Un gusano me invadió dejando todo vacío. La fachada la defendí heroicamente, sin propósito aparente. Solo por vergüenza, sin darme cuenta del gran vacío interior. Ni planes a medida ni nada en consecuencia. Que importancia tenia lo que pudiera pasar. Y ahora, que reparo, nada tiene sentido si solo he conseguido mantener en pie lo de fuera. No siento nada conmigo, ni aprecio lo que vendrá. Todo se acabará con el último suspiro.
Hola Claudio
Puerta de Tannhäuser
Cerca, muy cerca de la Puerta de Tannhäuser, que vi abierta, imaginé un rayo iluminando el cielo oscuro. Y era el brillo de tu sonrisa, poniendo luz al corazón cerrado desde que no estás conmigo. En este mundo helado, siempre encuentro en el camino un fuego encendido. Y como lágrimas en la lluvia, desaparecer olvidado, al ritmo sincopado del reloj que llega a su fin. Perdido.
El abrazo
Aveces sueño
con certezas.
Como esta:
Mi padre
puso en mi ADN
un abrazo.
Lo hizo, como supongo
que también en él
lo acuñaron.
Porque nadie
abraza como nosotros.
Permítanme alardearlo.
El nuestro es un abrazo
grande, y largo.
Y suave, y enredado.
Casi siempre casto,
aunque a veces
se nos fue la mano.
Es un abrazo de amigo
es un abrazo sentido,
de hermano.
Ahora que no podemos darlos,
aparece la importancia
de este gesto para ambos.
Tanto el que da,
como el que recibe,
se cuelgan encantados.
Es una pérdida
horrible,
no podemos soportarlo.
Mi padre y yo
soñamos cada día
con ese abrazo.
Por favor.
Déjame
dártelo.
Bulerías
No sé si lo que escribo es verdad o es mentira Solo se lo que siento. Tristeza, soledad, melancolía Cosas que veo historias que invento Y que las cuento con alegría, con lágrimas sentidas, con rabia del corazón, con ironía. Y que no se me olviden, vida mía Para colgarlas en tu balcón. por bulerías.

Speedy Gonzalez, Pablo
Fue un día 30 de octubre. Yo estaba trabajando con un grupo de empleados en Nerja ese día. No recuerdo bien, pero creo que fue como al medio día que recibí una llamada al teléfono del despacho de mi cliente. “Es para ti” y me pasó el teléfono amablemente. Desde mi oficina me avisaban de que la buena noticia que esperaba estaba al llegar. Mi pequeño llamaba a la puerta. Como hoy, ese año aún no había llegado el frío y se sucedían los días soleados, radiantes, como la sonrisa y el brillo de mis ojos en ese instante. Hice un esfuerzo por calmarme y terminar la reunión. Pero cordialmente me despidieron, entre enhorabuenas y deseos de suerte, para volver a casa, al encuentro de mi pequeño. Entonces inicie un viaje al sprint, intentando llegar antes que él. Nuestra primera competición de muchísimas más que luego vendrían. Volver a la oficina, dar instrucciones, pasar por el hotel, hacer la maleta, poner gasolina, subir al coche, y a buscarle. Nunca ese trayecto de cuatro horas y media, que tantas veces he hecho, igualó el de ese día. Con la sonrisa puesta todo el rato hasta dolerme la cara, imaginando cómo sería, como encajaría con los dos pequeños en la foto de mi familia. Sería moreno, rizado, despierto y menudo, como el mayor; o rubio y de ojazos, enorme y cariñoso, como su otro hermano. Cuando llegue excitado al hospital materno subí por las escaleras, demasiado impaciente para esperar el ascensor. Se me fue el día en el viaje y cuando entré a la habitación era de noche. Estaba a oscuras. La mamá y mi hermana, que le acompañaba, las dos durmiendo. Y el bebé dentro. Una tanda de besitos tiernos, y me enviaron a dormir a casa de Eloísa y Antonio. La abuela no paraba de preguntarme ¿cómo está mi niña? Con cariño me preparó una tortilla, un baso de leche y a dormir. Ya en la cama pensé “menudo sprint; al menos no llegué tarde” . Me quedé dormido al instante, agotado. Al día siguiente desperté sobresaltado. Me había quedado dormido. ¡No podía ser! seguro que el peque ya había llegado. Corriendo de nuevo al hospital. Al llegar me tranquilizan “está todo controlado”. Una breve espera más y ya está. En el capazo ¡nada de todo lo que había imaginado! Salió pitando con ganas mi pequeño Pablo. La carita redonda, se parecía más a los Ramos. Y desde entonces este pequeño ratón lo hizo todo muy rápido. Al estilo de aquel personaje de Loones Tunes “Speedy González”, que arrancaba a correr gritando ¡epa epa ándale ándale arriba arriba! Hoy después de estos años te pido, una vez más, que tengas cuidado. Cosas inevitables de padre. Pásalo bien. Solo tu corazón es más grande que tu fuerza, ratón. Y reconozco mi derrota. Por el corazón me has ganado. 31 de octubre. Felicidades. Papá

Silencio pío
Me cortaron las manos para no escribirte ni un verso más. Para no poder decirte ni pio. En silencio completamente. Y, mientras miraba lo que antes fueron, me inundó el silencio, dejando vacío y ruido el único espacio que llenaba contigo, amor Y solo el sonido de una lágrima rompió pensamiento y oración, el silencio pío.
Alguien
Alguien nos escribió
lineas en el cielo.
Anillos abiertos
que anudaban
un principio de cadena.
Un saludo en la arena:
Felicidades por lo intentado.
Fue esta mañana,
apenas después
de haber dormido
Y luego llamaste excitada.
Ya me lo dijiste antes:
lo habías conseguido
!Volar!
Sueño sin dueño
¿Y si te quiero a tumba abierta, a pierna suelta de sueño profundo, sin tiempo? Donde mucho, que es todo pasa en un segundo, despacio, sensible, invisible tu roce, suave la brisa, tiemblo. Después el estruendo, la fuerza del viento, el abrazo más intenso enredados los dedos, tu mano en mi pecho. Si solo recuerdas el último instante, el beso, sin dueño. Si sueño y despierto vacío, echándote de menos.
Te quiero
Hoy quiero escribir te quiero como despedida. Es fácil decirlo para quedarse, mi vida. Es natural sentir te quiero sin distancia. Enredar mi mano en tu pelo con paciencia. Sentir anhelo a un minuto de tu ausencia. Si respiro tu aire en mi cara en un abrazo. Sin perder un minuto tu mirada en cada beso. Pero hoy no, no es eso. Es silencio. Me alejo. Y te quiero, al final, fue cuchillo hundiéndose en mi pecho.









