Amor impasible

A cada paso su tormento y una liberación, 
feliz de estar contigo, 
en sueños. 

Toda la electricidad controlada, 
atrapada en leve abrazo, 
en un tímido beso. 

Sin querer despertar al genio, 
ni siquiera para pedir 
los tres deseos. 

Y la vuelta
cuesta arriba, 
deseando los deseos. 

Imaginando 
que te quedas 
jugando con fuego. 

Éramos tan diferente, 
y me gustó tanto 
ayudarte. 

En el fondo del corazón 
ya sabíamos sin duda 
de lo imposible. 

Ya pasé por duelo. 
Tiempo oscuro 
asumiendo la pérdida. 

Pero la tensión 
tan adictiva, 
es imposible superar. 

Tan solo la distancia 
ayuda 
a superarme. 

No puedo asumir 
este reto, 
cerca y distancia sideral. 

Éramos tan distintos 
que imaginamos 
no iba a funcionar. 

Y brilla la luna 
en el mar, 
Amor impasible. 

Y amanece,
sin llorar, 
Amor impasible. 
Amor impasible

Ruge el mar

Hoy ruge el mar. Como si estuviese enfadado, enojado por algo que le hicimos.
El viento de levante mueve con fuerza la copa de los árboles, las hojas más débiles caen volando hacia la calle. 
No hace frío, pero el viento … Cuanto hace el viento para que sea un día desapacible para estar fuera de casa.
Y dentro, repaso la lista de asuntos previstos para hoy, y que debo aplazar si continúo con el plan de quedarme en casa y no salir. 
Todo por la borda, como si estuviera surcando ese mar bravo de hoy, imaginando un cambio de rumbo para iniciar una nueva singladura, siguiendo un impulso imprevisto que empuja hacia el lado contrario, sin planes, sin provisiones, sin cordura.
Escuchando una música susurrada, con golpes de tambor marcando el ritmo constante.
El cielo gris, tendiendo a oscurecer, presagia la tormenta.
Y que más da. Déjate llevar, tu corazón adoptó ya el ritmo del tambor, el viento arrecia y no puedes esperar más. Atado al mástil para no sucumbir a la tentación de la ninfa Parténope, es su vida o la tuya, mientras escuchas sin parar sus cantos de sirena.
El agua de un golpe de mar en la cara, me devuelve al jueves que toca pasar. De puntillas para no despertar del todo de ese sueño “fatal” de música, tambor, sueños. Y por supuesto de ti.
Nunca te encontrare si me quedo aquí. 

Historias de un día malo

Soy solo un contador de historias. 
Las describo con detalle, las descubro cuando están tapadas o a oscuras. Solo las cuento con el ánimo alterado y el corazón conmovido. No podría de otra manera. Me siento incapaz de ponerle letras a lo que no me asombra o me remueve por dentro.
En todo, el corazón y la pérdida de razón, pesan como una losa de las de tapar nichos.
Alguna vez intento escribir desde la distancia más pulcra, la necesaria para no implicarme. Pero es una burla de la propia historia y acabo enredado en sus notas, en su aroma, o empapado en esa lluvia intensa de gota gorda y charcos que recuerdo de siempre de mi ciudad natal.
Y de ese cielo plomizo y oscuro que te da la luz de la tristeza y el olor a mojado en las hojas de los árboles del parque. 

Y no se de qué manera la historia se revuelve y me envuelve, y me devuelve lo que siento escondido dentro del pecho. 
Hoy lloverá sobre el medio día. Parece que cuentan que lo hará con fuerza. Y el viento batirá sobre los cristales de la terraza, dejando ver con dificultad las olas encrespadas rompiendo en espuma blanca la arena de la playa.
Y casi nadie se arriesgará a transitar por el paseo a esa hora. Los que ahora lo hacen van con prisa y encogidos, que el viento ya enfría.
Dudo si seguir aquí, contándote lo que miran mis pupilas, o coger el chubasquero y salir a la calle pitando.

Pero antes, decirte que perdones mi insistencia grosera para conseguir que me odies y así no hablarte, poniendo esa distancia terapéutica que tan bien puede que nos valga para olvidar, y abriría el capítulo nuevo de felicidad que te mereces.
Nada fue mentira de lo que te demostré, nada de lo que te dije fue un invento. Todo lo sentí y lo siento con intensidad y certeza, amor. Todo lo di con generosidad sincera. 

Y ahora si. Debería sacar de casa esta intensidad, y disipar junto al mar, este día frío y malo, las lágrimas sentidas que se me escapan.
Lágrimas de cocodrilo, tú sabes.

AMOR IMPOSIBLE. LEDA

Surcando mi cielo 
estrella fugaz, 
un destello de tus ojos 
provoca en los míos 
una lágrima. 

Sonrisa del alma 
que desborda de tus labios 
un veneno, 
que me arrastra con fuerza 
a este abismo. 

Estalla en mi garganta 
un grito mudo, 
sordo lamento, inútil,
del condenado.

Pócima mortal que bebí 
de tu boca, encantado, 
como un suicida: 
Feliz. 

Tenerte al alcance de la mano 
y no mover un dedo.
Imaginar tu respiración 
agitada en mi cuello, 
mientras te miro de reojo
en un descuido.

Perder por un momento
el sentido ...
Soñar despierto 
acariciar tu cuerpo, 
... no puedo. 

Provocarte, 
arrastrándote también 
a esta locura, 
sentir por un momento 
la dulzura
de un beso, ... no puedo.

Esperar 
con paciencia infinita 
la rotura
de este hechizo fatal 
que me envuelve. 
Mirarte con sosiego, 
amarte, ... no puedo.

Amor imposible.
¡Que suerte tener
esta amargura, 
encendido en mi corazón 
este secreto! 

Un cocodrilo en mi jardín

Hay un cocodrilo en mi jardín.
Se ha encaprichado de los geranios. Será por sus flores rojas, o por sus hojas verdes.
Será que está enamorado de la luna que se refleja en el cristal. 
O será por mi. 
Llora y no se porqué. Quizás no sepa por donde empezar a comer. Si por la cabeza o por los pies. 

He intentado llevarme bien con él. Aveces se queda inmóvil, como pensando, como dormido. Pero no se deja acariciar, ni acercarme deja, si no lo quiero enfadar y escuchar el chasquido de su mandíbula. 

Para que estuviera más tranquilo, he empezado a darle de comer. Empecé con poco, y su apetito y su tamaño no paran de crecer. Ya no se que hacer.
Ahora me hace “ojitos”, asoma su enorme cabezota y me avisa de ser el siguiente. 

Es una mala compañía.
No se quiere ir, y no se le ve feliz. 
Ni a mi con él. 
Y ahí lo tengo, en el jardín. 

Crónica al fin del año

Delante de la página en blanco sin atreverme a escribir.
Las ganas me ponen nervioso. Las ideas agolpadas sin orden, empujan. Pero no sé expresar ninguna.
Sé que para mí llegó definitivamente el fin de una etapa vital. Ya no soy indispensable, ni siquiera necesario para mi gente. Han aprendido a volar solos, y hasta la más pequeña está comenzando su vuelo por sí misma. 
Conseguí destrozar todo lo construido durante años. Me quedé paralizado y no he sabido tomar las decisiones adecuadas. Y el resultado ha sido devastador. 
Sin recursos y sin ideas, lo peor es no tener planes ni tareas por hacer. Así me voy vaciando. Y no quiero convertirme en la carga de nadie. 
Es extraño como siento que he roto conmigo, he perdido capacidades físicas e intelectuales, he desordenado mi cabeza, y mis recuerdos se presentan en tropel sin ningún permiso ni excusa previa.
Y la salud ha perdido su equilibrio y fortaleza, de la que siempre he presumido, y ha sufrido un batacazo estrepitoso, encadenando dolencias hasta rendirme. 
No tengo el futuro ni mucho menos asegurado, y espero asustado como, durante los próximos meses, todo mi mundo se va a precipitar.  
Siempre me gustó regalar y ayudar. Y al fin, ya no estoy para eso. No veo la salida.

Solo deseo encontrar la manera de no arrastrar a nadie conmigo, y hacerme únicamente responsable de todas las consecuencias.
Y que me queden las suficientes fuerzas para andar mi último camino.
Pero quizás sea mucho pedir. 

A un paso

El día comienza a oscuras, de madrugada. La verdad es que comenzó ayer, cuando planeaba esta locura. 
Todo lo tengo ya preparado, menos las dudas. Es una sorpresa. Nada sabe de que pretendo aparecer en la puerta, como caído del cielo, como la lluvia. Y es tan intensa, que quizás no se abra. 
Si esto ocurriera, todo lo habría hecho por nada. 
A un paso, más cerca que nunca. Y la puerta cerrada. 
Lo fantástico es siempre el viaje. Los preparativos, los nervios de salida, el trayecto hasta llegar, los pensamientos bulliciosos, calmar las expectativas, conducir sin alcances ni desvaríos, disfrutar. Todo esto y más, sin duda.
Pero tener un motivo es el motor de arranque, es el color del viaje. Por cierto, este es de color blanco, el preferido de las rosas, que he de conseguir antes de llegar. Sería todo un detalle, de esos que curan el alma. 
Estoy contento y me siento feliz. Nervioso y excitado con tanto trajín. Pero ahora debo dormir otro rato y descansar. Me espera otro viaje soñado. A soñar. 
Y contarnos con café qué más tienes y qué más quieres, aunque sean dos los cafés, porque con uno no llegue. 
A un paso de tener ese ratito dulce o cruel.
A un solo paso de volver sin ese encuentro de miradas. 
A un paso de estar frente a la puerta, y no poder. (puerta 8, RSP).

De pronto he salido pitando, como el niño que han pillado intentando entrar a hurtadillas en la biblioteca.
Y después de recorrer la casa grande, se ha metido en la despensa de la cocina, a oscuras, y se ha puesto una olla grande en la cabeza para que no le vean enrojecido de la vergüenza, apoyado en la tinaja.

Pero es verdad. En la biblioteca no dejan entrar a los de mi edad. Y yo estoy como loco por volver a ojear las páginas de un libro pequeño de tapas rojas, que cuenta una historia de amor eterno. Y que leí hasta el final. Y quería resucitar.

Cuento de Navidad

La Navidad es un cuento. 
Un cuento que nos han contado desde pequeños a generaciones y generaciones de niños. 
Es pura magia. 

En mi casa era tiempo de mucho frío y lluvia. Tiempo de botas katiuskas y jersey gordo de lana.
De tardes de candela y noches de brasero de picón bajo la falda de camilla. 

Eran tiempos de leer y de contar. Que un niño precioso había nacido de noche en un portal, y lo calentaban un buey y una mula.
Y le visitaban todos los pastores. Y Reyes a caballo y en camello seguían a una estrella para encontrarle. 

Tiempos imaginar cómo esa historia se repetía cada año en estas vacaciones. Donde cada tarde oscurecida, las calles se quedaban vacías, y eran ocupadas por pajes y personajes a caballo, que iban de paso hacia Belén, y recibían las cartas escritas a los Reyes Magos con las peticiones de todos los niños. También informaban de su comportamiento en casa, en la escuela o con los demás niños. 
Y mientras, se pasaban esos días aguantando la promesa de portarse bien, y el suspense hasta el día de Reyes en que, si cumpliste, quizás te dejen algún regalo. 

Alguna tarde, con mi abuela y mi tía, en la casa del cura, casi los sentimos pasar, ya de noche, con los postigos de las ventanas cerrados. 

Noches imaginando balones de cuero, muñecas de pelo largo, triciclos, juegos de arquitectura o camiones volquetes. 

Y los olores cambiaban a tierra mojada, a hierba, en casa a canela y limón, a cazuela de pavo, a rosquillas con azúcar y pestiños de miel, a mantecados y turrón, solo para estas fiestas. 

En nochebuena, cantar villancicos sin parar y aprovechar para tocar pandereta y zambomba, que luego se guardaban con las figuras del belen hasta el próximo año. Y comer polvorones y turrón.

En fin de año, confetis y matasuegras, uvas, más dulces y turrón.

Y al final, la noche de Reyes, preparando vasos y platos para los Magos y sus camellos. Noche de nervios para saltar de la cama apenas amanecía, correr escaleras abajo y explosión de alegría.

Cada diciembre, mi infancia fue una casa de pueblo llena de niños alrededor de un cuento de navidad.

A DOS

Perdón,
te amo en francés 
te hace parecer 
cuando no sabes sentir. 
Cuando no entiendes 
que sentir 
no es parecer. 

Pero nada es igual a decir
Je t’aime, mon coeur  
Te amo meu coraçao
O
Ti amo tutto il mío cuore 
 ... a corazón abierto 
... a cielo despierto, 
a todo o nada,  
lanzado al vacío 
en busca de tus abrazos 
salvadores, 
de tus besos embriagadores 
de fresa y limón. 

En mitad de la nada 
hace frío y vacío. 
Se te complica tu plan,  
y a pesar de dar tu mano, 
no compensa en el pecho 
el dolor de no ver tus ojos.
Suplico llorar a tu lado, 
emocionados. 
Emoción a dos. 
A dos.