9 de octubre.

Cuento Sultana de Istanbul

25 grados centígrados de las diez de la noche. A tan solo un día de luna llena, no puedo morir, si no es de pena, porque tú no estás aquí.

Una señal espero. Y me llegó la de ayer.

Ahora quiero un pañuelo blanco y carmín, un agitar tu pelo, una caída de ojos, un rubor, un si.

No sé si pienso y acierto. Sólo se que me encantaría sentir lo que sueño.

No tengo miedo al rechazo, uno más al desconcierto.

Esta vez lo entendería así.

Pero qué locura sería que me dejaras compartir a tu lado un trocito del camino, sin miedos ni vergüenzas, y con los ojos cerrados saber que estás ahí.

Ser tu amigo, confidente, tu amante, tu febrero, tu abril.

Que egoísta soy queriendo que me acompañes, si quiera, sin saber lo que piensas. Si esperar sentado en tu escalera para entregar mi atención y mi cariño, no es lo que ahora deseas para ti.

Un loco se te cruzó en el camino.

Si me apartas, será lo que digas. Desangraré mi herida lejos, y dejaré que seas feliz.

Y si te alegras, seré para ti, amor. Tu compañero, tu amigo. Tu campeón, tu caballero defensor, tu más fiel servidor, tu adalid.

Prometo hacerte reír.

(Carta de amor imposible, más allá de tu izquierda) Del capitán de la guardia a su Reina, en el Palacio del Emir.

2 comentarios sobre “9 de octubre.

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