MOLDAVIA

Cuento de Sultana de Istambul

Arrinconado en una pequeñísima casa en el barrio portuario, lo único bueno es que en mi ventana está el Prut, casi desembocando en el gran Danubio, única salida rápida de este lugar extraño. Y el escape natural para mis sueños.

Tras casi dos meses sin recibir noticias de mi Reina, supongo que se marchó de vuelta a Istambul, dejándome abandonando aquí a mí suerte.
Entiendo que sus intereses la obligan a emprender esta vuelta. Y que quiere protegerme de las intrigas. La política cada vez se me hace más incomprensible.

Las batallas, sin embargo llevan otras estrategias. Y requieren de una fuerza que ya no poseo.
Quizás por eso me siento absolutamente desplazado, fuera de lugar. Sólo alimentando mi desánimo y mi tristeza.

No me quedaré mucho más tiempo aquí, resistiendo. Sin duda volveré a casa. Aunque está decisión me costaría la vida.
Pero seguir como extranjero cada día, ahoga todas mis esperanzas.

Viajar está bien. Conocer ciudades y paisajes nuevos. Aunque lo mejor sin duda es siempre volver a tu hogar.
Nunca podré acostumbrarme a ser apátrida. Nunca mientras pueda oler ese mar Negro cercano.

Una vez más

Cuento Sultana de Estambul

Una vez más, me arrastro hacia ti,
mi Sanadora,
con el peor de los presagios:
tú rechazo.

Una lágrima asoma
en el último rayo de la puesta de sol,
el cielo enrojecido,
desde tu ventana al horizonte.

Me prometí ser tu príncipe azul,
y sólo conseguí ser
el Capitán de tu guardia.

Vestido de fracaso,
siento que de alguna manera te perdí,
Princesa Sultana.

En tus ojos, frente a mi,
la distancia.
Los abrazos son una tregua breve
entre guerreros.

El estruendo y las llamas
de la gran guerra,
hacen imposible sobrevivir a este amor.

¿Que más puedo pedir,
si no quiero huir,
y permanecer aquí
será mi muerte?

TESORO

Los secretos mejor guardados.  
El tesoro imposible de  descifrar.
Escondidos donde nadie lo piensa.
A la vista de cualquiera.
Inmensa y cercana.
Allí entierro mis sentimientos,
mis perdidas y mis anhelos.
Sueños de amar.
En su figura me baño con reflejos de plata.
En el espejo del mar me embriaga.
Me viene a buscar
cada 29 días y 13 horas, o así.
Entonces se abre de par en par
a la noche, como una dama flor.

LA LUNA LLENA

No vital

Ojalá me estirpara el corazón. 
Para dejarlo encima de un poste.
Junto al mar.
Y dejará de sentir tanto dolor.
Ojalá perdiera del todo la razón.
Y escapara a kilómetros de aquí.
Ojalá entendiera lo que sientes.
Lo que dices, sólo hace perderme.
Ojalá fuera todo más sencillo.
Y encontrará la paz que intensamente busco.
Que intensamente buscas.
Un abrazo oído.
Un beso perdido.
Un te quiero correspondido.

Las lunas de Urano

Miranda, Ariel, Puck, Umbriel, Titania, Oberón.
¡Que lejos estan, que casi no se ven!
Y que distante, Urano, ensimismado en la contemplación de una familia tan numerosa de lunas, orbitando alrededor.
¿serán blancas y brillantes las lunas de Urano?

Las más pequeñas, Bianca, Crésida, Desdémona, Julieta, Porcia, Rosalinda, Belinda y Perdita. Cordelia y Ofelia son invisibles porque se pierden en el abrumador brillo del anillo Epsilon, mientras que Mab y Cupido son demasiado pequeños para ser vistos sin acercarse, como hizo la sonda espacial Voyager2.

Y así hasta 29 satélites tiene Urano, que ahora cumple 244 años y cuatro meses (casi cinco ya) desde que lo avistó Herschel, su descubridor humano.
A 2.600 millones de kilómetros terrestres, este gordito feliz es el Dios del cielo, según la mitología griega. Que lo imaginaron, supongo, porque solo es visible con telescopio.

No se puede visitar aún. Es tremendamente frío e irrespirable. Esperemos que la ambición humana no le ponga el ojo encima, porque hidrógeno tiene para aburrir. Y helio, ese gas que inhalado aumenta la altura de las frecuencias en las cuerdas vocales, y te transforma la voz en la de un muñeco de dibujos animados.

Miranda, Ariel, Puck, Umbriel, Titania y Oberón. Las mayores.
Bianca, Crésida, Desdémona, Julieta, Porcia, Rosalinda, Belinda y Perdita. Y Cordelia y Ofelia las más pequeñas…

No me digan, por favor, que alguien que no estuviera enamorado podría nombrar con tanta belleza a las lunas de Uranio.

SIMPLE

En un mundo nuevo, simple.

Donde lo sencillo es lo corriente.
Pero, lo mayúsculo y simplemente sencillo. Ha eso me refiero.

Es el anhelo de estos últimos tiempos.

Después de transitar en lo sofisticado, lo único y exclusivo, prácticamente inalcanzable, deseo encontrar esa perfección de lo más primario, que esté al alcance de todos, y que sea inagotable.

Como el agua que por tangos cantaba El Camarón.

Como el agua de manantial, atemperada, saciante.


Perfecta.
Simple.

Como el agua.
Como el agua.

TORMENTA

En mitad de la absoluta oscuridad, una tormenta solar desata el caos. 

Llamaradas de luz cegadora y ondas de choque de viento solar impactaban sobre nuestro escudo magnético, eyectando masa y presión sobre la atmósfera, ahora menos respirable, desordenando equilibrios naturales, y accionando resortes de defensa en las personas del entorno.

Todo hace evidenciar el frágil ecosistema de la tierra, que no depende en gran manera de lo que insignificantes individuos podamos hacer o destruir en este entorno.

O si.
Habrá que ponerse determinados a reparar y reconstruir lo dañado. Y al menos adaptarnos a las nuevas reglas del universo, ahora que la luz que antes otorgaba vida, se presenta con tal intensidad que fulmina todas las esperanzas.

Y atender y escuchar a los más sensibles, que siempre dan las claves necesarias de supervivencia.

Encerrados en los refugios excavados bajo tierra, aparentemente a salvo de las radiaciones, los pensamientos se suceden al contemplar a personas, la mayoría alteradas, con ansiedad, miedo, depresión, paralizadas ante la dimensión descontrolada de este fenómeno.

Buscando con premura un líder con discurso consistente e inmediato a quien seguir sin dudar, aunque el destino sea saltar por el desfiladero.

Apartados, un grupo de niños juegan desenfadados, desentendiéndose de la gravedad del momento, otorgada así por los mayores. Una rinorrea crónica espesa no les distrae de su curiosidad por las nuevas reglas impuestas al juego, ahora en la penumbra de la cueva, que les empuja hacia una sala recóndita, en la profundidad de esta caverna.

Allí se alegran de encontrar el lago de aguas cristalinas que representa el seguro de supervivencia de su grupo. Y que para ellos es el lugar perfecto donde salpicar y jugar a saltar en el charco.