Imposible

¿Como vivir un amor imposible?

Después de buscar intensamente, en una ocasión cualquiera y sin aviso, vas y te topas con su sonrisa.

En plena locura, lo exploras, lo pruebas con gusto, lo enciendes, lo disfrutas, y te lo has apropiado incorporándolo a tu memoria.

Y pasa el tiempo. Y le vas conociendo. Has descubierto divertidas cualidades. Y también descubres oscuras dudas.
Dudas si vas a soportar las ausencias, la distancia, sólo con el recuerdo del placer alegre y feliz de la presencia, que siempre te van pareciendo más escasas, aunque la realidad es que pasáis más tiempo juntos cada vez.
Y siempre parece insuficiente.
¡Ah! Como traiciona el subconsciente de este amor a distancia.

... Y pasa el tiempo, y siguen las dudas. Pronto será el momento de tomar decisiones de realidad. ¿Donde vivir? ¿Como hacer sitio para acoger a tu amor y sus cachivaches, en casas ya atestadas de amor y cachivaches? ¿Cuanto tiempo pasar juntos, y cuánto libres? ¿Como poner orden en este caos?

Sentado en mi silla roja, mirando al mar, averiguando como vivir la tranquilidad de la soledad cultivada durante tiempo, y echando de menos tus abrazos.
Vivir la intensidad de tu persona, recibir sin filtros toda la luz, la actividad extenuante, sin aliento. El calor de caminar a tu lado, la interminable conversación y la curiosidad insaciable por saber de ti.

Y así, va transcurriendo el largo tiempo que nos dimos responsablemente para tomar una decisión inverosímil, que se fue volando, y que, con el paso de las tardes, parece cada vez más sencilla.

Nos queda aún tiempo para terminar de conocer la respuesta
¿Será posible vivir este amor que nos hace mejores y más felices a los dos?

Cierro los ojos. Apareces tú. Y suenan en mi cabeza los versos de una canción:


Amantes intrépidos.
Corazones dorados.
Soles y lunas,
Calmas y fríos.
Otoños perfumados.
Inviernos unidos en un abrazo.
Primaveras de luz
y caminos abiertos de veranos.

No quiero perderme
ninguna incertidumbre,
ninguna encrucijada
si en mi mirada estás tú,
plantada delante,
con tus ojos clavados en los míos.

Si en cada rotura,
en cada descalabro,
no estás tu preguntando
¿como fue?
¿y cuando empezamos
sin prisa, a repararlo?.

No me comprometes,
Me liberas.
No me atas,
me empujas, volando
por encima de las chimeneas,
navegando en aguas abiertas.
Feliz.

Y, si no te parece mal,
quisiera estar así,
aquí, junto a tí,
mientras quieras,
por siempre,
atrapando nubes,
mirando flores,
compartiendo sin prisa
el tesoro de tu risa
y sus colores.

Que pronto será otoño
y aún nos queda vivir
al calor y los baños,
el olor a mar, la brisa
los paseos tranquilos
de las noches de verano,
la pasión de las fiestas,
reír y bailar cercanos.

Imposible, … y sus colores

BUDA CERES

Ayer, con mi compi de pasos largos, nos fuimos a explorar los senderos del cerro alto donde quieren poner un Buda.
Fue un paseo corto y precioso en el Cerro de Arropé. Después de las lluvias de mayo, ahora las matas de yerbas han cegado casi la vereda, llena de piedras sueltas.
Desde el rellano de salida, prácticamente todo es en subida.
Y a pesar de todo caminamos sin parar de hablar y reír.
Me iba explicando a izquierda y derecha lo que descubríamos en la subida. Y yo, mientras preguntaba y preguntaba. Y me inventaba historias entre tragedias y comedias.
El olor intenso del matorral y de los eucaliptos, los cruces de senderos, el cortafuegos tan empinado, y las mesas y bancos de merenderos, casi abandonados.
Subidos a los miradores de madera, éramos felices mirando horizontes.
Un poblado, un par de cortijos, una pequeña cantera, la inmensidad de los llanos…
El casetón de avistamiento de aves, casi la única sombra de esa loma.

El SILENCIO.

La estatua de Buda no estaba aún. Lo están discutiendo.
Pero BUDA si que estaba allí, con nosotros dos.
A la bajada, en la intensidad de la conversación, equivocamos el camino. Mis planes nunca me salen bien.
¿Como puede ser? Me preguntabas.
Sólo deshacer un pedazo del recorrido, y escoger en la encrucijada la dirección correcta de vuelta a casa.
Como la vida misma.

Nos faltaron cuatro abrazos, y es que a veces la vida no atiende a razón….



«Y sobraron los cuatro disparos
Que con tanto descaro nos dio el corazón
Y sobraron los veinte puñales
Y es que a veces la vida no atiende a razón
Y entre sobras y sobras me faltas
Y me faltan las sobras que tenía tu amor
Y sobraron las quinientas veces que dijimos que no»

Quisiera

Quisiera ser un alma errante, eterna. 
Un pájaro libre que no vuela.
Un árbol grande, dando sombra.
Quisiera que me entendieras
cuando te escribo las notas.

Que cayera encima toda la lluvia de primavera.
Y borrara, sin querer, los garabatos de la pared.
Corazones con sentido,
flechas cruzadas como miradas
enamoradas de su destino.

Quisiera ser tan alto como la luna llena,
brillando la noche entera.
Y que no escondiera
ni una sola estrella
siquiera.

Y quisiera ser valiente para atravesar cualquier guerra,
con una palabra escrita guardada en una carpeta,
que esperaran en cada esquina,
y se leyera.

Y se cumpliera,
como un juramento.
Se cumpliera.
Se cumpliera:
AMOR

Fue

Fue un seis de mayo, a solas 
que te soñé entre estas olas.
Que te escribí por necesidad
que mi corazón necesitaba
de tu presencia, y no estabas
aquí .

Fue una mañana radiante,
después de un desayuno
sin diamantes,
pensando en cómo regalarte.
Y vino de pronto lúcida
la verdad.

Te extraño con rabia y con dolor,
me quema el tiempo, y el temor.
Si te olvidaste de mí,
en mitad de esta intensidad,
si te pensaste que fui
algo fugaz.

Mi corazón se me perdió
en medio de tu luz.
La Luna nos bañó
de plata el silencio.
Sólo escucho tu latido
en este momento.

El mío
te lo entregue hace tiempo
a ti.

Trayecto hombre

De pronto se me ocurrió que hay personas «estación».
Personas «destino» a donde llegas cansado del viaje y encuentras tu casa, tu refugio. Y te acomodas. Te acuestas a su lado, te arropas, y te quedas quieto, sin arriesgar, sin iniciativa, no vaya a ser que te saquen de ahí, y te dejen en mitad de la calle, hecho un paria, desorientado, mirando a todos lados, sin saber dónde ir. Sin destino.

Pero hay muchas otras «clases» de personas. Infinitas «clases» diría.
Así se me ocurrió que había personas » camino».
Personas «trayecto» siempre en movimiento, disfrutando del paisaje, curiosos mirando sin parar por la ventanilla que le tocó en este viaje, descubriendo paisajes que nunca podía ni haber soñado sin embarcarse en esta aventura.
Manteniendo conversación con el compañero desconocido de asiento, que va y te cuenta su cuento, y a mí me parece bien. O la señora de enfrente, a la que pides disculpas porque rozaste su zapato con el tuyo, acomodando tus piernas largas en ese espacio minúsculo compartido por cuatro pies.
Perdón ¿Esta cómoda? Es que soy grande y, de todos los pasajeros, le tuve que tocar yo. ¿Va a ver a la familia? .
No, a unos amigos que hace tiempo prometí visitar.
¡Ah, que bien! A mi me encanta viajar.
Cada viaje es de un color ¿Sabe? Debería anotarlo en un cuaderno. También cambian los olores. Los hay dulces. Y también los que apestan. (Risas)
En todos hay risas. Que curioso. Una amiga escribió que la risa es la distancia más corta. Quizás por eso se me hacen cortos los viajes.

Ahora voy a recogerla. Es mi compañera de viaje. Y de risas. Compartimos «trayecto», caminos. Hacemos planes que nunca se cumplen, y con ella no paro de inventar historias y cuentos. Algunos los dibujo.
Es mi musa.
Y con ella soy feliz.

Todas las personas, a millones, tienen derecho a que respeten su vida. Cada cual tiene la suya, y no hay a priori una buena y las demás no.
Todas merecen que alguien escriba su cuento. Y quizás que la dibujen, en su color, claro.

Disculpen mi ironía.
Y perdone que les escriba.

Mi parte

No te quiero entera, 
totalmente sólo para mí.
Sólo quiero mi parte.
Que por intentarlo,
te pudieras romper en mil.

Sólo hacerte bien.

Me gustas feliz,
plenamente fuerte.
Yo soy complaciente,
dime qué estás bien.

Que necesitas.

Y yo iré.
Hasta el fin de la nube
y me volveré
con un beso tuyo
envuelto en mi piel.

Y yo iré.
Hasta el más profundo
del abrazo fiel,
con una sonrisa
yo me vestiré.

Una noche de esas,
me enamoré.
Y ahora que te admiro,
se muy bien porqué.

Eres imperfecta,
sanadora de miel,
luchadora, inquieta.
Dime qué estás bien.

Que me necesitas.

Y yo iré.
Hasta el fin del alma,
y me volveré
con un beso tuyo
envuelto en mi piel.

Y yo iré.
Hasta el más profundo
del desnudo ayer.
Con una sonrisa
yo te vestiré.

Te quiero así.
Aprenderé.
Fdo. Tu ángel URIEL

Esperar

No siento el fracaso. 
Más bien orgullo de haber superado todas las expectativas.
Las propias y las extrañas.
Ahora que, sin nada,
comienzo a andar otra etapa
de un camino más corto,
pero igual, lleno de ganas.

Si vencido.
Cansado de luchar contra el destino,
de haber peleado contra todos,
en todas las guerras.
Pensando ahora únicamente en encontrar la calma.
Y en medio de este caos, tu alma, mi gemela.

Decidir si quedarme y esperar,
o largarme definitivamente
a la aventura incierta de nunca jamás,
donde encontrar el agua, aunque me sacie,
unos labios donde atracar para siempre,
un puerto de brazos suaves,
una cara donde mirarte a los ojos,
una casa donde recibirte,
un corazón henchido,
con todo el amor de dar.

Y mientras.....
Esperar.
Esperar
en un charco-refugio,
Al son del oleaje tranquilo
oyendo silbar como obúses,
pasar por encima
a toda prisa
para no perder el tren de vida,
a los que siguen en está locura.

La fe de encontrarte
en medio de este desastre,
me llevó a ti, sin duda.
Y, sólo con mirarme, desataste
mis ligaduras,
dejándo libre, frente al mar,
en aquel balcón de la Stupa,
el amor guardado hace tiempo.
Y mi corazón, latiendo, entregado a ti.

Más cerca

Más cerca de la oscuridad 
que de volver a ver.
Más cerca de terminar
que de comenzar.
Sin rendirme.

Y sin embargo,
no quiero perder
ni un instante sin mirar
tus ojos de miel,
ni mis dedos en tu piel.

De vivir hoy para que sea
el día más feliz de siempre.
De estar contigo
cada instante más cerca,
a la orilla de tus besos.