La humilde princesa.

Cuento Sultana de Istanbul

Escondida tras una gran cortina en el salón de palacio, la princesa desde niña se mantuvo atenta a todo lo que pasaba. Las voces solemnes, los susurros, las miradas cruzadas, las sonrisas, las lágrimas, los discursos. Nada se le escapaba. 

Ella no participaba, nadie pedía su opinión. Pero en su cabeza se iba formando despacio, su carácter y su universo decidido.

Poderosa princesa, que aprendió con los ojos bien abiertos y en silencio.

Asistió a fiestas y bailes, siempre en segunda fila, sintiéndose normal, no especialmente bella, atenta a seguir los pasos de danza sin pareja, soñando siempre con ella.

Poderosa princesa, que bailó cada pieza, aveces con la más fea.

No siempre acertó. Alguna vez la rebeldía se volvió contra ella. Humildad que aprendió de la vida, con lecciones duras que tragó a duras penas.

Poderosa princesa, que no fue a la guerra, y las libró todas ellas.

Ahora, sabia, prudente, alegre y bella, elige su compañía, su soledad, y cada vez a que propósito se entrega.
Alguna vez triste, no se siente valorada.

Poderosa mi princesa, deslumbrado estoy por ella. Suspiraba bajo el disfraz el pájaro oscuro que no dejaba de mirarla.

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