escandaloso, ni despedirse. Sin dar tiempo a hacerte sufrir por adelantado la marchita decadencia del final. 
Sin epitafios, ni homenajes, ni discusiones, ni aferrados al presente, ni abrazos. 
Tan solo los abrazos los añoro. ¡Ah! Los abrazos.
Los fui dando de a poco a poco, sin alarmar. Pero me supieron a casi nada, y repetiría esa ronda, la última por favor, como el borracho solicita que le llenen la copa una vez más. 

No comprendo lo que me ocurre dentro de la cabeza ahora. Este enfrentamiento absurdo entre los instintos y las razones.
Y siempre pierdo, cualquiera que sea el desenlace. Siempre aferrado a lo contrario. 
Pero el tiempo no descansa. Ya no queda nada. 
Y es el momento. 

Panoli

Soy un panoli.
En casa, durante mi infancia lo escuché muchas veces, sin saber exactamente a qué se refería. Recuerdo que lo decían si se te caía algo de las manos, o te quitaban el sitio o las golosinas.
Incluso hoy tengo dudas sobre su significado. Y sin embargo estoy convencido de que soy un panoli. 

Ha habido épocas pasadas en las que espabilé muchísimo, quizás porque fui tomando responsabilidades, una detrás de otra sin parar, y esto me obligó a dejar de ser como siempre era.

Según he consultado con el diccionario, es un adjetivo coloquial que en España significa persona simple, bobo y fácil de engañar.
Me gusta más esta definición de  personas crédulas y muy confiadas.  Es menos “faltona”. 

Ahora, que estoy regresando a mis orígenes, se me hace  evidente que soy un panoli. Me relaja y me gusta ser así.
Estoy cansado de mantenerme alerta permanentemente, de competir por todo en cada minuto. Quisiera encontrar mi sitio. Un rincón apartado del tráfico de personas con prisas donde puedo estar confiado y feliz. 
Y parece complicado.

Pensé en ponerlo escrito en “una camiseta mensajera” tan de moda: SOY PANOLI. Y así, con esta autoafirmación simple me dejarían tranquilo.  
Pero siempre hay cerca alguien que te quiere y te advierte del efecto contrario, cuando, al leer el mensaje, los antónimos, listos y diligentes, se me abalancen como moscas a la miel, a la caza con engaño del pazguato y pánfilo etiquetado en el pecho.  

¡Esto no es vivir!