Realidad y fantasía. Aprender a ver el mundo en los ojos. Un viaje personal que comienza ahora.
Autor: 21siglosofia
Estoy permanentemente en babia, donde habito.
¿La razón por la que escribo?
“… yo no estoy loco, y ciertamente no sueño. Pero mañana muero, y hoy querría aliviar mi alma.”
Edgar Allan Poe
No sé si lo que escribo
es verdad o es mentira
Solo se lo que siento.
Tristeza, soledad, melancolía
Cosas que veo
historias que invento
Y que las cuento con alegría,
con lágrimas sentidas,
con rabia del corazón,
con ironía.
Y que no se me olviden,
vida mía
Para colgarlas en tu balcón.
por bulerías.
Fue un día 30 de octubre.
Yo estaba trabajando con un grupo de empleados en Nerja ese día.
No recuerdo bien, pero creo que fue como al medio día que recibí una llamada al teléfono del
despacho de mi cliente. “Es para ti” y me pasó el teléfono amablemente.
Desde mi oficina me avisaban de que la buena noticia que esperaba estaba al llegar.
Mi pequeño llamaba a la puerta.
Como hoy, ese año aún no había llegado el frío y se sucedían los días soleados, radiantes,
como la sonrisa y el brillo de mis ojos en ese instante.
Hice un esfuerzo por calmarme y terminar la reunión. Pero cordialmente me despidieron,
entre enhorabuenas y deseos de suerte, para volver a casa, al encuentro de mi pequeño.
Entonces inicie un viaje al sprint, intentando llegar antes que él. Nuestra primera competición
de muchísimas más que luego vendrían.
Volver a la oficina, dar instrucciones, pasar por el hotel, hacer la maleta, poner gasolina,
subir al coche, y a buscarle.
Nunca ese trayecto de cuatro horas y media, que tantas veces he hecho, igualó el de ese día.
Con la sonrisa puesta todo el rato hasta dolerme la cara, imaginando cómo sería, como encajaría
con los dos pequeños en la foto de mi familia. Sería moreno, rizado, despierto y menudo, como el
mayor; o rubio y de ojazos, enorme y cariñoso, como su otro hermano.
Cuando llegue excitado al hospital materno subí por las escaleras, demasiado impaciente para
esperar el ascensor.
Se me fue el día en el viaje y cuando entré a la habitación era de noche. Estaba a oscuras.
La mamá y mi hermana, que le acompañaba, las dos durmiendo.
Y el bebé dentro.
Una tanda de besitos tiernos, y me enviaron a dormir a casa de Eloísa y Antonio.
La abuela no paraba de preguntarme ¿cómo está mi niña? Con cariño me preparó una tortilla,
un baso de leche y a dormir.
Ya en la cama pensé “menudo sprint; al menos no llegué tarde” .
Me quedé dormido al instante, agotado.
Al día siguiente desperté sobresaltado. Me había quedado dormido. ¡No podía ser!
seguro que el peque ya había llegado.
Corriendo de nuevo al hospital. Al llegar me tranquilizan “está todo controlado”.
Una breve espera más y ya está.
En el capazo ¡nada de todo lo que había imaginado! Salió pitando con ganas mi pequeño Pablo.
La carita redonda, se parecía más a los Ramos.
Y desde entonces este pequeño ratón lo hizo todo muy rápido. Al estilo de aquel personaje de
Loones Tunes “Speedy González”, que arrancaba a correr gritando ¡epa epa ándale ándale arriba
arriba!
Hoy después de estos años te pido, una vez más, que tengas cuidado. Cosas inevitables de padre.
Pásalo bien. Solo tu corazón es más grande que tu fuerza, ratón.
Y reconozco mi derrota. Por el corazón me has ganado.
31 de octubre. Felicidades.
Papá
Me cortaron las manos
para no escribirte
ni un verso más.
Para no poder
decirte ni pio.
En silencio completamente.
Y, mientras miraba
lo que antes fueron,
me inundó el silencio,
dejando vacío y ruido
el único espacio
que llenaba contigo, amor
Y solo el sonido
de una lágrima
rompió
pensamiento
y oración,
el silencio pío.
Alguien nos escribió
lineas en el cielo.
Anillos abiertos
que anudaban
un principio de cadena.
Un saludo en la arena:
Felicidades por lo intentado.
Fue esta mañana,
apenas después
de haber dormido
Y luego llamaste excitada.
Ya me lo dijiste antes:
lo habías conseguido
!Volar!
¿Y si te quiero
a tumba abierta,
a pierna suelta
de sueño profundo,
sin tiempo?
Donde mucho, que es todo
pasa en un segundo,
despacio, sensible,
invisible tu roce,
suave la brisa, tiemblo.
Después el estruendo,
la fuerza del viento,
el abrazo más intenso
enredados los dedos,
tu mano en mi pecho.
Si solo recuerdas
el último instante,
el beso, sin dueño.
Si sueño y despierto vacío,
echándote de menos.
Hoy quiero
escribir te quiero
como despedida.
Es fácil decirlo
para quedarse,
mi vida.
Es natural sentir
te quiero
sin distancia.
Enredar mi mano
en tu pelo
con paciencia.
Sentir anhelo
a un minuto
de tu ausencia.
Si respiro tu aire
en mi cara
en un abrazo.
Sin perder un minuto
tu mirada
en cada beso.
Pero hoy no,
no es eso.
Es silencio.
Me alejo.
Y te quiero,
al final,
fue cuchillo
hundiéndose
en mi pecho.
No sé si hay unidades de dolor. Para medir, quiero decir. Porque eso depende de cada cual. Hay gente con mucho aguante, y otros que ni rozarlos, y ¡cuidado!
De todas formas creo que la nomenclatura sería la interjeccion “ay”
Un ay, es apenas un susto. Es el inicio al dolor, que lo separa de la alegría o felicidad, y que lo acerca al miedo, pero por el lado físico. ¿No?
En figurado sistema centesimal,
¡Ay! Sería como 100 ay’s simples. ¡Ay, Dios! , lo siguiente 100 ¡ay! ¡Ay Dios mío! , 100 veces más que ¡Ay Dios! ¡Ay Dios mío de mi vida! Es nivel sacrificio, equivalente. 100 ¡Ay Dios mío!
Pero el siguiente nivel, perdonenme, es la blasfemia. ¡La hostia! Serían ya 100 millones de ay’s simples. ¡Me cagó en to! Serían 100 veces. ¡La hostia! ¡Coño! / ¡Cojones! para esquivar el espinoso asunto de género, serían 100 veces ¡me cago en to! … y lo siguiente sería el parto , que eso ya solo lo aguantan las mujeres, el sexo fuerte sin duda. Y vendría a ser 💯 veces 10.000.000.000 ay, es decir un billón de dolores.
¡Qué barbaridad! Mi teoría que es novedosa, creo, está fundamentada en la experiencia y la observación. Pero creo que es correcta, porque de niños no sentimos tanto dolor, no sabemos blasfemar, o no sabemos tantos tacos.
Se me acaba octubre, y estaba pensando, en medio de amenazas y preavisos de nuevos confinamientos, parciales o totales, que más da, qué sorprendente es el otoño, el culpable.
A mi me seduce mucho. Y excita en mi interior el “efecto gato”. Que consiste en el deseo irrefrenable de acomodarme en tu regazo y dejar que me acaricies despacio, mientras ronroneo pausado. Es bien par ti. Quiero decir, por tu bien. Que de pequeños nos peleamos en casa por acariciar al gato. Pero ¡para mí es lo más!. Me dejo caer relajado, mientras guiño los ojos entreabiertos, al paso de tu mano, en éxtasis.
Claro que sin renunciar nunca a mi independencia. Que esto es lo definitivo … para un rato de gato. Y cuando culmina ese rato, de un salto, me muevo para otro lado, ¡que estás empanao! Me digo a mi mismo, mientras me alejo a esa distancia, suficientemente cerca y lejos, para escapar y que no me pierdas el contacto … visual.
Y recordando como mi madre se quejaba ¡No seas gato!
Quiero ver
la sonrisa
en los ojos,
mientras imagino
tus labios.
Y ver
tu gesto tierno
detrás de la cara
cubierta,
sin remedio.
Enmascarados
para siempre
que no se someta
este virus,
sin amor.
Escondidos
detrás de la cortina.
Mirando despacio.
Que no hay prisas
por besar.
Distancia
sideral.
A tan solo dos Facebk
de ti.
Que son para siempre.
Porque este amor
nunca será.
Más Luna.
De cuando las piernas se desprenden
Un dolor intenso soportable
Una sensación desagradable
Como arañar cristales
Persistente hasta aburrir
Con descanso cada cuatro horas
La cabeza me devora
con miedos que no se describir
Sentir que todo se acaba
Llegar al final de la tirada
Asomarte sin miedo a la orilla
No interesa tanto seguir
Nada que el amor no cure
Todo a blanco y negro
Es el destino más cruel y más dulce
Nada que pueda ofrecer
Un despropósito ordenado
Un jardín vacío, un descampado
Un almacén atiborrado
de inútiles tesoros y herramientas
que no son utilizados nunca
Combustible con fuego devorador
¿A qué tanto dolor,
si esto no fue lo planeado?
24 besos de furia
Pedazos de cuentos inconexos
sin desenlace ni trama que indique
cuando llegará y cuánto dura
este final de viaje
El reloj loco, no respeta
el día ni la noche
No quiero ningún equipaje
para esta última aventura
que empieza termina en ninguna parte
Las manos no puedo darte
Y, sin piernas, perdí la cordura.