Insignificante

Las cosas insignificantes, 
las que te pasan inadvertidas. 
Las nada importantes
para la vida, 
construyen un mundo
a tu alrededor. 

Algunas muy bellas y frágiles. 
Otras toscas y burdas, 
llenando espacios sutiles, 
imposibles de entender sin ellas. 
Incompletas. 
Describiendo el rumbo
hacia tú corazón. 

Adiós noviembre

Sometido desde hace años a una cura de humildad que me está matando. 
He prescindido de todo, incluso casi de lo imprescindible, y no ha sido suficiente.

Cada cual es de cómo y con quien vive. Y esta forma de vida de supervivencia no es la mía. Al menos no la que me enseñaron y luché por conseguir. Puede que la halla perdido, pero si no recupero, no habrá vida para mi con dignidad. 

Solo la soledad me salva, huyendo despavorido de la vida social, incapaz de vivir solo. Imposible más incongruencias. 
Mudo, muero de ganas de gritar al borde del abismo, para escuchar el eco de vuelta reconocible, que …

El reloj de sol se me secó.  
Mi kentia abrió brotes nuevos. 
Y perdí la hortensia. 
Mi sombra no me acompaña de noche donde camino. 
La hora ya no me dura tantos minutos, o más. 
En casa no caben más libros. 
Las pelis nunca las termino. 
Llevo escrito “malo” en los labios. 
Calma ¿donde estás? 
La lata del café, otra vez vacía. 
Vacío el cargador del miedo. 
Y siento que te fallé.  
Cantemos otra vez esa canción… 
Otra vez  

Rojo

Ahora que la luna se quiere caer del cielo azul de un noviembre con sol.

Y yo me quiero agarrar a lo que creía mío y que ahora he perdido. Sentir las piernas correr por encima del tiempo y el corazón latir tan despacio, tan lento, la mirada atravesando el espejo del tiempo que ya son recuerdos. Locura al conseguirlo solo en sueños que no me dejan conciliar la calma. Y tu cara es una estampa del tesoro conseguido y perdido al volver de una esquina, casi sin darme cuenta.

Evitando el sufrimiento, mientras me miento una y otra vez que volverás y todo seguirá igual. Sin aceptar que la vida pasó de largo, y ahora no queda mas qué esperar un final, ojalá sea feliz. 
Quiero sentir que las barreras que me atan solo las construyo yo mismo. E inventó la forma de escapar a ese destino que veo tan cercano como ajeno. 

Ahora que si, que no … 
Ahora que no te veo. 
Ahora que solo te sueño 
mi amor, amor verdadero. 

Más de mil amaneceres rojos
que pusieron en mis ojos 
lágrimas de amor y risas. 
Mi amor, amor verdadero. 

¡Que bueno!

Que bueno sentirse útil. Aunque sea en lo más simple, lo de menos es que se sepa. 

Que bueno SER útil, y que a los demás les ayude en su día a ser más buenos, más grandes, mejores.

Mejores hijos, mejores padres, mejores hermanos, mejores amigos, mejores personas con los desconocidos.

¡Que bueno es empezar un día contento de lo que has dado, lo que regalaste y les sirvió, y no hizo, ademas, ninguna falta que te lo agradecieran! 

Te diste la vuelta y desapareciste con una sonrisa de oreja a oreja. Eso puede que sea la esencia de ser FELIZ. 

Lo fui. 

… y recuerdo

Tú recuerdo me sabe
a la espera de escalera, 
a la esquina de tu cadera, 
al sol de primavera que viene. 

Quien me diera este veneno
que no olvida, y perdona
que no te llame, hace días 
que extraño ese peldaño. (Vacío)

Mirando la luz de la escalera, 
el ascensor lleno de besos 
(Del octavo al 12, y luego al tercero)
y un café en la playa un martes de febrero. 

Todo entregado a la primera
postura, sin pensar en otro juego. 
Con el fuego quemando 
las dudas y la niebla. 

Dame tu mano, amor
Dame tu boca. 
Siente mi pecho, amor
estallar tan loca. 

Nunca vuelvas a intentarlo 
El ascensor (de golpe) ya se paró 
Se apagó la luz del hall, 
se terminó el cuento de amor. 

Las miradas cruzadas
de salón, y de lejos, 
de espejos colgados
torcidos, sofás de estreno. 

Todo entregado al primer instante 
sin tener dudas, palabras mudas. 
En un verdadero o falso
se fue la pasión abajo, lejos. 

Y ahora en el miedo, 
no valgo para estar como antes. 
La distancia no hace mellas. 
Dedicado solo ha olvidarte. 

Toma mi mano, amor
Dame tu risa. 
Siente en mi pecho calor 
Al decirme adiós, una caricia. 

Olvido

Me olvidó de todo lo que me quema
Olvido sentarme y ver que se aleja
la fuga del alma, y viendo sin calma
lo que me queda

Olvido lo fundamental
La cita con salud mental
Lo que tenía que guardar 
se me fue de la cabeza

Olvido la compra y lo que venía
corriendo a hacer en la cocina
Olvido la fecha de cumplir 
el vencimiento del momento

Y no olvido tu risa
Ni olvido tus besos 
ni olvido de cuando
en un abrazo me hiciste preso. 

No olvido tus ojos
sin perder los míos 
Tu gesto del pelo
la mano enredada en tus rizos 

Y ya no me acuerdo 
donde puse aquello
Las llaves, el libro
que dijiste luego… 

Si tengo que irme
despacio o volando, 
si estuvimos hablando, 
O fue todo un sueño  

Siento miedo

De olvidar tu boca
olvidar tus besos
Olvidarme de cuando
me abrazas con hielo 

Olvidar tus ojos
perderse en los míos 
Olvidar tus manos
Me invade este frío… 

Este frío … 

Por el sendero

De vuelta a casa, caminando por un sendero antiguo, ahora prácticamente cegado de escombros, en un recodo descubro asombrado un agujero tremendo en la valla de cierre de la vía de tren.

Un agujero de seguridad por la que se puede alcanzar la vía, y cruzarla, o esperar en la mitad a qué te alcance el tren con velocidad y terminar con las dudas.

Seguí avanzando despacio por el sendero. Pero, de vez en cuando mirando atrás con atracción fatal hacia el agujero, roto el precinto de seguridad. No conseguí quitarme esa idea horrible de la cabeza hasta pasado un buen rato.

Y ahora, ya en casa, vuelve el recuerdo de ese agujero de seguridad abierto al horror de un final desgraciado. 

Ese agujero en el sendero que no acabo de dejar de lado.

Ese agujero en el deseo de seguir hasta el final. Ese sendero hasta el final.

Esquina

No se que esquina torcí hace poco que últimamente todo me sabe a despedida, a última oportunidad de disfrutar el momento.

Y es una sensación muy determinada, muy fuerte, y no admite duda. Como si de pronto me hubiera dado cuenta de que estoy en la última vez que puedo gozar de un encuentro, un amanecer, un noviembre, un salto o un viaje en moto. Como si me fuera a romper y ya no pudiera ser esto que estoy contando.

Algo tendrá el río cuando suena.

Empezó con la animadversión superlativa a los hospitales. Pero ahora lo percibo casi en cada cosa, en cada ocasión, en la última reunión de amigos, en el último abrazo. Así que al entrar en cada casa fuera a despedirme, en lugar de saludar. Y no encuentro donde estar a salvo de esta idea circular.

Excepto que mi corazón sereno está más cerca de encontrarte a ti, amor. 

Es noviembre, el aire huele a castañas, el frío hiela el alma. Lo digo porque …

Al otro lado

Érase una vez un niño feliz que vivía en una casa en el bosque, al lado de un lago. 
De este lado del lago, todo parece ordenado. Hasta que un día, el niño, que mira desde este lado, escucha una canción que suena alegre al otro lado. Se asoma discreto encantado con la música, y ve asombrado una bella flor llena de color y brillo que entonaba las notas que le dejan embelesado. 
¡Que guapísima es la flor! Creo que se ha enamorado. 

Entonces se pone a pensar cómo cruzar el lago. De su casa saca herramientas para cortar un árbol, y construir una barca para ir a ver a la bella flor del otro lado. Rescatarla y dedicarse a su cuidado.
Sin embargo, en un instante aparece junto a la flor un príncipe encantado. Baila sin parar alrededor de la flor, la halaga, la besa, la riega con cuidado. El príncipe es su amigo y vecino del lago. ¿Como no se había acordado? 

Con la madera del árbol recién cortado, construye una hermosa guitarra, que regala a su amigo, el príncipe encantado. Para que la toque a su flor Bella, y no pare de bailar a su lado. 
Y colorín colorado este cuento se ha acabado. 

P.D. La flor creció y se convirtió en una hermosa princesa enamorada de la guitarra y de su príncipe encantado.