Desaparecer

Desaparecer, esfumarse en el aire a tu espalda, sin ser escandaloso, ni despedirse. Sin dar tiempo a hacerte sufrir por adelantado la marchita decadencia del final. 
Sin epitafios, ni homenajes, ni discusiones, ni aferrados al presente, ni abrazos. 
Tan solo los abrazos los añoro. ¡Ah! Los abrazos.
Los fui dando de a poco a poco, sin alarmar. Pero me supieron a casi nada, y repetiría esa ronda, la última por favor, como el borracho solicita que le llenen la copa una vez más. 

No comprendo lo que me ocurre dentro de la cabeza ahora. Este enfrentamiento absurdo entre los instintos y las razones.
Y siempre pierdo, cualquiera que sea el desenlace. Siempre aferrado a lo contrario. 
Pero el tiempo no descansa. Ya no queda nada. 
Y es el momento. 

Panoli

Soy un panoli.
En casa, durante mi infancia lo escuché muchas veces, sin saber exactamente a qué se refería. Recuerdo que lo decían si se te caía algo de las manos, o te quitaban el sitio o las golosinas.
Incluso hoy tengo dudas sobre su significado. Y sin embargo estoy convencido de que soy un panoli. 

Ha habido épocas pasadas en las que espabilé muchísimo, quizás porque fui tomando responsabilidades, una detrás de otra sin parar, y esto me obligó a dejar de ser como siempre era.

Según he consultado con el diccionario, es un adjetivo coloquial que en España significa persona simple, bobo y fácil de engañar.
Me gusta más esta definición de  personas crédulas y muy confiadas.  Es menos «faltona». 

Ahora, que estoy regresando a mis orígenes, se me hace  evidente que soy un panoli. Me relaja y me gusta ser así.
Estoy cansado de mantenerme alerta permanentemente, de competir por todo en cada minuto. Quisiera encontrar mi sitio. Un rincón apartado del tráfico de personas con prisas donde puedo estar confiado y feliz. 
Y parece complicado.

Pensé en ponerlo escrito en «una camiseta mensajera» tan de moda: SOY PANOLI. Y así, con esta autoafirmación simple me dejarían tranquilo.  
Pero siempre hay cerca alguien que te quiere y te advierte del efecto contrario, cuando, al leer el mensaje, los antónimos, listos y diligentes, se me abalancen como moscas a la miel, a la caza con engaño del pazguato y pánfilo etiquetado en el pecho.  

¡Esto no es vivir!

Sin valor

Aveces nos depreciamos. No aprovechamos las circunstancias para mostrar nuestro valor, y solo se ven las carencias.
Es una cuestión de valor, definitivamente. Pero este fluctúa su nivel en función de la demanda.
Quiero decir, que vales tanto como los demás esperan o necesitan de ti. Si fueras imprescindible, tu valor sería incalculable. Y lo contrario sería ninguno. 

Pero este idioma nuestro atribuye significados diferentes a una misma palabra.
Y en el caso de valor, también entiende de arrojo y atrevimiento. Hay que tener valor para aventurarse con pocos medios, sin margen de seguridad. 
O también iniciar una empresa, un reto, en un clima inseguro, por un camino incierto, aún sabiendo cuál es tu objetivo. Hay que tener valor.
El valor de lo incómodo, del esfuerzo, del riesgo. 

No acepté la rendición, siempre vendí cara mi derrota.
Lo que para mí nunca tuvo valor fue el precio. 

Perdone que le escriba.

Déjame querer

Déjame tener 
una historia de amor. 
La última vez, 
bajo el soportal empedrado 
del dique oscuro 
junto al mar azul. 

Déjame besar 
tus labios, amor, 
beber tus lágrimas, 
en tus mejillas, palidecer, 
tus ojos cerrados 
y yo sin perder. 

Abrázame 
como si fuera la primera vez,  
y la noche nos fuera a encender, 
tanto tiempo frío 
el corazón lo dejo correr. 
Siento tan cerca tu latido 

Y luego abandóname. 
Yo nunca te olvidaré. 
El viejo malecón 
se llevó mis sentidos, 
y te dejó atrás el tacón 
en el escalón donde bailamos fundidos 

de amor. 
Dos por cuatro,   
ritmo de nostalgia
y anhelos. 
Tango de amor 
perdido, de magia, 
llorado, vivo.
Querer

Ella

Ella, cuando sabía con certeza que se acercaba el final, sin dudar, sus últimos días decidió pasarlos conmigo.

A solas en una playa de poniente, de arenas doradas, tranquilamente, su mano en la mía.

Organizó todo a su gusto. La pequeña al campamento, los demás a sus tareas. Todo con normalidad. 

Nos dejó a solas por última vez. El último paseo, las ultimas fotos del atardecer, una última cena a la luz de las velas en el jardín.
Sin abandonar su conversación animada, sin coartada ni señales de tristeza. Solo el cansancio infinito, la ausencia de vitalidad, cercenaban por momentos los ratos a medias. 

A veces me confundía su risa y su felicidad. Y el engaño era el cariño, que quería fuera eterno como esos días que pasamos. 

Al despedirnos del hospedaje, y ya en el coche, nos miramos a los ojos, brillando, serenos, sinceros.
Le pregunté.
– ¿estás bien? 
– Movió la cabeza a ambos lados, como respuesta 
– ¿vamos al hospital?
– ¡Vamos! dijo con seguridad.

P.D. Nunca salimos juntos de ese hospital.

Sinsentido

Cuando ya nada tiene sentido. 
Cuando dudas de ser tú mismo,
de haber vivido este destino.
Cuando la incertidumbre triunfa en tu cabeza,
dándole la vuelta a todo, buscándole los errores,
bañándote sin escrúpulos en temores.

Todo se viene abajo,
dejas de ser tú mismo,
de compartir lo que más deseas,
tu tiempo y tú cariño.

Olvidarte de vivir es el nuevo mantra,
que se olviden de ti, una meta. 
Que acabe pronto el sufrimiento. 
Si no puedes ayudar, si no tienes que dar… 

Como aguantar sin ser generoso, 
guardando tus manos en los bolsillos vacíos,
escondiendo tus ojos o mirando al vacío. 
No te queda tiempo para esperar, 
y te sobra ya todo el tiempo. 
Todo pasó sin pausa.
En un instante.

Cumplir

Me voy fijando como mis amigos van cumpliendo sus años en un goteo interminable. Yo también, afortunadamente, claro. 
El calendario empuja con una fuerza constante que no ceja, ni deja tregua en ningún caso.
Impasible a que tú ánimo esté de bajón, aburrido o más contento que de bares con amigos (quien pudiera). 
No podemos descuidarnos. En un despiste te has perdido más de un buen rato, y no se puede repetir lo irrepetible. Hay que saborearlo en su punto y hora. 
Por supuesto que puedes elegir. Escoger entre amigos y ratos a solas, entre fiestas ruidosas o cafés tranquilos, risas continuas que terminan con dolor en el carrillo o charlas serenas con ideas contrapuestas compartidas. 
Pero no puedes consentir el tiempo perdido.
Es un derroche, tan escaso y caro como está ahora la vida, como pasan volando los días, como ves a tus amigos los años cumplir. Feliz.

26 de junio, viernes de la semana 26 de 1959, tras una noche de calor, a la vista de Puerta de Palmas, me tocó a mi. 





#abuelinoencamino

Donativo para llegar a Santiago Si quieres, ¿me puedes ayudar?

1,00 €

De valor

Buenos días desde los tejados de la vida, donde despiertan los gatos valientes a mucha altura de la realidad, desde donde se observa lentamente y a salvo, lo que ocurre de verdad. 
De donde ya no puedes bajar, si no es con la duda. 

Porque allí abajo todo es lucha, carreras, logros, escapadas, fracasos, atrapados, competencia, victorias y derrotas, apariencia, elegancia, cansancio, impotencia, alegrías y fiesta, tristezas y llantos. Y el tiempo presente trepidante, y lo demás es pasado. 

Y aquí, arriba, nada de eso importa, todo es sencillo y no ocupa espacio. 
Amor, Respeto, Amistad, Dignidad, Generosidad, Humildad, Tolerancia, Justicia y Paz 

De aquí ya no me bajo.

Perdone que le escriba.

Ordinario y natural

Volver a ser un ser normal. Volver a estar detrás. Volver a no pensar mal jamás. A ser distinto de los demás.

Y respirar el aire del mar junto a la orilla, sin mirar atrás. Dormir seguido sin despertar, sin inventar, sin arriesgar.

Pasar los días para esperar que al fin acabe de terminar el vaso largo de agua fría. Y respirar, o no respirar.

Se acabó el tiempo. Y sin lamentos, el plan dejó de ser luchar, inventar, soñar.

Y me gustaría tanto el último viaje, largo, intenso, sin apenas equipaje. Casi sin destino, al abordaje.

Agarrando firme y libre el manillar, trazando sin dudar la última curva, las enlazadas lentas, saliendo a su velocidad justa del zig zag.

Y disfrutar tranquilo de la carretera abierta, de la parada haciendo amigos. Sintiendo libre el cansancio que no pesa.
Creer que cruzo entera la tierra.
Explorar sentidos distintos, para perderme, y no volver jamas.


Sin amo

Como perro sin dueño, 
sin rebaño, sin nada que cuidar, 
sin trabajo que hacer, 
completamente vacío. 

Corazón vacío. 
Deseando querer. 
Necesito llenar 
el sentido. 

Sin 
Sin amo
Sin amor  
Sin ardor 

El respeto 
aleja tu mano 
de mi cara  
y de mi pelo 

Y no se quedó mirando 
mientras me pierdo 
en el fondo de la calle. 

Es abril 
y la distancia aleja. 
Ninguna posibilidad de sentir. 

Mañana lloverá, 
seguramente, 
borrando las huellas que dejé.