Se me muere febrero en los brazos.
Entre fríos y vientos
algún día de calor adelantado.
Entre versos sueltos y llantos
la nostalgia hace poesía.
¡Cuanto echo de menos tus abrazos!
vida mía.
Viaje
Iniciar un viaje.
Cualquiera puede ser el último, pero este de hoy tengo que saborearlo.
Cada curva del camino, cada alto para descansar, cada mirada al infinito.
Con calma, pensando en llegar.
Disfrutar el camino más que alcanzar el destino.
Iniciar otra vez un viaje, que puede ser el último. Y que voy a disfrutar.
Propósito
Me encomendaron encontrar un propósito, que me ayudará a recorrer el largo tiempo que me auguran de vida aún. Y a olvidar. No seguir anclado en lo pasado.
Lo quiero intentar, pero no puedo prometer nada.
A veces pensar en planes a futuro, cuando no veo ese futuro, es un despropósito.
La solución está dentro de ti, me dijeron. No en tratamientos ni en ayudas externas, por muy profesionales que sean.
No paro de buscar dentro de mi. Pero ahora no encuentro más que tristeza y soledad, que combinadas hacen un vacío completo, donde, de un vistazo, te das cuenta de que no hay nada.
Nada que encontrar.
Va a ser difícil el propósito.
Mientras cae la tarde azul, rojo y añil. Y la luna nueva.
No voy a olvidarte.
Oscuridad
En un ir y venir constante, descubriendo rincones al vuelo de un instante, robada una rutina para hacerla durar. En una mirada furtiva al pasar mientras espero llegar hasta ti, a tu corazón frío, que deja siempre el mío en llamas Allí, al fondo, en la oscuridad, donde ya solo puede existir el infierno, también hay luz.
En un bolsillo
Tengo el corazón guardado en un bolsillo A veces no lo encuentro. perdido entre tanto lío. El corazón se hace pequeño cuando no me rio. Si te parece que hago el tonto, es porque tengo frío. En realidad es porque, de pequeño, el corazón había desaparecido. Tuve que hacerle remiendos de alguna vez que había crecido. Ahora lo llevo cosido a mi pecho encendido. Es mi corazón y lo llevo pegado a un bolsillo.
Perdido aquí en …
A veces me paro camino de casa y miro extrañado, no se lo que pasa. No estás a mi lado cogiendo mi mano, no veo tu cara. Desapareciste, se me rompe el alma. A pesar del tiempo pasado contigo, del tiempo perdido desde que marcharas, no encuentro la calma, te extraño a diario, el corazón partido no espera a mañana. Me siento perdido. Y mirando el cielo, suspirando en llamas. En la orilla del mar cada día me llama. El amor eterno el pecho atrapaba, digo lo que siento: Sin ti no tengo nada. Buenos días Amor Amor, amor. Perdido. Cada mañana. Déjame soñar Soñar, soñar Contigo.
… y mentí
Enredado en dar explicaciones
poco convincentes.
Y llegados a este punto,
para no perderte,
te mentí.
Era la única forma de no alejarte
definitivamente.
Y aunque la mirada
no miente,
no voy a quererte.
Entre risas y conversaciones
de confidentes,
pasamos la tarde
juntos,
sin poder apartarme.
Sin olvidar,
ni olvidarte.
Voy a desenamorarme.
Escondido tu secreto
y el mío
en cinco tortugas
y una ballena loca,
nadando en circulos
en los mares del sur,
en Tasmania
Desorden
Yannis – Tengo todo hecho unos zorros, Hilario.
Hilario – El almacen, la casa y la cabeza, claro.
Y – Si. Difícil encontrar nada.
H – Y la insistencia de la pregunta que te hacen continuamente: ¿donde lo has puesto?
Y – Cuanto añoro a mi madre, diciendo “A que voy yo y lo encuentro”.
Me esfuerzo por ordenar. Pero hay veces en que voy decidido a buscar algo, y a mitad de camino, me olvidé a qué narices iba.
Y me fastidia tanto que acabo de mal humor.
H – Hace tiempo que no se en que clase de pelea andas metido. Pero evidentemente estas perdiendo.
Y – Lo peor, esa angustia de ser incapaz de remontar y controlar la situación.
H – No. Lo peor es, exactamente, ser consciente del propio deterioro y contemplarlo como si fuera ajeno, viéndote como otra persona que ni te ve ni te escucha. A la que gritas avisándole del desastre, golpeando el cristal que os separa, pero ni se inmuta.
Taró, niebla del mar
La cabeza me estalla Esta tarde de nubes Y luz gris Me cuesta respirar No paro de pensar Y de sufrir Entraba el taró esa niebla densa del mar Lo escondía todo bajo su tul blanco sin encaje Así me despedí entre lágrimas de sal Entre sombras en mitad del mar, te vi. Amor
Yannis
Yannis Copelam es un viejo profesor de secundaria en un instituto de provincias.
Luce una poblada barba blanca, y un gesto pausado, como si el tiempo se hubiese detenido en esa persona.
Vive solo, rodeado de libros y pinturas, sus dos persistentes aficiones declaradas.
Guarda celosamente un secreto, una promesa que juró nunca desvelaría.
Y nunca desvelará.









