Me llaman …

Porqué que me gusta vivir en los tejados
me critican demasiado,
porqué me gusta ser independiente 
y elegir a mi gente, 
quien te abraza, y a quien rechazo. 

Porqué ando mirando agazapado, 
sin liarme en los tinglados, 
siempre buscando contracorriente, 
mirando de frente, 
me llaman gato. 

Apenas

En un instante, apenas perceptible, decidiste compartir tu tesoro encerrado por siempre en el fondo de tu alma.

Apenas un gesto airado, un atrevimiento envalentonado del que intuyes te vas a arrepentir en el siguiente instante, en el que echas a perder todo el esfuerzo de sigilo enterrado durante tanto tiempo. 

Tocado de soberbia, apenas insinúas un “seguro que gustará”. Los sentimientos guardados con celo deben ser compartidos, aunque convencido de lo contrario.

A nadie interesa si estás o te has ido. Como pueden interesar secretos íntimos que no han sido vividos. Historia personal, secuencia de suspiros, álbum de imágenes solo para tu recuerdo donde van perdiendo color y brillo. 

Solo un destello pasajero del que huyes con un esbozo de sonrisa convertida en una mueca perdida en tu cara, mientras la cabeza se te va a años luz atrás en tu vida.

Apenas una vida, un día cualquiera de atención y de cariño. … y la partida.

Espera (la inspiración)

Con la mano alzada sobre el teclado, esperándote.  
Con la mente en blanco, queriendo llover.   
Y el miedo atroz a que la tormenta se lleve de golpe lo sembrado.   
La incertidumbre de quien vendrá hoy, y si serán suficientes los desvelos.   
Si la atención y el cariño no fueran suficientes para calmar el alma y los deseos.  
Otoño que acecha, y el día se abre con sol radiante, todo al revés.   
Y en mi cabeza tú.     
Buscando una señal, la nota que comience la canción de sueño que suena a lo lejos.  
Lágrimas, angustia, necesidad de ser feliz.  
Nada se cumple si no se cae el cielo encima hoy.  
Solo la transparencia infinita del Azul de los ojos de un bebé precioso, señal de que mi tiempo ya pasó.   
El eco repite cada vez: espera, espera, espera. 

Larga vida

Cada día pasa más lento. 
Lento y rápido al mismo tiempo. 
Lento en presente. Rápido en pasado. 
Cada día encerrado. Como poco, duermo menos. Escribo, olvido. Me aburro y sueño. 
Olvido, olvido, olvido … y espero. 
No espero nada, ni a nadie. Me refiero a la actitud calmada, sin expectativas, inactiva, sin futuro. 
Solo espero. 
Espero que pase todo, sea rápido y sin sufrimiento. Para mi, pero especialmente para mi gente. 
A ellos los estoy acostumbrando poco a poco a no echarme de menos. Para conseguirlo sin discusiones ni traumas, estoy quedándome continuamente al margen de todo. Evitó los enfrentamientos, la omnipresencia de antes ya no tiene sentido.
Y sobre todo el silencio. A él me someto. A él les someto. Sin ninguna interacción, sin traslado de preocupaciones, ni visitas al médico, ni carencias. 
Sin embargo, si me la piden, sigo dándoles opinión. Quizás me crea que eso si les puede ayudar en algo. Pero, ahora que lo escribo, sinceramente creo que no. 
He iniciado, suave y lento, el último tramo de mi sendero, este que me tocó. Y, para mi gusto, está yendo demasiado despacio, y se me está haciendo eterno. 
Este año, alguno de ellos, me animan a hacer sitio en la casa, a desprenderme de todo lo viejo, lo inútil, todo obsoleto. 
Acepto a regañadientes. No se dan cuenta de que eso soy yo. Esas “cosas”, libros y recuerdos, inútiles y obsoletos. 
Luego de pensarlo un momento, me di cuenta de que viví demasiado y guardé todo un universo.
Voy a hacerles caso, con dolor de mi alma, que pierdo a pedazos con cada cosa que deshecho.
Todo tiene valor para mi, únicamente para mi, eso es cierto.
Por eso voy a ponerme a ello, a sacar poco a poco cada chisme, para despedirme de cada uno de ellos, y hacer sitio en la casa. Así les adelanto esta faena que seguro deberán hacerla, llegado el momento. 
Y luego, cuando termine esta última misión, nada. Eso es con lo que me quedo. Como la memoria, que se me va haciendo un desierto.

Opinión.- No puedo creer

No me puedo creer que la única salida es la violencia. Sin inteligencia. 

No me puedo creer que no haya nadie convencido de que se puede hacer en paz. Y ver el futuro sin tierra calcinada. 

Si nadie pensó que mejor es conquistar y ceder a mitad, acordar no hacer daño, ni volver atrás. Se hace duro. 

Si nada quedó de lo que fue, del amor al son, la música del amor, el carácter tan singular. Oriente, La Habana, el paraíso interior, el sudor y la lucha. El orgullo de pertenencia, la historia.

Tan buen anfitrión, tan luchador, tan orgulloso de ser, tan querido. Tan caliente. 

No me puedo creer que el final sea siempre marcharse de aquí, regalar el talento y la preparación; huir. Perder otra generación. 

No quiero pensar que fue un sueño imaginar una Cuba alegre, moderna y libre, comunista y democrática, ¡FELIZ! 

Derriben para siempre muros y levanten embargos, dentro y fuera, odios amargos, cuentas antiguas, hipotecas vencidas. Injusticias a ambos lados.

Dejen que sea la mayoría, responsable, agradecida, madura y soberana la que decida. Y la que construya.
Que surja ordenada toda la energía, solidaria, joven, con talento y alma. Generosa.

Y que respete la historia, que no estamos para perder nada.
Porque solo el odio, el rencor y la muerte es patrimonio de pocos. La Patria, la Historia, la Vida es patrimonio de todos.

Mil millones de gracias daré siempre a mi familia del corazón, a los amigos, a la gente con la que trabajé, que me ayudaron y a las que ayudé, por enseñarme a ser mejor persona. Y el café.

¡Viva Cuba linda! La más linda de todas ellas.


Perdone que le escriba.

Summer irse

Con este calor cuesta no sumergirse en cualquier sitio, aunque sea de agua. 
Río, pantano, alberca, piscina o playa. Cualquiera nos vale para bucear un rato y que se bajen los humos. 
En casa, en calma, a veces echas de menos ese chapuzón sanador.
Y te enciendes sin querer pensando en varias cosas a la vez, intentando atender a dos manos, sin dar a basto. 
Son cosas del calendario, que corre a favor de corriente estos días. Y aún queda la mitad por venir. 

Tantas cosas por cerrar, es decir, abiertas en canal, y en la certeza de que no llegarás a todas. No me alcanzará para casi ninguno. 

En otros tiempos, estos eran días felices para disfrutar de la familia y los amigos. Sin duda felices. Ahora, sin embargo, la angustia de no llegar, de no estar a la altura, de no poder corresponder con la generosidad que acostumbraba, me mantiene encerrado y alerta, sin asomar la cabeza ni a la ventana, deseando escapar a hurtadillas o desaparecer para evitar este sufrimiento.
Esperando en pié para dar lo que me resta, con cariño y atención, sin tener seguro si será suficiente. 
A mi me gustaría ofrecer mucho más, y me duelen las manos que ahora extiendo vacías.
Pero he de entender que ya no intereso, y eso hace más fácil desaparecer.

Mientras, espero que pasen los días, con recuerdos de risas espléndidos. Espero la tristeza de las pérdidas compulsivas, y las llamadas que no llegarán nunca más.

Y es que en Julio ocurrió todo en mi vida. 

Panoli

Soy un panoli.
En casa, durante mi infancia lo escuché muchas veces, sin saber exactamente a qué se refería. Recuerdo que lo decían si se te caía algo de las manos, o te quitaban el sitio o las golosinas.
Incluso hoy tengo dudas sobre su significado. Y sin embargo estoy convencido de que soy un panoli. 

Ha habido épocas pasadas en las que espabilé muchísimo, quizás porque fui tomando responsabilidades, una detrás de otra sin parar, y esto me obligó a dejar de ser como siempre era.

Según he consultado con el diccionario, es un adjetivo coloquial que en España significa persona simple, bobo y fácil de engañar.
Me gusta más esta definición de  personas crédulas y muy confiadas.  Es menos “faltona”. 

Ahora, que estoy regresando a mis orígenes, se me hace  evidente que soy un panoli. Me relaja y me gusta ser así.
Estoy cansado de mantenerme alerta permanentemente, de competir por todo en cada minuto. Quisiera encontrar mi sitio. Un rincón apartado del tráfico de personas con prisas donde puedo estar confiado y feliz. 
Y parece complicado.

Pensé en ponerlo escrito en “una camiseta mensajera” tan de moda: SOY PANOLI. Y así, con esta autoafirmación simple me dejarían tranquilo.  
Pero siempre hay cerca alguien que te quiere y te advierte del efecto contrario, cuando, al leer el mensaje, los antónimos, listos y diligentes, se me abalancen como moscas a la miel, a la caza con engaño del pazguato y pánfilo etiquetado en el pecho.  

¡Esto no es vivir!

Ordinario y natural

Volver a ser un ser normal. Volver a estar detrás. Volver a no pensar mal jamás. A ser distinto de los demás.

Y respirar el aire del mar junto a la orilla, sin mirar atrás. Dormir seguido sin despertar, sin inventar, sin arriesgar.

Pasar los días para esperar que al fin acabe de terminar el vaso largo de agua fría. Y respirar, o no respirar.

Se acabó el tiempo. Y sin lamentos, el plan dejó de ser luchar, inventar, soñar.

Y me gustaría tanto el último viaje, largo, intenso, sin apenas equipaje. Casi sin destino, al abordaje.

Agarrando firme y libre el manillar, trazando sin dudar la última curva, las enlazadas lentas, saliendo a su velocidad justa del zig zag.

Y disfrutar tranquilo de la carretera abierta, de la parada haciendo amigos. Sintiendo libre el cansancio que no pesa.
Creer que cruzo entera la tierra.
Explorar sentidos distintos, para perderme, y no volver jamas.


Soledad

La soledad. Dulce y amarga. Engancha.

Es adictiva. No compartes con nadie. No compromete con nada. Es desoladora. Es un círculo vicioso. 

La soledad no expande a la persona. La cercena. La estanca. Hay que ser muy valiente para estar solos, pero la soledad es cobarde. Y acrecienta la cobardía.

Es conservadora. Nunca arriesga nada. Es oscura, y temerosa. 

La soledad es paciente y temosa. No tiene prisas. Esta acomodada. Es falsa. Y mentirosa. No da felicidad, pero facilita la supervivencia.

Es de poca ciencia, y creatividad nula.

La soledad es vacía y triste. Es monótona. Es cruel.

Es el fondo del pozo donde resbalan todas las conquistas. Y los fracasos. Y las miserias. 

La soledad es parca y austera. Es gris, con ojeras. Es senil, embustera. Es arrugas en la piel. Y agria el carácter.

Es oscura. No me gusta. Es traicionera. Y engañosa.
La soledad es otra cosa que no se quiere nombrar.




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