Huir, tomar distancia

Huir de casa, tomar distancia 
buscando encontrar  
la normalidad soñada. 

Y estrechar mi pecho contra el tuyo, 
delicadeza de mi alma, 
en un intenso abrazo. 

Sentir tu latido junto al mío. 
Un sueño repetido ausente, 
mientras destruyó mi mente  
en caminos tortuosos. 

Deseo y felicidad. 
Oscuridad y miedo. 
¿Dónde estás?  
Te sigo. 

Con la mirada atenta, 
como persigo 
una sombra. 

Si te busco, amor, 
sin parar de huir  
hacia ti. 

Pérdida de confianza

En los últimos tiempos de hoy he sufrido una fuerte pérdida de confianza conmigo mismo, provocando, en consecuencia, una falta de diálogo posterior que hace imposible el necesario acercamiento. 
Por favor. Sin diálogo no hay posibilidad de arreglo.
Y la separación es un riesgo que no podemos permitirnos. Al menos en este momento del día.

Puedo asegurar que no ha sido por ninguna clase de engaño o traición. Siempre me he mantenido fiel a mi mismo.

Hasta hoy constantemente he estado muy unido a mi. Pero las distancias se van haciendo patentes y ya no me gustan las mismas cosas, ni mantengo los mismos amigos. 
Será cuestión de edad. O puede que sea que lleve toda la vida con esto… Y de la soledad esa, que me mete ideas peregrinas en la cabeza.

Hace ya un rato que me he perdido. Y no he tenido más remedio que salir a la calle a buscarme.
Por fin, al llegar a una esquina de la avenida, me he encontrado deambulando por el paseo con la vista perdida y sin ningún destino. 
No he podido más que enfadarme.
Y recordarme que esto no tiene ningún sentido. 

¿O si? Que los deseos se cumplen. A veces.

Quisiera contarte

Ojalá pudiera hablar contigo. 
Y contarte de frente, con los ojos abiertos de par en par, lo que ahora me deja sin sueño. 

Esas ideas locas, sin dueño, que me sobreexcitan sin descanso.

Ojalá tuviera la suerte de tenerte conmigo.
Y de mirarte de frente, mientras te digo lo que escribo. Lo que espero, lo que siento y prometo estar agradecido.

Ojalá nos regaláramos ese ratito tranquilo. 
¿Tú sabes como pienso, como sueño, cómo sería reírnos?

Un paseo despacito y desconocido.

Después, silencio.

Tiempo

El tiempo es una sucesión lineal de secuencia constante homogénea. Eso es lo de siempre, Aristóteles, lo normal, lo que hemos aprendido, lo que nos enseñaron, es lo lógico.

Pero hay una dimensión del tiempo que no es lineal. Es transversal. Es el tiempo del alma que decía San Agustin.
Es el tiempo grueso, intenso, lineal y estrecho. Es el tiempo desapacible, el tiempo alegre, agradecido o perdido. El tiempo de oro y diamante. El tiempo frío o ardiente. El tiempo espeso de espera, el feliz detenido también en un beso.

El tiempo lineal, no es eterno, es efímero. Sin embargo el tiempo del alma, intenso, es infinito. 

Cada cual es libre de creer con su tiempo lo que quiera.

En mi caso, transcurrido el tiempo, fue algo así: 

Fui consciente de él desde muy pequeño, quizás al descubrir mi curiosidad. Siempre ferozmente, intentando aprender y hacer muchas cosas, a vivir intensamente, con riesgo. Hasta que todo cambió. 

Imagina cuando luchas con fuerza por tu sueño, y consigues alcanzarlo. Y lo vives con ilusión y pasión, casi sin darte cuenta, a toda velocidad. Y un instante después, de la misma manera, lo pierdes de vista y desaparece.

Caer al vacío sin final, paralizado, enfadado, desolado, es la única base de todos los pensamientos.
Bajas los brazos, te declaras vencido y crees en firme haber finalizado tu misión, y no dispones ya de futuro. 

Sin embargo, pasado un tiempo, descubrí aliviado que había perdido todo, especialmente la ambición. Pero también aprendí a mirar despacio, a vivir con sentido lo que te toca, a ver el tiempo “a lo ancho”, recreando cada sentido, respirando hondo, escuchando con paciencia, aprovechando la vida, más austera, más intensa y verdadera. A disfrutar siendo generoso y calmado. Y haciendo reír.

La única pérdida letal que añoro son los abrazos. Y el castigo, la soledad.
El amor, os aseguro, lo llevo dentro. 

Ahora me voy a aprovechar el tiempo. Y a disiparlo.

Perdonen que les escriba. 

El eterno retorno de Carmen Salazar
Imagen.- El eterno retorno. Carmen Salazar

Deseo, y no ver

Los abrazos

Cuando alcanzas a saber todo lo que perdiste.

Y consiste en una especie de ceguera, una puerta oscura cerrada de golpe, ahora pandémico.

Y no ver

A oscuras, solo, imaginando lo que deseas.

Únicamente un hilo de luz en los recuerdos, reconociendo sonidos antiguos.


Tu

Si hay otra vida, debe ser luz y abrazos.

Sin tus labios y tus ojos ardiendo, mejor no ver, estar ciego.

Perdido, estamos perdidos

Ya nada está perdido, cuando lo has perdido todo. El mundo y la vida es de los atrevidos.

Arriesgarlo todo cuando no tienes nada.
Emprender un nuevo camino al final de una certeza. Tomar aire cuando exhalaste el que te queda.

Nada de esto tiene mérito, ninguno es una gesta.  No merece considerarlo, ni aplaudirlo.
Es una necesidad de vida.  Es un atrevimiento, quizás.

Pero el camino comienza incierto. Ni siquiera el rumbo ni el tiempo están determinados con claridad.
Unicamente das un paso detrás de otro.

Cargado a la espalda, de cualquier modo, todos tus miedos y tus vergüenzas, las mentiras y tus verdades, el orgullo y la humildad, para andar y no parar, hasta el final.

Nómada

¿En que momento de debilidad decidimos echar raíces y defendernos. Pararnos a conservar lo conseguido, y dejar de buscar lo nuevo? 

Siempre hay un placer en la partida hacia un destino lejos, un camino surcado de encrucijadas donde perdernos, una duda, un atardecer que nos deje sentado y en sueños. 

¿Y si no vuelvo? ¿Y si, por una vez más, me pierdo? Que más da, si soy feliz con este atrevimiento.

Cada día amanece, y no quiero perderlo. Solo una lágrima no va a parar el cielo. Ojalá llueva y moje todo de vida, y este viaje se haga eterno. 

A años luz

A años luz de lo que quieres 
que casi tocan mis dedos 
Una brisa del paraíso 
me trae noticias de tu anhelo  

A años luz de tu sonrisa 
que siempre eriza mi pelo
Quiero correr a toda prisa
razón de más, pero no puedo

Ojalá se calme el mar, y no sea tarde
que quiero verte desde lejos 
pisar la arena de la playa
con el príncipe de tus sueños 

Historia a las cinco

Llama mi atención. Capucha y mascarilla ocultan el rostro. Sus ojos mirando al suelo. En la pierna, un tic constante descarga nervios.

 ¿qué me importará a dos metros de silencio? 

Se remueve en su asiento. Cae algo del bolsillo. Dudo si decirle. Tantos meses en silencio.

¡qué narices! – Perdona, te calló algo… –

– ¡Uff! si lo pierdo. Me espera mi madre – descubre, la cabeza rapada, ojos alegres. 
– La recojo. A casa muy contentos – 

– Cuidaros mucho – golpeando el pecho. 

– Igualmente – 

Los ojos revelan sonrisas. 
El Metro abre la puerta. Hospital. 
Desaparece corriendo.

 
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