Vuelve

Cuento Sultana de Istanbul

Me atemorizan las noticias que recibo, y tus palabras encendidas de valor y temeridad.
Has de saber que en palacio alaban encantados tu gran victoria, conseguida en minoría y rechazando la gran ofensiva del ejército cristiano, que se retiró vencido.
Has cumplido de sobras la misión que se te encomendó.
Estoy tremendamente orgullosa de tus hazañas.
Pero ahora, por favor regresa. Sería una locura suicida exponerte de nuevo en la lucha.
Debes restañar tus heridas y disfrutar de los trofeos y prebendas que te corresponden.
Otros ocuparán tu lugar en la frontera, que dejaste despejada de amenazas.
No deseo que pasen más días sin poder rendirte homenaje, estrecharte entre mis brazos y que consientas en rendirte a mis cuidados.
El Hacedor ya me concedió su permiso, y mis padres sus bendiciones. Podremos retirarnos con calma al lugar que elijas, mi campeón.
Regresa cuanto antes y con cuidado.
Espero con impaciencia el momento de estar a tu lado.
VEN

Heridas

Cuento Sultana de Istanbul

Hoy los barbaros cristianos lanzaron un ataque masivo para aniquilarnos.
Recuperando de mis heridas en batalla, con el cansancio aparecen otras antiguas que fui dejando descuidadas.
La intensidad de la misión que acepte no deja margen para nada. Y, así, algunas fisuras en mi fuselaje se abren como grietas gigantes, haciéndome dudar.
¿Merece la pena que esperes, sabiendo mi futuro incierto?
Eres la mujer más bella, y más buena del mundo. No pasará ni un segundo para que llames la atención de un joven atrevido que pudiera hacerte feliz.
Me atormenta la idea de no sobrevivir a este infierno, de no superar el daño que incluso yo mismo me infringí, y volver a ti herido sin remedio, convirtiendome en una carga, cuando yo quisiera ser tu ayuda, tu apoyo, tal y como prometí.
La piel de oso que me cubre, me recuerda la gravedad de mi compromiso. Y es cierto que tu voz y tu sonrisa son mi alimento del alma.
Ojalá en mitad de esta barbarie, encuentre la calma que me devuelva el deseo de estar en ti.

Mañana partiré

Cuento Sultana de Istanbul

Acepto sin duda el encargo, como si fuera un contrato sin fecha de retorno.
De aquí parto mañana en busca de cumplir lo prometido y triunfar en este reto.

Si regresara herido, incluso si no regresara, debéis saber, mi señora, que me hacéis mejor con vuestros consejos. Y que nunca dejaré de amaros, respetando, de antemano, la decisión soberana que toméis, mi Sultana.

Rendiré por siempre mi espada ante vos. Vamos a vivir esta como si fuera la última vida.

La Respuesta

Cuento Sultana de Istanbul

Mi querido Capitán:
Siempre fuiste un fiel luchador, humilde y triunfador.
Ganador de éxito. Reconocido.
No te abandones a la tristeza, o te vencerá.
Noto desesperación en tu último mensaje.
Acepta de verdad, como dices, tu misión como un reto, y no dudes en el intento.
Para no defraudarnos ninguna expectativa, no esperes nada. Yo tampoco esperaré nada de estos tiempos.
Entrégate a tu tarea con total dedicación. No te guardes nada, y triunfarás. Vive la vida como si está fuera la última, feliz.
Por mi parte igual haré.
Y el Hacedor dispondrá que futuro nos depara.

Cuida tu espalda, y defiende con interés las heridas de cara.

Siempre esperaré con felicidad ver entrar a tu caballo en la explanada de palacio, trayendote de vuelta.

Destino

Cuento Sultana de Istanbul

Cuántas veces achacamos al destino la dirección de nuestro viaje, incluso el final.
Cada cual tiene su camino trazado, dicen.
Podemos desviarnos en un cruce, para retomarlo un poco más tarde.

Cada uno, en función de su bagaje, de su condición y de su linaje, va trazando su historia, que se cruza con otras en un tramo de su recorrido, como nos pasa ahora.

Pero puede que esto no dure. Que el tramo compartido parezca poco, y que mi destino me envíe al frente, lejos de ti.
La frontera está en llamas eternamente. Defender el territorio de quienes continuamente nos invaden, parece mi última misión.
La acepto con honor, aunque me separe irremediablemente de la corte.

Allí, a tu lado, viví sin duda los mejores tiempos, y en el corazón llevo tatuado tu insignia, que defenderé con mi vida.
Si el Señor de las almas quisiera, volveré cerca de ti, esperando que tú senda y la mía coincidan afortunadamente.
Pero temo que los riesgos de la empresa que acometo, y el desgaste de las fuerzas cada día, nos alejen sin remedio.
No estés triste nunca. Ten por seguro que juntos vivimos una historia de cuento, que será siempre eterna.
Hasta pronto, hasta siempre, hasta nunca. El Hacedor dispondrá.
Tuyo por siempre.

El Capitán de tu Guardia.

Alejados

Cuento Sultana de Istanbul

Hay días, cuando te alejas, que presiento alegre tu misión.
Ocupando en la tienda tu tiempo en las tareas más urgentes, ayudando a la gente en su conversación.
Aveces, imagino, te desplazas a caballo hasta el mismo lugar donde nos vimos. Y a pie recorres con paso decidido las calles, atendiendo los asuntos de tu agenda.
Alguna vez tengo envidia de tu criterio sin fisuras, y aprecio infinito la limpieza de tu mirada, tu dulzura.
Ser de luz, corazón sensible, poderoso compañero de armas, que juraste defenderme y auxiliarme, ven a mi, acércate que te extraño el abrazo.

¿Cómo no hacerlo?

Cuento Sultana de Istanbul

Cómo no quererte.
Cómo guardar en secreto.
Disimular los gestos de la cara
al mirarte fijamente.

Cómo no pasar miedo,
si el temor a perderte
me atenaza la duda,
que se desvanezca este cielo.

Y vuelvan las tormentas
azotando el mar de hielo.
La soledad más completa,
sin tu calor en mi pecho.

Sin ataduras, sin compromiso.
Sólo sitiendo la ternura
de tu mano en mi espalda,
abrazo refugio, paraíso entero.

Cómo no quererte,
si me has devuelto a la vida,
la risa, la ilusión de ver mañana
amanecer, envuelta en mi camisa.

Ya no llegan barcos
a través de mi ventana
de la Mezquita MOLLA CELEBİ.
En FINDIKLI, el puerto de Istanbul.

Lazo roto

Hoy necesite ayuda. No podía dormir.
Ya de madrugada voy mirando a la ventana, por si veo amanecer. Pero desde aquí no se ve.
He roto el enlace que me unía a un sueño. Era débil y fácil de romper. Pero me hacía tanta ilusión que en la sobrexcitacion lo rompí, como un niño alterado con un juguete delicado.

Es normal. Era demasiada intensidad. Tanta que daba miedo.
Y ha sido eso lo que ha dejado el enlace roto.

Voy a salir. Aún es de noche, pero quiero buscar tu primer haz de luz del día, el viento en las mejillas secará lágrimas y respirar el mar calmara con sal el dolor de las heridas.

Es jueves esperanza, y el cielo gris amenaza lluvia. Ojalá me moje de camino a casa. Ojalá enfríe está hoguera encendida alta. Ojala recupere lo perdido, y me devuelva el viento ese lazo de seda.

Encrucijada

Lo mejor de estar cerca, es la paz que me has dado.
Y lo peor, las despedidas.
La verdad es que, en mis planes de viaje, que nunca se cumplen, había reservado este día para estar junto a ti.
Ahora, en un cruce de carreteras, no se decidir. A la izquierda, hacia donde quisiera. A la derecha, de vuelta.
Y la mirada fija en la pantalla oscura del smartphone, esperando se encendiera con tu mensaje de tres letras: VEN.

Siempre es difícil. A veces imposible.
Nunca sacies del todo tu hambre, tus deseos, ni tus sueños, me dijeron de pequeño, y no entendí. Y aquí estoy infeliz, viviendo una vida a medias, deseando, soñando y a medio comer.

El tiempo, infinito siempre, menos para cada uno, se agota. Y no veo la hora, impaciente por volver. Será antes que el olvido, y muy tarde para el que espera.

Mientras crecerán las ganas, regadas con amor.
Preparada la montura. Ojalá el tiempo acompañe, y los días que restan hasta entonces pasen volando, como nubes en el cielo de una tarde gris de otoño.

Hasta entonces, escribir.