En un bolsillo

Tengo el corazón guardado en un bolsillo  
A veces no lo encuentro. 
perdido entre tanto lío. 
El corazón se hace pequeño  
cuando no me rio. 
Si te parece que hago el tonto,  
es porque tengo frío.  
En realidad es porque, de pequeño, 
el corazón había desaparecido.  
Tuve que hacerle remiendos  
de alguna vez que había crecido.  
Ahora lo llevo cosido a mi pecho encendido.  
Es mi corazón  
y lo llevo pegado a un bolsillo. 

Perdido aquí en …

A veces me paro  
camino de casa  
y miro extrañado, 
no se lo que pasa. 
No estás a mi lado 
cogiendo mi mano, 
no veo tu cara. 
Desapareciste, 
se me rompe el alma. 

A pesar del tiempo  
pasado contigo, 
del tiempo perdido  
desde que marcharas, 
no encuentro la calma,  
te extraño a diario, 
el corazón partido  
no espera a mañana. 
Me siento perdido. 

Y mirando el cielo,  
suspirando en llamas.  
En la orilla del mar  
cada día me llama. 

El amor eterno  
el pecho atrapaba, 
digo lo que siento: 
Sin ti no tengo nada. 

Buenos días 
Amor 
Amor, amor. 
Perdido. 
Cada mañana.  
Déjame soñar
Soñar, soñar
Contigo.

… y mentí

Enredado en dar explicaciones  
poco convincentes.  
Y llegados a este punto,  
para no perderte,  
te mentí.  

Era la única forma de no alejarte  
definitivamente.  
Y aunque la mirada 
no miente, 
no voy a quererte. 

Entre risas y conversaciones  
de confidentes,  
pasamos la tarde 
juntos,  
sin poder apartarme. 

Sin olvidar,  
ni olvidarte.  
Voy desenamorarme.  
Escondido tu secreto  
y el mío

en cinco tortugas  
y una ballena loca,  
nadando en circulos  
en los mares del sur,  
en Tasmania

Desorden

Yannis – Tengo todo hecho unos zorros, Hilario.
Hilario – El almacen, la casa y la cabeza, claro.
Y – Si. Difícil encontrar nada.
H – Y la insistencia de la pregunta que te hacen continuamente: ¿donde lo has puesto?
Y – Cuanto añoro a mi madre, diciendo “A que voy yo y lo encuentro”.
Me esfuerzo por ordenar. Pero hay veces en que voy decidido a buscar algo, y a mitad de camino, me olvidé a qué narices iba.
Y me fastidia tanto que acabo de mal humor.

H – Hace tiempo que no se en que clase de pelea andas metido. Pero evidentemente estas perdiendo. 
Y – Lo peor, esa angustia de ser incapaz de remontar y controlar la situación.
H – No. Lo peor es, exactamente, ser consciente del propio deterioro y contemplarlo como si fuera ajeno, viéndote como otra persona que ni te ve ni te escucha. A la que gritas avisándole del desastre, golpeando el cristal que os separa, pero ni se inmuta.

Yannis

Yannis Copelam es un viejo profesor de secundaria en un instituto de provincias.
Luce una poblada barba blanca, y un gesto pausado, como si el tiempo se hubiese detenido en esa persona.
Vive solo, rodeado de libros y pinturas, sus dos persistentes aficiones declaradas. 
Guarda celosamente un secreto, una promesa que juró nunca desvelaría.
Y nunca desvelará.

Lo que es de Cesar

Y- Hoy fui a ver a Cesar. Por primera vez. – le digo a Hilario.
Estuvo callado y atento. Provocando con su silencio.Me ayudó un poquito.
Estamos midiendo los terrenos.
H- Creo que no te dice todo lo que ve, todo lo que piensa. Es un profesional. – Contesta seguro Hilario. 
Yannis – Yo tampoco le dije todo. Soy introvertido. Pero por un momento, me emocioné, y me relajé. –
Hilario – No creo que aguantes mucho más la presión. –
Y – Si me ayudó a verbalizar lo que pienso. Opina que es difícil salir de la encrucijada, donde adaptarse al presente pase por ser como soy; y también pasa por dar por acabado este nudo. Y a la vez, lo contradictorio es, ya finalizado, ¿que hacer sin nada más que lo pasado? ¿Terminar? – 
H – Quizás tu mejor opción sea terminar con todo. Terminar con esto. – opina Hilario.
Y – Lo plantea como una lucha de mi yo contra mí mismo. Si gano, es un “por el momento”, hasta la próxima vez que se me ocurra. –
H – Sin embargo, si pierdes, es un instante, y para siempre. Un instante decisivo. Y ya está.-
Y – Pero no puedo dejar de pensar en lo que dejo atrás. Me importa demasiado. Nunca he sido cobarde. Y esto puede parecerlo, aún siendo la decisión más valiente. –
H – Esta duda te está matando, amigo. Puedes elegir el momento adecuado. Minimizar daños… –
Y – Desgraciadamente, Hilario, puede que tengas razón, y de todas las que tengo, es la mejor opción. –
H – ¿Y dejarlo terminado? Tranquilo. Todo en su momento. –
Y – A Cesar lo que es de Cesar. Me dijo que era bueno compartirlo. El me ha ayudado, y dentro de un mes volvemos a ver que ha pasado. –