Mañana partiré

Cuento Sultana de Istanbul

Acepto sin duda el encargo, como si fuera un contrato sin fecha de retorno.
De aquí parto mañana en busca de cumplir lo prometido y triunfar en este reto.

Si regresara herido, incluso si no regresara, debéis saber, mi señora, que me hacéis mejor con vuestros consejos. Y que nunca dejaré de amaros, respetando, de antemano, la decisión soberana que toméis, mi Sultana.

Rendiré por siempre mi espada ante vos. Vamos a vivir esta como si fuera la última vida.

Con los ojos cerrados. Traf

Con los ojos cerrados 
veo el mundo de colores.
Verdes, morados,
anaranjados.

Varias ramas desprendidas de los árboles,
volando en el aire mecidas.
Y las olas, crecidas,
se estampan a la orilla de la playa.

Con los ojos cerrados
no hay distancia.
Imagino tus mejillas
aquí pegadas.

Tus manos en las mías,
preguntando, aferradas,
¿dónde está la silla?
¿dónde la ventana?

¿Dónde está tu pecho
que me sirve como almohada?
¿Dónde la cama?
¿La dulce calma?

Con los ojos cerrados
no hay distancia
Los pasos medidos
a compás de la danza.

Con los ojos cerrados,
tu rostro son las yemas de mis dedos,
la curva de tu espalda,
decir que te quiero.

Con los ojos cerrados
no hay distancia.
No hay sonidos.
No hay nada.

Sólo deseo,
el tiempo parado.
Respirar profundo.
La calma.

Sólo un abrazo,
largo, pausado,
de los que curan
el alma.

A tí

Líneas en el cielo azul 
que se cruzan en dirección a ti.
Nunca me sentí tan seguro
que al abrigo de tu abrazo.

Tu mano en la mía.
Tus ojos profundo mirando.
Preguntando si esta vez
no será mentira.

Mi más y mejor amiga
¿Cómo hacer borrar las dudas,
desaparecer la amargura
de viejas y antiguas heridas?

Amanecerte mirando
tu rostro sereno en la almohada.
Feliz sueño de madrugada
cumplido regalo de un beso.

La Respuesta

Cuento Sultana de Istanbul

Mi querido Capitán:
Siempre fuiste un fiel luchador, humilde y triunfador.
Ganador de éxito. Reconocido.
No te abandones a la tristeza, o te vencerá.
Noto desesperación en tu último mensaje.
Acepta de verdad, como dices, tu misión como un reto, y no dudes en el intento.
Para no defraudarnos ninguna expectativa, no esperes nada. Yo tampoco esperaré nada de estos tiempos.
Entrégate a tu tarea con total dedicación. No te guardes nada, y triunfarás. Vive la vida como si está fuera la última, feliz.
Por mi parte igual haré.
Y el Hacedor dispondrá que futuro nos depara.

Cuida tu espalda, y defiende con interés las heridas de cara.

Siempre esperaré con felicidad ver entrar a tu caballo en la explanada de palacio, trayendote de vuelta.

Sin cabeza

Cómo pollo sin cabeza, dando pasos sin sentido.
Y en la mitad del camino, como siempre cabeza abajo, en el suelo, abandonado te encontré, querido zapato.
Ningún príncipe ni rey atribulado vendrá a buscarte, para así darte un destino fantástico.
Yo te recogí al paso, y te guarde en mi bolsillo, minúsculo zapato.
Sólo para inventar un pequeño cuento, una historia sin pasado.
Se que te perderé en mitad de mi universo atestado. Pero te recordaré en este pequeño post, que dejaré para siempre aquí colgado.

P.D. Dedicado a esa inmensidad de insignificancias a las que no damos valor

Destino

Cuento Sultana de Istanbul

Cuántas veces achacamos al destino la dirección de nuestro viaje, incluso el final.
Cada cual tiene su camino trazado, dicen.
Podemos desviarnos en un cruce, para retomarlo un poco más tarde.

Cada uno, en función de su bagaje, de su condición y de su linaje, va trazando su historia, que se cruza con otras en un tramo de su recorrido, como nos pasa ahora.

Pero puede que esto no dure. Que el tramo compartido parezca poco, y que mi destino me envíe al frente, lejos de ti.
La frontera está en llamas eternamente. Defender el territorio de quienes continuamente nos invaden, parece mi última misión.
La acepto con honor, aunque me separe irremediablemente de la corte.

Allí, a tu lado, viví sin duda los mejores tiempos, y en el corazón llevo tatuado tu insignia, que defenderé con mi vida.
Si el Señor de las almas quisiera, volveré cerca de ti, esperando que tú senda y la mía coincidan afortunadamente.
Pero temo que los riesgos de la empresa que acometo, y el desgaste de las fuerzas cada día, nos alejen sin remedio.
No estés triste nunca. Ten por seguro que juntos vivimos una historia de cuento, que será siempre eterna.
Hasta pronto, hasta siempre, hasta nunca. El Hacedor dispondrá.
Tuyo por siempre.

El Capitán de tu Guardia.

Alejados

Cuento Sultana de Istanbul

Hay días, cuando te alejas, que presiento alegre tu misión.
Ocupando en la tienda tu tiempo en las tareas más urgentes, ayudando a la gente en su conversación.
Aveces, imagino, te desplazas a caballo hasta el mismo lugar donde nos vimos. Y a pie recorres con paso decidido las calles, atendiendo los asuntos de tu agenda.
Alguna vez tengo envidia de tu criterio sin fisuras, y aprecio infinito la limpieza de tu mirada, tu dulzura.
Ser de luz, corazón sensible, poderoso compañero de armas, que juraste defenderme y auxiliarme, ven a mi, acércate que te extraño el abrazo.

¿Cómo no hacerlo?

Cuento Sultana de Istanbul

Cómo no quererte.
Cómo guardar en secreto.
Disimular los gestos de la cara
al mirarte fijamente.

Cómo no pasar miedo,
si el temor a perderte
me atenaza la duda,
que se desvanezca este cielo.

Y vuelvan las tormentas
azotando el mar de hielo.
La soledad más completa,
sin tu calor en mi pecho.

Sin ataduras, sin compromiso.
Sólo sitiendo la ternura
de tu mano en mi espalda,
abrazo refugio, paraíso entero.

Cómo no quererte,
si me has devuelto a la vida,
la risa, la ilusión de ver mañana
amanecer, envuelta en mi camisa.

Ya no llegan barcos
a través de mi ventana
de la Mezquita MOLLA CELEBİ.
En FINDIKLI, el puerto de Istanbul.

ODIO ODIAR

Odio el trabajo que hice. 
Odio la misión que acepte.
Odio la distancia. 
Odio mi ceguera. 

Odio al cobarde matón, 
Maricon de mierda. 
Que abusa de un niño, 
y no se atreve con la verdad. 

Odio ser pamplinas.
Discutir de la grandeza, 
de objetivos enormes.
Y no ver de cerca. 

Odio el horror
que me infringieron a sabiendas
Odio mi dolor, mi camino,
mi certezas falsas. 

Odio dudar, odio caminar. 
Odio mi vida. 
Odio mi tristeza, estar cerca. 
Odio odiar.