A tan solo …

A tan solo 
una 
primavera de ti. 

Una distancia 
suficiente 
para sufrir, para vivir.

Si no llegó 
aún 
el invierno. 

Si nos esperas 
sin encender 
el fuego, el miedo. 

Todo 
tiene que pasar 
intenso. 

Y si lo pienso, 
estás 
en cada lugar, amor.

Des (todo) controlado

Once once, veinte veinte. 
Corre, corre, que se siente. 
Mira, mira, a la gente  
Cierra, cierra que caliente. 
Dame, dame de tu fuente. 
Vete, vete de mi mente. 
Huye, huye la serpiente. 
Abre la puerta que entre. 

Calor, sabor, confort  ... error. 
Viene siempre por la calle
y nunca le ve nadie. 
Es cazadora furtiva,  
del amor mi enemiga. 
Y no sale de mi cabeza. 
La miro con extrañeza. 
Castigo el del silencio 

durante todo el invierno, 
sueño, sueño, sueño. 
Y no debo. 
Y quiero. 
Y solo ruego 

un rato, barato. 
Un café y una sonrisa. 
Deja que vea tu camisa. 
Quitate el velo 
un instante 

que me muero
por tu besos. 
Y siempre de eso 
se muere de amor.  
Infierno y cielo.

Inspirado en C.Tangana “Tu me dejaste de querer”

Escucha

Puerta de Tannhäuser

Cerca, muy cerca 
de la Puerta de Tannhäuser, 
que vi abierta, imaginé  
un rayo iluminando el cielo oscuro. 

Y era el brillo de tu sonrisa, 
poniendo luz 
al corazón cerrado 
desde que no estás conmigo. 

En este mundo helado, 
siempre encuentro 
en el camino 
un fuego encendido. 

Y como lágrimas en la lluvia, 
desaparecer olvidado, 
al ritmo sincopado 
del reloj que llega a su fin. Perdido. 

El abrazo

Aveces sueño 
con certezas. 
Como esta:

Mi padre 
puso en mi ADN 
un abrazo. 

Lo hizo, como supongo 
que también en él 
lo acuñaron. 

Porque nadie 
abraza como nosotros. 
Permítanme alardearlo. 

El nuestro es un abrazo 
grande, y largo. 
Y suave, y enredado. 

Casi siempre casto, 
aunque a veces 
se nos fue la mano. 

Es un abrazo de amigo 
es un abrazo sentido, 
de hermano.

Ahora que no podemos darlos, 
aparece la importancia 
de este gesto para ambos. 

Tanto el que da, 
como el que recibe, 
se cuelgan encantados. 

Es una pérdida 
horrible, 
no podemos soportarlo. 

Mi padre y yo 
soñamos cada día 
con ese abrazo. 

Por favor. 
Déjame 
dártelo. 

No volveré

Un paso, dos. 
Tres pasos, cuatro  
cinco pasos o mil,  
Seis son casi siete 
más de este no sé contar. 

¿Y cuando volverás?...   
un día o jamas.  
¿Y cuando volverás?... 

Cuantas veces decimos,  
y no volveré, 
... y después.  

Las emociones, 
las flores, 
esa canción que te lleva de viaje al futuro, 
que ya pasó justo al lado de tu pié, 
otra vez. 

Bailemos  
alrededor de un sueño, 
tu mano en mi hombro, 
la mia en tu espalda. 

Dejemos que el tiempo 
detenga el dolor. 
Por un instante, 
cruzarme en tu mirada. 

Y soñar, 
dejándome llevar 
al son de tus requiebros. 

El corazón, alterado, 
quiere volar, 
perseguido por un beso. 

Inspirado en “Mil pasos · Soha“ … y en la luna

Almohada

Pues, con todo este asunto del año 2020 rematado con la pandemia, y siguiendo nuestra costumbre ancestral bien arraigada, no puedo evitar el abrazo.
Aunque lo únicos abrazos que ahora doy son a mi almohada.
Su nombre proviene del árabe andalusí mujadda, añadiéndole el artículo al-, 
al-mujadda, que tiene su origen del árabe mijadda: almohadón o cojín. La raíz de esta palabra es jadd que significa lado o mejilla. Así que describe el apoyar la mejilla o descansar de lado. 

Yo simplemente la llamo almohada.
Y en ella apoyo a diario mi mejilla. Le tengo aprecio, por aquello del roce, que hace el cariño. Y la sé distinguir de cualquiera otra.

Pero ya le dije la otra noche, que lo mío es interés pasajero y temporal. Seguramente, cuando acabe la pandemia, si esto fuera posible, o antes quizás, la dejaré a un lado.
No es crueldad. Es que es muy simple la almohada esta. 
Probablemente la eche de menos al principio, porque no puedo pasar sin abrazos. O quizás no la olvide nunca. Es lo normal. 

Mis abrazos no son groseros. Ni forzados, ni intensos. Son suaves, relajados. Eso si, son duraderos.
Para mi son necesarios. Ese estrecho contacto transmite calor, fuerza, energía… es una forma de comunicarse. El mullido de mi almohada me transmite, pero poco. Ya lo dije, es muy simple. 

Entonces, ando preocupado ¿Que será de los abrazos?  ¿Se perderán para siempre?¿Volverán?  Quizás cuando acabe la pandemia, si esto fuera posible.
O antes, tal vez. 

Lluvia de otoño

Si estás ahí, 
sigo buscando 
en las páginas interminables 
de mis libros, 
donde están tus besos 
y mis lágrimas. 

Nadie volvió 
de allí donde estás, 
en el fondo más profundo 
del sueño. 

Y mi corazón se parte 
y esconde su herida. 
Todos ven la sonrisa. 
Y para mi solo el dolor, 
que es azul. 

Este puñal 
clavado en el costado, 
me hace imposible 
disimular más. 

Caminar como antes 
es imposible para mi, 
a pasos lentos 
y dolorosos. 

No tengo excusas. 
Y he perdido. 
Se acerca el final 
y las Estrellas se esconden 
detrás de las nubes 
de este otoño. 

Y las primeras lágrimas de lluvia 
caen encima de mis hombros. 
¡Sácame de aquí!

Un dólar

Suerte
Hoy he recibido un aviso 
desde internet: 
Un cupón de un dólar de descuento
Y no se que hacer
Es importante no fallar 
Decidir detenidamente en que gastar 
este dólar del cupón 
Entre millones de productos 
en oferta

Y mientras escucho de nuevo
el disco Desiré, de Bob Dylan 
con historias salvajes 
del oeste seco y terrible, 
enloquecido. 
Es agosto. 

Un dólar no vale la vida de un chico 
negro en una calle de la America libre
Y, sin embargo le cambia el día 
a un chico hindu. 

Solo es mediado 
agosto nada he cambiado 
he pensado: 
no necesito tanto como tengo 
Y no tengo lo que necesito. 
Que según, es 
casi nada.