Cuento Sultana de Istanbul
Mi querido Capitán:
Siempre fuiste un fiel luchador, humilde y triunfador.
Ganador de éxito. Reconocido.
No te abandones a la tristeza, o te vencerá.
Noto desesperación en tu último mensaje.
Acepta de verdad, como dices, tu misión como un reto, y no dudes en el intento.
Para no defraudarnos ninguna expectativa, no esperes nada. Yo tampoco esperaré nada de estos tiempos.
Entrégate a tu tarea con total dedicación. No te guardes nada, y triunfarás. Vive la vida como si está fuera la última, feliz.
Por mi parte igual haré.
Y el Hacedor dispondrá que futuro nos depara.
Cuida tu espalda, y defiende con interés las heridas de cara.
Siempre esperaré con felicidad ver entrar a tu caballo en la explanada de palacio, trayendote de vuelta.
Autor: 21siglosofia
Sin cabeza
Cómo pollo sin cabeza, dando pasos sin sentido.
Y en la mitad del camino, como siempre cabeza abajo, en el suelo, abandonado te encontré, querido zapato.
Ningún príncipe ni rey atribulado vendrá a buscarte, para así darte un destino fantástico.
Yo te recogí al paso, y te guarde en mi bolsillo, minúsculo zapato.
Sólo para inventar un pequeño cuento, una historia sin pasado.
Se que te perderé en mitad de mi universo atestado. Pero te recordaré en este pequeño post, que dejaré para siempre aquí colgado.
P.D. Dedicado a esa inmensidad de insignificancias a las que no damos valor
Destino
Cuento Sultana de Istanbul
Cuántas veces achacamos al destino la dirección de nuestro viaje, incluso el final.
Cada cual tiene su camino trazado, dicen.
Podemos desviarnos en un cruce, para retomarlo un poco más tarde.
Cada uno, en función de su bagaje, de su condición y de su linaje, va trazando su historia, que se cruza con otras en un tramo de su recorrido, como nos pasa ahora.
Pero puede que esto no dure. Que el tramo compartido parezca poco, y que mi destino me envíe al frente, lejos de ti.
La frontera está en llamas eternamente. Defender el territorio de quienes continuamente nos invaden, parece mi última misión.
La acepto con honor, aunque me separe irremediablemente de la corte.
Allí, a tu lado, viví sin duda los mejores tiempos, y en el corazón llevo tatuado tu insignia, que defenderé con mi vida.
Si el Señor de las almas quisiera, volveré cerca de ti, esperando que tú senda y la mía coincidan afortunadamente.
Pero temo que los riesgos de la empresa que acometo, y el desgaste de las fuerzas cada día, nos alejen sin remedio.
No estés triste nunca. Ten por seguro que juntos vivimos una historia de cuento, que será siempre eterna.
Hasta pronto, hasta siempre, hasta nunca. El Hacedor dispondrá.
Tuyo por siempre.
El Capitán de tu Guardia.

Fallo sistema
Saltó el mensaje en la mesa de control:
Fallo de sistema en tu corazón
Fallo 69R , filtro de polución. Sobrecarga.
Revisar baterías y válvulas de alma.
Mensaje: seis de tus siete vidas de gato
No olvides poner a cero tu contador.
Irreparable.
Alejados
Cuento Sultana de Istanbul
Hay días, cuando te alejas, que presiento alegre tu misión.
Ocupando en la tienda tu tiempo en las tareas más urgentes, ayudando a la gente en su conversación.
Aveces, imagino, te desplazas a caballo hasta el mismo lugar donde nos vimos. Y a pie recorres con paso decidido las calles, atendiendo los asuntos de tu agenda.
Alguna vez tengo envidia de tu criterio sin fisuras, y aprecio infinito la limpieza de tu mirada, tu dulzura.
Ser de luz, corazón sensible, poderoso compañero de armas, que juraste defenderme y auxiliarme, ven a mi, acércate que te extraño el abrazo.
¿Cómo no hacerlo?
Cuento Sultana de Istanbul
Cómo no quererte.
Cómo guardar en secreto.
Disimular los gestos de la cara
al mirarte fijamente.
Cómo no pasar miedo,
si el temor a perderte
me atenaza la duda,
que se desvanezca este cielo.
Y vuelvan las tormentas
azotando el mar de hielo.
La soledad más completa,
sin tu calor en mi pecho.
Sin ataduras, sin compromiso.
Sólo sitiendo la ternura
de tu mano en mi espalda,
abrazo refugio, paraíso entero.
Cómo no quererte,
si me has devuelto a la vida,
la risa, la ilusión de ver mañana
amanecer, envuelta en mi camisa.
Ya no llegan barcos
a través de mi ventana
de la Mezquita MOLLA CELEBİ.
En FINDIKLI, el puerto de Istanbul.
ODIO ODIAR
Odio el trabajo que hice. Odio la misión que acepte. Odio la distancia. Odio mi ceguera. Odio al cobarde matón, Maricon de mierda. Que abusa de un niño, y no se atreve con la verdad. Odio ser pamplinas. Discutir de la grandeza, de objetivos enormes. Y no ver de cerca. Odio el horror que me infringieron a sabiendas Odio mi dolor, mi camino, mi certezas falsas. Odio dudar, odio caminar. Odio mi vida. Odio mi tristeza, estar cerca. Odio odiar.
Con los ojos cerrados
Con los ojos cerrados
veo el mundo de colores.
Verdes, morados, anaranjados.
Varias ramas desprendidas de los árboles,
volando en el aire mecidas.
Y las olas, crecidas,
se estampan a la orilla de la playa.
Con los ojos cerrados
no hay distancia.
Imagino tus mejillas
aquí pegadas.
Tus manos en las mías,
preguntando, aferradas,
¿dónde está la silla?
¿dónde la ventana?
¿Dónde está tu pecho
que me sirve como almohada?
¿Dónde la cama?
¿La dulce calma?
Con los ojos cerrados
no hay distancia
Los pasos medidos
a compás de la danza.
Con los ojos cerrados,
tu rostro son las yemas de mis dedos,
la curva de tu espalda,
decir que te quiero.
Con los ojos cerrados
no hay distancia.
No hay sonidos.
No hay nada.

Lazo roto
Hoy necesite ayuda. No podía dormir.
Ya de madrugada voy mirando a la ventana, por si veo amanecer. Pero desde aquí no se ve.
He roto el enlace que me unía a un sueño. Era débil y fácil de romper. Pero me hacía tanta ilusión que en la sobrexcitacion lo rompí, como un niño alterado con un juguete delicado.
Es normal. Era demasiada intensidad. Tanta que daba miedo.
Y ha sido eso lo que ha dejado el enlace roto.
Voy a salir. Aún es de noche, pero quiero buscar tu primer haz de luz del día, el viento en las mejillas secará lágrimas y respirar el mar calmara con sal el dolor de las heridas.
Es jueves esperanza, y el cielo gris amenaza lluvia. Ojalá me moje de camino a casa. Ojalá enfríe está hoguera encendida alta. Ojala recupere lo perdido, y me devuelva el viento ese lazo de seda.
Sombrilla de Otoño
Está triste la sombrilla.
Ya no siento el sol.
El calor se esfumo en la niebla.
El color gris la invadió.
El otoño pone a ras de piel
los sentidos, la sensibilidad.
Echo de menos tu sonrisa,
y no quiero despertar.
Con un pie colgando
en el alféizar de la puerta,
no sé si salir o esperar
a que vengas de vuelta, amor.









