Sueño

Ayer soñé que se paró el corazón. El mío. Sentí el temido pinchazo en el lado izquierdo, y la mano dormida.
Dejó de latir de repente, como una noticia de alcance que te sueltan a quemarropa, de pié en la cocina un día cualquiera. Y reventó de ojos adentro.
Durante el día pensé que lo podía superar, pero escuchaba su latido sino como un eco lastimero que se alejaba.
A la noche sentí frío. Y me quedé dormido sin aliento.
Estaba inquieto. No paraba de atender señales de alarma que me enviaba el cuerpo.
Y no hice caso, claro.

Pasado unos minutos entraba empujado en una camilla por el pasillo vacío de un hospital.
Empezaron a apretarme el pecho, con abrazos enfadados. Sentí el desagradable correr del tubo de respiracion entrando en la garganta, el pinchazo en el brazo, el gotero colgando, la actividad frenética alrededor.

Y yo calmado. Echado en la camilla como si fuera a contarlo. Cada vez más frío.

Recorrer un pasillo largo que daba al quirófano, inundado de luz.
Más gente aún.

Era el centro de esta reunión ¿y nadie me preguntó nada?

Me volvieron de espaldas. Ya no me dolía nada, pero sentí la cuchilla abriendo y la mano enguantada buscando. El corazón no latía.
Todo deprisa, sucedía en un instante.
Yo calmado, no me movía. Pero sentía la cuchilla, las manos dentro del pecho empujando, el mantra repetido «reacciona, reacciona» .
Y dolía. Dolía mucho todo esto.
¡Vayan con cuidado! Pensaba gritando para mis adentros …

De pronto volvió el corazón adentro. Con tímidos espasmos y un dolor intenso. Pero volvió.

Luego dirán que estaba sedado, que no sentí nada.
Que todo fue un sueño.
… Y mientras, me despedía diciendo que todo fue un sueño.

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