Niveles de dolor

No sé si hay unidades de dolor. Para medir, quiero decir.
Porque eso depende de cada cual. Hay gente con mucho aguante, y otros que ni rozarlos, y ¡cuidado!

De todas formas creo que la nomenclatura sería la interjeccion “ay” 

Un ay, es apenas un susto. Es el inicio al dolor, que lo separa de la alegría o felicidad, y que lo acerca al miedo, pero por el lado físico. ¿No?

En figurado sistema centesimal,

¡Ay! Sería como 100 ay’s simples.
¡Ay, Dios! , lo siguiente 100 ¡ay!
¡Ay Dios mío! , 100 veces más que ¡Ay Dios!
¡Ay Dios mío de mi vida! Es nivel sacrificio, equivalente. 100 ¡Ay Dios mío!

Pero el siguiente nivel, perdonenme, es la blasfemia.
¡La hostia! Serían ya 100 millones de ay’s simples.
¡Me cagó en to! Serían 100 veces. ¡La hostia!
¡Coño! / ¡Cojones! para esquivar el espinoso asunto de género, serían 100 veces ¡me cago en to!
… y lo siguiente sería el parto , que eso ya solo lo aguantan las mujeres, el sexo fuerte sin duda. Y vendría a ser 💯 veces 10.000.000.000 ay, es decir un billón de dolores.

¡Qué barbaridad!
Mi teoría que es novedosa, creo, está fundamentada en la experiencia y la observación.
Pero creo que es correcta, porque de niños no sentimos tanto dolor, no sabemos blasfemar, o no sabemos tantos tacos.

Ay.
Perdón, ahí lo dejo, llorando por analgesia.

Soy más de gato

Se me acaba octubre, y estaba pensando, en medio de amenazas y preavisos de nuevos confinamientos, parciales o totales, que más da, que sorprendente es el otoño el culpable.

A mi me seduce mucho. Y excita en mi interior el “efecto gato”. Que consiste en el deseo irrefrenable de acomodarme en tu regazo y dejar que me acaricies despacio, mientras ronroneo pausado. Es bien par ti. Quiero decir, por tu bien. Que de pequeños nos peleamos en casa por acariciar al gato. Pero ¡para mí es lo más!.
Me dejo caer relajado, mientras guiño los ojos entreabiertos, al paso de tu mano, en éxtasis.

Claro que sin renunciar nunca a mi independencia. Que esto es lo más… para un rato de gato.
Y cuando culmina, de un salto, me muevo para otro lado, ¡que estás empanao! Me digo a mi mismo, mientras me alejo a esa distancia, suficientemente cerca, para escapar y que no me pierdas el contacto … visual. 

Y recordar como mi madre se quejaba ¡No seas gato!

Quiero ver

Quiero ver 
la sonrisa 
en los ojos, 
mientras imagino 
tus labios. 

Y ver 
tu gesto tierno 
detrás de la cara 
cubierta, 
sin remedio. 

Enmascarados 
para siempre 
que no se someta 
este virus, 
sin amor. 

Escondidos 
detrás de la cortina. 
Mirando despacio. 
Que no hay prisas 
por besar. 

Distancia 
sideral. 
A tan solo dos Facebk 
de ti. 

Que son para siempre. 
Porque este amor 
nunca será. 
Más Luna. 

Pierna suelta

De cuando las piernas se desprenden 
Un dolor intenso soportable 
Una sensación desagradable 
Como arañar cristales 
Persistente hasta aburrir 
Con descanso cada cuatro horas 
La cabeza me devora 
con miedos que no se describir 
Sentir que todo se acaba 
Llegar al final de la tirada 
Asomarte sin miedo a la orilla 
No interesa tanto seguir 

Nada que el amor no cure 
Todo a blanco y negro 
Es el destino más cruel y más dulce 
Nada que pueda ofrecer 
Un despropósito ordenado 
Un jardín vacío, un descampado 
Un almacén atiborrado 
de inútil tesoros y herramientas 
que no son utilizados nunca 
Combustible con fuego devorador 
¿A qué tanto dolor, 
si esto no fue lo planeado? 

24 besos de furia 
Pedazos de cuentos inconexos  
sin desenlace ni trama que indique 
cuando llegará y cuánto dura  
este final de viaje 
El reloj loco, no respeta 
el día ni la noche 
No quiero ningún equipaje 
para esta última aventura 
que empieza termina en ninguna parte 
Las manos no puedo darte  
Y, sin piernas, perdí la cordura. 

Balcones de infancia. Calle San Blas

De mi infancia primera, de vez en cuando, me viene recuerdos muy frescos, sin avisar.
Aparece la calle San Blas. Un gran zaguán con una escalera imperial, que se va estrechando según se sube de planta.
En la última, la casa de mi abuela. Un pasillo largo me lleva, dejando al lado la pequeña cocina donde me espera siempre con una sonrisa abierta la tía Sacra, hasta una sala grande, con la mesa de despacho, el bastón  y el sombrero del abuelo; y dos balcones a la calle, por donde se cuelan con fuerza las campanas de la Catedral. Música nueva para mi, que se impone al paso de coches y personas, calle abajo, hacia la plaza de San Andres.
Y asomarme a ver la maniobra imposible del autobús para entrar con parsimonia en el garaje de la esquina con calle Arco Agüero. Sin perder detalle, observar lleno de curiosidad, parado el poco tráfico, mirando con paciencia cada movimiento, adelante y atrás, hasta conseguir entrar en el cocheron.
Tambien el recuerdo de acompañar a la Tita Sacra, de la mano, a comprar huevos, y a la frutería de calle Lopez Prudencio, casi en la esquina de Las Carmelitas (esa casa de fachada sin ventanas a la calle), donde cogíamos verdura fresca y alguna pieza de fruta. Y tres plátanos. 
Y al rato, otra vez esas campanas 🔔 , mientras volvíamos a casa, cogido de la mano cariñosa de Sacra. 
Definitivamente la casa de la abuela era de campanas. 

26 Inventario (rev.)

Rimas flotantes

Esto no es un poema de amor
Ni una declaración de intenciones,
Es solo una exposición
De mis anhelos y mis pasiones.

Ansío estar siempre a tu lado,
Llenar tu mochila de mis razones,
Volver a ser el mago
Que te colma de ilusiones.

Viajar contigo por el mundo,
Descubrir los más bellos rincones,
Abrir caminos juntos,
Perdernos en los fogones.

Disfrutar de lo cotidiano,
Atiborrar de risas los cajones,
Cogerte de la mano,
Enseñarte mil canciones.

Quiero ahogarme en tus labios,
Quemar todos los colchones,
Y amanecer embriagados
De ternura, arañazos y sudores.

Acariciar tu espalda desnuda,
Enredar mis dedos en tus mechones
Y dejar la tristeza muda,
Que se abracen los corazones.

Aprender el ADN de tu alma,
Enseñarte mi manual de instrucciones,
Compartir el hambre y las ganas,
Los ímpetus y las devociones.

Y deseo marcar tu calendario,
Con “te quieros”, besos y emociones,
E incluir en…

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Macánico de boca

  • Hola nena, malegro en verte
  • Ay hiha, stoy fata, con una claze de doloh, rabioza por ir a dentihta y que m’arranque ya to loh diente. Oy que malita ma puesto
  • Ezo te lo hace er macanico de la boca 
  • Ezo como va zé, nena. Un macanico en mi boca
  • Que zi, que te zaca to loh diente, te llena la boca de tornillo y tuerca , y te deha prezioza 
  • Tu Ta chalá perdía, vaya!
  • Arme cazo, ezo zi, ante debe pazá po la Caja d’horro pa pagalo con letra. Escoge la cajapiño que te guhte, y pa to la vida, nena 

Soledad y frío

Este otoño 
recién estrenado. 
El cubre en la cama. 
La madrugada, desgana. 
Siempre hace frío 
en soledad. 

Nada supera tu abrazo, 
que tanto echo de menos. 
Nada consuela. 
Nada desvela tanto 
como la soledad, 
en la que espero. 

Y muero 
a cada minuto 
que pasó sin ti. 
A cada paso 
que doy. 

No estoy feliz 
con nada. 
Tampoco 
en la mirada, 
se nota cansancio. 

Y agotando 
los días que me quedan, 
encerrado en mi cabeza 
el tesoro 
que viví. 

Con la esperanza 
de encontrarte a ti, 
entre tanto ruido, 
entre todo el silencio,
AMOR