Estoy dispuesto. Creo que ha llegado el momento. Y, a partir de ahora, a pensar en la siguiente aventura. No será sonada, ni la contaré cada día en la ventana. Discretamente, haré mutis. Y hasta siempre, afortunada. Sí será repentino. Las despedidas, si breves, mejor las olvidas. Un abrazo fuerte, si quieres. Y, mientras, el pulso acelerado. La ilusión intacta. Empiezo otra vida de gato.
Categoría: de cerca
Felicidad
Allí donde el cielo y el mar se confunden. Allí donde el horizonte no es frontera, siempre me espera tu sonrisa infinita. Deja que la imaginación te lleve con ella, a viajar a la felicidad, y camina junto a su estrella. La playa al amanecer es vuestro paraíso. No es un adiós, es un aviso. Todo el tiempo nos llena. No pares de andar. La vida no espera. Sal a su búsqueda. No pierdas su estela.
¿Tú?
Escucho tu musica, leo tus canciones, estoy atento a todo, guardando la distancia invasiva, para intentar comprender. Pero la distancia crece, a pesar de mi intención. Ya no basta con creer. La fe mueve lo ingente, y ni un centímetro menos de lo que separa; y no para de crecer la distancia desde la última vez que te vi. No hay fuerzas en mí para sujetar esta corriente adversa. Con el viento en contra, todo el esfuerzo es inútil. Y las tinieblas envuelven los perfiles más dolorosos, y la carita encendida y tu sonrisa, es lo que más me cuesta perder. ...todo lo demás se difumina, sin querer. En la medida en que se vacía poco a poco el mundo, mi mundo desmoronado de hoy... y los ecos de lo que fue se amortiguan, todo parece más grande, más solemne, más distante. El don musical que ahora respira, se conforma con el latido más personal. El de el corazón. Apenas una vela me sujeta al recuerdo encendido. No se que hacer, ahora que solo vivo el futuro. El pasado es mi tesoro y el presente se ha esfumado. De pronto, el camino se divide aquí.
Un gusano
Un gusano me invadió dejando todo vacío. La fachada la defendí heroicamente, sin propósito aparente. Solo por vergüenza, sin darme cuenta del gran vacío interior. Ni planes a medida ni nada en consecuencia. Que importancia tenia lo que pudiera pasar. Y ahora, que reparo, nada tiene sentido si solo he conseguido mantener en pie lo de fuera. No siento nada conmigo, ni aprecio lo que vendrá. Todo se acabará con el último suspiro.
Hola Claudio
Speedy Gonzalez, Pablo
Fue un día 30 de octubre. Yo estaba trabajando con un grupo de empleados en Nerja ese día. No recuerdo bien, pero creo que fue como al medio día que recibí una llamada al teléfono del despacho de mi cliente. “Es para ti” y me pasó el teléfono amablemente. Desde mi oficina me avisaban de que la buena noticia que esperaba estaba al llegar. Mi pequeño llamaba a la puerta. Como hoy, ese año aún no había llegado el frío y se sucedían los días soleados, radiantes, como la sonrisa y el brillo de mis ojos en ese instante. Hice un esfuerzo por calmarme y terminar la reunión. Pero cordialmente me despidieron, entre enhorabuenas y deseos de suerte, para volver a casa, al encuentro de mi pequeño. Entonces inicie un viaje al sprint, intentando llegar antes que él. Nuestra primera competición de muchísimas más que luego vendrían. Volver a la oficina, dar instrucciones, pasar por el hotel, hacer la maleta, poner gasolina, subir al coche, y a buscarle. Nunca ese trayecto de cuatro horas y media, que tantas veces he hecho, igualó el de ese día. Con la sonrisa puesta todo el rato hasta dolerme la cara, imaginando cómo sería, como encajaría con los dos pequeños en la foto de mi familia. Sería moreno, rizado, despierto y menudo, como el mayor; o rubio y de ojazos, enorme y cariñoso, como su otro hermano. Cuando llegue excitado al hospital materno subí por las escaleras, demasiado impaciente para esperar el ascensor. Se me fue el día en el viaje y cuando entré a la habitación era de noche. Estaba a oscuras. La mamá y mi hermana, que le acompañaba, las dos durmiendo. Y el bebé dentro. Una tanda de besitos tiernos, y me enviaron a dormir a casa de Eloísa y Antonio. La abuela no paraba de preguntarme ¿cómo está mi niña? Con cariño me preparó una tortilla, un baso de leche y a dormir. Ya en la cama pensé “menudo sprint; al menos no llegué tarde” . Me quedé dormido al instante, agotado. Al día siguiente desperté sobresaltado. Me había quedado dormido. ¡No podía ser! seguro que el peque ya había llegado. Corriendo de nuevo al hospital. Al llegar me tranquilizan “está todo controlado”. Una breve espera más y ya está. En el capazo ¡nada de todo lo que había imaginado! Salió pitando con ganas mi pequeño Pablo. La carita redonda, se parecía más a los Ramos. Y desde entonces este pequeño ratón lo hizo todo muy rápido. Al estilo de aquel personaje de Loones Tunes “Speedy González”, que arrancaba a correr gritando ¡epa epa ándale ándale arriba arriba! Hoy después de estos años te pido, una vez más, que tengas cuidado. Cosas inevitables de padre. Pásalo bien. Solo tu corazón es más grande que tu fuerza, ratón. Y reconozco mi derrota. Por el corazón me has ganado. 31 de octubre. Felicidades. Papá

Silencio pío
Me cortaron las manos para no escribirte ni un verso más. Para no poder decirte ni pio. En silencio completamente. Y, mientras miraba lo que antes fueron, me inundó el silencio, dejando vacío y ruido el único espacio que llenaba contigo, amor Y solo el sonido de una lágrima rompió pensamiento y oración, el silencio pío.
Te quiero
Hoy quiero escribir te quiero como despedida. Es fácil decirlo para quedarse, mi vida. Es natural sentir te quiero sin distancia. Enredar mi mano en tu pelo con paciencia. Sentir anhelo a un minuto de tu ausencia. Si respiro tu aire en mi cara en un abrazo. Sin perder un minuto tu mirada en cada beso. Pero hoy no, no es eso. Es silencio. Me alejo. Y te quiero, al final, fue cuchillo hundiéndose en mi pecho.
Quiero ver
Quiero ver la sonrisa en los ojos, mientras imagino tus labios. Y ver tu gesto tierno detrás de la cara cubierta, sin remedio. Enmascarados para siempre que no se someta este virus, sin amor. Escondidos detrás de la cortina. Mirando despacio. Que no hay prisas por besar. Distancia sideral. A tan solo dos Facebk de ti. Que son para siempre. Porque este amor nunca será. Más Luna.
Soledad y frío
Este otoño recién estrenado. El cubre en la cama. La madrugada, desgana. Siempre hace frío en soledad. Nada supera tu abrazo, que tanto echo de menos. Nada consuela. Nada desvela tanto como la soledad, en la que espero. Y muero a cada minuto que pasó sin ti. A cada paso que doy. No estoy feliz con nada. Tampoco en la mirada, se nota cansancio. Y agotando los días que me quedan, encerrado en mi cabeza el tesoro que viví. Con la esperanza de encontrarte a ti, entre tanto ruido, entre todo el silencio, AMOR









