La cerca

La cerca me separa del jardín seco, de las perchas pajareras, árboles enormes ya sin hojas, donde se posan los pájaros que van de paso alejándose del invierno que acecha.

Tan cerca de que coloquen su valla de “en venta” y que deje de ser la puerta de salida, y la de vuelta.

ODIO

Que le rompan los huevos a palos.

Le corten la polla para que mee con dolor el resto de su desgraciada vida.

Le rompan las piernas y las manos, para que no salga de la cueva y no vuelva a agarrar a nadie, nunca.

Que le graven a sangre y fuego en la frente y la cara «violador».

Y dejarle con vida, para que sufra y no olvide jamás el daño que hizo.

P.D. Que Dios, en su infinita misericordia, lo haya acogido en su seno. Porque si me lo encontrará, sacaría de mi este demonio que ahora llevo dentro.

Sueño

Ayer soñé que se paró el corazón. El mío. Sentí el temido pinchazo en el lado izquierdo, y la mano dormida.
Dejó de latir de repente, como una noticia de alcance que te sueltan a quemarropa, de pié en la cocina un día cualquiera. Y reventó de ojos adentro.
Durante el día pensé que lo podía superar, pero escuchaba su latido sino como un eco lastimero que se alejaba.
A la noche sentí frío. Y me quedé dormido sin aliento.
Estaba inquieto. No paraba de atender señales de alarma que me enviaba el cuerpo.
Y no hice caso, claro.

Pasado unos minutos entraba empujado en una camilla por el pasillo vacío de un hospital.
Empezaron a apretarme el pecho, con abrazos enfadados. Sentí el desagradable correr del tubo de respiracion entrando en la garganta, el pinchazo en el brazo, el gotero colgando, la actividad frenética alrededor.

Y yo calmado. Echado en la camilla como si fuera a contarlo. Cada vez más frío.

Recorrer un pasillo largo que daba al quirófano, inundado de luz.
Más gente aún.

Era el centro de esta reunión ¿y nadie me preguntó nada?

Me volvieron de espaldas. Ya no me dolía nada, pero sentí la cuchilla abriendo y la mano enguantada buscando. El corazón no latía.
Todo deprisa, sucedía en un instante.
Yo calmado, no me movía. Pero sentía la cuchilla, las manos dentro del pecho empujando, el mantra repetido «reacciona, reacciona» .
Y dolía. Dolía mucho todo esto.
¡Vayan con cuidado! Pensaba gritando para mis adentros …

De pronto volvió el corazón adentro. Con tímidos espasmos y un dolor intenso. Pero volvió.

Luego dirán que estaba sedado, que no sentí nada.
Que todo fue un sueño.
… Y mientras, me despedía diciendo que todo fue un sueño.

Cruel final

Cruel es el fin de todos los esfuerzos, sacrificio y desvelos, si acaban en el filo de la penúltima copa, el humo de mil cigarros y drogas. El silencio.

Sueños incumplidos, falsas expectativas, ansiedad y desorden, abusos en la casa que era el hogar, el refugio de todos, ya de nadie.

Ahora toca separar para unir, que me da la risa.

Perder el sueño, llorar el llanto amargo e inútil del fracaso.

Y mientras, se esfuma el rastro del ser más querido, el que hizo más daño.

Fuiste mi escudo durante años, para que yo alcanzara lo máximo.

Nunca podré pagar su sacrificio, el bien que me hizo su silencio, que de saberlo habría enloquecido. Como saberlo ahora me tiene completamente destruido.

No sé manejar esto.

No se lo que entonces habría decidido. La venganza más dura servida en frío. Cueva más oscura.

El horror, el desprecio por el odio ensañado con un niño.

Ahora mi vida no vale nada.

El daño que quisieron, no me alcanzó, porque paraste su tiro. Y ahora me alcanza, y no se cómo ayudarte, hijo.

La humilde princesa.

Cuento Sultana de Istanbul

Escondida tras una gran cortina en el salón de palacio, la princesa desde niña se mantuvo atenta a todo lo que pasaba. Las voces solemnes, los susurros, las miradas cruzadas, las sonrisas, las lágrimas, los discursos. Nada se le escapaba. 

Ella no participaba, nadie pedía su opinión. Pero en su cabeza se iba formando despacio, su carácter y su universo decidido.

Poderosa princesa, que aprendió con los ojos bien abiertos y en silencio.

Asistió a fiestas y bailes, siempre en segunda fila, sintiéndose normal, no especialmente bella, atenta a seguir los pasos de danza sin pareja, soñando siempre con ella.

Poderosa princesa, que bailó cada pieza, aveces con la más fea.

No siempre acertó. Alguna vez la rebeldía se volvió contra ella. Humildad que aprendió de la vida, con lecciones duras que tragó a duras penas.

Poderosa princesa, que no fue a la guerra, y las libró todas ellas.

Ahora, sabia, prudente, alegre y bella, elige su compañía, su soledad, y cada vez a que propósito se entrega.
Alguna vez triste, no se siente valorada.

Poderosa mi princesa, deslumbrado estoy por ella. Suspiraba bajo el disfraz el pájaro oscuro que no dejaba de mirarla.

Guardar

Cuento «Sultana de Istanbul»

¿Cómo guardarme para mí lo que ahora siento? 
En medio de esta tormenta, que despierta,
con la poderosa fuerza de la duda.

¿Estaré haciendo lo que toca,
lo que de verdad interesa,
en medio de tanta furia?

Toca acallar el tono de la voz,
la notoriedad de la opinión.
Toca desplegar la prudencia y el amor.

La belleza deslumbra,
y la vileza desahucia,
dejando esta causa sin hogar.

Toca ser preciso,
sencillo y humilde.
De corazón salvaje y sincero.

Entre un quiero y me muero,
Un puedo y te quiero,
un quiero, y si soy sincero,
no debo ...

Pero, si no falta nada,
¿Para que desperdiciar el tiempo?
Me gusta lo que siento,
y temo hacer daño.

Esa es la razón verdadera.
Guardar, y sentir el viento.
En el palacio del sultán,
cómo el príncipe de cuento.

Inverso

Decir adiós 
para desear verte más tarde.
Rogar ¡quédate!
Y dejar en silencio que te marches.

Un infierno helado
la soledad en compañía de una multitud.
Soñar con ojos abiertos,
eternamente si no estás tu.

Nunca dejas de querer,
nunca quieres olvidar.
Nunca pierdes el compás
de esta canción.

Vuélvete, dame tu mirada,
dame alas y volaré
hasta el filo de tu espalda

Sonríe, déjame morir
en la comisura de tu boca,
de amor, amor.

Del invernadero

——- (de mi pequeño universo en Badajoz – Extremadura)

Y de todo esto tengo memoria. Y testigos. 

Otoños lluviosos benditos, corriendo para llegar a la sesión del Conquistadores y también en el Menacho, para salir con tiempo de regresar a casa sin regaños. 

A veces refugiados en la cocina del bar Nuevo, o en los vermuts de los Canecos, desayunos en la Guardia Civil y después, a la tarde, a la Casa del Pueblo del PC ¿clandestino?. 

También en los ensayos, en casa de Arni, o de Mundi, grabando una casette con Quique

En los primeros ensayos en los bajos de Salesianos y luego en el local del Casino con los Tramp, y su primer concierto en aquel Come Together de José Luis, que no olvidaré. 

Alucinando con los arpegios y punteos de Rafa, los discos que conseguía Nacho, siempre jugando, siempre creciendo. 

En la improvisada disco del último piso, con DJ Chiqui, llevando entre todos los discos y echar una tarde entera. 

Pasando el “scaner” de la mirada complaciente de Carmelo, de uniforme a la puerta en la calle del Obispo… 

Y los guateques en el sótano de Javier Antonio. Su guitarra acústica era la mejor. Y su pequeña Puch súper transformada, y que luego vendió a Calata

Y llover y llover, y correr hasta el conservatorio a esperar sentados en la escalera.

Que llueva, que llueva, y nos moje hasta las muelas, encerrados en el cuarto más pequeño, que era el de Claudio, aprovechando que estaba fuera estudiando derecho. Y allí amontonados en el rincón del tocadiscos, tan contentos. 

Después vinieron otros otoños que también los tengo frescos. Pero sería largo de contar.