Se paso noviembre.
Ayer.
Y no ocurrió nada.
Solo,
día a día,
el mes más bonito del año,
haciéndome daño
sin compañía.
Me abandonó mi alma.
Encerrado en mi cabeza,
viviendo una historia muerta.
Transitando en un presente pasado.
Condenado a no tenerte
nunca a mi lado,
sin entender
que pasó.
Final feliz para una desgracia,
no supo a poco
la mágia,
no duele tanto
la ausencia,
sino la interminable esencia
de tu olor
en mi almohada.
Callado, recorro el camino
que se hace largo.
Pasar página
me cuesta tanto,
si en la siguiente escribo:
tu cara y tus labios
no vuelven,
no olvido tus manos.
Un débil lamento.
Me esfuerzo en llorar para adentro.
Un ruego imposible.
Un error sin tiempo.
Un sueño,
un infierno lento.
Encendido, un último abrazo.
Te quiero.
Noviembre
El mes de los muertos.
Categoría: de cerca
La historia de un pañuelo
Fue un regalo de hace tiempo.
Es blanco y liso.
Únicamente una inicial bordada en un
extremo.
No lo llevo para mi. Cuando a alguien
le hace falta, lo comparto.
Ha sido paño de lágrimas de alegría y
tristezas. Todas para recordar.
Agitado al aire para celebrar triunfos
de otros y como bandera para la
rendición.
Arrojado a la cara como un guante en
un duelo.
Es mi pañuelo mi último consuelo,
el compañero final cuando ya no
queda nadie.
Nunca supe valorar cuánto lo quiero.
Es la historia de mi pañuelo.
Aprender cada día
Quiero ser sencillo, peleo cada día.
Nunca destaque especialmente en nada. Sin embargo lo intenté todo. Alguna cosa con fortuna. Los estudios, el deporte, la música, proyectos, empresas, sueños, amores… En estos momentos nada me queda de todo, salvo experiencia. Temible, si me pusiera a contarla. Y el convencimiento de haber fracasado intentándolo. Orgulloso de haberlo intentado.
Siempre rodeado, nunca solo. En los mejores tiempos, muy acompañado. Con familia muy numerosa, ingente cantidad de amigos, un millón de conocidos y mucha actividad social ocupaban sin descanso todos los días de todos los años de mi vida. Hasta que la desgracia me sobrevino, y no supe negociar con ella. Se invirtió entonces mi suerte, sintiendo la mirada de un tuerto sin encontrar una explicación convincente a todo lo que se acumulaba desgraciadamente.
Y, sin rechistar, asumo desde entonces el menguante acompañamiento y la dilucion de mi vida social hasta la nada. Confieso que me esfuerzo mucho por aislarme. No tengo ahora el cuerpo para fiestas. Y, claro está, se me nota, y no soy buena pareja de reuniones y encuentros. Mejor así.
Me disgusta compartir las penas, y he de aprender a callar y oír. Cuando aprenda, seguramente será tarde, quien sabe.
Además estoy perfeccionando el propósito de prescindir. Mi coche rutilante, los viajes distinguidos de business, de vestir de traje y corbata, uno distinto cada día; dejé de hacer regalos y atenciones, de cursar invitaciones y visitar restaurantes donde antes prácticamente me pasaba la vida, y colmaba de buen trato y distinción de forma generosa como anfitrión.
Todo es prescindible.
Ahora aprendo a cultivar intensamente la humildad, y solo puedo ser generoso en el gesto, la atención y el cariño. Y para este viaje menguó mucho la compañía. No me quejo, sinceramente lo digo. Me encuentro mejor solo, menos incómodo.
Y estoy peligrosamente acostumbrándome a ser francamente asocial.
Siempre me gustó más regalar que recibir. Y ahora que no me queda nada, prefiero la soledad. No tengo mucho que ofrecer y no sé recibir sin dar.
Confieso, sin embargo, echar de menos una compañía intima y escasa con la que compartir confidencias, secretos y opiniones muy personales, así como planes futuros.
Me inquieta un poco acostumbrarme a tener mucha vida interior que se quede únicamente para mi; pero es lo que hay. Tengo ya mi amiga en secreto que se llama recuerdos. Hablamos cada día.
Y por día qué pasa en blanco de esta manera, más a gusto me sienta estar solo.
Y eso es un problema. La soledad es insufrible. Es mejor no resignarse.
Aprenderé. Porque el horizonte está lejano.
Hogar
Hogar
Ese sitio donde quiero volver.
El refugio definitivo.
La felicidad.
Cuanto cuesta mantener
encendido el fuego.
Con paciencia infinita.
Sin perder la fe.
Te apartas corriendo.
Con prisas miras el horizonte,
dando valor a todo lo nuevo.
Natural.
Y mientras,
en la puerta de salida,
te colocas de espalda
sin mirar atrás.
Aquí sigo
sin perder la fe.
Teniendo todo preparado
por si decides volver.
De su Habana
Que gusto caminar por La Habana. Disfrutar de sus calles, y mirar curioso a su gente. Quedarme perplejo embobado en sus edificios, que hacen equilibrios en el tiempo, y se mantienen en pie.
Siempre que fuí no me sentí extranjero. Todo tan reconocible, tan cercano, sacando de mi memoria tiempos antiguos de pantalón corto y chanclas. De mi infancia en un pueblo De la Vega del Guadiana. De carreras con bici, de jugar, de aprender, de vivir en la calle. De charcos, de parques con árboles inmensos, de paredes encaladas, puertas abiertas y mecedoras en el porche, al fresco, con sillas esperando una conversación. De comercios vacíos, casi; de kioscos de jugo a granel y verduras; de pequeñas gasolineras con un par de surtidores a pie de calle, en la esquina.
Y, como no, de Centro Habana, Capitolio, la Fábrica de Tabaco, Gran Teatro, la infinita Plaza de la Revolución, La Habana vieja, el Morro y el atardecer en el Malecón. Por pocos pesos le coges un cartucho al manisero, que aún quedan.
Y mi querido Yara, el gran cine de La Habana, que conozco con calma y emoción, a través del cariño de un Amigo para siempre. Y, enfrente, los helados de Coppelia, los almuerzos en el paladar, sin olvidar el Hotel Habana Libre, o el Nacional, donde tantas esperas soporté. O el Capri y el Cohiba, de relax con mi amigo y hermano de allí y de aquí, dando unos tragos.
Y de mil sitios y mil historias más que iré recordando siempre.
Pero, si me dan a elegir, siempre tendré a primera mano los largos paseos a solas, entre las calles de Vedado, recibiendo las miradas de frente, descaradas, de los paisanos que no resultaron nunca incómodas. Aguantando, claro, después la reprimenda de mi familia por el atrevimiento. Las caminatas amaneciendo en Miramar, que recorría de cabo a rabo sin fatiga, siempre observando con suma curiosidad y entusiasmo. Les pido disculpas con todo respeto por la invasión.
La charleta fácil y simpática con el coronel retirado y su vecina, en el rellano del edificio; el socorro a una familia cambiándole una rueda al carro en plena tarde_noche empapado en sudor; o el cafetito tranquilo, en casa de Angelito, mi hermano, sentado en su sillón, hasta que comentó que seguramente debajo tenía el caimán que se le escapo la otra noche de la bañera ….
Y por encima de todos, los cafés en la terraza de tía Carmita. Allí vuelvo cada vez con el corazón. Allí volvería otra vez ahora mismo, Felo.
Te perdí. Fundido a negro
Y solo con la habilidad
de quien no quiere,
asestó un golpe seco
en mi cabeza,
la abrió en dos
dejando salir
ese olor frío,
cuando ya llevas tiempo
en el infierno
de luz y llanto.
Y es que me espanto
de pensar
que definitivamente,
sin remedio,
te perdí.
Siempre te querré
solo para mi.
Anulé la reserva
que tenía empeñada.
Ya no recibía
la señal de tu canal
en la espalda.
Un espacio infinito
se abrió a mi lado,
y el corazón al aire,
colado por tus huesos.
Aquí te envío
el último beso,
aliento de amor.
Te perdí.
Fundido a negro
Todo para ti
Es un día especial.
Hoy no quiero escribir.
Quiero guardarlo todo para ti, para mi.
Sembrar una semilla
y cuidar ese parterre
de tierra oscura,
con la esperanza,
con la fe de que,
en unos días,
alumbrará
la Preciosa flor que esperamos.
Quiero guardarlo todo para ti, para mi.
Cada gramo
de sentido,
de atención
y de cariño,
de dolor,
de incertidumbre,
de aventura.
De amor sin fin.
Lo sabes
Sabes que algún día me perderás.
No quieres, no lo queremos.
No hay prisas,
pero me perderás.
Y mientras llega,
quiero que aprendas a estar,
a ser independiente.
Con criterio y con bondad.
Lo sabes,
lo sé.
No hay prisas,
pero aprenderás.
Solo estaré
si me llamas.
He de aprender
a respetar.
Marcaremos
algo de distancia.
Es ley de vida,
necesidad.
Tomarás tú
el relevo.
Seguiremos
el camino de la niebla.
En cada puesta del sol
o amaneciendo.
En la luna brillante de plata,
estaré para ti, Felicidad.
Como un león
Atrapado en una vida
que nunca quise,
ni me corresponde.
Como un leon
solitario,
sin familia, ni enemigo.
Mirando siempre el horizonte.
¿Donde encontrarte?
Solo necesito
la razón para vivir.
Descubrir
la misión que me corresponde.
Algo que me motive
a seguir.
Encontrar
aquella canción
que me haga feliz.
Y silbando,
recorrer el camino,
empinado y difícil,
que siempre me lleva a ti
Imagen.- detálle de lienzo F. Nuñez
Incendio
Con el corazón en llamas Calcinando todo El tiempo se deshace Con el viento del sur Con el viento Desde el humo de la rabia La tristeza va por dentro Todo se hace irrespirable Se ha declarado El incendio Y esperando que llueva A mares sin tregua Que sofoque la angustia Y por fin se pare el tiempo Un abrazo al aire Una lágrima que no sale Un suspiro interminable Con la mirada fija A lo lejos de un Te quiero. Que ahora suena inevitable









