Amor eterno

Conocí a tanta gente
a la que pude hacer feliz. 
Y sin embargo los dejé 
en mitad del camino. 

Conocí a tanta gente
a la que quise, siendo feliz. 
Y en el rellano me enteré 
que no eran para mí. 

Y ahora que nada importa
si no nos vemos, 
si ya no es corta 
la distancia del sendero. 

Ahora que no te veo
si te miro, 
pero te siento
conmigo. 

Ahora que estoy
al final del camino
a ninguna parte 
si no es contigo. 

Es eterno 
el pulso del tiempo, 
el calor de tu mano, 
El Amor verdadero. 

En agosto, luna

El calor oscuro, intenso, espeso, 
caliente de la luna, menguante, 
me deja exhausto 
de asuntos pendientes, 
el día más largo. 

Me deja en blanco 
frente a una puerta, 
de cara al viento,  
brisa fría y salada, 
del amanecer azul. 

El sol nuevo de este día 
acude puntual, encendido, 
venciendo la noche, 
donde te dejo desnuda
mi alma, sin reproches. 

Otro, que suena 
de nuevo, 
a despedida. 

Luego, que venga 
con suerte, 
confundida 

la luna brillante
de un agosto. 
Adiós. 

Más no cambies nada

Casas con living y closed.
Eso lo perdí. 
Chalets a medias en cien cuadras
a la redonda de donde viví. 

La iglesia a dos pasos, 
en dirección contraria. 
Los pomos, los jugos a centavos, 
los abrazos, la risa emisaria. 

El arranque ruidoso del carro. 
El café colado de las seis.  
La yerba cortada a machete, 
el pulso parado, tal vez. 

Nunca volveré. 
Nunca me fui. 
Solo se que sueño
con estar allí. 

Nunca cambiaré 
lo que tengo aquí. 
Nunca olvidaré 
lo que allí aprendí. 

El splass de madrugada
en la piscina de al lado. 
La certeza de nada 
de lo que había planeado. 

…. Y llueve a cántaros 
como si no hubiera un mañana
La Habana, Miramar, El Vedado, 
café con el que muero, cubana. 

Paseos amaneciendo, 
pisando las calles, mi gente. 
Todo descuidado, tan decadente, 
tan perfecto. Ayúdame si puedes. 



Despiértame del sueño, mi hermana. 
Háblame del sufrimiento. 
No dejes de mirarme,  
más nunca cambies nada. 

Nunca volveré. 
Nunca me fui. 
Solo se que sueño
con estar allí. 

Nunca cambiaré 
lo que tengo aquí. 
Nunca olvidaré 
lo que allí aprendí. 



La Habana, Cuba. 2016 

Lágrimas

Con intensidad, 
concentradas en el filo del lagrimal, 
se desprenden al hablar 
y también en silencio, 
a cada paso lento
con el que me muevo. 

Despacio, el tiempo pasa hoy. 
No se refiere a nada, 
ni lo esperaba. 
Pero se desprenden sin parar 
mejilla abajo 
o buscando un atajo. 

Presionando mi cabeza 
y dentro, el corazón 
abierto en canal,  
esponja de tantas ilusiones 
que, a veces, se hacen emociones 
en una lágrima. 

Con todo, un sueño feliz

Con todos los flancos abiertos, y los frentes ardiendo, no es casualidad que me quiera, soledad. 

No todas las espinas te traen una rosa. Todas las historias tienen más de un final, que vuelven a ti eternamente, tristes inevitablemente, y felices también. 

No soporto ya más otro rechazo, hasta que de nuevo me alcance el próximo. Así, sigo esperando una sonrisa, unos ojos para quedarme a mirar. Ah! 

Siempre que te dejo parezco más viejo. 

La ignorancia no da la felicidad, la verdad siempre está escondida del calor. Me molesta el ruido, no soporto el dolor, cada vez que quiero estar en paz me impaciento. 

El sufrimiento  es cruel, y no dejamos de buscarlo a diario. 

Ojalá me tocara la lotería para repartir pequeños trozos de alegría de papel (ilusos). 

Doctor recétame una pastilla que deshaga el nudo en la garganta, y de amor sin parar, vuelva a cantar. 

Nunca dejaré de buscarte amor, a pesar del veneno que me das de beber. 

Beber entorna los sentidos; caer en mitad del llano es lo que más risa me da. 

¿Donde está la salida? Que quiero empezar el camino de regreso y volver a empezar. 

(Risas)

Casa

Antes, cuando de verdad quería, creía que la casa era una fortaleza que contenía los valores, la paz y el cariño. Eran los recuerdos, el futuro, la referencia, era el hogar. 

Hacíamos derroche de ello y compartíamos con la familia y los amigos.

Los tiempos de ahora me han hecho el gestor de la estancia, manteniendo la fachada en pie, y administrando sus servicios, los suministros de luz, gas y agua, la despensa, la conexión constante de teléfonos y red, la colada, y la limpieza. El combustible, la ropa, impuestos, y demás.

Ni una sola cosa más. 

Así comparto piso con moradores, del tipo ese de solo para dormir y descansar, y también lo tengo del tipo ese de “armario”, solo para llegar ducharse, cambiarse de ropa y salir; pero ambos sin horarios ni compromiso. 

Un lujo. 

Sin discusión. 

Perdí un hogar, y me encontré una casa enorme que atender a solas. 

Reconozco que, según me vino de pronto, no me alcanza el tiempo para todo (cocinar, la ropa, la limpieza, la compra, … hasta la mascota) y menos para hacerlo bien,  al punto que aveces recibo quejas por la falta de alguna cosa en la despensa, problemas con alguna prenda en la lavadora, y cosas así… domésticas. 

Si recibimos visita, quizás almorcemos juntos. Pero rapidito, sin apenas sobremesa y conversación. 

A los desayunos no llegamos, por la diferencia horaria, tú me entiendes. Y las cenas directamente sé cancelaron. 

Lo mismo son cosas mías, pero esto, así como va no me gusta. Y estoy en la duda razonable, ese filo estrechito por donde es difícil equilibrar. Así que no se si echarlos o largarme.  

El “fuego” del hogar está completamente extinguido. 

Y ya solo queda la casa. 

Y sus cosas. 

Pero no perdamos el humor. El bueno, me refiero. 

Y unas flores. 

Nada tiene sentido

Mientras te miro, nada tiene sentido. 
Desconozco el porqué estoy aquí, contigo. 
Somos dos desconocidos. 
Impaciente dejo pasar los minutos y me olvido. 

Imaginando los colores de las flores. 
A ojos cerrados, los olores, 
la caricia del agua del mar, 
en el cielo, volar… 

La cabeza va a estallar, 
nervios a flor de piel . 
No puedo, no quiero parar.
Quiero salir, 
a escondidas, escapar. 

Ir allí 
           Estar contigo 
                                       Soñar 
                                                    Estar cerca 

            FIN