En este momento que nada queda del pasado y el futuro se abre delante, lucho por ser feliz, y solo me queda olvidar.
Ejercicio doloroso y fantástico, el de desprenderme del orgullo, la competitividad, la suficiencia, la seguridad, el poder, el dinero, la influencia… Y me queda algo de nostalgia, a flor de piel los sentimientos, y la soledad.
Sequé mi ambición en un pozo de realidad, físicamente limitado.
Cambié eternidad por un amor eterno, con media pensión a medias, salud vigilada, risas y lagrimas fáciles, y abrazos generosos. Mi paraíso.
Ya no sirvo para tanto, pero valgo un tesoro para mí. Y lo que tengo lo doy, sin dudarlo.
He pasado de sujetar TODO con fuerza en mis manos, a poner mis manos a la espalda, atadas.
La soledad acompañada, rodeado de gente que me quiere, y que me mira con curiosidad. Aún presiento algún comentario en voz baja de «ya no es lo que era», en la duda de ¿Que hace este hombre?
Ahora me arriesgo a cruzar los pasos de peatones en mitad del tráfico enloquecido, que con urgencia, no respeta al de a pié. Solo levantó la cabeza para ver el horizonte encendido al amanecer, y las puestas de sol enrojecidas. O para buscar la luna nueva, que la luna llena me viene sola.
Y convertido en payaso, todo empieza «para hacer tu risa estallar»
Hoy toca viajar, recorrer la distancia al revés. Ojalá pudiera volver, que ya te extraño.
Sensibilidad es la nueva fuerza que me empuja, y me quema.
Arde la vida. Y consume.
«…en un mundo descomunal, siento mi fragilidad»