No metas nunca la cabeza donde nadie te llama,
Nunca sucumbas a la curiosidad.
No sobrevalores tu ayuda.
Si no te la pidieron, no la necesitan.
Quédate a mirar lo que pasará.
Quédate a esperar sin decir nada.
Baja la escalera despacio, planta a planta.
Escucha y aprende. Y deja pasar la que pasa por la acera de enfrente.
Autor: 21siglosofia
Opinión.- Olor
Imagen euroefe
¿A que huele la guerra? le preguntaron a un famodo escritor, antes corresponsal de guerra.
- A plástico y carne quemada o podrida. Aún hoy con 70 años puedo identificar ese olor.
¿A que huele la paz y la vida?
Estamos tan acostumbrados a lo cotidiano, que no reconocemos los olores. Pero están ahí.
El olor del hogar, de las plantas y las flores, de la lluvia, del calor seco del verano, de los libros, el hospital, el trabajo, el gimnasio, el bar. El olor de los amigos, de los despachos. El olor del metro, de la ciudad. El olor de la música, del mar…
Los reconocemos a la primera, si cambiamos de ubicación, de ciudad o de circunstancias. También los recordamos cuando faltan, como el olor de la cocina de la abuela, el olor al desorden o el abandono, que huelen a polvo y ácaros.
La guerra destruye todo, y te marca con su olor peculiar para siempre, olor que rima con horror y dolor.
Nadie olvida una guerra. Ni siquiera cuando has conseguido con enorme esfuerzo un largo periodo en paz.
Esos 70 años que han convertido a un joven periodista, corresponsal de guerra en un escritor de novelas y en esforzado lector, no olvidan.
Su mirada y sus recuerdos intactos de instantes horribles de su juventud.
La humanidad no aprende, o lo hace con una lentitud pasmosa y exasperante, como si no fuera de vital importancia parar la guerra de inmediato, guardando las formas del juego político absurdo, eludiendo el imperativo imprescindible de evitarlas.
Que penosa enfermedad mental, intelectual y tan humana, caer en la tentación de imponer por la fuerza de la guerra manejando cálculos de muerte, dolor y miedo, como daños colaterales «necesarios», víctimas inocentes «inevitables» incluso bajas por fuego amigo, contando muertos anónimos, que no lo son, destruyendo y aplastando todo a su paso, atrapando en fuego cruzado a inocentes, empleando la fuerza descomunal y desproporcionada de una maquinaria de guerra, costosisima y absolutamente prescindible.
Deberíamos convenir y legislar la prohibición total de armas, con el argumento aplastante de que sólo sirven para arrasar y matar.
Si nadie las tiene, desaparece esa posibilidad. Y también de reconocer y aislar a quien la provoca, la auspicia o la alimenta.
Soñar con recursos que generan unión y progreso, como las escuelas y universidades, la formación, la difusión de la historia, la promoción de la cultura, de la música, literatura, teatro, la filosofía, el orgullo de pertenencia compatible con la curiosidad que te lleva a aprender de otros, el mestizaje. La investigación y el desarrollo en industrias que supongan mejora de la calidad de vida, progreso, salud. La atención y el cuidado de la infancia, la discapacidad, los mayores, mejorando sus derechos. Decidir políticas de integración trasversal, sin discriminación de edad, sexo, religión, etnia…
Nos sobran motivos y razones para emplear todas las capacidades y recursos en todas direcciones.
Menos LA GUERRA. Herencia sanguinaria, ancestral, inutil, destructiva y dolorosa que no hemos erradicado y que es fácil, y necesario objetivo de supervivencia.
Depende de nosotros desechar el olor a la guerra para siempre.
Y no lo hacemos. ¿Porque?
Perdonen que les escriba.
Otra Encrucijada
¿Dónde estás?
encrucijada.
A veces pérdida,
otras olvidada.
Algúna confundida.
Sin duda junto al mar.
O quizás lejos,
al pié de la montaña.
Encrucijada
Lo mejor de estar cerca, es la paz que me has dado.
Y lo peor, las despedidas.
La verdad es que, en mis planes de viaje, que nunca se cumplen, había reservado este día para estar junto a ti.
Ahora, en un cruce de carreteras, no se decidir. A la izquierda, hacia donde quisiera. A la derecha, de vuelta.
Y la mirada fija en la pantalla oscura del smartphone, esperando se encendiera con tu mensaje de tres letras: VEN.
Siempre es difícil. A veces imposible.
Nunca sacies del todo tu hambre, tus deseos, ni tus sueños, me dijeron de pequeño, y no entendí. Y aquí estoy infeliz, viviendo una vida a medias, deseando, soñando y a medio comer.
El tiempo, infinito siempre, menos para cada uno, se agota. Y no veo la hora, impaciente por volver. Será antes que el olvido, y muy tarde para el que espera.
Mientras crecerán las ganas, regadas con amor.
Preparada la montura. Ojalá el tiempo acompañe, y los días que restan hasta entonces pasen volando, como nubes en el cielo de una tarde gris de otoño.
Hasta entonces, escribir.
Viaje
Salí de viaje, como planeé.
Y, a la mitad del camino,
cuenta me di
de que no iba a llegar bien,
cómo pensé.
Y sin dudarlo.
Sin dudarlo,
seguí el camino
hasta el final.
Y me perdí.
Y estabas tú.
No te alcancé.
Sólo lloré
cuando te vi,
Y regresé.
Llueve
Llueven rayos de sol
sobre el jardín de olas
Llueven lágrimas de amor
en cada paso a solas
Abrazos de calor
Risas en cada cosa
Ver esa chispa feliz
pegada a tu boca.
La gata
Esperando a la puerta de la casa, curiosa de ojos grandes, recibió con besos, descarada, saltándose la distancia, oliendo la fragancia y los recuerdos, con interés.
Desconfiada, siempre atenta, a la defensiva, nunca se dejó acariciar, tan solo jugar con mi funda de fieltro para las gafas.
Luego marcó su distancia de seguridad. Esa que ni cerca, ni lejos, impidiendo alargar mi mano para tocarla.
Sólo me queda mirarla, y soñar
9 de octubre.
Cuento Sultana de Istanbul
25 grados centígrados de las diez de la noche. A tan solo un día de luna llena, no puedo morir, si no es de pena, porque tú no estás aquí.
Una señal espero. Y me llegó la de ayer.
Ahora quiero un pañuelo blanco y carmín, un agitar tu pelo, una caída de ojos, un rubor, un si.
No sé si pienso y acierto. Sólo se que me encantaría sentir lo que sueño.
No tengo miedo al rechazo, uno más al desconcierto.
Esta vez lo entendería así.
Pero qué locura sería que me dejaras compartir a tu lado un trocito del camino, sin miedos ni vergüenzas, y con los ojos cerrados saber que estás ahí.
Ser tu amigo, confidente, tu amante, tu febrero, tu abril.
Que egoísta soy queriendo que me acompañes, si quiera, sin saber lo que piensas. Si esperar sentado en tu escalera para entregar mi atención y mi cariño, no es lo que ahora deseas para ti.
Un loco se te cruzó en el camino.
Si me apartas, será lo que digas. Desangraré mi herida lejos, y dejaré que seas feliz.
Y si te alegras, seré para ti, amor. Tu compañero, tu amigo. Tu campeón, tu caballero defensor, tu más fiel servidor, tu adalid.
Prometo hacerte reír.
(Carta de amor imposible, más allá de tu izquierda) Del capitán de la guardia a su Reina, en el Palacio del Emir.
Besos
Le lance un beso a la luna,
por si pudiera alcanzarte.
Tu mirándola tan lejos,
y así llegar a besarte.
Apurando
Apurando los últimos tragos,
amanece en el silencio.
Agotado el tiempo
que nos trae aquí la noche.
Aparece la brisa de mañana.
Y es de mala gana
que empiezo a desperezarme,
buscando en un abrazo
tu calor









