Cajita de tesoros

Un día descubrió mi nieta que me gustan las cajas. Las uso para guardar pequeños tesoros. Y por eso, en su carta a los Reyes Magos, pidió para mi una cajita. ¡Es un tesoro!    
En la cajita guardó detalles, cosas pequeñas, insignificantes, que solo tienen valor para mi, pero que encierran recuerdos que son un tesoro. Nunca se sabe si en algún momento hay que rescatarlo.   

A veces uno se acerca, o lo intenta al menos, a personas que te han hecho sentir. Personas, algunas desconocidas incluso, que alteran tus sentimientos y te llaman la atención. Me pasa de vez en cuando.   
Y a pesar de mis intentos, no consigo alcanzar ese halo que tanto me gustó. Fui constante, lo prometo. Pero no se dieron las circunstancias. Mi Estrella no brilló lo suficiente, y pasó desapercibida. 
Entonces, abro mi caja de tesoros y con mucho cuidado acomodo mis recuerdos, como si fueran un fetiche. Nunca se sabe si en algún momento habrá que rescatarlo.   

Mi nieta es fantástica, tranquila y observadora. Lleva como yo elmundoenlosojos. 

Historias de un día malo

Soy solo un contador de historias. 
Las describo con detalle, las descubro cuando están tapadas o a oscuras. Solo las cuento con el ánimo alterado y el corazón conmovido. No podría de otra manera. Me siento incapaz de ponerle letras a lo que no me asombra o me remueve por dentro.
En todo, el corazón y la pérdida de razón, pesan como una losa de las de tapar nichos.
Alguna vez intento escribir desde la distancia más pulcra, la necesaria para no implicarme. Pero es una burla de la propia historia y acabo enredado en sus notas, en su aroma, o empapado en esa lluvia intensa de gota gorda y charcos que recuerdo de siempre de mi ciudad natal.
Y de ese cielo plomizo y oscuro que te da la luz de la tristeza y el olor a mojado en las hojas de los árboles del parque. 

Y no se de qué manera la historia se revuelve y me envuelve, y me devuelve lo que siento escondido dentro del pecho. 
Hoy lloverá sobre el medio día. Parece que cuentan que lo hará con fuerza. Y el viento batirá sobre los cristales de la terraza, dejando ver con dificultad las olas encrespadas rompiendo en espuma blanca la arena de la playa.
Y casi nadie se arriesgará a transitar por el paseo a esa hora. Los que ahora lo hacen van con prisa y encogidos, que el viento ya enfría.
Dudo si seguir aquí, contándote lo que miran mis pupilas, o coger el chubasquero y salir a la calle pitando.

Pero antes, decirte que perdones mi insistencia grosera para conseguir que me odies y así no hablarte, poniendo esa distancia terapéutica que tan bien puede que nos valga para olvidar, y abriría el capítulo nuevo de felicidad que te mereces.
Nada fue mentira de lo que te demostré, nada de lo que te dije fue un invento. Todo lo sentí y lo siento con intensidad y certeza, amor. Todo lo di con generosidad sincera. 

Y ahora si. Debería sacar de casa esta intensidad, y disipar junto al mar, este día frío y malo, las lágrimas sentidas que se me escapan.
Lágrimas de cocodrilo, tú sabes.

sinsanvalentin

Bueno, solo son las 7 y media de la tarde del sábado 13 de febrero. Apenas hay luz en el jardín. Apenas hay luz en mi casa. 
Y la merienda de bocadillo de aceite, la he engullido con mucha intención.  
Después de la sobremesa me quedé solo. Y se me ocurrió ver algo en la tv. ¡Planazo!  
Así que, como alternativa pensé en reabrir la botella de whisky de la estantería con llave. Tú sabes, para evitar las tentaciones fáciles. Y la abrí. Solo dos o tres chupitos, mientras empezaba la trama de la pelí que servían a esta hora.  
Pero en mitad de todo, sentí mucha sed, y abrí también una cerveza bien fría. Y me la tomé. La cuestión ahora es decidir si terminar la peli, bajar la basura y dar una vuelta, o lo que tengo planeado hace tiempo. 
Vamos. Descarte el último recurso, y me decanto por vestirme para sacar la basura y dar un paseito al fresco. Ya sé que no me voy a perder, porque el paseo es de dos direcciones: ida y vuelta. 
Dejo de escribir; una pausa y a actuar. Nos vemos en cinco minutos; media hora como mucho.(Suena desesperado)
Tapo la botella de whisky y recojo el plato y el envase de la cerveza. 

De vuelta. Creo que por la hernia de hiato vuelvo a tragar dos o tres veces lo que como. Quizás sea por eso que no consigo bajar de peso. 
Es que últimamente estoy más preocupado por mi aspecto. Hoy le pregunté a mi hija que le parecía mi pelo más largo. Y en su opinión debería de raparlo. Y todo a pesar de decirle que mis rizos eran naturales. Pero me contestó que si, pero escasos. 
Así que he decidido dejármelo largo. ¡Qué queréis! estoy en una edad rebelde en eclosión. 

En la calle no hace frío. Ni calor. Hay gente con sus perros en el parque, y sus hijos. Mejor me voy al paseo para verme más solo. 
Con las botas desabrochadas, se me soltó un cordón, y paro a prenderlo y no pisarlo; es el de la derecha. Suena una pelota botando contra la acera, detrás de mí. 
Qué pena. Cuanta agudeza da la soledad, que te hace escuchar hasta lo que no importa. También el chasquido de huesos de mis pasos, esos que no comparto con nadie. 
Risas y conversación animada en un balcón vecino a la calle. Un pequeño grupo de personas en el jardín de perros, algún auto que circula por la calle, agua que cae de una manguera de riego. Un paseo al mar vacío; el paseo, claro. Decidieron bajar la intensidad de la luz, supongo que, como ya no viene nadie. 
Poca gente, en parejas y enmascarados, paseando despacio en la penumbra. Los bares y chiringuitos cerrados. La verdad no sé lo que hago andando por aquí. 

Recuerdo que un día de hace tres o cuatro años, sentado en la playa, mirando al este, al horizonte, se me acercó un hombre desde la oscuridad y me increpó ¡qué miras! Por allí nada va a venir. Un loco ayudando a otro loco. ¡Qué poca cordura! 

Y, en el final de mi memoria, la botella encima de la mesa, el vaso vacío. Ya empieza a hacer frío. No tengo mejor plan este finde de San Valentín, sin rosas ni miradas, sin cenas ni abrazos, ni besos, ni promesas. Solo volver a la mesa de la botella y el vaso. 
Y de paso echar de menos y suspirar para no morir ahogado.

Ya de vuelta en casa, en un arranque de orden y desconcierto, recojo todo de por medio, la botella, el vaso, cierro el balcón, apago las luces. No me olvido de las pastillas. Y en la cama me acuerdo que no puse la lavadora con la ropa de color. Nos quedamos sin yogourt en la nevera ...

Pero eso será en otro momento, ya queda poco para San Valentin, y he de enviar un beso a toda la gente que quiero. 

Un beso.

Tiempos planos

Tiempos planos. 
De cuando los viernes son lunes. 
Y los lunes al sol. 
Inviernos de playa. 

Y veranos de aguacero 
¿Cuanto hace que no veo 
una sonrisa frente a mi 
Feliz? 

Planes de día y noche, 
sin sueño ni reproches. 
Tiempos planos. 
Reloj sin arena. 

En el jardín una sirena, 
serenata del silencio. 
Todo lo guardo muy adentro, 
ya solo para mi. 

Y da igual si estás 
o no estás aquí. 
El viento borra las huellas 
que dejaste para mí. 

Laberinto

Quiero encontrar el laberinto. 
Y perderme en él 
para encontrarme. 
Allí donde se aleja de la puerta, 
donde se cierra el retorno fácil 
es donde empieza la aventura 
Tuya y mía. 

En cada recodo de ese jardín 
de mi infancia, de mil años, 
árboles gigantes, imposibles de abrazar,
setos de pino más altos que tú,  
que ocultan el horizonte.  

Perdiendo la dirección y el control,  
para que aparezca la pulsión, 
cadencia constante interminable 
de tú corazón y el mío  

El instinto y la dulzura 
te guían hacia dónde debes,  
apartas la vista de lo que no te gusta.  
Coge mi mano y anda conmigo 
no me sueltes nunca, amor  
No me dejes, no me olvides  
Eres mi vida, mi esencia, mi yo.  

Es solo amor, amor. 
Miedo a perderte, a perderme.
Por mucho que cierre el bosque 
siempre hay una salida
Solo el vacío es la medida
de haber perdido todo 
De estar encerrado en un laberinto 
Sin vida. 

Mi parroquia

Escribo a diario para mi.  
No miro más allá. No asumo más riesgo ni más repercusión. 

Después, quizás si, para dejar a mis hijos y nietos escrito como pensaba su padre o su abuelo.  

Y luego, más allá, no muy lejos está lo que llamo mi “parroquia” Un puñado de gente, no más de quince o veinte, que lee lo que escribo y me sigue, dicho en términos coloquiales de la actualidad de RRSS.  

Así que me siento siempre libre de descubrirme ante ellos hasta enseñar, de vez en cuando, cicatrices y arrugas del alma, que no tienen más importancia que las de una persona cualquiera. Nada singular, que yo sepa.  

A mi, si quieres que te diga, me sirve para no perder del todo la cabeza. Para fijar una pica con estandarte de trapo y una campanilla en mitad del camino, que transitó ahora despacio, pero que está lleno de dudas y atajos. Y no quiero atajar por ningún lado. Quiero andarlo entero, aunque sea llorando. 

Y riendo, cada paso en falso, y cada paso cierto. Me encanta la risa, y verla y sentirla de reflejo en tu cara, es lo que más me llena este corazón desierto, con el que cargo sin ganas. Pero es lo que tengo. 

Leí hace unos días que la vida te empuja, y de pronto te encuentras viviendo el otoño. 
Y debes darte prisa para no dejarte nada sin hacer, planes inconclusos y viajes imposibles, antes de que sea tarde. Es decir antes de que realmente sea imposible, porque te pares. O algo así entendí. 

No tengo prisas. Pero si siento el viento más frío en el rostro, las fuerzas más justas a cada paso, la miradas más duras en cada esquina. 

Y un deseo intenso que me saca de mi escalera, peldaño abajo, para abrir la calle cada día, para oler el mar y la cocina, sentir el calor en las mejillas. Y el frío. 

Y me río. Así que más vale que busque de verdad la gracia maldita que me grabaron en el corazón los que amé y amo, y seguir ese camino. 

Perdone que les escriba. 

Para, papá

Quiero parar. 
Para volver 
a donde nunca estuve, 
a lo que siempre soñé. 

Si quieres saber 
donde estoy 
de verdad, 
en el fondo de mi ser. 

Solo es volver 
a mirar 
los ojos de aquel niño, 
en blanco y negro. 

La mirada perdida 
de mi adolescencia 
ardiente, 
llena de planes. 

El viaje a la nubes. 
La sonrisa en los labios. 
Las alas escondidas 
debajo de la piel. 

Y volar 
con las manos cogidas, 
buscando la luna 
donde soñé. 

Donde sueño 
cada noche 
en Babia, 
amor. 

Castillo

Un castillo vacío, 
en la playa vacía, 
mi corazón en llamas. 
Ya amanecía. 

La guerra perdida 
del  tiempo perdido. 
Amores vacíos 
que no encontraré. 

Dulce Silencio 
en el cielo de nubes. 
La música suave 
la imagina mi cabeza. 

Viaje de fantasía. 
Donde la alegría 
la ponen tus recuerdos
y la madrugada. 

Mi Hada, 
mi amiga, 
mi madrina, 
mi amor.

Derrama

Cuando el corazón derrama su amor y su locura 
Cuando las lágrimas inundan tu cara y la amargura 
conquista la que antes, mucho antes, fue tu vida feliz, 
romper con todo, caminar sin rumbo dejando atrás 
el hogar, pisando el pasado en busca de la fantasía, 
surcando una nueva travesía desconocida, fatal, 
sin miedos ni dudas, apenas una mirada de despedida, 
parece la mejor propuesta. 

Y sin embargo, aquí estoy clavado a la ayuda. 
En el intento de hacer fácil lo difícil. Y no termino. 
Cada día surge un nuevo compromiso, 
una nueva tarea que no tiene fin, 
que me enreda de nuevo en un laberinto 
del que quiero salir, desesperado, sin aviso, 
para coger el camino deseado, acusado de traidor, 
sin mirar alrededor, la mirada fijo en el destino, 
como un loco, determinado únicamente en su fin. 

Derrama lagrimas y sangre, hasta vaciarte 
por completo. 
No tendrás mejor oportunidad de hacerlo,  
y saciar tu inquietud y tú amor más bello,  
más sincero y generoso, más inútil. 

Llorar como un niño, sin consuelo, 
mirando a todos lados, sin saber porqué, 
cuando empezó esta angustia 
que mantiene atenazado sin moverse, a su loco corazón.  
Que traición ha cometido, que pecado sin perdón 
le mantiene atado a esta silla, sentado, 
esperando que acabe, por fin, esta condena,
 y suspire de nuevo, su corazón por ti. 

Un gesto, 
un beso 
rozando apenas 
la frente 
tus labios 
sutil.