Informe de daños

La primera etapa reina. 
Todos los objetivos incumplidos: más de treinta kilómetros, por carretera, terreno durísimo, agotado, obcecado con llegar al final de etapa, fin de etapa en alto, exceso de peso también en el equipaje, hiperpendiente de RRSS y mensajes, sin batería, sin agua…

Dolor costal izquierdo punzante. Molestia por carga en hombros. Nivel de estrés máximo. Ansiedad controlada. Rendición.
Pido auxilio y rescate. Abortamos el plan A.

A la espera de decidir si paso por urgencias para consulta de dolor y recupero en dos días, y seguimos, o cancelamos. 

Aprendido la diferencia entre la belleza poética de un plan maravilloso, y la tozuda certeza de la realidad. Ahora toca mediar entre ambos estímulos y desgastes. 
No por mucho caminar se llega más temprano. No hice caso y perdí.

Le di la espalda a la humildad. 
Los excesos se pagan. ¡Anda que no! 
Pero vengo a aprender a disfrutar.







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Inesperado

Con todo organizado y cerrado, se coló a última hora en el agujero. El ratón. 
Valiente, menudo, inquieto hasta la extenuación.
Nunca rehuye el envite. Siempre compitiendo. 
Heredó de su madre su carita, su paso coordinado, su coraje y sus ojos morenos. 
Creció con sus hermanos, a su lado, de igual a igual, aún siendo el pequeño. Siempre, siempre compitiendo. 
A un paso del baile, eligió baloncesto. Siempre me ganó en todo. 
Constante, espléndido, divertido, y un corazón IN_MEN_SO. 


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O si, o su, o se. (Encerrado)

Ojalá encuentre escondido mi destino, y me sorprenda.
Lo suficientemente loco como para intentar un sueño.
Y lo suficientemente cuerdo para alcanzarlo.

La determinación viene de la mano, el impulso de la locura.
La frustración más amarga, la traición. El engaño de mi vida. 
Pagar con egoísmo lo que di con generosidad.

Desafiar el límite letal arriesgando todo lo que recibiste con bondad y esfuerzo. 

Entonces, no te queda nada.
… y lo quiero todo.




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De regalo

Llegó a mi en un pack de regalo.
Una sorpresa.
Nos unen lazos que no son de sangre. A veces tiramos del lazo, cada uno para un lado, pero ese lazo es irrompible. Es parte de mi para siempre, representa la parte más feliz de mi vida, con la familia a tope y creciendo.  
Dos perlas, como hoyuelos, rodean su sonrisa, y son lo que más quiero, porque enseguida me llamaron “elo”.
Dos perlas de luz y fuego.  


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El sendero

Sendero es el lugar del universo donde puedes contemplar el silencio con calma. Para luego escuchar el ruido de tu alma propia. Y enfrentarlos. 

El Sendero está cerca, pegadito a tu mano, y te envía lejos al lado de las nubes. 

El sendero tiene doble sentido. Te lleva a la vera de tus pasos cansinos y vuelve, a veces, con las prisas del tiempo perdido. 

El sendero rompe tus planes concebidos, te impone su ritmo, frena en seco tus prisas, te empuja si llegaste, pero no era el destino.
Te desnuda de compromisos, te vacía la agenda. Te transforma en salvaje, te hace humilde y agradecido.

También el sendero puede perderte en un cruce de caminos al que te enfrenta sin señales y debes escoger por instinto. Ni lo dudes, lo seguro es que equivoques el destino. 

El sendero adelgaza tus excesos, dejando lo imprescindible como equipaje de este vuelo. A lo largo de su trayecto vas dejando el rastro superfluo.

Puede que no lo creas, pero el sendero te hace propietario único del dolor, el cansancio, de las dudas y las heridas. De los éxitos y fracasos. Imposible compartir nada, ni los miedos. 

El sendero me lleva a no verte, mientras te contemplo. A sentir olores tan diferentes que solo recuerdo el tuyo. En el brillo del horizonte, a poniente, ver tus ojos y llorando los míos. 

Conseguí guardar tesoros. Y ahora que no tengo nada, el sendero me enseña el valor de lo que tengo. 

¿Y todavía preguntas porque el empeño en esta locura? El aire que ahora necesito está caminando el sendero oculto y desconocido. El miedo en la noche oscura. El silencio es el latido de mi propio corazón, desacompasado. La luz de amanecer, es la sonrisa. Y él hambre, la soledad infinita. 

¿Porqué no decidí antes empezar este sendero, donde totalmente solo me perdí, y ahora me encuentro? 

Todos me dicen espantados que es una locura. Y la locura era no hacerlo. No saben que para secar heridas y curar es mejor andar el sendero.


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Si yo fuera rubio

Fue el siguiente.
Una persona diferente, bellísimo, tranquilo, todo de gran tamaño, y el corazón también.
Con vocación de hermano mayor. Porque a veces el hermano mayor no es el primero en nacer.
Siempre tranquilo, siempre a su bola, metódica, me encanta verle suspirar, armarse de paciencia hasta los dientes.
Siempre sentí como observaba, nunca le dije nada.
Compartimos el gusto interminable por los motores y los autos, por la guitarra, … y tenerlo todo ordenado. 
Mi cachorro, el rubio, el preferido de Eloísa, su abuela. Una persona noble espectacular. El más grande. 


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Estar aquí

Hola Hilario: 

Estar aquí es un impulso, una determinación, a veces inconsciente, rutinaria. Pero, aún así, necesita un poco de esfuerzo por mi parte.

De vez en cuando, últimamente, pienso en las razones que tengo para hacer ese esfuerzo. Y no encuentro razones.
Solo el instinto y la rutina.
Es como dejarte llevar por la inercia, la velocidad que traías de hace mucho y que te sirve en estos momentos de más agonía. 

No me interesa nada qué va a pasar mañana. Ni el mañana de mañana. Cada día esta idea alumbra con más fuerza en mi cabeza. Para mi es inevitable y recurrente. 

Descuida. No pienso en la muerte. Ha dejado de asustarme. Tengo dudas, es normal.
Pero mis dudas van más hacia el sistema de creencias: ¿habrá “algo” más allá del último suspiro? ¿Me encontraré entonces con todos los seres perdidos? ¿Estará ella allí? ¿Y si no está? ¿Y si no hay nada? 

Porque puede que la eternidad con la que soñamos solo sea un segundo de tiempo, quizás menos, un milisegundo intenso en el que pase toda tu vida por delante, y comprendas lo que perdiste en ese instante.
Y se acabó. 

Si fuera así, tampoco me tortura esa posibilidad, sería igualmente oportuno el final de mi vida.

Es fácil dejar la decisión en manos de otros, humanos o divinos. Mátame, que yo no puedo. Hasta que Dios quiera. Doctor no me haga sufrir más.
Son frases que he escuchado repetidas muchas veces, y todas llevaban implícito la imposibilidad de afrontar ese momento por uno mismo, así que mejor que lo hagan por mi. 

En este momento vital he perdido la ilusión y la fuerza necesaria para mantenerme vivo. No es urgente, ¿sabes?. Pero es definitivo.

No se que pinto ya en todo esto, que mal hago si me esfumo y desaparezco.
Por el contrario, valoró el peso del que libero si me extingo en un momento. Y con eso me convenzo. 

Es algo meditado. No es un impulso de un momento. Digamos que me va llegando pausado, como las olas del mar en calma, suaves y delicadas con su tiempo.

Un pensamiento que me va tiñendo, despacio, con la pausa constante necesaria para inundar de ese color todo el terreno. Huele suave a ron y miel. Apenas perceptible si no estás atento. Y yo estoy atento. Y feliz.

En ningún caso me revelo contra ese momento. Casi que lo disfruto y pacientemente lo espero. 

Estoy cansado de luchar. Llegue a este momento extenuado por el esfuerzo. Viví con intensidad y violencia, a toda velocidad. Y ahora se que mi vida no da para tanto, y pago con dolor, el derroche generoso y espléndido. 

No me quejo. Es que creo que si te quejas expresas tu deseo de detenerlo. Le cuentas a otros lo que te viene por dentro, por si encuentran remedio. 

No me quejo. Solo espero que sea rápido ese momento, que no se demore en el tiempo y crezca infinito para mi y los míos el sufrimiento. Eso no lo quiero. 

Y mientras, no pierdo el tiempo. Apuro cada instante como si fuera eterno. Me lanzo cuesta arriba a encontrar algo nuevo, algo bueno, que no me dio tiempo a verlo todo, a sentirlo bien adentro. 

Ahora decidido a este loco intento, comienzo a andar el camino con pausa, y tomado desde lejos. Prescindir de lo lógico y cómodo, y lanzarme a perder el tiempo, a estirar el cuerpo y las fuerzas.

A buscar, por si encuentro.
Que no quiero perderlo, sea lo que encuentre efímero o eterno. 

Abuelino en Camino

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Corazón Sito

Fue el primero. El primero de esta saga.
El primero que me hizo estallar el corazón en mil pedazos de alegría. Y aún lo hace.
Fue el primero en andar, el primero en hablar y cantar, y contar cuentos como el de la “concuriquiña” que le enseñó la abuela Choni, mientras no le perdía detalle con su carita redonda, sus cabellos rizados y su boquita de fresa. 
Me mantiene unido por una mano fuerte, como una maroma, atracado a puerto. 
Es todo sensibilidad, de cristal, duro y frágil, y su color es rojo, y enorme como su abrazo. Como su corazón generoso.
Porque Sito es todo corazón. 



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