Soy un pájaro herido, encerrado en una jaula de junco, rodeado de todo lo que no necesito, y solo pensando en volar. Siento estar en el final de una vida de gato. Allí donde todo se acaba estás tú, amor. ¿Para que seguir luchando cada día si no recuerdas ya si estás o te fuiste? Deja escapar la imaginación, los recuerdos de la puerta abierta, de noche a la sonrisa de pasión.
Etiqueta: Conversaciones contigo
Empeño
¿Por que tanto empeño en no sentir?
¿en no ser feliz, con tanto empeño?
Se me va la vida sin apenas abrazar
a las personas que quiero.
Sin cantar bajito la canción tuya y mía.
Sin sentarnos a la mesa, a desabrochar risas,
a desnudar lágrimas de alegría
por mi, por todo, por ti.
Detengamos este tiempo
una vez más, que necesito mirar
de frente tú felicidad.
Pon empeño.
Por favor, concédeme este baile
que QUIERO (amarte)
Dejarte
Dejarte fue el último encargo que recibí de ti. Dejarte no fue fácil, ni rápido. Despues de mucho llorar, lo dejé. Pero no dejé de soñar. Soñar se convirtió en mi refugio. En mi manera de vivir. Nada real. No dejé de quererte. Ni de soñarte. Lo dejé de decir. Una forma de vivir. Una forma de morir … de amor
Nota de tu lado
Me voy de tu lado y el único que se ha enterado es él.
Es una viaje sin vuelta. Un salto sin cuerda de seguridad.
En el primer intento fallido, la Salud se resintió.
Pero la cogimos a tiempo. Fue el resultado de un abuso considerable, que me trajo de vuelta a casa.
Ahora ya no tiene vuelta atrás. He ajustado el equipaje, el alcance de cada paso; me he empeñado en aprender las rutinas necesarias, los deberes de cada día, que me alejarán de casa.
Me voy a tu encuentro. Y siento un estruendo dentro de mi corazón, como si estuviera saliendo de la atmósfera cercana en dirección al infinito.
He repasado los mapas y los tracks. Cada vez los veo más difusos e imprecisos. El único que necesito es pisar el terreno y aventurar la dirección. No voy a mirar más el recorrido, interminable e inalcanzable.
No hace falta razón, sino empeño, y lanzarse de una vez a hacerlo.
Es cruel abandonar todo detrás de ti, con lo mucho que costo levantarlo. Pero siento que ya no me pertenece ese tiempo. Es mejor liberar el espacio que ocupo y darle tiempo al tiempo.
Les hecho de menos y aún estoy aquí. No puedo nombrarlos en silencio, en mi cabeza, sin lágrimas y anhelos. Los quiero hasta doler.
Este es su momento.
Adiós, suave y despacio, sin hacer ruido, sin lamentos.
Desprenderse está siendo lo más duro. Ya no hay tiempo, ni dudas. Es el momento.
Besos.
No me dió tiempo
Teníamos tantas ganas y hacia tanto, que para ponernos al día, empleamos todo el tiempo.
Risas, nervios, la familia, el trabajo, la salud y los amigos, las cosas de casa, … Y no me dio tiempo a preguntar por tu corazón, mi amiga del alma.
Se nos pasó entera la tarde en las cosas primeras, que eran muchas, y las importantes las dejamos atrás.
Dan ganas de volver y estar un rato más. Pero me temo que quizás no habrá otra oportunidad.
Las dudas y el miedo a romper ese vaso de cristal en el que guardamos todo el peso del cariño, nos hace abandonar la idea.
Poner distancia y calmar. Una vez más.
Un “hasta siempre”. Un “sabes que te de quiero” a media vuelta cuando te vas.
Un último beso volado a cinco metros, antes de que se cierre la puerta detrás de ti.
Otro “hasta siempre”, es el final.
Y no me dio tiempo …

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Por si acaso
Por si no vuelvo, por si no puedo volver, haz como si nunca me hubiera ido.
Estoy convencido de la causa, pero no se cuando vino la pausa, y seguí como si nada, a mi manera.
Tengo ganas de terminar con esto, de veras.
Las despedidas mejor si son como un parpadeo, pero sin miedo, que es para siempre, y eso es muchísimo.
Todo este tiempo siento presente la ausencia, tan real e infinita como tocar una estrella cada noche para sentir tu latido vivo.
Y digo, por si acaso: no se cuanto más durará lo nuestro, pero mi amor será para siempre. Allí estaré para ti, mi cielo, cosido directo a tu corazón. Bordado en oro y fuego. Te quiero.

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No vas a volver, amor
Ese verano me costó mucho esperar con paciencia la oportunidad para juntarnos por última vez en torno a ella.
Lo intenté varias veces sin conseguirlo.
Después me enfadé. Y no esperé más.
Fue la primera vez que me enfrenté a la nueva realidad: la familia sin ella no era nada.
Y así fue. Ni siquiera su memoria, ni mis intentos insistentes y patéticos por recordarla en todas las conversaciones, relatando anécdotas y recuerdos continuamente, salvaron la familia, que se partió en pedazos, y perdió la esencia y la calma, que era ese pegamento que solo ella aportaba con su magia.
Lo supe, cuando aquella madrugada subía a su casa por el camino retorcido de piedras y pencas, solo, completamente solo, a oscuras, con el corazón a pedazos, y la urna con sus cenizas cogida con todo el cariño entre mis brazos. Lo supe mientras derramaba sus restos por la finca, como me dijo. Aquí un poquito debajo del algarrobo donde juegan mis niñas; allí otro poco para veros de frente cuando estéis juntos; aquí entre las piedras y los lirios que siempre florecen. Pero no se lo digas a nadie.
Lo supe cuando, después, ese mismo día bajé solo, completamente solo, a nuestra playa frente a casa; y entre lágrimas inconsolables, cuando apenas amanecía, sumergí las últimas cenizas en el agua, y una danza de olas pequeñitas me ayudaron a liberarla.
No fui capaz de cumplir algunos de sus encargos. Otros si. Pero especialmente ese último generoso, cuando me dijo SE FELIZ.
Se que no volverá. Que se esfumó apurando la vida a su estilo, con coraje y con intensidad, con una enorme sonrisa.
Pero es que, al fin, no se ha ido. La reconozco en mil cosas a mi alrededor, en mil risas sinceras, en señales que me deja por cualquiera de los rincones de la vida, y que son para mi.
Y la tengo bien guardada para siempre en mi corazón, mecida con cariño entre mis brazos.
Te Quiero, mi inmenso Amor.
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Abuelino en Camino
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Contener la luz
Llenar las palabras
de contenido,
Las palabras vacías llenarlas
con sentido,
con amor.
Encontrar el sonido
y la luz.
Encontrar la luz.
Encontrar lo que buscas.
Encontrar lo que ansias…
La paz
eres tu.

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Rara
Va pasando el tiempo sin pausa. Después de “media vida” te das cuenta de que no aceptas según qué cosas, que no renunciarías a esto o a lo otro; que tienes el corazón ardiendo pero no estás para más mentiras, o más desengaños, o más sufrimiento. Que lo darías todo, pero no apuestas nada por conseguirlo; y hasta se te escapa sin alcanzarlo cuando lo tienes a tu lado.
Perdonad que os diga, nos vamos haciendo personas raras. Muy raras.
Queremos cuidarnos y dejamos abandonado el lado más importante, emotivo y relevante de nuestra existencia: el amor.
Y dejamos de regarlo.
Yo soy así. Raro de esos.
Pero no dejaré de buscar a una persona rara que me complete.
Ya no busco corazones lisos, sino texturas.
Mírame a los ojos. Se que te encontraré, allí donde estés. O quizás ya te encontré, y te dejé pasar incrédulo y descuidado.
Pero volveré. Andaré el camino entero dos veces si hace falta, revisaré mil veces las estrellas para tomarte en mis brazos. Esperaré a que cada noche salga la luna brillante, y se disipe; y amanezca otro día para decirte, entre risas y lágrimas:
Eres mi persona rara. Una rara bella, única e increíble, amor.
Y sin remedio, sentir ese golpe en el pecho, el calor en las mejillas, la mirada brillante, y atraído irremediablemente hacia tu abrazo, acercarte al oído, susurrando, te quiero. ❤️

Solo es un sueño que no renuncio a vivir contigo.
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Sobre la arena
Sobre la arena de la playa bonita deje mis lágrimas por ti Una noche de julio Un día cualquiera Mirando salir el sol radiante abrazado con rabia a una promesa un ruego estéril Nunca me sentí tan solo como aquella mañana mientras rompía la oscuridad tiñiendo rojo anaranjado Aquel cielo de fuego Miles de días fui allí a ver amanecer otra vez Todas las que volví a ver me hicieron feliz Como predijo Sobre la arena de mi jardín de olas te prometí de rodillas Por siempre Y así estará en mi corazón









