Inocente

Bendita inocencia que cada año, al final, me hace escribir mis deseos y emociones, y enviarlos a Oriente con la certeza de que se cumplirán.  
Con el paso de los días, de los años, aumentaron los afectos, los cariños y el amor.  

 Porque el amor existe, y el amor eterno.  
Queriendo estar en tantos sitios, angustiado descubrí que este es mi sitio, donde me debo quedar, con mis cinco amores eternos y sus consecuencias todas en mi corazón. 

Y desde aquí, en mi ventana, desear con toda la fuerza de ese, mi cariño, que la salud os respete, y que seas muy FELIZ en el 2022.  

Amor otoño adiós

Amor otoño adiós. 
Que quiero vivir despacio e intenso este amor. 
Andar las calles, pisar los charcos, mojar la 
cara con la lluvia de caño. 
Despacio e intenso el abrazo frente a la estufa,     
agarrando el tazón caliente con las manos. 
Y la cara ardiendo, tus pies fríos, 
acurrucados, suplicando esta locura, 
acelerado el corazón, como si fuera la última, 
sin urgencias, pausado el tiempo,  
respirando agitado, acariciando lento. 

Amor otoño adiós 
Que es mi último suspiro. 
Y no quiero dejar herido
este viejo corazón dormido. 

Quiero

Quiero compartir mi cielo
El techo de mi casa
donde me llueven las ideas 
de tu más allá 

Quiero decirte que nada 
queda de este sueño 
al oír la música 
que ya suena a silencio 

Y el piano mudo
acompaña a la guitarra
A la voz callada 
la canción olvidada 

Todo termino
aquella tarde
Nos miramos un instante 
y supimos que era así 

Me cuesta olvidarte
A pesar de todo
siento que encontrarte
fue un milagro de amor 

Adiós 

¡Que bueno!

Que bueno sentirse útil. Aunque sea en lo más simple, lo de menos es que se sepa. 

Que bueno SER útil, y que a los demás les ayude en su día a ser más buenos, más grandes, mejores.

Mejores hijos, mejores padres, mejores hermanos, mejores amigos, mejores personas con los desconocidos.

¡Que bueno es empezar un día contento de lo que has dado, lo que regalaste y les sirvió, y no hizo, ademas, ninguna falta que te lo agradecieran! 

Te diste la vuelta y desapareciste con una sonrisa de oreja a oreja. Eso puede que sea la esencia de ser FELIZ. 

Lo fui. 

Por el sendero

De vuelta a casa, caminando por un sendero antiguo, ahora prácticamente cegado de escombros, en un recodo descubro asombrado un agujero tremendo en la valla de cierre de la vía de tren.

Un agujero de seguridad por la que se puede alcanzar la vía, y cruzarla, o esperar en la mitad a qué te alcance el tren con velocidad y terminar con las dudas.

Seguí avanzando despacio por el sendero. Pero, de vez en cuando mirando atrás con atracción fatal hacia el agujero, roto el precinto de seguridad. No conseguí quitarme esa idea horrible de la cabeza hasta pasado un buen rato.

Y ahora, ya en casa, vuelve el recuerdo de ese agujero de seguridad abierto al horror de un final desgraciado. 

Ese agujero en el sendero que no acabo de dejar de lado.

Ese agujero en el deseo de seguir hasta el final. Ese sendero hasta el final.

Esquina

No se que esquina torcí hace poco que últimamente todo me sabe a despedida, a última oportunidad de disfrutar el momento.

Y es una sensación muy determinada, muy fuerte, y no admite duda. Como si de pronto me hubiera dado cuenta de que estoy en la última vez que puedo gozar de un encuentro, un amanecer, un noviembre, un salto o un viaje en moto. Como si me fuera a romper y ya no pudiera ser esto que estoy contando.

Algo tendrá el río cuando suena.

Empezó con la animadversión superlativa a los hospitales. Pero ahora lo percibo casi en cada cosa, en cada ocasión, en la última reunión de amigos, en el último abrazo. Así que al entrar en cada casa fuera a despedirme, en lugar de saludar. Y no encuentro donde estar a salvo de esta idea circular.

Excepto que mi corazón sereno está más cerca de encontrarte a ti, amor. 

Es noviembre, el aire huele a castañas, el frío hiela el alma. Lo digo porque …

Apenas

En un instante, apenas perceptible, decidiste compartir tu tesoro encerrado por siempre en el fondo de tu alma.

Apenas un gesto airado, un atrevimiento envalentonado del que intuyes te vas a arrepentir en el siguiente instante, en el que echas a perder todo el esfuerzo de sigilo enterrado durante tanto tiempo. 

Tocado de soberbia, apenas insinúas un “seguro que gustará”. Los sentimientos guardados con celo deben ser compartidos, aunque convencido de lo contrario.

A nadie interesa si estás o te has ido. Como pueden interesar secretos íntimos que no han sido vividos. Historia personal, secuencia de suspiros, álbum de imágenes solo para tu recuerdo donde van perdiendo color y brillo. 

Solo un destello pasajero del que huyes con un esbozo de sonrisa convertida en una mueca perdida en tu cara, mientras la cabeza se te va a años luz atrás en tu vida.

Apenas una vida, un día cualquiera de atención y de cariño. … y la partida.

Espera (la inspiración)

Con la mano alzada sobre el teclado, esperándote.  
Con la mente en blanco, queriendo llover.   
Y el miedo atroz a que la tormenta se lleve de golpe lo sembrado.   
La incertidumbre de quien vendrá hoy, y si serán suficientes los desvelos.   
Si la atención y el cariño no fueran suficientes para calmar el alma y los deseos.  
Otoño que acecha, y el día se abre con sol radiante, todo al revés.   
Y en mi cabeza tú.     
Buscando una señal, la nota que comience la canción de sueño que suena a lo lejos.  
Lágrimas, angustia, necesidad de ser feliz.  
Nada se cumple si no se cae el cielo encima hoy.  
Solo la transparencia infinita del Azul de los ojos de un bebé precioso, señal de que mi tiempo ya pasó.   
El eco repite cada vez: espera, espera, espera.