Mi vida, hasta siempre

Mi vida es un relato de un gran acierto, mi familia, y muchos pequeños fracasos. Hasta hoy.

Sé que el día que encuentre mi paz, mi verdadero sentido, moriré. Moriré de amor. Encantado moriré, por fin.
Desahuciado, devastado, exhausto, abrasado por el desgaste de la lucha, pero inmensamente feliz.

Y moriré feliz de no haberte perdido, de no dejar de sentir tu latido, tu fe en mí.
Espero no haber defraudado, una vez más. 

Diluido en el mar, más allá de la orilla convexa, donde se acuna la belleza, y la luna se posa, dulce e indolente, mientras su brillo se refleja en el agua, y en tus ojos una lágrima que anuncia el fin.

Hasta siempre, amor.
Siempre te busque, siempre te viví.


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A propósito del género

Lo juro.
No he seguido la “docuserie” de #RocioVerdad12 de _o _sobre Rocio Carrasco y su verdad, todo en relación al maltrato y violencia de género. 
No opino de este caso concreto, ni valoro la veracidad e integridad, ni las presunciones de inocencia o responsabilidades de ese caso.
(Me repugna en exceso cualquier caso de violencia, sometimiento, intimidación o discriminación infringido a cualquier persona, y especialmente el daño a la infancia)

Y, a pesar de la cercanía familiar y cariñosa a una persona que participó en la docuserie, leo extrañado que “el feminismo salva vidas”, “si todas las mujeres nos apoyáramos unas a otras seríamos imparables”. 
Siento estar muy muy lejos de estos argumentos. No de ahora, desde siempre. 
Importan las personas. Lo que más. Solo importan las personas.  

Las personas educadas libremente, con independencia y autonomía, agrupadas o individualmente, son capaces de cambiar las cosas por difíciles o imposibles que parezcan, erradicar los malos comportamientos y corregir las situaciones de abuso, injustas o inmorales. 
Estoy de acuerdo en que, si quieres cambiar una situación injusta o inmoral, una fea costumbre, un mal hábito socialmente establecido, además de estar plenamente convencido y personalmente comprometido, debemos buscar la unión de todas las personas posibles, para que el cambio sea realmente efectivo. 

Educar en casa, en el cole, en los actos sociales, o en la intimidad, es enseñar hábitos y conductas respetables, es decir, enseñar a respetar, a compartir, a ayudar, a ceder, a pedir ayuda, a aceptarla. Y todo con sencillez y normalidad. 
Y así debe ser. Y así será. 

Pero, en todo este largo razonamiento, no ha aparecido ni una sola vez “el género “ como elemento. Y es que es irrelevante. 

El error y el coste tremendo de esta lucha “de género” está precisamente en ese enfoque de género. 
Creo imposible superar la desigualdad de la mujer defendiendo el “feminismo”, contraponiendo poder machista a feminista, empleando términos como empoderar, y reclamando la unión de TODAS las mujeres en esa lucha contra la sociedad, el lenguaje, las ciencias o la literatura infantil, exigiendo todo tipo de cuotas compensaciones y demás que distingan a la mujer. 
Y estoy convencido de la imposibilidad, porque los hombres y las mujeres, todos distintos, son PERSONAS, que en su condición de personas tienen la libertad de pensar y decidir, y el criterio para escoger lo que quieren. Esa si es la lucha. 

Por ejemplo.- De tú mejor amigo, sea una chica o un chico, lo importante será que es TU MEJOR AMIGO.

Pero no depende de mi género y de tu género. Depende de ti y de mi. 
Ese es el gran compromiso. 

Lo he dicho mucho antes de hoy: este es el siglo del womanpower. Y lo es porque los conocimientos y la educación se han globalizado sin sesgo de género. E irrumpen numerosas personas nuevas, con nuevas ideas y compromisos sin importar el género. Aunque llame la atención que sean muchas más mujeres, donde antes no había ninguna. Pero el valor no es que sean mujeres, sino el talento, la formación, los conocimientos de esas personas.

Mi padre maestro y mi madre maestra, nos enseñaron esto. Y ellos fueron aprendiendo también en este proceso, superando roles y estereotipos sociales y familiares, fuera y dentro de casa. 

Teach your childrem, mi canción preferida (de CSNY) habla de enseñar a tus hijos y a tus padres, y aprender de tus hijos y de tus padres.

Educar en casa, en el cole, en los actos sociales, o en la intimidad, es enseñar hábitos y conductas respetables, es decir y enseñar a respetar, a compartir, a ayudar, a ceder, a pedir ayuda, a aceptarla. Y todo con sencillez y normalidad. Y así debe ser. Y así será. 


Perdone que le escriba 

Que me avergüence esta imagen es estar en la dirección correcta

Mis padres

Mis padres me dieron la vida.
Y una infancia feliz.
Puede parecer poco, o normal, pero es una fortuna incalculable. Me dieron un hogar, el sitio donde volver.
Un lugar seguro, alegre, lleno de música y de libros, lleno de historias y cuentos contados en corrillo, de canciones en el coche, de dulce de membrillo y chocolate en la merienda, de caja de naranjas y bocadillo de chorizo. 
De discos de vinilo, dormitorio con literas, de olor a libros de historia, a cocina, a lo hacemos entre todos, a tardes de sábado de película, al galápago de la cochera. 
Ya de muy mayor, y reconociendo sus defectos y sus manías, el amor que les tengo es ciego, inmenso, es devoción profunda, es alegría.
Son un cielo. El mío.



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Agota

Vivir agota.
Agota mucho si decides por tu cuenta vivir intensamente, sin freno, durante mucho tiempo.

Llega un momento en que sientes el peso de todo en la espalda, la falta de fuerza en las piernas, la visión nublada por la debilidad súbita, y el anhelo de parar, estar tranquilo, respirar. 

Pero es tan corta la vida, que no quiero permitir que se me escape, que no quiero olvidar lo prometido, que no quiero seguir perdido buscándote.

Te encontré.
Te encontré en la razón de seguir vivo, en el deseo de la próxima aventura, la última, lo prometo, hasta la siguiente.

Pero en esta voy a poner todos los sentidos y alma entera, para disfrutar como siempre de aquella manera, sin dejar de subir ni un peldaño de esta escalera, si entrando a la casa y en el balcón, estás tú, Luna llena. 


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Primo

La suerte de una familia tan grande está en los primos.
En la infancia compañeros de juegos, de aventuras, de interminables partidos con la pelota. De piscina de verano, de viajes. Y, como no, de comidas y fiestas.
Hermanos de leche, de peleas y castigos, de aventuras y de juegos.  
Con algunos crecí, compartí amistades y proyectos. Y vivimos trabajo y sueños.  
A todos les aprecio con cariño. De todos recibí aumentado lo que vivimos.  
Siempre hay entre ellos alguno con el que me sentí mas unido. Y al pasar del tiempo, te das cuenta que fue el más grande en cariño, el mas parecido, sensible, capaz de compartir lagrimas de alegría y de pena, de llorar con sentimiento y el corazón encogido. De reír sin parar, de hacerme sentir como en casa, incluso cuando los caminos se dividieron.  
Y cuando pienso en mis primos, es el primero que aparece, con los ojos y recuerdo.
Y con él vienen todos representados.  
Todos mis primos son Nacho, pero como Nacho no hay ninguno.
Y a todos les quiero mucho.

¡Que ganas de un abrazo!





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Por si acaso

Por si no vuelvo, por si no puedo volver, haz como si nunca me hubiera ido. 
Estoy convencido de la causa, pero no se cuando vino la pausa, y seguí como si nada, a mi manera.

Tengo ganas de terminar con esto, de veras. 
Las despedidas mejor si son como un parpadeo, pero sin miedo, que es para siempre, y eso es muchísimo. 

Todo este tiempo siento presente la ausencia, tan real e infinita como tocar una estrella cada noche para sentir tu latido vivo. 
Y digo, por si acaso: no se cuanto más durará lo nuestro, pero mi amor será para siempre. Allí estaré para ti, mi cielo, cosido directo a tu corazón. Bordado en oro y fuego. Te quiero.



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No vas a volver, amor

Ese verano me costó mucho esperar con paciencia la oportunidad para juntarnos por última vez en torno a ella. 
Lo intenté varias veces sin conseguirlo.
Después me enfadé. Y no esperé más. 

Fue la primera vez que me enfrenté a la nueva realidad: la familia sin ella no era nada.

Y así fue. Ni siquiera su memoria, ni mis intentos insistentes y patéticos por recordarla en todas las conversaciones, relatando anécdotas y recuerdos continuamente, salvaron la familia, que se partió en pedazos, y perdió la esencia y la calma, que era ese pegamento que solo ella aportaba con su magia. 

Lo supe, cuando aquella madrugada subía a su casa por el camino retorcido de piedras y pencas, solo, completamente solo, a oscuras, con el corazón a pedazos, y la urna con sus cenizas cogida con todo el cariño entre mis brazos. Lo supe mientras derramaba sus restos por la finca, como me dijo. Aquí un poquito debajo del algarrobo donde juegan mis niñas; allí otro poco para veros de frente cuando estéis juntos; aquí entre las piedras y los lirios que siempre florecen. Pero no se lo digas a nadie.

Lo supe cuando, después, ese mismo día bajé solo, completamente solo, a nuestra playa frente a casa; y entre lágrimas inconsolables, cuando apenas amanecía, sumergí las últimas cenizas en el agua, y una danza de olas pequeñitas me ayudaron a liberarla. 

No fui capaz de cumplir algunos de sus encargos. Otros si. Pero especialmente ese último generoso, cuando me dijo SE FELIZ. 

Se que no volverá. Que se esfumó apurando la vida a su estilo, con coraje y con intensidad, con una enorme sonrisa.

Pero es que, al fin, no se ha ido. La reconozco en mil cosas a mi alrededor, en mil risas sinceras, en señales que me deja por cualquiera de los rincones de la vida, y que son para mi. 

Y la tengo bien guardada para siempre en mi corazón, mecida con cariño entre mis brazos.

Te Quiero, mi inmenso Amor.



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Un poquito de desorden, por favor

Creo que cada uno nacemos con un «estilo» de hacer y de pensar. Es como la tendencia. Una gama de colores, un tipo de música, sombrero o gorra, callado o hablador…

Cuando vamos creciendo puede que te ayuden a aprender como te vas a desarrollar, a cultivar tus virtudes. Pero en ti ya venía gravado tu paciencia, calma, curiosidad, lentitud, determinación, tozudez, sensibilidad, afinación, mal humor, fuerza o locura. Así como en otros viene la impaciencia, la velocidad, el instinto o la inteligencia; contralto, bajo o tenor; aun siendo muy cercanos, incluso hermanos, todos distintos. 

A mí me gustó cada vez tener todo ordenado, planeado y previsto. Mi tío Antonio me tenía bien calao. Un día en su casa, mientras le explicaba que íbamos a hacer un viaje improvisado, me contestó entre risas: …como lo tengas previsto

Todo previsto siempre, los tiempos de viaje, las paradas, los sufrimientos y las alegrías, la compañía y las ausencias. Y por si todo fallara, al menos otro plan alternativo. 

Pero esa locura ya se me pasó. Ahora estoy desaprendiendo, intentado acostumbrarme a lo contrario. A vivir un viaje imprevisible, una aventura al descubierto.
Una cura de humildad.
A poner en mi vida un poquito de desorden, por favor. 



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De luz

En un mes de agosto, pasado ya los calores, de madrugada temprano, con olor a flores y roció, de un ser de luz, entre risas, viniste tú. 
Nunca nadie antes había concitado tanto amor, tanta dulzura y felicidad a su alrededor. Viniste a unirlo todo a darle sentido. Te podíamos haber llamado Amor. 
Has crecido, te has hecho guerrera, sin dejar de ser cariñosa y gentil. 
Mi rubia peligrosa, como tú madre no pierdas nunca tu genio, que es la risa. 
Siempre con miedo de que te hagas daño, mi niña preciosa, pero me has demostrado que puedo confiar en ti. 


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