Opinión.- Poder sinvergüenza

Hoy, a las cinco de la mañana un joven peruano desde Ucrania anuncia el comienzo de la guerra.

El poder, la ambición, el ejercicio obsceno de la maquinaria apisonadora de derechos ajenos, la presión del caudillo hacia todos, proyectando el miedo.

Una vez más. Una más que se repite la estupidez humana, para la que no tenemos vacuna, y que, emboscada, se saltó todas las alertas hasta declarar la guerra.

Una guerra en la que veo el horror de jóvenes, casi adolescentes rusos, ucranianos y del resto del mundo, aplastados frustrando definitivamente sus vidas en una guerra que no es la suya, empujados por ancianos caudillos ensimismados, de venas hinchadas de prepotencia y autobombo, manejando un poder que no les pertenece, destruyendo lo que costó generaciones levantar, y sacrificando un futuro que no verán. 

¿Porqué?

Paralelamente perfecta

La mente es perfecta.
Eso me han dicho más de una vez.
Y sin embargo, a veces te juega malas pasadas. Te aprieta, te exige, te encuentra tus límites.
Y escúchame: si te encuentra tus límites y los pasas, te rompes.

Y a continuación la mente pasa por encima de ese destrozo, y continua apretando y exigiendo más, mucho más.
Alguien me dijo: no luches contigo mismo, porque perderás.

Rompe tu equilibrio, ese del que has estado tan orgulloso de mantener siempre, curtido en mil batallas, superando dificultades cada vez.
Pues ese hace aguas. Y claro, te hundes.

Empiezas a disfrutar de miedos insuperables que antes desconocías.
Descontrolas con la risa y el llanto como nunca.
Oyes voces en tu interior. Voces conocidas.
Ves correr sombras y destellos, que se escapan a tu control.
Disimulas.
Hablas solo.
Bueno, solo que al final le pones nombre, y se convierte en tu confidente, tu mejor amigo invisible. Ríes, lloras y discutes con él, ese amigo imaginario. Aunque aveces tiene razón.
Puede que sea tu conciencia, pero con rasgos diferentes, en tu mente, entiendes que no se parece a ti. Le atribuyes fisonomías distintas a las tuyas para que no sea tu doble, que sería más aburrido.
También vas invitando a otros imaginarios, mezcla de pasado y presente. Y en tu imaginación tienes con todos visiones muy realistas, algunas espeluznantes.
Al principio me impedían dormir, y arrastraba el cansancio como un peso terrible de un día para el siguiente.
Rompí mi pauta de sueño, convirtiendo en insomne gran parte de la noche, donde antes solo dormía.

Con toda esta hiperactividad imaginaria, fui olvidando lo importante, lo real, lo que antes manejaba con desparpajo. Sobre todo profesional, pero también lo cotidiano. Y todo a pesar de que me costó un esfuerzo titánico, y prácticamente toda mi vida conseguir ese conocimiento y esas habilidades.

Y así me fui apartando de todo, absolutamente.
Abandoné relaciones cultivadas con mimo durante años, abandoné y me abandonaron amigos, colegas, familia, y me fui sumiendo en mi nueva realidad, en la que soy absolutamente prescindible.
Se que durante muchísimo tiempo fui el líder de los míos, y me gustó esa responsabilidad. Ahora ya no soy nadie. Felizmente todos aprendieron, se independizaron, y no me necesitan para nada.
Pase de ser motor, a una carga.   

Paralelamente comencé a beber en solitario, aunque no me gusta mucho, es efectivo y rápido.

También pasé de no tomar ningún medicamento a disponer de un puñado de pastillas de todo tipo, especialmente ansiolíticos y relajantes musculares o calmantes. El sueño estaba inicialmente garantizado. Pero las resacas eran espectaculares, y los dolores de cabeza insufribles. Y necesitaba más, cada vez más …


Empecé a discutir en mi interior la conveniencia de una muerte digna. Aunque siempre había matices sin resolver.

Luego a decidir no sufrir.

No me vale la pena el esfuerzo, ni el desgaste. Prefiero terminar. Y punto.

Es ya inútil y gratuito.


Pensar en la muerte continuamente es una obsesión. No es un camino fácil tampoco. Supongo que el puñetero instinto de supervivencia nos joroba el momento. Y la verdad es que cuesta ir educandose para inhibir este jodido instinto, que si bien ha servido eficientemente durante toda la vida, en este momento es un verdadero incordio.


Aunque con tesón e interés, que lo tengo, se acaba venciendo esa resistencia.

Así, liberado, es mucho más fácil negociar con la muerte. Le pierdes el miedo. Luego el respeto. Más adelante la retas a la cara. Y ahora la tengo anulada, vencida. Me es indiferente.


Sí quisiera apurar lo que me queda de salud para viajar, intentar alguna locura, y morir de golpe. No ir disipando la vida poco a poco, alargando y posponiendo el momento inevitable, perdiendo capacidades y necesitando de ayudas a la dependencia para el inútil y absurdo sobrevivir.

Esto es innegociable.


Espero no defraudar. No quiero dañar, pero esto es lo mejor para todos. Y, sin duda, lo mejor para mí.

Diferentes

Definitivamente no somos iguales.

A ti te gusta tomar, fumar y salir hasta la madrugada.

A mi no me gusta tomar, ni fumar y me levanto de madrugada.

Pero, en lo que tú llegas y yo salgo, pasan unos instantes maravillosos que no cambiaría por nada. 

  • Quisiera que me contaras que hay de Magia en las sombras, en el silencio de la noche, en la luz de las estrellas.
  • Te lo cuento todo si tú me dices cómo son los colores, los olores de las flores, y el calor de la arena. 

La Luna y el Sol

Opinión.- De baile de máscaras

Llevamos casi dos años y medio metidos en danza usando una prenda antes exclusiva del entorno clínico. 

Y el caso es que, además de que quizás proteja del intercambio de virus y aire aspirado, tiene también efectos secundarios. Con ella puesta no escuchas bien, no entiendes lo que te hablan, no sabes distinguir entre broma o en serio, y a veces ni si quieras ves con claridad. Es sorprendente como un trozo pequeño tapándote la boca afecta en realidad al oído, la vista, la comprensión y las relaciones entre personas. 

Antes esporádica, de usar y tirar, la hemos convertido en una más de uso diario continuo. Claro que hay quien se declara en rebeldía y no la utiliza ni cuando debe. Lo curioso es que algunos de ellos, ahora que nos dan permiso para salir sin ponerla, van y se la ponen. Habrá que concluir que lo definitivo de estos seres es tan solo la soberbia rebeldía. 

Montados en este tobogán de sube y baja durante tantos meses, atada tu libertad de una mano, restringida la movilidad cuando más acostumbrados estábamos a ser viajeros, en el siglo de la des_inhibición y la des_vergüenza repartiendo besos y abrazos sin recato, cultivando el mestizaje y ampliando el conocimiento, esta enfermedad pandémica nos ha cortado el “rollo” con una nueva lección de humildad. 

Ahora que todo va cada vez más rápido, parece que la naturaleza, que impone su cadencia y sus tiempos, nos corrige decidida con crueldad. 

Es increíble la capacidad que tenemos de aprender y progresar. Somos evolución. Pero si rompemos las reglas de equilibrio natural y no respetamos nada jugando a ser “Dios nivel superior”, el universo nos avisa, y debemos escucharlo. 

Porque me gustaría quitarme la máscara y seguir el baile, que con ella puesta somos más sordos, más ciegos y más tontos de lo que parecemos al natural. 

Respeto y humildad. 

Y a bailar, que es carnaval.

Perdone que les escriba.