Íntero

Muy quieto, me enfrento a pasar los días.
Por ver si pasa uno de estos, el tren todavía.

De tanto parar y mirar adentro sin mover una pestaña, la foto fija de ti se me mueve y cobra vida.
Será la memoria selectiva, que te da la que me hace falta hoy.

Y las tripas revueltas de no comer con ganas, y de sentir vacío.
Y el corazón en llamas que consumen lo que queda de pasión.

Así un día o diez, pasando en el reloj despacio el tiempo futuro, cuando el pasado fue intensamente rápido. Voló sin saber que ya pasó, dejando el rastro iluminado al que miro cansado cada instante.

Nunca será lo de antes igual que lo de mañana. No dejo de mirar en la ventana cómo se rompen las olas, despeinando las ramas de los árboles, resistiendo el horizonte el envite.

Saldré a buscarte, mi destino, a explorar el camino que me queda, donde me perdí.


Íntero es un término de origen en el latín, que encuentras en portugués e italiano. Su significado es desmenuzar o espolvorear rayando dentro …

Contigo soñé

Hoy soñé contigo.
Con todo 
el corazón partido, 
el tiempo perdido. 

Y la luz oscura de la noche 
escondió las lágrimas. 
Rabia y tristeza,
solo en mis páginas.

La sonrisa más sincera,
lo que vivimos juntos. 
Soy un enfermo mental 
de amor, brutal e inmortal.
Sin final.

¿Será amor eterno?
Si no fuera, será definitivo. 
Muero de ganas
de tenerte conmigo.

Una nube oscura 
tapa la poca luz
de la luna llena,
soñando. 

Y no me deja pensar bien
lo que quiero y no debo,
imaginando como será
amanecer.

El de ayer, el de hoy, 
El horizonte encendido 
donde te vi los ojos de miel
por última vez. 

No hay más frío 
que el que tu pasas.
Cuanto más tiemblas, 
más ganas tengo 
de abrazos y besos 
de abrigo. 

Y tus ojos cerrados 
me miran. 
Y tus labios temblando, 
castigan. 

Mi corazón se rompe 
cuando me dices 
mi Vida.

Maniquíes guardados

Muñecos desnudos, desordenados, sin cabellos, con la expresión fría, impertérrita, sin mirada, enfrentados unos a otros, o de cara a la pared, reunidos en el “doblado”, con las ventanas abiertas que les hace visibles junto al tejado, en silencio revelador. 
Los vi en Paris. Y su recuerdo es imborrable. Algunos brazo en alto, la cabeza girada a un lado, esperando volver a la galería vestidos con la última moda que llegó al almacen. 
Listos para lucir, y sin embargo, en esa habitación del tejado, atestados de compañeros, pacientes eternos, desnudos, esbeltos, parecen tan humanos. 
Muñecos de quita y pon, esperando su momento de esplendor en un escaparate o en un pasillo junto al ascensor.
En ningún momento se movieron. En ningún momento desertaron, inmóviles, paralizados. 

Un cocodrilo en mi jardín

Hay un cocodrilo en mi jardín.
Se ha encaprichado de los geranios. Será por sus flores rojas, o por sus hojas verdes.
Será que está enamorado de la luna que se refleja en el cristal. 
O será por mi. 
Llora y no se porqué. Quizás no sepa por donde empezar a comer. Si por la cabeza o por los pies. 

He intentado llevarme bien con él. Aveces se queda inmóvil, como pensando, como dormido. Pero no se deja acariciar, ni acercarme deja, si no lo quiero enfadar y escuchar el chasquido de su mandíbula. 

Para que estuviera más tranquilo, he empezado a darle de comer. Empecé con poco, y su apetito y su tamaño no paran de crecer. Ya no se que hacer.
Ahora me hace “ojitos”, asoma su enorme cabezota y me avisa de ser el siguiente. 

Es una mala compañía.
No se quiere ir, y no se le ve feliz. 
Ni a mi con él. 
Y ahí lo tengo, en el jardín. 

La respuesta

Después de tanto escribir, por sorpresa recibí la respuesta.


Querido:

Deja de pensar en mi. 
Deja de echar la mirada atrás, levanta el ancla y déjate llevar por ella, que es una corriente inacabable, y algunas, solo algunas terminan en el mar. 
Y cuando llegan al mar, el viaje continúa sin fin. 

Con toda seguridad nos encontraremos.
Tanta afinidad, tanta complicidad y ternura, durante tanto tiempo, no pueden abandonarse. Es cercanía y atracción, es historia de amigos y de amor.
Seguro que en algún momento volverán a cruzarse nuestras corrientes, cada vez más calmadas. 

Pero eso no puede impedir que sigas disfrutando de tu viaje.
Déjate llevar en volandas por la brisa y las risas. Escucha la música que suena y se escribe sin parar. Sube a esa peña y grita, llena y vacía con fuerza los pulmones. Explora y descubre todas las sensaciones. Y escribes, y canta, y llora.

No puedo quitarte el dolor, ni el frío, ni la debilidad. Pero el vacío has de llenarlo tú, si quieres. La tristeza es un manto oscuro que deja un rastro letal: la nada.

Así que, arriba. Porque después de una historia que acaba, empieza una nueva con prisas. Y va llena de aventuras, de retos y de flores. 

Siempre tuya.
La Vida.

Crónica al fin del año

Delante de la página en blanco sin atreverme a escribir.
Las ganas me ponen nervioso. Las ideas agolpadas sin orden, empujan. Pero no sé expresar ninguna.
Sé que para mí llegó definitivamente el fin de una etapa vital. Ya no soy indispensable, ni siquiera necesario para mi gente. Han aprendido a volar solos, y hasta la más pequeña está comenzando su vuelo por sí misma. 
Conseguí destrozar todo lo construido durante años. Me quedé paralizado y no he sabido tomar las decisiones adecuadas. Y el resultado ha sido devastador. 
Sin recursos y sin ideas, lo peor es no tener planes ni tareas por hacer. Así me voy vaciando. Y no quiero convertirme en la carga de nadie. 
Es extraño como siento que he roto conmigo, he perdido capacidades físicas e intelectuales, he desordenado mi cabeza, y mis recuerdos se presentan en tropel sin ningún permiso ni excusa previa.
Y la salud ha perdido su equilibrio y fortaleza, de la que siempre he presumido, y ha sufrido un batacazo estrepitoso, encadenando dolencias hasta rendirme. 
No tengo el futuro ni mucho menos asegurado, y espero asustado como, durante los próximos meses, todo mi mundo se va a precipitar.  
Siempre me gustó regalar y ayudar. Y al fin, ya no estoy para eso. No veo la salida.

Solo deseo encontrar la manera de no arrastrar a nadie conmigo, y hacerme únicamente responsable de todas las consecuencias.
Y que me queden las suficientes fuerzas para andar mi último camino.
Pero quizás sea mucho pedir. 

a noche

Cae la tarde, como un pañuelo gris cubriendo el paisaje. 
El dolor me llega desde lejos a través del corazón. Cubriendo una distancia inalcanzable, haciendo imposible acudir.
Los colores pierden el brillo y luego la tonalidad.
Todo se hace más sensible e intuitivo. Nada se ve con claridad, pero esta hora te deja de frente a ti mismo, a solas sin más.
Un zumbido sordo y agudo sucede al primer instante de silencio. Nada nuevo buscar algún atisbo de escuchar. 

Y en mi alma una inquietud antigua, una basta soledad abrumadora. La puerta que abre el torpe destino que me atenaza, que me rodea a veces con su tentación extraña. 
Solo pido que amanezca deprisa, que no sucumba a la promesa de encontrar el final que tanto me atosiga y me hace dudar.

Quiero andar un poco más. No necesito más. Mientras la luz cambia a noche.

A un paso

El día comienza a oscuras, de madrugada. La verdad es que comenzó ayer, cuando planeaba esta locura. 
Todo lo tengo ya preparado, menos las dudas. Es una sorpresa. Nada sabe de que pretendo aparecer en la puerta, como caído del cielo, como la lluvia. Y es tan intensa, que quizás no se abra. 
Si esto ocurriera, todo lo habría hecho por nada. 
A un paso, más cerca que nunca. Y la puerta cerrada. 
Lo fantástico es siempre el viaje. Los preparativos, los nervios de salida, el trayecto hasta llegar, los pensamientos bulliciosos, calmar las expectativas, conducir sin alcances ni desvaríos, disfrutar. Todo esto y más, sin duda.
Pero tener un motivo es el motor de arranque, es el color del viaje. Por cierto, este es de color blanco, el preferido de las rosas, que he de conseguir antes de llegar. Sería todo un detalle, de esos que curan el alma. 
Estoy contento y me siento feliz. Nervioso y excitado con tanto trajín. Pero ahora debo dormir otro rato y descansar. Me espera otro viaje soñado. A soñar. 
Y contarnos con café qué más tienes y qué más quieres, aunque sean dos los cafés, porque con uno no llegue. 
A un paso de tener ese ratito dulce o cruel.
A un solo paso de volver sin ese encuentro de miradas. 
A un paso de estar frente a la puerta, y no poder. (puerta 8, RSP).

De pronto he salido pitando, como el niño que han pillado intentando entrar a hurtadillas en la biblioteca.
Y después de recorrer la casa grande, se ha metido en la despensa de la cocina, a oscuras, y se ha puesto una olla grande en la cabeza para que no le vean enrojecido de la vergüenza, apoyado en la tinaja.

Pero es verdad. En la biblioteca no dejan entrar a los de mi edad. Y yo estoy como loco por volver a ojear las páginas de un libro pequeño de tapas rojas, que cuenta una historia de amor eterno. Y que leí hasta el final. Y quería resucitar.

El espejo

Mi vida es curiosidad.
Cuando más disfruto es aprendiendo en silencio, mientras miro curioso cada detalle del paisaje que tengo por delante.
Todos son evidencias, como en un registro matemático. 

También disfruto mucho escribiendo.
Pero ese momento convierte todo en un cuento. Es traspasar el espejo y entrar en fantasía. 

De este lado, donde vivo, necesito comer, dormir, tocarte, cerrar la puerta, no llegar tarde. 

Allí al otro lado, el tiempo se dobla y desaparece. Las distancias son infimitas y el paseo discurre a través de calles de Sevilla, Cáceres, Málaga, Badajoz o Madrid, que voy caminando sucesivamente y se van cruzando entre sí. También paseo en Nueva York y cruzo de acera a Paris, o me siento en una terraza de Roma. 

Todos los espejos mienten. Desde siempre se pensó que devolvían la imagen que de nosotros tienen los demás. Así servían para cuidar nuestro aspecto y acicalarnos. 
Pero nos devuelven la imagen que imaginamos, puro cuento, fantasía.
Frente a él no envejecemos. Cada día estamos igual que ayer. Ahí está el espejo. Ve y asómate, compruébalo… ¿lo ves? 

Una vez aprendes a entrar en él, ya es distinto. Es otra cosa.
Con el tiempo detenido y las distancias cortas, puede pasar de todo lo que se te ocurra. Sin límite, solo el que tú le pongas. 

Así viajar es acompañarte, sin más equipaje que coger tu mano. Sin esperas ni cansancio. 

Dormir es acariciar tu pelo y tu espalda, y soñar.
Bailar es volar sobre los pies bajo los arcos de Paris. 
Nadar es respirar bajo el agua cristalina y encontrarte tras un mar de coral. 
Comer es sentarme frente a ti y reír. Mirar y desear tus labios. 
Caminar es recorrer un sendero increíble de un bosque cerrado. Escucharte y oler ese camino, conociéndote. Y llegar a Santiago.
Soñar es mirar a tus ojos, viajar en ellos y llorar. 

Pero, ya sabes, nada es verdad a este lado del espejo. 

Navidad

La Nochebuena es la oportunidad de estar con tu familia más íntima, de encontrarte, casi sin querer, de frente con los sentimientos más tiernos e intensos que tu corazón pueda demostrar. Un buen momento para saludar a las nuevas incorporaciones.

También es una noche en la que, inevitablemente, te aparecen en el recuerdo las ausencias más íntimas. Has vivido todo el año enredado en mil cosas que te han despistado de su presencia eterna.

Así que la noche se presenta con la sensibilidad y la ternura a flor de piel. En la mejilla irrumpen sin querer unas lágrimas limpias y puras de amor.
Son de emoción, de felicidad y de recuerdo. Con toda la alegría y la esperanza, la aventura y el misterio.

Son mis perlas de amor de navidad.
Siempre con el mundo en los ojos. 

Y las quiero compartir contigo.
Feliz Navidad.