Protegido: Mi estrella verde y azul

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Palacio

Cuento Sultana de Istanbul

Cuanta razón tienes. Aquí en Palacio he tenido que defenderme con inteligencia y tesón de las presiones y acosos de gente de esta, que ya te daban por perdido, y optaban sin vergüenza a ocupar tu sitio en la guardia.
No se cómo controlas el normal deseo de venganza. Yo los pasaría por mi espada sin dudarlo. Pero siempre hablamos de situaciones como está, y responder con fuerza a la fuerza desencadena mucha más violencia. Y solo se construye desde la paz, y se destruye desde la guerra.
Acudiré dónde dices, al alba, de capa negra.
Y partiremos lejos en busca de la paz que tanto ansiamos.
Tanto como tú abrazo y tus besos. Y tus relatos y risas por las que tanto te amo.

No vengas sólo, te lo ruego. Cuida tu espalda y guarda también toda cautela.

Cautela

Cuento Sultana de Istanbul

Volveré de inmediato, en cuanto mis heridas me permitan viajar.
Os he de confesar que no me encuentro seguro entre estos.
La gran victoria de la que hablas fue muy complicada por pequeñas traiciones y decisiones controvertidas que me dejaron a solas con un puñado de hombres defendiendo la atalaya.
Entonces no me di cuenta. Pero ahora, con calma, veo que grandes triunfos sobre el enemigo despiertan un enemigo aún mayor entre tus filas. Y es la envidia.
Algunos de los que me animaban encarecidamente al combate, esperaban ansiosos el desastre. Y una vez volví victorioso, descubro con rabia sus maniobras.
Declaran guerras que no libran, te empujan a batallas que no pelean, donde mueren gente de bien sin saber porqué les aplastan de esa manera tan cruel. Vi morir a mi lado amigos y gente buena. Muertes inútiles que en mi alma se quedan.
Son gente poderosa, que se mueven bien medrando en la voluntades y maniobrando la política, arma más peligrosa que la espada, porque la alimenta la ambición y el poder.
Si pudiera contar con vuestra ayuda, os ruego rechaceis en mi nombre homenajes y festejos. No deseo ninguna fiesta.
Escusaros en mi mala salud, y esperemos a que amanezca.
Yo llegaré a recogeros por la puerta oscura de la muralla.
Actuad por favor con cautela.

Vuelve

Cuento Sultana de Istanbul

Me atemorizan las noticias que recibo, y tus palabras encendidas de valor y temeridad.
Has de saber que en palacio alaban encantados tu gran victoria, conseguida en minoría y rechazando la gran ofensiva del ejército cristiano, que se retiró vencido.
Has cumplido de sobras la misión que se te encomendó.
Estoy tremendamente orgullosa de tus hazañas.
Pero ahora, por favor regresa. Sería una locura suicida exponerte de nuevo en la lucha.
Debes restañar tus heridas y disfrutar de los trofeos y prebendas que te corresponden.
Otros ocuparán tu lugar en la frontera, que dejaste despejada de amenazas.
No deseo que pasen más días sin poder rendirte homenaje, estrecharte entre mis brazos y que consientas en rendirte a mis cuidados.
El Hacedor ya me concedió su permiso, y mis padres sus bendiciones. Podremos retirarnos con calma al lugar que elijas, mi campeón.
Regresa cuanto antes y con cuidado.
Espero con impaciencia el momento de estar a tu lado.
VEN

Heridas

Cuento Sultana de Istanbul

Hoy los barbaros cristianos lanzaron un ataque masivo para aniquilarnos.
Recuperando de mis heridas en batalla, con el cansancio aparecen otras antiguas que fui dejando descuidadas.
La intensidad de la misión que acepte no deja margen para nada. Y, así, algunas fisuras en mi fuselaje se abren como grietas gigantes, haciéndome dudar.
¿Merece la pena que esperes, sabiendo mi futuro incierto?
Eres la mujer más bella, y más buena del mundo. No pasará ni un segundo para que llames la atención de un joven atrevido que pudiera hacerte feliz.
Me atormenta la idea de no sobrevivir a este infierno, de no superar el daño que incluso yo mismo me infringí, y volver a ti herido sin remedio, convirtiendome en una carga, cuando yo quisiera ser tu ayuda, tu apoyo, tal y como prometí.
La piel de oso que me cubre, me recuerda la gravedad de mi compromiso. Y es cierto que tu voz y tu sonrisa son mi alimento del alma.
Ojalá en mitad de esta barbarie, encuentre la calma que me devuelva el deseo de estar en ti.

Mañana partiré

Cuento Sultana de Istanbul

Acepto sin duda el encargo, como si fuera un contrato sin fecha de retorno.
De aquí parto mañana en busca de cumplir lo prometido y triunfar en este reto.

Si regresara herido, incluso si no regresara, debéis saber, mi señora, que me hacéis mejor con vuestros consejos. Y que nunca dejaré de amaros, respetando, de antemano, la decisión soberana que toméis, mi Sultana.

Rendiré por siempre mi espada ante vos. Vamos a vivir esta como si fuera la última vida.