Escribo a diario para mi. No miro más allá. No asumo más riesgo ni más repercusión. Después, quizás si, para dejar a mis hijos y nietos escrito como pensaba su padre o su abuelo. Y luego, más allá, no muy lejos está lo que llamo mi “parroquia” Un puñado de gente, no más de quince o veinte, que lee lo que escribo y me sigue, dicho en términos coloquiales de la actualidad de RRSS. Así que me siento siempre libre de descubrirme ante ellos hasta enseñar, de vez en cuando, cicatrices y arrugas del alma, que no tienen más importancia que las de una persona cualquiera. Nada singular, que yo sepa. A mi, si quieres que te diga, me sirve para no perder del todo la cabeza. Para fijar una pica con estandarte de trapo y una campanilla en mitad del camino, que transitó ahora despacio, pero que está lleno de dudas y atajos. Y no quiero atajar por ningún lado. Quiero andarlo entero, aunque sea llorando. Y riendo, cada paso en falso, y cada paso cierto. Me encanta la risa, y verla y sentirla de reflejo en tu cara, es lo que más me llena este corazón desierto, con el que cargo sin ganas. Pero es lo que tengo. Leí hace unos días que la vida te empuja, y de pronto te encuentras viviendo el otoño. Y debes darte prisa para no dejarte nada sin hacer, planes inconclusos y viajes imposibles, antes de que sea tarde. Es decir antes de que realmente sea imposible, porque te pares. O algo así entendí. No tengo prisas. Pero si siento el viento más frío en el rostro, las fuerzas más justas a cada paso, la miradas más duras en cada esquina. Y un deseo intenso que me saca de mi escalera, peldaño abajo, para abrir la calle cada día, para oler el mar y la cocina, sentir el calor en las mejillas. Y el frío. Y me río. Así que más vale que busque de verdad la gracia maldita que me grabaron en el corazón los que amé y amo, y seguir ese camino. Perdone que les escriba.
Autor: 21siglosofia
Para, papá
Quiero parar. Para volver a donde nunca estuve, a lo que siempre soñé. Si quieres saber donde estoy de verdad, en el fondo de mi ser. Solo es volver a mirar los ojos de aquel niño, en blanco y negro. La mirada perdida de mi adolescencia ardiente, llena de planes. El viaje a la nubes. La sonrisa en los labios. Las alas escondidas debajo de la piel. Y volar con las manos cogidas, buscando la luna donde soñé. Donde sueño cada noche en Babia, amor.

Y dormido, soñé
Hoy me quedé dormido. Me dormí y soñé que estabas aquí. Me perdí el amanecer. Avanzado el día, apenas miré, te vi sonreír. ¡Que bello es vivir! ...Y solo soñé.
Castillo
Un castillo vacío, en la playa vacía, mi corazón en llamas. Ya amanecía. La guerra perdida del tiempo perdido. Amores vacíos que no encontraré. Dulce Silencio en el cielo de nubes. La música suave la imagina mi cabeza. Viaje de fantasía. Donde la alegría la ponen tus recuerdos y la madrugada. Mi Hada, mi amiga, mi madrina, mi amor.
Derrama
Cuando el corazón derrama su amor y su locura Cuando las lágrimas inundan tu cara y la amargura conquista la que antes, mucho antes, fue tu vida feliz, romper con todo, caminar sin rumbo dejando atrás el hogar, pisando el pasado en busca de la fantasía, surcando una nueva travesía desconocida, fatal, sin miedos ni dudas, apenas una mirada de despedida, parece la mejor propuesta. Y sin embargo, aquí estoy clavado a la ayuda. En el intento de hacer fácil lo difícil. Y no termino. Cada día surge un nuevo compromiso, una nueva tarea que no tiene fin, que me enreda de nuevo en un laberinto del que quiero salir, desesperado, sin aviso, para coger el camino deseado, acusado de traidor, sin mirar alrededor, la mirada fijo en el destino, como un loco, determinado únicamente en su fin. Derrama lagrimas y sangre, hasta vaciarte por completo. No tendrás mejor oportunidad de hacerlo, y saciar tu inquietud y tú amor más bello, más sincero y generoso, más inútil. Llorar como un niño, sin consuelo, mirando a todos lados, sin saber porqué, cuando empezó esta angustia que mantiene atenazado sin moverse, a su loco corazón. Que traición ha cometido, que pecado sin perdón le mantiene atado a esta silla, sentado, esperando que acabe, por fin, esta condena, y suspire de nuevo, su corazón por ti. Un gesto, un beso rozando apenas la frente tus labios sutil.
Aludidos
Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia
Alguna vez se nos ocurren cosas sobre personas conocidas o no, pero que nunca pasaron. Son historias que inventamos y que ponemos en “caras” que te sugieren haberlas vivido.
Siempre son PURA INVENCIÓN.
Hace muchos muchos años, con unos amigos “jugábamos” a esto: inventar historias sobre personas desconocidas que nos íbamos encontrando, solo en función de sus caras, de su expresión, de sus gestos.
Y alguna vez protestaron los “aludidos”. Porque al escuchar las historias se “vieron” dentro.
Nunca se nos ocurrió comprobar el acierto de estas elucubraciones, claro está. Se trataba de dramatizar una historieta, compitiendo en la trama más curiosa o sorprendente.
Escribiendo, alguna vez también aparecen los aludidos. Siempre me disculpo. Y seguiré disculpándome si alguien se siente aludido. Si alguien se descubrió en lo escrito.
Nadie hace siempre lo que le da la gana. Pero, quizás alguno se ha ganado la libertad, de vez en cuando, de escribir “su historia” según se le ocurrió.
Cuando algo se escribe, el lector hace suya esa historia. Y esa “versión” o al menos una parte escapa de mi control.
Seguiré escribiendo con cuidado. Sin ninguna mala intención. Pero no dejen de enviarme al buzón de aludidos su versión.
Perdone que les escriba.

La vida
El cancer me quito Lo que más quería, y me dejó lo que más quiero. La vida La vida, preciosa La vida. Y pasear de la mano que anhelo, me dio la posibilidad de jugar otra vez. La vida La vida, preciosa La vida. Y que me llamen abuelo. Cuanta ternura guardada para ti. La vida La vida, preciosa La vida. Renunciar a todo volver a andar. Desnudo de nuevo, corazón. La vida La vida, preciosa La vida. De viaje, el viaje sin más bagaje que amor. Y una lágrima sentida desde el pecho: Tu alegría.

¡GANAMOS!
Alcóvidcos anónimos
Contemporánea al tiempo moderno covid que estamos “disfrutando”, debería crearse una nueva asociación para reunir a los contagiados de la pandemia, que son tantos y no quiero yo decir “tontos” porque, si lo fueron, fue contra sua vontade …
La asociación, sin ánimo de lucro por un módico precio, que incluiría carnet de descuentos y camiseta conmemorativa, innovaría celebrando sus sesiones en grupos reducidos, por la distancia de seguridad, con mascarilla y un chupito de gel hidroalcohólico para manos, cuello, orejas y poco más.
Me quiero imaginar que sentados en círculo y con la asistencia de un oficiante que te cascará pcr en menos que cantes un gallo, si en la breve exposición de la experiencia personal flaqueara en algún momento la voz.
Inovaría ¡mis cordones! En fin, todo muy previsible… y seguramente, no valdría para nada más. Pero juntos mejor que arrejuntaos.
Ahora en serio. La verdad es que no le encuentro ventajas asociativas a esta institución. Y no quiero dar ideas gratis, que luego las caga el diablo.
No vaya a ser que la suprema DGT les quite el carnet de conducir un año fuera de su confinamiento perimetral. (Jo… Lo he vuelto ha hacer)
Perdone que les escriba
Refugio nuclear

Cada uno, con el tiempo, busca su refugio.
Nos vamos refugiando del frío, de los pensamientos retorcidos, de los desafíos.
No siempre eres de piedra, la distancia te supera, y te pone a descubierto con tus vergüenzas.
Ni siquiera las afrentas son de paja, y pesan como yunques imposibles de arrastrar.
Tampoco el refugio es siempre una atalaya, inalcanzable a las flechas que te lanzan desde enfrente, que hieren como el silencio y matan sin decir palabra.
Con el tiempo te haces vulnerable, sientes con dolor los desaires que abren heridas antiguas, destruyendo de un soplo tus defensas construidas con esmero.
Y andas como ermitaño buscando desnudo la nueva caracola que te defienda.
¿Y que hacer? Si solo espero que me alcance pronto el final y no dar tregua a la tristeza, que esto va de naturaleza, y refugiarse es retrasar lo inevitable. Ese no es el plan.
Mejor investigar cuál es el núcleo del asunto, para encontrar el remedio que haga conjunto con tu forma de ser.
En mi caso, lo sé. Ojalá sea capaz de no parar de reír.
Mi mejor refugio es estar contigo, feliz.
Y sin embargo cada día se hace más largo. Tendré que encontrar mi refugio nuclear.
La BigData
Hablando como los locos.
Nunca me ha gustado que me vigilen o me controlen.
A ver, es normal que cuando haces algo por encargo, o trabajas para alguien, aunque haya depositado la confianza en tu buen hacer, te ponga un ojo encima de vez en cuando para fortalecer el vinculo de confianza inicial, salvo que la confianza sea ciega, que en muy pocas ocasiones ocurre, y en casi todas acaba mal, no se porqué, ni por cuantas dioptrias hasta que ciegas.
Pero que otras personas ajenas a pactos de confianza, y solo por curiosidad o interés de su parte, te pongan también el ojo encima, pues que quieres que te diga… A mi, personalmente, me toca los cajones más íntimos (que son los de la mesilla de noche, fila de abajo) y molesta mmm, !en serio ya!
Para que no me pierdas el argumento: un vecino del sexo que te de la gana imaginar y de la edad avanzada o menor que te inventes; y que esté todo el santo día con el ojo pegado a la mirilla de la puerta, es que me entran unas ganas de … saludarle, que flipas. (Me pongo violento de imaginarlo)
Pues cuando empezaron hace años a explicarme cómo funcionaba el BigData y sus aplicaciones, esa misma noche, me salió urticaria en la espalda. ¡Niño, que noche más mala pasé!
Para resumir, es como si tuviera de vecino a toda la gente, mirando si me rascaba el… cúbito. O el radio, !vaya!
A pesar de todas las extensas explicaciones de amigos especialistas en la gestión de Metadatos, el BigData me refería siempre al olor de una hamburguesa. Y sus aplicaciones para “facilitar” tu vida y ayudar a tomar decisiones, a un “granHermano” monumental con capacidades “desconocidas” para retorcer tu libertad de decisión.
¡Que quieres! soy un romántico.
Llámame revolucionario del libre albedrío. Chim pum.
Y ha pasado el tiempo.
Y ayer discutí. Por una tontería montamos una buena… tangana.
Y después de un ratino, para relajarme, le pido a mi aplicación de música del móvil, apartado “radar de novedades” que me proponga música para pasar el momento…
“Tú me dejaste de querer” de C. Tangana, es el tema que eligió.
Habéis leído correctamente.
¡Flipando, nena!
Acabo de entender la paradoja del BigData…. y no es una hamburguesa.
¿Se puede elegir el BigData? ¿Para que fuera más fuerte, más sensible, más curioso, más de playa o del Atleti? ¡Quizás más gamberro!
La respuesta es que no se elige. Eres tú el elegido… o algo así.
Creo que voy a aceptar la oferta del municipio ese de Leon, que da casa sin wifi. Esto te lo digo confidencialmente.
Perdone que les escriba.









