Conocí a tanta gente a la que pude hacer feliz. Y sin embargo los dejé en mitad del camino. Conocí a tanta gente a la que quise, siendo feliz. Y en el rellano me enteré que no eran para mí. Y ahora que nada importa si no nos vemos, si ya no es corta la distancia del sendero. Ahora que no te veo si te miro, pero te siento conmigo. Ahora que estoy al final del camino a ninguna parte si no es contigo. Es eterno el pulso del tiempo, el calor de tu mano, El Amor verdadero.
Etiqueta: Sueño contigo
50 lágrimas
Cincuenta lágrimas
que fueron invisibles
El mar en calma
Los cielos grises
Toda la noche esperando,
y no las vi
Ojalá las vieras
tú por mi
Lágrimas
Con intensidad, concentradas en el filo del lagrimal, se desprenden al hablar y también en silencio, a cada paso lento con el que me muevo. Despacio, el tiempo pasa hoy. No se refiere a nada, ni lo esperaba. Pero se desprenden sin parar mejilla abajo o buscando un atajo. Presionando mi cabeza y dentro, el corazón abierto en canal, esponja de tantas ilusiones que, a veces, se hacen emociones en una lágrima.
Nada tiene sentido
Mientras te miro, nada tiene sentido.
Desconozco el porqué estoy aquí, contigo.
Somos dos desconocidos.
Impaciente dejo pasar los minutos y me olvido.
Imaginando los colores de las flores.
A ojos cerrados, los olores,
la caricia del agua del mar,
en el cielo, volar…
La cabeza va a estallar,
nervios a flor de piel .
No puedo, no quiero parar.
Quiero salir,
a escondidas, escapar.
Ir allí
Estar contigo
Soñar
Estar cerca
FIN
Derramado
Corazón derramado Amanece Mar en la luz Cielo añil Frío que despereza Dame tu mano Tengo tu espera No espero nada de ti Pierdo la cabeza Pájaro que mira y salta Tira la caña y deja la cama vacía sin dudas Para que vengas No te detengas en la orilla de arena Vuela para que vuelva Vuela corazón de pecas Mota oscura a contraluz de la inmensidad del mar Este mar cansado pausado y quieto que nada te pide que nada te da Yo que solo quise ser quien te lavaba tus pies Y no miraste solo que olvidé.
El último banco
Se acerca la tarde. Aquí hace brisa fresca de poniente. Después del día intenso de calor, se agradece un poco de esta pausa viendo caer el sol.
Ahora no tengo nada más que hacer que mirar el horizonte, con el sol de cara, encendido, pero ya no ardiente. Su fulgor se ha transformado en seda, en calor terciopelo, mientras empieza a hundirse en el mar azul marengo.
Solo son unos minutos, largos, menos de una hora mágica que abre la puerta de los sueños. Donde una caricia multiplica su valor, llegando a lo más profundo del corazón.
Aunque alrededor siguen jugando sin parar, siguen las conversaciones en tonos de compartir, eres capaz de concentrar tu alma en la caída al mar del día, hasta el punto de silenciar el momento como si fuera una fotografía, una cinta de película muda.
Daría mi vida por tus pensamientos.
Toda la vida en la emoción serena de un sueño, de una historia de cuento, de un cuento que termina en la noche, en un suspiro de amor.
El último banco para mirar caer el sol que me regaló esa historia, lo tengo bien guardado en mi corazón.

Don antes
De joven, hace mucho, a mitad de juventud más o menos, se me acercó una clienta, en Cáceres, me miró a los ojos, y deslizó con una sonrisa de súplica un ejemplar de solicitud de donante. Donante de ojos.
… y se fue de mi ventanilla.
Me dejó un poco perplejo.
Luego en casa leí detenidamente el formulario y decidí rellenarlo y enviarlo.
Así me hice donante. De ojos. También lo soy de sangre, por mi grupo 0-, donante universal.
Ahora que últimamente ya no me llama nadie, me gustaría ser donante de sonrisas, de calma, de miradas profundas, y de abrazos y caricias.
Y como decía antes, ya nadie me llama. Y esto se acaba.
Estoy viendo venir la soledad más cierta, ahora que caminar me agota, que se apaga la mirada, con la paciencia intacta, aún con la sonrisa puesta, herencia de la casa.
Engreído y generoso. la realidad manda.
Jo.
… y yo que los regalaba.
Cargado
Cargado de razones que pesan hasta rendirme.
Cargado de defensas de las causas perdidas, de lo imposible.
Cargado de amor, por las personas, por la vida.
Cargado de dolor, por las ausencias, la soledad, mi desdicha.
Cargado de vacío, el viaje más costoso, mi enemigo.
Cargado de tormentas, de dudas, de mala conciencia, injusta la mía.
Cargado de ganas de atravesar el mundo entero, para besarte.
Cargado de alegría para derrochar, sin medida.
Cargado de asombro por lo sencillo, un amanecer, el mar.
Cargado de rabia, sin miedo, sin tiempo, sin salida.
Cargado de razones para dejarlo todo, y rendirme.
Cargado de fantasía si tú enciendes mi día.
… si tú encendieras mi día.
Cuando el ángel se nos va
En casa desde hace muchos años, tantos que parece siempre, tenemos un ángel viviendo aquí que nos da el humor, la alegría, la vida, la pasión, una luz inimitable, la templanza, y la tranquilidad.
Es nuestro hogar.
Pero hay veces que elevamos nuestras expectativas y nuestros sueños hasta límites fuera de alcance. Entonces corremos desaforadamente en su busca, nos tropezamos y empezamos a atropellarnos, y así, a herirnos sin razón.
El aire se vicia, nos volvemos orgullosos y egoístas, angustiados por la parte de esos sueños improvisados que se nos va, y se apaga la luz.
Nos invade la tristeza y la rabia. Y un poco más tarde la tristeza, a secas.
Cuando el ángel se nos va, perdemos la alegría y este deja de ser nuestro hogar.
Todo deja de tener sentido cuando el ángel se nos va.
Y no se ha ido. Ahí está, mirando al otro lado del espejo, esperando que recoloquemos el alma y la sonrisa, que volvamos a poner unas plantas de color, y solo compitamos por amor.
Así somos. Así es nuestro Ángel
¡Que bueno sería!
Llevas días preguntando
Pendiente con el rabillo del ojo
mientras sigues frenéticamente
la vida que te toca
… y como decirte que echo de menos
el aliento de su boca, su mirada sin dudas
el olor de su piel, su risa, su risa.
Su melena rubia, que es tan tuya.
Como despedirme sin dolor
sin soledad
Como acompañarte
Sin pesarte
No soy quien te conviene
ahora que inicié
el tiempo de destruirme.
Si el daño fuera
Solo colateral
Si mi recuerdo fuera también una risa.
¡Que bueno sería
si la vida continuara
sin lágrimas, y a toda prisa!









