Realidad y fantasía. Aprender a ver el mundo en los ojos. Un viaje personal que comienza ahora.
Autor: 21siglosofia
Estoy permanentemente en babia, donde habito.
¿La razón por la que escribo?
“… yo no estoy loco, y ciertamente no sueño. Pero mañana muero, y hoy querría aliviar mi alma.”
Edgar Allan Poe
La cerca me separa del jardín seco, de las perchas pajareras, árboles enormes ya sin hojas, donde se posan los pájaros que van de paso alejándose del invierno que acecha.
Tan cerca de que coloquen su valla de “en venta” y que deje de ser la puerta de salida, y la de vuelta.
Ayer soñé que se paró el corazón. El mío. Sentí el temido pinchazo en el lado izquierdo, y la mano dormida. Dejó de latir de repente, como una noticia de alcance que te sueltan a quemarropa, de pié en la cocina un día cualquiera. Y reventó de ojos adentro. Durante el día pensé que lo podía superar, pero escuchaba su latido sino como un eco lastimero que se alejaba. A la noche sentí frío. Y me quedé dormido sin aliento. Estaba inquieto. No paraba de atender señales de alarma que me enviaba el cuerpo. Y no hice caso, claro.
Pasado unos minutos entraba empujado en una camilla por el pasillo vacío de un hospital. Empezaron a apretarme el pecho, con abrazos enfadados. Sentí el desagradable correr del tubo de respiracion entrando en la garganta, el pinchazo en el brazo, el gotero colgando, la actividad frenética alrededor.
Y yo calmado. Echado en la camilla como si fuera a contarlo. Cada vez más frío.
Recorrer un pasillo largo que daba al quirófano, inundado de luz. Más gente aún.
Era el centro de esta reunión ¿y nadie me preguntó nada?
Me volvieron de espaldas. Ya no me dolía nada, pero sentí la cuchilla abriendo y la mano enguantada buscando. El corazón no latía. Todo deprisa, sucedía en un instante. Yo calmado, no me movía. Pero sentía la cuchilla, las manos dentro del pecho empujando, el mantra repetido «reacciona, reacciona» . Y dolía. Dolía mucho todo esto. ¡Vayan con cuidado! Pensaba gritando para mis adentros …
De pronto volvió el corazón adentro. Con tímidos espasmos y un dolor intenso. Pero volvió.
Luego dirán que estaba sedado, que no sentí nada. Que todo fue un sueño. … Y mientras, me despedía diciendo que todo fue un sueño.
Cruel es el fin de todos los esfuerzos, sacrificio y desvelos, si acaban en el filo de la penúltima copa, el humo de mil cigarros y drogas. El silencio.
Sueños incumplidos, falsas expectativas, ansiedad y desorden, abusos en la casa que era el hogar, el refugio de todos, ya de nadie.
Ahora toca separar para unir, que me da la risa.
Perder el sueño, llorar el llanto amargo e inútil del fracaso.
Y mientras, se esfuma el rastro del ser más querido, el que hizo más daño.
Fuiste mi escudo durante años, para que yo alcanzara lo máximo.
Nunca podré pagar su sacrificio, el bien que me hizo su silencio, que de saberlo habría enloquecido. Como saberlo ahora me tiene completamente destruido.
No sé manejar esto.
No se lo que entonces habría decidido. La venganza más dura servida en frío. Cueva más oscura.
El horror, el desprecio por el odio ensañado con un niño.
Ahora mi vida no vale nada.
El daño que quisieron, no me alcanzó, porque paraste su tiro. Y ahora me alcanza, y no se cómo ayudarte, hijo.
Escondida tras una gran cortina en el salón de palacio, la princesa desde niña se mantuvo atenta a todo lo que pasaba. Las voces solemnes, los susurros, las miradas cruzadas, las sonrisas, las lágrimas, los discursos. Nada se le escapaba.
Ella no participaba, nadie pedía su opinión. Pero en su cabeza se iba formando despacio, su carácter y su universo decidido.
Poderosa princesa, que aprendió con los ojos bien abiertos y en silencio.
Asistió a fiestas y bailes, siempre en segunda fila, sintiéndose normal, no especialmente bella, atenta a seguir los pasos de danza sin pareja, soñando siempre con ella.
Poderosa princesa, que bailó cada pieza, aveces con la más fea.
No siempre acertó. Alguna vez la rebeldía se volvió contra ella. Humildad que aprendió de la vida, con lecciones duras que tragó a duras penas.
Poderosa princesa, que no fue a la guerra, y las libró todas ellas.
Ahora, sabia, prudente, alegre y bella, elige su compañía, su soledad, y cada vez a que propósito se entrega. Alguna vez triste, no se siente valorada.
Poderosa mi princesa, deslumbrado estoy por ella. Suspiraba bajo el disfraz el pájaro oscuro que no dejaba de mirarla.