Apurando los últimos tragos,
amanece en el silencio.
Agotado el tiempo
que nos trae aquí la noche.
Aparece la brisa de mañana.
Y es de mala gana
que empiezo a desperezarme,
buscando en un abrazo
tu calor

Apurando los últimos tragos,
amanece en el silencio.
Agotado el tiempo
que nos trae aquí la noche.
Aparece la brisa de mañana.
Y es de mala gana
que empiezo a desperezarme,
buscando en un abrazo
tu calor

Nada más triste
que la espera
Que te deja en la escalera
sin subir ni bajar
Fuera de sitio
sin saber que hacer
Angustia paralizante
Sin escapatoria
Desorden interno
Perdiste la calma
entregaste tu alma
Este es el final
El último deseo
El último beso
El cielo sangrando
Amanece. Te vas.
Conocí a tanta gente a la que pude hacer feliz. Y sin embargo los dejé en mitad del camino. Conocí a tanta gente a la que quise, siendo feliz. Y en el rellano me enteré que no eran para mí. Y ahora que nada importa si no nos vemos, si ya no es corta la distancia del sendero. Ahora que no te veo si te miro, pero te siento conmigo. Ahora que estoy al final del camino a ninguna parte si no es contigo. Es eterno el pulso del tiempo, el calor de tu mano, El Amor verdadero.
Cincuenta lágrimas
que fueron invisibles
El mar en calma
Los cielos grises
Toda la noche esperando,
y no las vi
Ojalá las vieras
tú por mi
Con intensidad, concentradas en el filo del lagrimal, se desprenden al hablar y también en silencio, a cada paso lento con el que me muevo. Despacio, el tiempo pasa hoy. No se refiere a nada, ni lo esperaba. Pero se desprenden sin parar mejilla abajo o buscando un atajo. Presionando mi cabeza y dentro, el corazón abierto en canal, esponja de tantas ilusiones que, a veces, se hacen emociones en una lágrima.
Mientras te miro, nada tiene sentido.
Desconozco el porqué estoy aquí, contigo.
Somos dos desconocidos.
Impaciente dejo pasar los minutos y me olvido.
Imaginando los colores de las flores.
A ojos cerrados, los olores,
la caricia del agua del mar,
en el cielo, volar…
La cabeza va a estallar,
nervios a flor de piel .
No puedo, no quiero parar.
Quiero salir,
a escondidas, escapar.
Ir allí
Estar contigo
Soñar
Estar cerca
FIN
Corazón derramado Amanece Mar en la luz Cielo añil Frío que despereza Dame tu mano Tengo tu espera No espero nada de ti Pierdo la cabeza Pájaro que mira y salta Tira la caña y deja la cama vacía sin dudas Para que vengas No te detengas en la orilla de arena Vuela para que vuelva Vuela corazón de pecas Mota oscura a contraluz de la inmensidad del mar Este mar cansado pausado y quieto que nada te pide que nada te da Yo que solo quise ser quien te lavaba tus pies Y no miraste solo que olvidé.
Se acerca la tarde. Aquí hace brisa fresca de poniente. Después del día intenso de calor, se agradece un poco de esta pausa viendo caer el sol.
Ahora no tengo nada más que hacer que mirar el horizonte, con el sol de cara, encendido, pero ya no ardiente. Su fulgor se ha transformado en seda, en calor terciopelo, mientras empieza a hundirse en el mar azul marengo.
Solo son unos minutos, largos, menos de una hora mágica que abre la puerta de los sueños. Donde una caricia multiplica su valor, llegando a lo más profundo del corazón.
Aunque alrededor siguen jugando sin parar, siguen las conversaciones en tonos de compartir, eres capaz de concentrar tu alma en la caída al mar del día, hasta el punto de silenciar el momento como si fuera una fotografía, una cinta de película muda.
Daría mi vida por tus pensamientos.
Toda la vida en la emoción serena de un sueño, de una historia de cuento, de un cuento que termina en la noche, en un suspiro de amor.
El último banco para mirar caer el sol que me regaló esa historia, lo tengo bien guardado en mi corazón.

De joven, hace mucho, a mitad de juventud más o menos, se me acercó una clienta, en Cáceres, me miró a los ojos, y deslizó con una sonrisa de súplica un ejemplar de solicitud de donante. Donante de ojos.
… y se fue de mi ventanilla.
Me dejó un poco perplejo.
Luego en casa leí detenidamente el formulario y decidí rellenarlo y enviarlo.
Así me hice donante. De ojos. También lo soy de sangre, por mi grupo 0-, donante universal.
Ahora que últimamente ya no me llama nadie, me gustaría ser donante de sonrisas, de calma, de miradas profundas, y de abrazos y caricias.
Y como decía antes, ya nadie me llama. Y esto se acaba.
Estoy viendo venir la soledad más cierta, ahora que caminar me agota, que se apaga la mirada, con la paciencia intacta, aún con la sonrisa puesta, herencia de la casa.
Engreído y generoso. la realidad manda.
Jo.
… y yo que los regalaba.
Cargado de razones que pesan hasta rendirme.
Cargado de defensas de las causas perdidas, de lo imposible.
Cargado de amor, por las personas, por la vida.
Cargado de dolor, por las ausencias, la soledad, mi desdicha.
Cargado de vacío, el viaje más costoso, mi enemigo.
Cargado de tormentas, de dudas, de mala conciencia, injusta la mía.
Cargado de ganas de atravesar el mundo entero, para besarte.
Cargado de alegría para derrochar, sin medida.
Cargado de asombro por lo sencillo, un amanecer, el mar.
Cargado de rabia, sin miedo, sin tiempo, sin salida.
Cargado de razones para dejarlo todo, y rendirme.
Cargado de fantasía si tú enciendes mi día.
… si tú encendieras mi día.