… ese sendero

No supimos el porqué  
nos encontramos al paso  
en direcciones opuestas  
por un sendero tan largo 

Nos miramos de frente  
Decidimos intentarlo 
Fue una idea absurda  
un completo fracaso 

Fue intenso y corto 
Fue verdadero, un sueño  
sacado de un cuento  
en un bosque fantástico  

Es un todo o nada  
No podemos explicarlo  
Nunca funcionó a medias  
Así es mejor terminarlo  

No siento una parte de mi  
Creo que murió al dejarlo  
Un parte del corazón paró  
Mil veces intenté reanimarlo  

Se que fue casualidad  
haberte encontrado  
en esa encrucijada de vértigo  
fundidos en un abrazo 

Adiós mi amor de cuento  
Mi amor dulce y salado  
Será extraño no volver  
a ese sendero, ya lejano.

HOY

Hoy echo de menos la aventura de vivir enamorado.   
La ilusión desbordada. 
La locura de existir y estar por otra persona. 
Por ti.

La alegría constante sin razón aparente. 
La impaciencia de esperar a verte. 
Los nervios mirándote de frente. 
El placer de sentirme querido. 

Los millones de planes que constantemente hacemos. 
El tiempo parado en interminables caricias. 
El corazón acelerado mientras te veo llegar. 
El sueño alterado si te imagino cada noche. 

La única sonrisa que reconozco en la multitud. 
La certeza de sentirme coordinado como tu pareja de baile. 
La cercanía sin barreras, sin límites. 
Las manos entrelazadas durante el paseo. 

Te echo muchísimo de menos. 
Te espero aunque pase mucho tiempo. 
Extraño este corazón vacío. 
Es necesidad: ¡Te quiero a ti!

(A mi madre, por su entrega infinita y su amor sin límites.
A mi padre: por que se que a veces ese brillo cuando la mira es amor.)

Hoy la vi (un sueño)

Hacía ya unos días que habíamos conseguido evitar cruzarnos, en un nuevo intento del olvido.
No sin esfuerzo, porque a veces pasaba por el lugar de la última despedida, de camino a casa, esperando esa sorpresa de verla por casualidad.
Hoy la vi. Y me estrechó en un abrazo que alimenta mi alma.
Esta preciosa. Con cara de cansada a estas horas del día, pero preciosa en su sonrisa y su alegría.
No se puede entender lo que me alegra escucharla y mirarla mientras me mira. Me pone loco este viejo corazón partio. 
Luego me batí en retirada con prisas para no romper ese minuto encendido.
Te quiero amor.
Aunque solo haya sido un instante, que me encantó. Pero se el miedo que inspiro.
Se lo imposible que es mi delirio.
Es el destino que me cruzó con la Luna

Instante

Un instante cuántico,  
en estado mecánico.  
Donde el tiempo transcurre adelante y atrás, 
indistintamente.  
En él aparece tu espíritu oculto 
sin que nada puedas hacer,  
salvo contemplarlo.  
Un destello de fuerza  
interminable, cósmica.  
Luz a través de un punto   
se derrama por la habitación.   
Y el miedo y la agitación 
desborda tus defensas,  
acompasada, psicodelia,  
de tambor y distorsionada realidad.  
Salto al vacío de la nada,  
del que te cuesta volver 
a sentir en gravedad.  
Un solo sentido en alerta.   
La consciencia,  
perdida y transparente.  
Todo es velocidad   
y recuerdos apelotonados,  
algunos olvidados convenientemente  
en el fondo oscuro de la memoria.  
Eres tú mismo, reencarnado  
sucesivamente en los otras identidades  
que te invaden al tiempo. 
Te hacen ver siglos de existencia  
en un instante cuántico  
Desolador y fantástico.  
Confusión mental. 
Visiones brillantes 
vertigo y panico.

Luego silencio.

… y mentí

Enredado en dar explicaciones  
poco convincentes.  
Y llegados a este punto,  
para no perderte,  
te mentí.  

Era la única forma de no alejarte  
definitivamente.  
Y aunque la mirada 
no miente, 
no voy a quererte. 

Entre risas y conversaciones  
de confidentes,  
pasamos la tarde 
juntos,  
sin poder apartarme. 

Sin olvidar,  
ni olvidarte.  
Voy desenamorarme.  
Escondido tu secreto  
y el mío

en cinco tortugas  
y una ballena loca,  
nadando en circulos  
en los mares del sur,  
en Tasmania

Desorden

Yannis – Tengo todo hecho unos zorros, Hilario.
Hilario – El almacen, la casa y la cabeza, claro.
Y – Si. Difícil encontrar nada.
H – Y la insistencia de la pregunta que te hacen continuamente: ¿donde lo has puesto?
Y – Cuanto añoro a mi madre, diciendo “A que voy yo y lo encuentro”.
Me esfuerzo por ordenar. Pero hay veces en que voy decidido a buscar algo, y a mitad de camino, me olvidé a qué narices iba.
Y me fastidia tanto que acabo de mal humor.

H – Hace tiempo que no se en que clase de pelea andas metido. Pero evidentemente estas perdiendo. 
Y – Lo peor, esa angustia de ser incapaz de remontar y controlar la situación.
H – No. Lo peor es, exactamente, ser consciente del propio deterioro y contemplarlo como si fuera ajeno, viéndote como otra persona que ni te ve ni te escucha. A la que gritas avisándole del desastre, golpeando el cristal que os separa, pero ni se inmuta.

Yannis

Yannis Copelam es un viejo profesor de secundaria en un instituto de provincias.
Luce una poblada barba blanca, y un gesto pausado, como si el tiempo se hubiese detenido en esa persona.
Vive solo, rodeado de libros y pinturas, sus dos persistentes aficiones declaradas. 
Guarda celosamente un secreto, una promesa que juró nunca desvelaría.
Y nunca desvelará.