No mires, ratón

Como ratones a la puerta del agujero, viendo la luz que abre el universo delante de nosotros, lleno de colores y olores, pero muertos de miedo, entre temblores, sin dar el paso definitivo hacia adelante, descontando todos los peligros y fatalidades que nos esperan ahí fuera, donde iríamos encantados a explorar y conocer nuevas experiencias y aventuras.
Pero esos miedos nos dejan paralizados, e impiden que podamos conseguirlos.
Y, al fin, atrapados en la ratonera, con una única salida, por delante, pero encerrados en nuestro círculo de confort y seguridad, muertos de miedo y sin esperanza.
Se cierra el círculo.
Que vida más fea. 
Que realidad más cierta. 
No sueñes, ratón.
No mires, ratón, hijo.

Previsión del tiempo

Esta es mi previsión del tiempo 
para mañana: 
El tiempo pasará, 
ni rápido, ni lento, 
como siempre, 
con su pausa vertiginosa, 
incansable. 

El día durará 
lo que normalmente: 
Veinticuatro horas 
y poco más. 
Eso si, 
repartidas equitativamente 
a lo largo de ese día. 

No se espera 
que, mientras discurra, 
se produzcan 
interrupciones. 
Probablemente 
algunos ratos se les pasen volando 
y otros más lentamente.

Pero el tiempo, 
como eternamente, 
se presentará a poco a poco,  
indefinidamente. 
No podemos ganarle 
y lo perderemos, 
probablemente.

Más mascarilla

Hoy me sorprendí acostándome a dormir con la mascarilla puesta.
Que cansina. 
Me recordó viejos tiempos en casa de mis padres, en el dormitorio común de los niños, con mi hermano durmiendo con las gafas puestas. ¡Que juventud!
Cuando algo lo haces realmente tuyo, ya no lo notas ni te molesta, aunque sea algo “protésico” extraño a tu naturaleza. 
Hemos adquirido hábitos de aseo personal, nos lavamos las manos a gastarlas, usamos geles hidroalcolicos hasta dar positivo en los test de tráfico, usamos guantes, dejamos de usarlos, nos saludamos con los tobillos, con los codos, dejamos de besarnos, a veces, …
A pesar de estos hábitos nuevos, he de deciros que estoy hasta la mascarilla de la pandemia y de sus historias, que van y vienen, como “el cuento de sal y pimiento, que nunca se acaba y ya se acabó ¿si o no? Que yo no te digo ni que si ni que no, solo te digo que si quieres que te cuente un cuento de sal y pimiento, que nunca se acaba y ya se acabó ¿si o no?”

La pandemia se resolvió aparentemente, en seis o siete semanas, según los casos, o entre uno o ninguno, probablemente, cuando nos dijeron que la habíamos doblegado con éxito, y habíamos tocado “cumbre”  superando, por fin, en casi cien días el pico de la pandemia.

Felices, nos pusimos a trabajar, a recuperar nuestra vida, intentando superar el agujero negro económico y social infringido a pesar de los sacrificios personales y sociales. En la seguridad, probablemente, de que en verano bajaría la intensidad de la actividad del virus.

Pero, “mais de repente , uma fort dolore de ventre” , como el viejo cuento portugués que nos contaba mi madre, que seguía diciendo “baja do caballo, baja pantalones, baja calzones, apreta,   Aggg ,… y nada”. Otro cuento interminable, como las risas que provoca. 
En esto igual, después vienen los innumerables “brotes” y empiezan los rumores de una segunda oleada, seguramente debida a la imprudencia y malos hábitos de una población irresponsable, por ellos primero y por sus compañeros, que en ningún caso por responsables políticos y sanitarios.

Y el caso es que, probablemente, anuncia que volveremos a confinarnos para superar la ignorancia y la falta de previsión y certeza de nuestros responsables políticos y sanitarios, que no saben qué decirnos, sin contradecirse, de qué va la pandemia y cómo comportarnos, generando una grandiosa y espantosa incertidumbre, donde ya pocos confían en las vacunas que están fabricando a toda leche (permítame el término, hablando de vacas y vacunas).
En fin … Parafraseando el grito del maquinista en los viejos trenes de vapor:
¡Más mascarilla!

Perdóneme que le escriba.

Sorry

Siento las lágrimas, 
siento los versos. 
Torcidos los sentimientos, 
atravesados los colores 
de este universo 
de desamores

Lo siento

Siento los males 
y los reflejos imperfectos 
absurdos los errores 
que invadieron 
los espacios 
del respeto

Lo siento 

No existen espacios 
opacos ,oscuros 
Escondites con secretos 
Todo es transparente 
nítido y claro 
Solo respeto

Lo siento

Por no sentir 
si solo siento 
Cariño y agradecimiento. 
Debajo de esto 
no hay nada 
que no puedas verlo.

Lo siento

Cerrado

Una año más cerrando capítulos,  
cerrando postigos del cuarto querido.  
Dejando las llaves en el alféizar  
Preguntando si sabes dónde iras 

Un año distinto que sabe a nuevo 
Con aire cansado, parece un final. 
Despedidas sin drama, sin lágrimas 
Con calma y decoro, sin dudas

Que igual te llenan el alma 
con su locura y su despliegue  
sin fin, que el viento vuela 
despacio, deprisa, según.

Un horizonte lejano, azul,  
verde abeto en las lomas,  
empinado hasta el cielo despejado, 
prados y silencio que te dejan en Babia. 

Eres parte de mi, y tú  
necesidad es la mía  
Hasta siempre, vida. 
El día comienza, sin fin.

Todo empezó 
con un beso.
...
Porque siempre en eso
se nos va la vida
Y te queda solo amor...
y soledad

Angosto 5

Recostado en la pared, escribiendo para no olvidar, en la puerta de el Jardín, el café, y tardes con música y fresco de agosto, con tu risa embelesante. todavía tan presente.

Luego, buscando la sombra en Calle Santa Maria, mirando al centro, andándoselo entre callejuelas estrechas, con la brisa que te da la vida.


Al paso, olor a esencias de canela y limón, perfume de Malaga, mientras me acerco al juego de la rana, descubierto con mi Alberto_amigo en la ferretería antigua, pa recoger monedas. 


Continuó despacio el paseo. Ya en Calle Larios, entré la cara para ver a mi niña, Noe, cara bonita, pero no estaba.  Me di la vuelta, que era muy temprano para la Casa del Guardia, el Trillo, Casa Mira, Lo Güeno, el Chinitas, o aquel pequeño barecito con barra de madera tallada, no recuerdo su nombre, en la misma calle Maria García. No es tarde para Farmacia Mata, preciosa y antigua, que alguna vez buscamos a deshoras.


La vida son recuerdos de amigos, y recuerdos intensos de momentos únicos. La feria de dos mil y pocos, de la mano de Ana Madrina, a la “caseta” de las oficinas de alguna planta, en la casa de Calle Larios del amigo Paco, con Carmen de Mairena y el arte de MariFe de Triana en el rincón de Antonio Mairena, devoción y colección de D. Francisco Repiso. 
En el regreso, La plaza del Carbón, y la Calle Moratin, que huele a música de cámara, a carreras de última hora en el Malaga#Clásica, y a mi José María y su abuelo, y sus tiernas historias de infancia. Todo, a las espaldas de Echegaray y su pequeño teatro. 

Angosto 4

Seguimos el paseo hacia La Plaza de la Victoria, camino del “Jardín de los Monos”, donde enviamos siempre a los recién llegados a esta tierra.


¿Quien pudo diseñar esto, sino Dios? Luego algunos dibujaron encima sus últimos trazos para acabar este perfil único. Es Malaga, mi Segunda casa.


En la estela de la Alhambra, la Alcazaba , hermana de la de mi nativa ciudad, querida Badajoz, leyendas de familia y de cariño. 


Recuerdos de historias de ventanas con postigo, que mi sincero amigo Paco Hurtado, poeta- visual fotógrafo de Málaga , coleccionó delicadamente en la serie de balcones y ventanas


Desde la plaza de la Aduana, mirando a la Alcazaba, Roma-Málaga piedra y adobe, y gracia 


El cuento al oído del malagueño boqueron, que relataba entre sus “zetas” de “zi zeñó” el tesoro guardado en el doblao del Palacio de la Aduana, con algo de verdad, ¡ya te digo!; y ahora también Museo.

Angosto 2


Después a recorrer el Paseo de Reding, único con sus casas inglesas, su cementerio inglés, su pequeño hotel Los Naranjos, donde me sentí en casa, la calma en este momento. 


He iniciar la subida a la cuesta de Gibralfaro, a su castillo y el Parador.

Es increíble el olor a Pino y brisa de mar, subiendo a Gibralfaro a primera hora de la mañana.

Allí me espera la gaviota, en lo alto de una lámpara, observando con descaro.

Y la mirada, a vista de pájaro, del perfil mutilado de la Catedral y la línea de horizonte difuminada de la bahía.
La memoria enlaza con finales de feria, de café y risas.
Con visitas de mis primos de Sevilla y sus gemelas, jugando en el suelo de la terraza con mi pequeña.
De cena con las titas, hermanas de mi padre, en pareja, llenas de vida y de risas, y de sorpresas.
De miradas infinitas, detenido el tiempo, y besos suaves, sin vergüenza, de sabor autentico.



…. un suspiro.
Y me voy al centro, a buscar más, que seguro encuentro.

Angosto 1

Hoy temprano me fui de vuelta por el camino recorrido hace 33 años. 
Vestía, entonces, de chaqueta y corbata, y lucia un bigote poblado, intentando esconder, sin duda, la cara de niño.
Por el paseo marítimo, Muelle Heredia hasta el puerto, El Parque, y La Farola.
En la Malagueta, recorrí despacio por donde pisé, intentando sentir, a pesar de no ir descalzo. Y lo conseguí a las puertas del edificio Calafate, donde en su planta 11, creo, comenzó una etapa intensa de la vida.
Otra más. 

Un café de esquina frente a la playa del Antonio Martin, de esos con mensaje en el azúcarillo, que guardó con cuidado en mi cartera:


No se puede dar
marcha atrás al reloj,
pero si se le puede dar
cuerda nuevamente