Notas al pié, de viaje

Alrededor de las cinco y media, con un café y, como no, conversación animada, esperabas tu turno acurrucada con los pies arriba del sofá y una manta. En un momento los ojos brillan cuando hablas con pasión de los recuerdos de él.

En ese instante del alma en el que la emoción se asoma, en tus ojos aparecen lágrimas de amor. Sin pena añoras, esperas, alegras, y a mi me llega tu verdad, serenidad.

Sueño

Sueño que, si fueras a venir, tendría que correr al encuentro de tus brazos.
Tendría que contener mis fuerzas, mis ganas de apretarte, de aferrarme a ti.
Y sin embargo sueño con un abrazo largo y sutil, estrechando tu corazón y el mío.
Y despierto entre lágrimas, porque ese abrazo tan sentido ya terminó. No fue un sueño, ocurrió.
Fue el último abrazo al decirnos adiós

Amores

Soñé amores escondido detrás de mí mismo, como si fuera mi propia sombra. Detrás de mi sonrisa muda y trabada, imaginaba coger tu mano mientras devolvías la mirada cómplice por un instante.
Imaginaba sentir un pulso coordinado, sentir un amor correspondido, alocado, como un flechazo.
Y así pase toda mi vida enamorado. Viviendo amores imaginados, musas difusas que agrandan mis sueños de amor.

Castillos en el aire

Siempre me sentí un superdotado. Aunque solo para mi, para mi intensa vida interior. Y así fui un superdotado de la imaginación. Y aún lo sigo siendo, imaginando historias imposibles, inviables totalmente.
Alguna intenté con todas mis fuerzas hacerlas realidad. Y casi lo consigo. Al final todo vino a cero, y nada quedó. Solo recuerdos intensos.
También agotadores, resintiendo la salud y los sueños.
Un campeón de la vida. La interior. Otro, perdedor emocionante de la que quedó a la vista.
No me dio tiempo a todo y se me quedaron aún pendientes algunos sueños, intentos determinados de cosas imposibles. Donde otros se rinden me gusta empezar a construir mis castillos en el aire.

Aunque, humildemente te digo, que la realidad es siempre mas aburrida, y tozuda. Y finalmente te deja colocado a tu altura. La imaginación es inmensa, infinita, indefinida y apasionante. Me deja volar, ser feliz y vivir continuamente en babia.

Afortunado

Donde estás felicidad 
donde la tranquilidad 
Busco y necesito tu compañía 
pero, mi vida, estoy perdido. 

Donde está la recompensa, 
el dinero ata y mata, 
siempre corriendo 
tras su huella maldita. 

Y sonó un disparo en mi cabeza. 
Un estallido de gritos y lamentos, 
todo se vino a blanco. 
Menos tus manos y mis besos. 

En el camino de búsqueda
aveces te pierdes sin remedio, 
temes no poder encontrar
el de vuelta a casa. 

Y mientras la lluvia empapa mis zapatos. 
Voy saltando pisando charcos, 
corriendo al encuentro, 
en el número 32. 

Todo resumido en una mirada, 
el gesto tierno de mi niño 
cogiéndome la mano decidido. 
Allí está mi hogar afortunado. 

Cuida el amanecer

Quiero que soñemos con lo que fue. Lo que pasó bonito, estuvo de diez.
No quisiera embarrar ese recuerdo fiel, la imagen de tu sonrisa, el contacto de tu piel.
Nunca voy a cambiar tus sueños, tu futuro que se abre incierto y espléndido delante de ti.
Yo ya acabé de vivir el mío, y te puedo decir que es tremendo y precioso lo que tienes por delante para ti.
Se llama vida.
Y es una colección de oportunidades, experiencias, descubrimientos, paisajes inolvidables, personas sorprendentes, colores, sabores, ocasos y amaneceres.
Cuídame los amaneceres. Y la luna en tu cielo también.
A mi no me queda tiempo. Y ese encargo lo harás muy bien.
Y dentro de muchísimos años, cuando veas atardecer, encárgale de cuidarlos a quien creas que lo hará bien.

Ábreme

No me abriste tu puerta, 
ni me abriste tu alma, princesa.
Y ahora que viene todo despacio
tan solo quiero vivir en ella.

La risa sanadora
invade mi cabeza,
¿donde estás vida mía?
no sé ocultar la tristeza.

Apenas un respiro de cristal
a tragos pequeños y seguidos,
transparentes como agua
de fuego, trayendo recuerdos
de La Habana amanecida,
perdida tras una cortina de lluvia
y miedos, sentidos al alba.
Apenas un cruce de palabras,
una mirada, un hasta siempre,
más nada.

Ábreme la puerta,
mi niña,
Abreme tú corazón,
de agua tu mirada.

Ábreme este pecho
llorando
Abreme la razón
perdida en La Habana.

El vestíbulo

Mariusz Lewandowski, Visions

Desde hace un tiempo inicie un proceso de autodestrucción masiva, consciente de las consecuencias.
Pero mi tiempo, mi vida, tal y como la conocía terminó definitivamente, a pesar de intentar todo por sobrevivir. Y dejé caer los brazos.
Sin más propósito que intentar derribar mis defensas más aguerridas, perdida la ilusión y sin objetivos, para nada quisiera estar presenciando el lento deterioro de mi pequeño mundo y de mi vitalidad.
Cercenado el alcance, asumiendo las nuevas limitaciones crecientes, deseo ser consciente de mi independencia y decidir cuando yo quiera que todo termine.
Empeñado en que nadie me necesite, se me está haciendo difícil marcar distancia, quizás el exilio del corazón sea la mejor opción.
Este es el vestíbulo de mi infierno más personal.