De pronto sin avisar nos envuelve, cerca de la costa, la niebla del mar. Y con ella la tristeza, que entra igual, sin ruido y con afán invasor. No es solo que el día esté gris, y a estas alturas del año, con calor. Es que sin razón aparente no veo a donde ir, ni que hacer aquí. No estoy de humor para reuniones y no quiero compartir tristeza. Es melancolía. Es inapetencia y falta de energía. Es rendición, aceptar el fracaso. Es consumirte por dentro, enfermar sin oponerse. Es despedida. Es la tristeza.
Amanece
Solo son las 6:45
No iré
Hoy no veré salir el sol
Ni esconderse temerosa la luna
Refugiado en mi casa
detrás de las sábanas
Más de una hora llevo despierto
Pero este día
No saldré al encuentro
del horizonte del mar
Refugiado en mi casa
Atrapado dentro de mi cabeza
Imposible librar esta batalla
Escondido dentro de mi
Todo lo pasado perdido
Perdido entre miedos
Refugiado
Os echo de menos. Es normal. En primer lugar por la suerte de haberos tenido a tiro de una mirada, en estrecha cercanía tantos años y haber disfrutado de tus anécdotas, de tus anhelos, de tu vida y de tu música. En estos últimos tiempos un poquito más alejado, pero entiendo que una persona tan generosa y espléndida, y con ese aura de luz intensa de colores y esa música que te envuelve, no podía acapararla, y necesariamente debe ser compartida.
Recuerdo esa tarde de hace años, en el balcón de casa, tú tocando el violín, los ojos de Toñi brillando, y al acabar, sin darnos cuenta, aplausos llegando desde ventanas y balcones cercanos. Y al asomarte, gente arremolinada en el rincón del jardín hasta donde fueron llegando en silencio siguiendo tu música cuál Hamelin. Y esta fue una anécdota de mil.
Al contrario de otras actividades humanas, como la política, los negocios, o el deporte, que inexcusablemente dividen en bandos enfrentados a las personas, la música siempre une, sea del género que sea. Así un buen tema musical atrae a cualquiera que la escuche, ya sea flamenco, clásico, jazz, pop, rock o folclore, dejándote completamente en paz. Se que experimentas y te dejas acariciar por la música, y entre tus instrumentos cuentas la Viola, la guitarra, el piano, el cajón…. Pero de todos ellos, y desde los aún cercanísimos cuatro o cinco años, el violín ha sido la continuidad natural de tus manos desde las puntas de los dedos, la extensión de tu persona, de tu manera de sentir y de ser, del respeto y el cariño inmenso al violín y a las personas que te escuchamos embelesadas.
Por eso cuando descubrí la cita: Un violín cabe en una tumba supe que era para ti. Desde muy niño y hasta el final de tus días, que deseo sea felizmente dentro de muchísimos años, el violín serás tú y te acompañará por siempre.
Os añoro. Es normal después de todo sois mi familia del corazón, aquella que elegimos, pero siempre en mi corazón, orgulloso y agradecido por lo que me diste. Me calmo con tus grabaciones y mis recuerdos. Tú musica me da mucho, me aporta la tranquilidad y la calma, la alegría y la profundidad que necesito.
Cuidaros mucho. Cuídate mucho. Siempre tuyo, con todo mi cariño y admiración. Luis
El orgullo del esclavo lo libera con esfuerzo de sus ataduras
La primera vez que vi la mirada de orgullo y rabia, sabía que esa mirada lo salvaría. Contenía toda la fuerza que lo enfrentaba a quien pretendía someterlo. Buscando canalizarla a su justa rebelión, no paraba de soñar qué sería de su vida libre; volver a decidir, a luchar que hacer y con quien, sin dueño.
Ya le quedaban meses apenas para conseguir “sus papeles”, pero la ausencia de sus seres queridos y el recuerdo vivo cada instante, la impaciencia de ver tan cercano el final lo turbaba, lo enloquecía. Y le hacia dudar ¿porque esperar a ese día exacto? ¿Porque no intentar adelantar la fecha, huir despavorido hacia el nuevo tiempo? Ya había hecho los méritos. Incluso más. Ya había arriesgado cruzando el mar desconocido. Ya había acallado sus ímpetus iniciales, su violencia ante esta situación injusta, aceptando que era la manera de avanzar, de salir del pozo donde se encontraba en una tesitura sin salida, y buscar una esperanza para su familia.
Y ahora, tan nervioso, tanta impaciencia ¿porque? Si estamos ya casi al final, después de años, lloraba desconsolado y confundido. Esa cercanía tan premonitoria al final del camino, con el objetivo tan cerca, hacían muchísimo más duros estos últimos días.
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A punto de rendirse, de negarse al sometimiento, al respeto, esa muralla que separa a los esclavos de los libres.
En el siglo veintiuno sigue habiendo esclavos. Ahora se llaman emigrantes ilegales en el primer mundo. Los sin_papeles deben someterse a trabajos ingratos, infravalorados, infraretribuidos, sin seguro médico, en jornadas interminables sin rechistar, para asegurarse la subsistencia y quizás poder enviar pequeñas cantidades a sus familias en su país de origen, que allí se convierten, por la magia del cambio de moneda, en maná imprescindible.
Los emigrantes ilegales, llegan impresionados por el nivel de vida y se dan de bruces con crudeza ante la realidad que les espera, donde no pueden acceder al trabajo, a la vivienda ni a la sanidad. Y así aceptan la propuesta ilegal y abusiva de un patrón que les contrata verbalmente y sin garantías, sometidos con miedo a la denuncia a inmigración. La mayoría de las veces, el viaje es sin retorno. Así sufren desarraigo y soledad. Y añoranza de su papá, su mamá, sus hermanos o sus hijos, que reciben las remesas, y a los que engañan piadosamente diciéndoles que todo va bien, y que este sitio “es de colores”.
Alguna vez, hastiados, se rebelan con violencia o se refugian en el alcohol y ruidosas fiestas. Allí ves sus miradas de rebeldía y orgullo. Esa mirada de orgullo que no es, sino dignidad. No hay que mirar a otro lado. Hay que sostener esa mirada y ayudar.
El delito no solo lo comete el inmigrante ilegal, también el patrono que lo contrata y lo somete a condiciones de trabajo ilegales.
La esclavitud está abolida desde el 9 de marzo de 1927 con una Convención que termina oficialmente con la esclavitud y crea un mecanismo internacional para perseguir a quienes la practican. La ONU, como heredera de la Sociedad de las Naciones, asume sus compromisos y vela por su cumplimiento.
La esclavitud es la condición por la que una persona está sometida a otra, perdiendo su libertad. Así, el esclavista toma posesión del esclavo, pudiendo disponer de su destino.
En la actualidad aún existen demasiadas formas de esclavitud camufladas con eufemismos, pero con las mismas consecuencias.
Alrededor de las cinco y media, con un café y, como no, conversación animada, esperabas tu turno acurrucada con los pies arriba del sofá y una manta. En un momento los ojos brillan cuando hablas con pasión de los recuerdos de él.
En ese instante del alma en el que la emoción se asoma, en tus ojos aparecen lágrimas de amor. Sin pena añoras, esperas, alegras, y a mi me llega tu verdad, serenidad.
Escribo para respirar. Para desahogar el alma. Para serenar mi cabeza, turbulenta y angustiada tantas veces. Cuando se me caiga la pluma de la mano, cuando no escriba ni un párrafo más, ni un verso. Entonces, ten por seguro que habré muerto. Y, aunque esté delante de ti, estaré ausente de mi para siempre.
Donde estás felicidad
donde la tranquilidad
Busco y necesito tu compañía
pero, mi vida, estoy perdido.
Donde está la recompensa,
el dinero ata y mata,
siempre corriendo
tras su huella maldita.
Y sonó un disparo en mi cabeza.
Un estallido de gritos y lamentos,
todo se vino a blanco.
Menos tus manos y mis besos.
En el camino de búsqueda
aveces te pierdes sin remedio,
temes no poder encontrar
el de vuelta a casa.
Y mientras la lluvia empapa mis zapatos.
Voy saltando pisando charcos,
corriendo al encuentro,
en el número 32.
Todo resumido en una mirada,
el gesto tierno de mi niño
cogiéndome la mano decidido.
Allí está mi hogar afortunado.
Que me quiten la vida
si me llevan lejos,
si no veo el mar
que me llega tan adentro.
Si no huelo la sal,
si no me acaricia el viento.
Que me quiten la vida
que solo este mar mece lento,
suave roce con la brisa
y abraza tu aliento.
Que si no te tengo mas
sea solo un sueño.
La última vez que fui,
abrazos intensos
tomados despacio.
Besos pausados
seguidos, sin fin.
Caricias suaves,
apenas un roce.
Paciencia infinita
en una noche.
La última vez que fui feliz.
Ahora la cama es más ancha,
Más fría, te extraña.
Ahora, en calma,
mi amiga del alma,
el corazón latiendo
de vida, de ganas.
Ahora que tenemos tiempo de meditar, solo con pensar PADRE, me siento al resguardo de cualquier peligro, respaldado en las decisiones, cuestionado con exigencia, sin maldad, ayudado sin medida, inmensamente querido. Siento la devoción más intensa, la admiración más sincera, el orgullo, el respeto inquebrantable. El perdón. El reconocimiento al MAESTRO, mi fidelidad incuestionable. El AMOR eterno.