Con los ojos cerrados

Con los ojos cerrados 
veo el mundo de colores.
Verdes, morados, anaranjados.

Varias ramas desprendidas de los árboles,
volando en el aire mecidas.
Y las olas, crecidas,
se estampan a la orilla de la playa.

Con los ojos cerrados
no hay distancia.
Imagino tus mejillas
aquí pegadas.

Tus manos en las mías,
preguntando, aferradas,
¿dónde está la silla?
¿dónde la ventana?

¿Dónde está tu pecho
que me sirve como almohada?
¿Dónde la cama?
¿La dulce calma?

Con los ojos cerrados
no hay distancia
Los pasos medidos
a compás de la danza.

Con los ojos cerrados,
tu rostro son las yemas de mis dedos,
la curva de tu espalda,
decir que te quiero.

Con los ojos cerrados
no hay distancia.
No hay sonidos.
No hay nada.

Lazo roto

Hoy necesite ayuda. No podía dormir.
Ya de madrugada voy mirando a la ventana, por si veo amanecer. Pero desde aquí no se ve.
He roto el enlace que me unía a un sueño. Era débil y fácil de romper. Pero me hacía tanta ilusión que en la sobrexcitacion lo rompí, como un niño alterado con un juguete delicado.

Es normal. Era demasiada intensidad. Tanta que daba miedo.
Y ha sido eso lo que ha dejado el enlace roto.

Voy a salir. Aún es de noche, pero quiero buscar tu primer haz de luz del día, el viento en las mejillas secará lágrimas y respirar el mar calmara con sal el dolor de las heridas.

Es jueves esperanza, y el cielo gris amenaza lluvia. Ojalá me moje de camino a casa. Ojalá enfríe está hoguera encendida alta. Ojala recupere lo perdido, y me devuelva el viento ese lazo de seda.

Encrucijada

Lo mejor de estar cerca, es la paz que me has dado.
Y lo peor, las despedidas.
La verdad es que, en mis planes de viaje, que nunca se cumplen, había reservado este día para estar junto a ti.
Ahora, en un cruce de carreteras, no se decidir. A la izquierda, hacia donde quisiera. A la derecha, de vuelta.
Y la mirada fija en la pantalla oscura del smartphone, esperando se encendiera con tu mensaje de tres letras: VEN.

Siempre es difícil. A veces imposible.
Nunca sacies del todo tu hambre, tus deseos, ni tus sueños, me dijeron de pequeño, y no entendí. Y aquí estoy infeliz, viviendo una vida a medias, deseando, soñando y a medio comer.

El tiempo, infinito siempre, menos para cada uno, se agota. Y no veo la hora, impaciente por volver. Será antes que el olvido, y muy tarde para el que espera.

Mientras crecerán las ganas, regadas con amor.
Preparada la montura. Ojalá el tiempo acompañe, y los días que restan hasta entonces pasen volando, como nubes en el cielo de una tarde gris de otoño.

Hasta entonces, escribir.

La gata

Esperando a la puerta de la casa, curiosa de ojos grandes, recibió con besos, descarada, saltándose la distancia, oliendo la fragancia y los recuerdos, con interés.
Desconfiada, siempre atenta, a la defensiva, nunca se dejó acariciar, tan solo jugar con mi funda de fieltro para las gafas.
Luego marcó su distancia de seguridad. Esa que ni cerca, ni lejos, impidiendo alargar mi mano para tocarla.
Sólo me queda mirarla, y soñar

9 de octubre.

Cuento Sultana de Istanbul

25 grados centígrados de las diez de la noche. A tan solo un día de luna llena, no puedo morir, si no es de pena, porque tú no estás aquí.

Una señal espero. Y me llegó la de ayer.

Ahora quiero un pañuelo blanco y carmín, un agitar tu pelo, una caída de ojos, un rubor, un si.

No sé si pienso y acierto. Sólo se que me encantaría sentir lo que sueño.

No tengo miedo al rechazo, uno más al desconcierto.

Esta vez lo entendería así.

Pero qué locura sería que me dejaras compartir a tu lado un trocito del camino, sin miedos ni vergüenzas, y con los ojos cerrados saber que estás ahí.

Ser tu amigo, confidente, tu amante, tu febrero, tu abril.

Que egoísta soy queriendo que me acompañes, si quiera, sin saber lo que piensas. Si esperar sentado en tu escalera para entregar mi atención y mi cariño, no es lo que ahora deseas para ti.

Un loco se te cruzó en el camino.

Si me apartas, será lo que digas. Desangraré mi herida lejos, y dejaré que seas feliz.

Y si te alegras, seré para ti, amor. Tu compañero, tu amigo. Tu campeón, tu caballero defensor, tu más fiel servidor, tu adalid.

Prometo hacerte reír.

(Carta de amor imposible, más allá de tu izquierda) Del capitán de la guardia a su Reina, en el Palacio del Emir.