Mr Holter

Después de hablar con mi hermana a medio día, me quedé atónito.
Ella me animó a escribir este post para ayudar a personas y familias que pasan miedo en el médico. Y con razón.

Mi madre ha pasado un día entero con un Holter. Y cuando digo un día entero incluye la noche.
Lo ha llevado todo el día como compañero de un lado a otro, sin despegarse ni un instante de él. 
Yo le advertí por teléfono que no se confiara, que hablara bajito y contara lo menos posible de sus cosas. Que era todo muy precipitado y merecía la pena ir despacio con “ese”.

Cuando llegó la noche, se acostó con él en la misma habitación y delante de mi padre.
No puedo asegurar que mi padre haya consentido, porque no lo veo tan moderno. Pero, la verdad es que no han pasado muy buena noche, ni mi padre, ni siquiera mi madre. Es normal que con un extraño en tu cama, pues la noche no sea normal.

El desenlace estaba cantado. A la mañana siguiente, mi madre a cortado con Holter y se ha despegado de él, dice que para siempre. 
Y ha vuelto con mi padre. 

He de reconocer que todos hemos respirado con alivio. Espero que lo que cuente Holter “por ahí” no ofenda nuestra tranquilidad. 


P.D. Para los que gustan del escandalillo y la controversia, y son ignorantes como yo en este tipo de relaciones abiertas, el Holter no es un joven físico americano, del que ha disfrutado mi madre un día. Es un “aparato” que te conectan en el pecho para medir el ritmo cardíaco a lo largo de un día de actividad normal, en su caso con una preciosa malla de calado grande, que creo le favorecía mucho. Aquí mi hermana me comenta que, si supiera mamá de los aparatos que hay en la actualidad y que son muy cómodos y hasta placenteros. Hago un inciso. Mi madre es muy moderna, pero no me siento preparado para hablarle del “satisfyer”, en este momento al menos.
Dicho todo con el debido respeto.
Quitar importancia a los acontecimientos y afrontarlos con un poquito de humor, es beneficioso para la salud.
Espero no haber ofendido a nadie. 

Tenemos que aprender a reírnos. Y no parar.

Perdone que les escriba.

L’ observador

Ahora que nadie llama para invitar, gracias a Dios, tengo que confesar que yo soy más de observar que de participar. Lo digo por si se quieren evitar la invitación. 

Así las cosas, no me tengo por un buen tertuliano. Aunque, en mitad de una conversación, a la espera de la oportunidad, puedo elegir el momento de una buena ironía, y caer en gracia.
En caso contrario, es decir, si caes en desgracia, lo mejor es despedirse discretamente y salir por patas. 

Y es que somos animales, muy muy animales, pero sociales. Como el perrino de mi prima, que no sería nunca capaz de vivir solo. Ni ella sin él, por lo que cuenta.
Es evidente que se quieren tanto, que mi prima ha “humanizado” la percepción de las caritas y mohines del perrino.
No sé si el animal ha “animalizado” las caritas y mohines de mi prima.

Es una cuestión que siempre me ha inquietado de las mascotas. Y que conste que yo he tenido también mascota alguna vez. 
Pero imagínate tener un lorito precioso y gracioso como mascota, tenerlo suelto volando por la casa entretenido, y descubrir que el bicho pensara de ti eso de ¡que gracia, menudo “pájaro”!

No sé muy bien cómo terminar este post.
Es más no creo que lo publique.
… por alusiones.

de Tiempo perdido

Cada momento es único.
Cada momento irrepetible.
Cada momento es UNO.

Nada vuelve a ser lo mismo. Aunque volvamos en algún momento a pisar la huella que dejamos en el pasado. Aunque regresemos.

Mira atentamente, respira intensamente, oye con atención cada detalle. Recuerda cada instante.
Porque nada volverá a ser como en este momento.
Es genial e increíble.

Y sin embargo, llevados por alguna clase de locura infinita, no reparamos en esto hasta que en algún momento nos damos cuenta de que lo perdimos. Y que solo podremos recordarlo.
Y enfrascados en estas tribulaciones, volvemos a dejar pasar nuevamente el momento presente, que aunque no lo creamos es igualmente UNO.

No olvidemos nunca el pasado. Son nuestras raíces, nuestros recuerdos y nuestra experiencia. Es decir somos nosotros.

Planeemos sin cesar el futuro más atrevido, más extraño, mas tranquilo, más deseado. El que queramos. Es nuestro motor.

Y, sin embargo, cada día voy a visitar mi horizonte, a ver amanecer, y lo fotografío.
Y cada amanecer es distinto. Cada amanecer es más cálido o más frío, más suave o más intenso, más anaranjado o más añil.
Cada día distinto. 
Y así debe ser. No lo cambiemos.

Y vivamos, por favor, con extremada alegría, con intensidad el presente irrepetible. Por qué es UNO.

Así lo siento.
Siendo lo que somos, y con toda la ilusión en lo que será.

Torciendo

Recientemente, en el último año de rueda de prensa, se han puesto de modas términos y expresiones inusuales hasta esta época de pandemia. 
El que hoy destacó es torcer la curvaY se le añade de la ola, que como todo el mundo sabe, si ha huido alguna vez a la playa a ver el mar, es una cosa interminable. Viene una detrás de otra. Me refiero a la ola. 

La expresión es gráfica, intentando poner el énfasis en la propaganda intencionada de que la situación ha empezado a mejorar. 
Pero la ruedas de prensa a las que me refiero han sido tantas y tan insistentes como fallidos sus pronósticos, siempre a corto plazo.
Y eran sustituidos por otro pronóstico sucesivo, aveces contradictorio, pero interminablemente sucesivo como las olas del mar. 

No se tuerce el pico de la ola a voluntad. Solo se tuerce por la dinámica natural. Y esta, a la vista de los resultados de las comunicaciones pandemias, parece imprevisible. 

Interesa comunicar, en la propaganda, que las medidas adoptadas retuercen el pico de la ola, doblegando la transmisión vírica. 
La tozuda realidad es bien distinta y cada ola es mayor que la anterior, y amenaza temporal. 

Sí hay que atribuir mérito al mensajero, por cuanto su tono inalterable y cercano, paciente y susurrado, y a la constancia y masiva insistencia en comunicar, han adormecido, de alguna manera, el rechazo por el evidente descrédito y los errores acumulados durante más de un año de sobrexposición. Le sobra empatía y le falta credibilidad, al pobre Simón.

Quizás debería alguien relevarlo, por caridad, y cambiar el paso ofreciendo INFORMACIÓN escueta y científica, que debe ser lo exigible al Ministerio de Sanidad, sin paternalismo. 

Luego, que en los diferentes medios y canales de informativos se opine al tiempo. 
De eso ya cada cual se despache al gusto. 

El caso es que nos indiquen para donde, torciendo, se encuentra la salida. 

Perdone que les escriba.

De COVID19 a 21

El virus real, de corona y cetro (supongo) en la actualidad se ha colado entre la población carcelaria.
Me extraña porque estos deben estar necesariamente confinados hasta cumplir la condena. Además parece imposible que visiten los establecimientos de hostelería, espectáculos en vivo, ni mantengan reuniones fuera de su “burbuja vital”
No se… quizás toda la información que recibimos es confusa.

Quiero decir que no se aprecia con claridad los límites de la pandemia, que más bien parece ilimitada. 
De otro lado, la vacuna, como método preventivo de Salud, llega escasamente y tarde cuando la pandemia está campando con total libertad a pleno crecimiento. Muy preventivo no será ya.
Sin embargo se están anunciando nuevos medicamentos para “curar” los efectos del contagio que a este paso nos alcanzará sin remedio, o no, porque anuncia desde Venezuela las “góticas milagrosas” de Cartativir con eficacia 100%, del doctor Jose Gregorio Hernández fallecido recientemente en junio de 1919 pasado, y que sigue operando y recetando a través de médium y devotos. 

Como en el chiste famoso del caído en el acantilado y rescatado por el ángel: ¿hay alguien más ahí? ¡Sanitariooo!

Perdone que les ecriba.

739 aproximadamente

Hoy cumplo apenas 739 meses de vida.
Contados así parecen pocos. Y la verdad es que no me dio tiempo a nada. Tendré que apurar, y en los próximos acelerar el paso si quiero alcanzar el objetivo de hacer el Camino mozárabe, por ejemplo. 
Me hace mucha ilusión cumplir con los sueños de siempre,  y también poder afrontar algunos nuevos.
Ahora duelen más los pasos, en la espalda y la cabeza, pero también es verdad que te acostumbras antes al dolor.
Y te motivas mucho más con los planes en momentos que no derrochas vida. 

Creo que me acerco a marchas forzadas a los 22.500 días, y que he superado las 530.000 horas de vida, aproximadamente. Que no son pocas, ni tampoco muchas, … no se. 

Calculando que mis padres alcanzaron en este mismo más de 1040 meses cada uno, y casi todos uno al lado del otro, debo ponerme en marcha sin demora, si de verdad quiero cumplir con esos planes. 
Que la vida es bonita, y no espera. 
Ya tocará descansar. 

… adiós. NOTA

NOTA

Estimado: 
He de comunicarte mi feliz fallecimiento, tras una larga vida de aventuras y descubrimientos. No es un momento triste. Es un alivio. 
Deseo que disfrutes de este rato de encuentro. Que charléis de vuestras cosas y de los recuerdos. Eso si controla la voz para no impedir el resto de conversaciones.
Servirán un cóctel y un discreto brunch para que estéis cómodos, escuchando la música que yo mismo escogí. 
Cuenta, por favor, algún chiste sin vergüenza, para sentir la risa que tanto amé. 
No llegues tarde. Empieza a las 8 de la tarde y llegará hasta las 10:30, que recogerán todo. La música dejará de sonar, se apagarán las luces y se encenderán las velas. 
Un fuerte abrazo.
Hasta siempre.

… adiós. Réquiem póstumo

Réquiem póstumo 

Para recrear la situación, debe situarse en la Sala 17 del Tanatorio Nuestra Señora de la Soledad, repleta de familiares, amigos y conocidos, que acompañan a los hijos y nietos, afligidos.
El abuelo decidió por su cuenta, como siempre, que sirvieran un cóctel con brunch, discreto pero notable, para acompañar a la música que él había escogido, y que no paraba de sonar en la sala, con el volumen preciso para no molestar las conversaciones. Eso si rogaba que no fueran salidas de tono.
También aconsejó en la nota que redactó y se entregaba a la llegada al velatorio, que por favor no dejaran de contar algún chiste bueno para escuchar las risas. Le encantaba las risas, el sonido, las caras y los ojos chispeantes. 

Finalmente, dispuso que terminada la despedida, y una vez incinerado, esparcieran sus cenizas en el campo y en la playa, de madrugada, amaneciendo. 
Y depositarán la urna vacía en un punto limpio.

 Aunque … no sé si todo podrá ser de esta manera. 

de querer, adiós

Después de vivir, 
he tenido la suerte
de quererte, 
Amor. 

Inmensa la nota 
que rompe el silencio, 
al decir Te quiero
color azul. 

Inmenso el silencio
que llena el cielo
de la noche 
sin Estrellas.  

Abrumador
el cariño recibido.  
Y el desdén 
de tu rechazo. 

Ahora, 
sentado 
a un lado de la sala, 
espero solo. 

Y todos 
han venido 
a acompañaros. 
El protagonista soy yo. 

Deja que sienta 
la última caricia 
del aire en la cara.  

Lágrimas y risas,  
música,  
comida y vino. 
Despedida. 

Con todo sentido, 
una gota más 
en el mar. 
Ha amanecido. 


Réquiem póstumo