Larga vida

Cada día pasa más lento. 
Lento y rápido al mismo tiempo. 
Lento en presente. Rápido en pasado. 
Cada día encerrado. Como poco, duermo menos. Escribo, olvido. Me aburro y sueño. 
Olvido, olvido, olvido … y espero. 
No espero nada, ni a nadie. Me refiero a la actitud calmada, sin expectativas, inactiva, sin futuro. 
Solo espero. 
Espero que pase todo, sea rápido y sin sufrimiento. Para mi, pero especialmente para mi gente. 
A ellos los estoy acostumbrando poco a poco a no echarme de menos. Para conseguirlo sin discusiones ni traumas, estoy quedándome continuamente al margen de todo. Evitó los enfrentamientos, la omnipresencia de antes ya no tiene sentido.
Y sobre todo el silencio. A él me someto. A él les someto. Sin ninguna interacción, sin traslado de preocupaciones, ni visitas al médico, ni carencias. 
Sin embargo, si me la piden, sigo dándoles opinión. Quizás me crea que eso si les puede ayudar en algo. Pero, ahora que lo escribo, sinceramente creo que no. 
He iniciado, suave y lento, el último tramo de mi sendero, este que me tocó. Y, para mi gusto, está yendo demasiado despacio, y se me está haciendo eterno. 
Este año, alguno de ellos, me animan a hacer sitio en la casa, a desprenderme de todo lo viejo, lo inútil, todo obsoleto. 
Acepto a regañadientes. No se dan cuenta de que eso soy yo. Esas “cosas”, libros y recuerdos, inútiles y obsoletos. 
Luego de pensarlo un momento, me di cuenta de que viví demasiado y guardé todo un universo.
Voy a hacerles caso, con dolor de mi alma, que pierdo a pedazos con cada cosa que deshecho.
Todo tiene valor para mi, únicamente para mi, eso es cierto.
Por eso voy a ponerme a ello, a sacar poco a poco cada chisme, para despedirme de cada uno de ellos, y hacer sitio en la casa. Así les adelanto esta faena que seguro deberán hacerla, llegado el momento. 
Y luego, cuando termine esta última misión, nada. Eso es con lo que me quedo. Como la memoria, que se me va haciendo un desierto.

Agosto, adiós

Amanecer.
Mirar el horizonte
enrojecido.
El mar tranquilo.
Sonreír.
 
Esperar a que el día tuerza
y deje salir tímido el sol. 
Que deshaga la luz mágica y las tinieblas.
Y que esconda de una vez la luna. 
Que disipe la bruma.
Que empiece el día.

Algún valiente se dé el primer baño,
el agua, asegura, está caliente. 
El cielo surcado por el primer avión,
aterrizando. 
Los pájaros, la gente, algún motor, el mar, … 
La vida suena a día que empieza.
En mi corazón una mezcla de tristeza 
y alegría.
Y el día… otro día que comienza.

Y se despide agosto.
Y sus fiestas que este año fueron menos fiesta.
Lo natural que no cesa.
Los planes se suceden.
Y no se hoy, de domingo, lo que conviene.
 
El cielo se aclara,
y el horizonte que estalla
a punto de remontar tras el perfil de la montaña.

Así se me olvide todo, 
que vuelva todos los días a verte.
Porque no se me olvidó querer.

Ni se me olvidó la luz de amanecer,
que eres tú. 
Como si me olvidara de querer
en la playa de los abrazos que no volverán.

Cuando

Cuando perdí tu cara, y he de cerrar los ojos para verte.
Cuando se del día en que vivo por la posición de la píldora en el blister.
Cuando ya nada me detiene el despropósito en el que he convertido cada paso de cada día.
Cuando todo me huele a pasado, dejando un rastro de flor antigua y querida. 
Cuando miro con compasión y destemplanza las decisiones aventuradas de los peques de casa.

No será verdad, pero entiendo que mi tiempo se pasó, que elegantemente debo apartarme, hacerme invisible y no convertirme en lastre. 
¡Que rápido se pasó todo!
Fue intenso y feliz. 
Y ahora incierto y también rápido (espero) 
Contemplo amanecer. 

Tarros

Tengo aún guardados un par de tarros con esencia.
Quiero gastarlos pronto para que no se pierdan.  Ya gaste casi los de la paciencia. La humildad vino impuesta … y se quedó. 
Y ahora que ya no queda tiempo, Ojalá lo cante todo.

Y me nazca una canción.
De los tiempos felices,
de la risa en colmena,
de acariciar cicatrices,
de la historia más buena.
  
Cuando el pájaro se esconda en la noche 
Y ya no suene su silbido.
Vendrá tu sueño entonces, 
a buscar el último suspiro.

Luna creciente de verano. 
Espérame en el cielo encendido.
Millones de Estrellas
me enseñaron por donde vuelve el cariño. 

De noche.
Cántame al oído.
De noche.

Que se pierda el sonido.
De noche.
La marea me busca.

De noche.
Solo besos dormidos.
Solo besos perdidos.


Descubrir

Ojalá supiera arrancar de mi corazón y mi cabeza lo que ahora me aprisiona y no me deja dormir en paz.
Quizás fuera una cura aprender a dibujar. Inventar no, traspasar todo lo que me ocurre a un papel en blanco.
Figuras sin forma, apenas unas sombras que emergen desde lo más recóndito de la memoria, y que construyen una historia que jamas pasó.
O si.
Eso lo quiero descubrir. 

No quiero esperar

En este instante, que dura media vida, no quiero esperar a la muerte.
Quizás es mejor ir a buscarla. Así eliges donde y con quien. Y soñar, para que no te sorprenda la tristeza conquistando toda tu cabeza, paralizando la visión de la belleza, que es vivir sin esperar. 

Amor ¿donde estás?
Que allí acudiré sin dudarlo, dejando mi corazón intacto para regalarlo en una flor, en un beso robado, posando mis labios en tu hombro, respirando tan solo tu perfume, cerrados los ojos al sol. 

… y ahora (nunca más)

Y ahora que te tengo tan cerca, 
no te vengo a visitar. 
La verdad es que no quiero romper 
esta historia tan bonita sin final. 

Abandonar fue la decisión más cruel, 
más radical y necesaria. 
Tan solo se extiende ante mi 
el vacío inmenso de la soledad. 

No hay más amor en la renuncia. 
Esa mecha encendida, 
que en un minuto eterno, 
te señala el momento de la despedida. 

El miedo insuperable 
a no volver a sentir el vértigo, 
el calor en las mejillas, 
y la locura de un beso de amor. 

A ciegas

A ciegas quiero. 
Sueño historias de amor que solo ocurren a ciegas. 
Cierro los ojos y apareces. Confío a ciegas, y me dejo llevar por este amor ciego, donde solo existes tú, donde solo soy feliz a ciegas. 

Encerrado en esta celda a oscuras, cierro los ojos y me llenas de luz, amor. 
Atado cada vez más en corto, mi bolsa vacía, no dejo de soñar con el abrazo que me das a ciegas.

(A mi musa, Luna de día, fantasía) 

Redhawk

VACÍO

Se acaban los días, el año avanza sin sentido. 
La noche abre el tiempo a la niebla.
Ya no distingo las caras, difuminadas en el amasijo de mis recuerdos. 
No ofrezco una buena alternativa a quien me pregunta. Y así, cada vez desaparecen en el aire, dejándome solo. 
Estoy viviendo el futuro que vino después de acabar con todo. Y no queda nada. Nada que hacer. Nada que compartir, ni con quien. 
Se de veras que el sueño se disipó, como la niebla a las diez, cada mañana, cuando el sol aún aprieta. 
Y no dejo de echarte de menos.
De ti no me pude olvidar. 
No pude. 
Todo lo demás lo olvido, mientras me llena el vacío.