L’ observador

Ahora que nadie llama para invitar, gracias a Dios, tengo que confesar que yo soy más de observar que de participar. Lo digo por si se quieren evitar la invitación. 

Así las cosas, no me tengo por un buen tertuliano. Aunque, en mitad de una conversación, a la espera de la oportunidad, puedo elegir el momento de una buena ironía, y caer en gracia.
En caso contrario, es decir, si caes en desgracia, lo mejor es despedirse discretamente y salir por patas. 

Y es que somos animales, muy muy animales, pero sociales. Como el perrino de mi prima, que no sería nunca capaz de vivir solo. Ni ella sin él, por lo que cuenta.
Es evidente que se quieren tanto, que mi prima ha “humanizado” la percepción de las caritas y mohines del perrino.
No sé si el animal ha “animalizado” las caritas y mohines de mi prima.

Es una cuestión que siempre me ha inquietado de las mascotas. Y que conste que yo he tenido también mascota alguna vez. 
Pero imagínate tener un lorito precioso y gracioso como mascota, tenerlo suelto volando por la casa entretenido, y descubrir que el bicho pensara de ti eso de ¡que gracia, menudo “pájaro”!

No sé muy bien cómo terminar este post.
Es más no creo que lo publique.
… por alusiones.

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