Carta de amor

Dejaré de escribir, dejare de respirar. 
Empezaré a leer a otros, a mirar. 
Quiero salir de tu lista de gilipollas, 
que solo te llaman para follar. 

Quiero desaparecer, hacerme invisible, 
dejar de ocupar un sitio en este espacio 
reducido e imprevisible, 
donde estalla el llanto y la rabia 
rompiendo el espejo de magia, 
donde te mientes si te miras. 

Hacer sitio en tu vida 
para que la verdad aparezca 
llena de la felicidad que mereces 
y que sin más llama a tu puerta 
luciendo los colores intensos 
de tus sueños, de tu ojos, de tu alegría. 

Y esperaré solo a que me llames 
cuando eches de menos ese abrazo 
esos besos, esa lucha de cuerpos entregados 
ese cariño, esa paz de rozar tu piel 
con la punta de mis manos, 
sin prisas, sin descanso, 
detenido el tiempo, 
caricia interminable. 
Los labios, los ojos abiertos, 
serenos, mirando. 

Opinión.- La Lista de Putin

Este señor, al parecer aún Presidente de la República Federal de Rusia, ha elaborado una lista de territorios hostiles.

Supongo que, desde la razón que tiene pérdida, quería decir exactamente, hostiles con sus fanáticos seguidores imperialistas y con él mismo en persona, más que con su país y sus gentes, a las que mantiene engañadas y en precario. 

Pues bien, desoyendo los consejos prudentes de las personas que me quieren, he decidido solicitar a este patan engreído que me incluya en su lista de personas especialmente hostiles con él y lo que representa. 

Puedes pasar miedo, es normal. Pero es insoportable pasar vergüenza ante la masacre y el alarde de fuerza desmedida contra seres humanos pacíficos avasallados con violencia en sus casas, en su hospital, en su escuela, en su ciudad. 

No es heroísmo. Es una necesidad vital, eso que llaman dignidad. 

Si los dirigentes y políticos creen que no debemos poner en riesgo la economía, la geopolítica, y no se que oscuros intereses que no entendemos los humanos normales, y mejor no entenderlos. Si eso es así, no merecen ostentar los cargos y responsabilidades que poseen. Sencillamente no me representan. 

La dignidad, los valores, los principios, y sobre todo, la vida de un solo ser humano, merecen oponerse enérgicamente y avisar de que han trasgredido la última línea roja. 

Señor Putin, le ruego me incluya en su lista de personas que les son especialmente hostiles. 

Estoy con la mayoría silenciosa sometida rusa, pero hoy grito: 

¡¡Todos somos Ucrania 🇺🇦!!

100 kilos

100 kilos de dolor en el costado, apretando hasta lo malo, simplemente no hacen posible vivir. 

Ahora el olvido borra todo de mi cabeza; tan solo la tristeza se instala con comodidad. 

Únicamente me queda una mueca en la cara, y la mirada perdida buscando un imposible en el horizonte más lejano, intentando en el pasado descubrir lo que perdí y ahora… no me acuerdo de ti. 

Azotado por los pulsos dentro de una campana ensordecedora que solo yo se que existe. Las lágrimas no me dejan. El sueño se presenta irreconciliable en mi cama, hasta que, de noche aún, salto a la playa a ver salir el sol cada mañana. Y no lo cambio por nada. 

Ya lo dije.

100 kilos de dolor en el costado, simplemente no hacen posible vivir. 

Y con todo, 

                      Te Quiero. 

Por última vez: La República de la Tierra

Definitivamente, por última vez promulguemos entre todos una ley que prohíba la ignorancia, los caudillos cuales quiera, la arrogancia, la violencia, … LA VIOLENCIA.

Que la única verdad sea el pensamiento libre. 

Que se extienda el gusto por las artes y las letras, y las ciencias, todas sometidas a respetar y mejorar nuestra tierra, esa nuestra casa.

Que los únicos bombardeos sean de café y risas, Que el poder sea de todos y el futuro elegido por todos (esto ya está inventado, pero no siempre bien ejecutado. El Senado).

Que se prohiban las ideas imperiales y los imperios, y los emperadores egoístas y opresores. Todos basados en “conquistas”  y terminan siempre con horrores. 

Que la edad de ORO sea la infancia, y los maestros Sabios pacientes y libres de cátedra, que cultiven la lectura, el estudio, la alegría y el juego, que respeten el individuo, pero el grupo es el que decide. 

Que se premie el esfuerzo y el éxito, y se respete a quien no quiera nada, pero que no tenga nada, así que cada uno tenga su recompensa. 

Que se respete la memoria y la historia. Que sea patrimonio de toda la humanidad. 

Que el mayor delito sea la VIOLENCIA. Nunca consentida e inmediatamente apartada. 

Que la competencia, la lucha y la victoria sea exclusivo de los juegos y de las olimpiadas

Que cada cual sienta el orgullo de pertenencia, su bandera y su patria, e inmediatamente instauremos con la voluntad y eficacia la República de la Tierra y de la especia humana. 

Niños de Ucrania. imágenes de prensa

Opinión.- Poder sinvergüenza

Hoy, a las cinco de la mañana un joven peruano desde Ucrania anuncia el comienzo de la guerra.

El poder, la ambición, el ejercicio obsceno de la maquinaria apisonadora de derechos ajenos, la presión del caudillo hacia todos, proyectando el miedo.

Una vez más. Una más que se repite la estupidez humana, para la que no tenemos vacuna, y que, emboscada, se saltó todas las alertas hasta declarar la guerra.

Una guerra en la que veo el horror de jóvenes, casi adolescentes rusos, ucranianos y del resto del mundo, aplastados frustrando definitivamente sus vidas en una guerra que no es la suya, empujados por ancianos caudillos ensimismados, de venas hinchadas de prepotencia y autobombo, manejando un poder que no les pertenece, destruyendo lo que costó generaciones levantar, y sacrificando un futuro que no verán. 

¿Porqué?

Paralelamente perfecta

La mente es perfecta.
Eso me han dicho más de una vez.
Y sin embargo, a veces te juega malas pasadas. Te aprieta, te exige, te encuentra tus límites.
Y escúchame: si te encuentra tus límites y los pasas, te rompes.

Y a continuación la mente pasa por encima de ese destrozo, y continua apretando y exigiendo más, mucho más.
Alguien me dijo: no luches contigo mismo, porque perderás.

Rompe tu equilibrio, ese del que has estado tan orgulloso de mantener siempre, curtido en mil batallas, superando dificultades cada vez.
Pues ese hace aguas. Y claro, te hundes.

Empiezas a disfrutar de miedos insuperables que antes desconocías.
Descontrolas con la risa y el llanto como nunca.
Oyes voces en tu interior. Voces conocidas.
Ves correr sombras y destellos, que se escapan a tu control.
Disimulas.
Hablas solo.
Bueno, solo que al final le pones nombre, y se convierte en tu confidente, tu mejor amigo invisible. Ríes, lloras y discutes con él, ese amigo imaginario. Aunque aveces tiene razón.
Puede que sea tu conciencia, pero con rasgos diferentes, en tu mente, entiendes que no se parece a ti. Le atribuyes fisonomías distintas a las tuyas para que no sea tu doble, que sería más aburrido.
También vas invitando a otros imaginarios, mezcla de pasado y presente. Y en tu imaginación tienes con todos visiones muy realistas, algunas espeluznantes.
Al principio me impedían dormir, y arrastraba el cansancio como un peso terrible de un día para el siguiente.
Rompí mi pauta de sueño, convirtiendo en insomne gran parte de la noche, donde antes solo dormía.

Con toda esta hiperactividad imaginaria, fui olvidando lo importante, lo real, lo que antes manejaba con desparpajo. Sobre todo profesional, pero también lo cotidiano. Y todo a pesar de que me costó un esfuerzo titánico, y prácticamente toda mi vida conseguir ese conocimiento y esas habilidades.

Y así me fui apartando de todo, absolutamente.
Abandoné relaciones cultivadas con mimo durante años, abandoné y me abandonaron amigos, colegas, familia, y me fui sumiendo en mi nueva realidad, en la que soy absolutamente prescindible.
Se que durante muchísimo tiempo fui el líder de los míos, y me gustó esa responsabilidad. Ahora ya no soy nadie. Felizmente todos aprendieron, se independizaron, y no me necesitan para nada.
Pase de ser motor, a una carga.   

Paralelamente comencé a beber en solitario, aunque no me gusta mucho, es efectivo y rápido.

También pasé de no tomar ningún medicamento a disponer de un puñado de pastillas de todo tipo, especialmente ansiolíticos y relajantes musculares o calmantes. El sueño estaba inicialmente garantizado. Pero las resacas eran espectaculares, y los dolores de cabeza insufribles. Y necesitaba más, cada vez más …


Empecé a discutir en mi interior la conveniencia de una muerte digna. Aunque siempre había matices sin resolver.

Luego a decidir no sufrir.

No me vale la pena el esfuerzo, ni el desgaste. Prefiero terminar. Y punto.

Es ya inútil y gratuito.


Pensar en la muerte continuamente es una obsesión. No es un camino fácil tampoco. Supongo que el puñetero instinto de supervivencia nos joroba el momento. Y la verdad es que cuesta ir educandose para inhibir este jodido instinto, que si bien ha servido eficientemente durante toda la vida, en este momento es un verdadero incordio.


Aunque con tesón e interés, que lo tengo, se acaba venciendo esa resistencia.

Así, liberado, es mucho más fácil negociar con la muerte. Le pierdes el miedo. Luego el respeto. Más adelante la retas a la cara. Y ahora la tengo anulada, vencida. Me es indiferente.


Sí quisiera apurar lo que me queda de salud para viajar, intentar alguna locura, y morir de golpe. No ir disipando la vida poco a poco, alargando y posponiendo el momento inevitable, perdiendo capacidades y necesitando de ayudas a la dependencia para el inútil y absurdo sobrevivir.

Esto es innegociable.


Espero no defraudar. No quiero dañar, pero esto es lo mejor para todos. Y, sin duda, lo mejor para mí.