Ahora que no se

Ahora que se acabó el esplendor, 
ya no vuelo como antes, 
no sé aprender a vivir 
sin amor, ni miedo.  

Sequé el pozo de las lágrimas. 
Ya no llueve como antes. 
No sé entender lo que siento, 
sin amor, ni miedo. 

Perdido en la inmensidad del cielo, 
ya no miro igual que antes. 
No se conformarme, si voy solo, 
sin amor, ni amante.

Zambullirme en tus ojos. 
Ya no sé sentir como antes. 
No sé morir solo, 
amor, sin mirarte. 

Pesadilla de niño

En mitad de la noche, paralizado en mi cama. Un pequeño grupo de figuras etéreas a mi alrededor. Son tall grays que susurran entre ellos: 

  • Señor. No quiere salir. Está aferrado a su familia, a sus hermanos y sus padres. Nunca los abandonará. Aquí se siente feliz y seguro. 
  • Habla con él. Explícaselo. Lejos será libre, crecerá sin complejos, sin cargas. Y si se niega, sácalo a rastras, escaleras abajo hasta la puerta, que la dejé abierta a la noche. Y allí nadie escuchará sus gritos, ni sus suplicas. Nadie vendrá en su ayuda. Tendrá que luchar solo con todas sus fuerzas si no quiere perderse para siempre en la oscuridad. 

Me tomaron por los tobillos y me arrastraron escaleras abajo, hasta el zaguán. Intentaba gritar, pero no salía sonido alguno de mi garganta. Bajando el último tramo de escalones vi la puerta de casa abierta. Hacia afuera nada se veía. Y el viento agitaba las copas de los árboles grandes de la explanada.

Luchaba extenuado, muerto de miedo. En el momento final, me zafé de su agarre y mi espíritu voló escaleras arriba, a recuperar el cuerpo tendido inerte en la cama, empapado en sudor y lágrimas.

Ese verano estalló la guerra entre árabes e israelíes. Horrorizado, me juré que me pondría en medio de la batalla para poner fin a esa masacre, “Nadie dispararía a un niño”. 

Tenía siete años. Fue en octubre. En la casa de los maestros. Nunca le conté nada a nadie. 

Mi mundo

Mi mundo siempre es impostado. 
Todo lo invento al pasar. 
A veces roza, sin más, 
la vida que tengo a mi lado. 

Ojalá que se escape una sonrisa 
que ilumine tu cara. 
Y brillen esos ojos oscuros 
detrás de tus pestañas. 

Ojalá conmigo estuvieras 
a la salida de sol de esta mañana. 
Y entre bostezos y dulces caricias 
le diéramos una tregua al alma. 

Biznaga

Sentado en el umbral de mi casa. 
Ya me bañé y me perfumé. 
Me vestí de limpio y negro, sin querer, 
impaciente, esperando tu llamada. 

Se que me dijiste que a las 10, 
y me levanté de madrugada. 
No podía esperar a que pasará 
todo lo que siempre imaginé. 

Redúceme a ser. 
Desmóntame la defensa. 
Arráncame la tristeza. 
Empújame a querer. 

Y es que te llamé para un abrazo 
que de repente eche de menos. 
Acudiste volando a mis sueños. 
Siento que me voy embelesando. 

De los sentimientos no soy dueño, 
pasado este momento de locura,  
vuelvo sin querer a la cordura. 
Este imposible amor fue solo un cuento.  

Redúceme a ser. 
Desmóntame la defensa. 
Arráncame la tristeza. 
Empújame a querer. 

Fue muy deprisa, sin aliento. 
Todo pasó en nada, y nada pasó. 
Dejamos abierto el cariño para siempre. 
Envidia siento de dos jazmines en flor. 

Redúceme a ser. 
Desmóntame la defensa. 
Arráncame la tristeza. 
Empújame a querer. 

Habrá sido Gerar

Este verano he aprendido mucho. 
En el minúsculo caos de incorporar a la vida de casa a Raquel, y a la perrita Nina de vuelta a casa, se han sucedido “pequeños” incidentes sin importancia, que han aderezado la vida ordenada y casi lineal que habíamos conseguido.

Así, a pesar de años de método y enseñanza, Nina ahora se sube al sofá a recibir sus cariños y arrumacos, incluso intenta ir a dormir arriba de la cama, como todos (pensará ella), aunque esto último ha sido el límite de lo consentido. 
Llegados a este punto, torcí la ceja con gesto serio, la Nina frente a mi con los ojos muy abiertos, los chicos suplicando “dejala, dejala”, pero no cedí.
Son las normas de esta casa. 
Como compensación, el animal se volvía taciturno hacia el salón, y cuando todo estaba despejado, de un salto se coloca en el sofá y allí pasa la noche. 
A la mañana siguiente, muy temprano, de camino a la cocina, escucho cuatro patas posando sus uñas de un salto en el parquet.
¿Que has hecho Nina?
La perrita paralizada, esperando una reprimenda, sin apartar de mi vista los ojos muy abiertos, mientras le señalo la mancha que ha dejado en el asiento del sofá. 
Cuando se lo cuento a Raquel, de un salto, me sorprende con “Habrá sido Gerar” entre risas.

Si Nina no pudo aguantarse y se hizo caca en la terraza… “Habrá sido Gerar”.
Si en un gesto descontrolado, jugando con la pelota, se rompió algo, sin querer … “Habrá sido Gerar “.
Así ha ido pasando el verano, y hemos aprendido que, si te equivocaste con la ropa de lavadora y se destiñó … “Habrá sido Gerar”.
Si las luces se olvidaron encendidas, las puertas abiertas o si llovió, “Habrá sido Gerar”.
¡coño Gerar, que capacidad!
Da igual si fue Nina, Raquel, Andrea, Sito o el aire del mar … “Habrá sido Gerar”.

Aprendí que “Gerar” es una especie de duende descuidado que va haciendo cosas de las que te pueden reprender.
O simplemente es el dueño de la mala suerte, porque si tienes previsto playa, y sale nublado … “Habrá sido Gerar”.

Así que de un “cuento de bosque gallego” hemos creado un “monstruo” en Andalucía. 
Siempre entre risas, con la princesa Raquel. 

Una curiosidad: no se si es casualidad, pero el cuñado de Raquel se llama Gerard. 
¡Cuanta maldad! No puedo ser tan mal pensado. 

El Gerard de carne y hueso es un bendito. 

… y colorín colorado,

P.D. “Habrá sido Gerar” es siempre una afirmación. La posibilidad de ¿Habrá sido Gerar? no se contempla: Sencillamente no cabe la dudad. 😂😂

Tarros

Tengo aún guardados un par de tarros con esencia.
Quiero gastarlos pronto para que no se pierdan.  Ya gaste casi los de la paciencia. La humildad vino impuesta … y se quedó. 
Y ahora que ya no queda tiempo, Ojalá lo cante todo.

Y me nazca una canción.
De los tiempos felices,
de la risa en colmena,
de acariciar cicatrices,
de la historia más buena.
  
Cuando el pájaro se esconda en la noche 
Y ya no suene su silbido.
Vendrá tu sueño entonces, 
a buscar el último suspiro.

Luna creciente de verano. 
Espérame en el cielo encendido.
Millones de Estrellas
me enseñaron por donde vuelve el cariño. 

De noche.
Cántame al oído.
De noche.

Que se pierda el sonido.
De noche.
La marea me busca.

De noche.
Solo besos dormidos.
Solo besos perdidos.


Descubrir

Ojalá supiera arrancar de mi corazón y mi cabeza lo que ahora me aprisiona y no me deja dormir en paz.
Quizás fuera una cura aprender a dibujar. Inventar no, traspasar todo lo que me ocurre a un papel en blanco.
Figuras sin forma, apenas unas sombras que emergen desde lo más recóndito de la memoria, y que construyen una historia que jamas pasó.
O si.
Eso lo quiero descubrir. 

No quiero esperar

En este instante, que dura media vida, no quiero esperar a la muerte.
Quizás es mejor ir a buscarla. Así eliges donde y con quien. Y soñar, para que no te sorprenda la tristeza conquistando toda tu cabeza, paralizando la visión de la belleza, que es vivir sin esperar. 

Amor ¿donde estás?
Que allí acudiré sin dudarlo, dejando mi corazón intacto para regalarlo en una flor, en un beso robado, posando mis labios en tu hombro, respirando tan solo tu perfume, cerrados los ojos al sol. 

A ciegas

A ciegas quiero. 
Sueño historias de amor que solo ocurren a ciegas. 
Cierro los ojos y apareces. Confío a ciegas, y me dejo llevar por este amor ciego, donde solo existes tú, donde solo soy feliz a ciegas. 

Encerrado en esta celda a oscuras, cierro los ojos y me llenas de luz, amor. 
Atado cada vez más en corto, mi bolsa vacía, no dejo de soñar con el abrazo que me das a ciegas.

(A mi musa, Luna de día, fantasía) 

Redhawk

VACÍO

Se acaban los días, el año avanza sin sentido. 
La noche abre el tiempo a la niebla.
Ya no distingo las caras, difuminadas en el amasijo de mis recuerdos. 
No ofrezco una buena alternativa a quien me pregunta. Y así, cada vez desaparecen en el aire, dejándome solo. 
Estoy viviendo el futuro que vino después de acabar con todo. Y no queda nada. Nada que hacer. Nada que compartir, ni con quien. 
Se de veras que el sueño se disipó, como la niebla a las diez, cada mañana, cuando el sol aún aprieta. 
Y no dejo de echarte de menos.
De ti no me pude olvidar. 
No pude. 
Todo lo demás lo olvido, mientras me llena el vacío.