Fue el primero. El primero de esta saga. El primero que me hizo estallar el corazón en mil pedazos de alegría. Y aún lo hace. Fue el primero en andar, el primero en hablar y cantar, y contar cuentos como el de la “concuriquiña” que le enseñó la abuela Choni, mientras no le perdía detalle con su carita redonda, sus cabellos rizados y su boquita de fresa. Me mantiene unido por una mano fuerte, como una maroma, atracado a puerto. Es todo sensibilidad, de cristal, duro y frágil, y su color es rojo, y enorme como su abrazo. Como su corazón generoso. Porque Sito es todo corazón.
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Espectacular. Vino de la mano de la persona que más quiero. Hace tiempo, tanto que para mí es siempre. Siempre estuvo a mi lado. Siempre discreta, atenta, eficiente, siempre cerca. Siempre me dio un buen consejo. El último, no cargues con pesados abrigos ni mantas. Ropa ligera, una encima de otra. Capas, capas, como la cebolla. Si fuera un fruto, sería cebolla. Me hace llorar, es dulce, agradecida, mejora lo que acompaña. Compuesta de miles de capas, atesora un corazón enorme, que nunca alcanzas del todo. Siempre defendió su estilo valiente de soledad. Siempre me ayudó con ganas, me hizo mejor. Nunca me pidió mas. Simplemente es mi Ana Madrina.
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Tres veces.
Tres, tendré que pasar.
Pasar la pasarela y comenzar.
Todo es empezar a pasar.
Pasar, a cada paso más cerca del final.
Y si el final eres tú, será.
Será 👏 👏👏
🥰.
Volar (Bulería) Paco de Lucía
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Va pasando el tiempo sin pausa. Después de “media vida” te das cuenta de que no aceptas según qué cosas, que no renunciarías a esto o a lo otro; que tienes el corazón ardiendo pero no estás para más mentiras, o más desengaños, o más sufrimiento. Que lo darías todo, pero no apuestas nada por conseguirlo; y hasta se te escapa sin alcanzarlo cuando lo tienes a tu lado.
Perdonad que os diga, nos vamos haciendo personas raras. Muy raras. Queremos cuidarnos y dejamos abandonado el lado más importante, emotivo y relevante de nuestra existencia: el amor. Y dejamos de regarlo.
Yo soy así. Raro de esos. Pero no dejaré de buscar a una persona rara que me complete. Ya no busco corazones lisos, sino texturas.
Mírame a los ojos. Se que te encontraré, allí donde estés. O quizás ya te encontré, y te dejé pasar incrédulo y descuidado. Pero volveré. Andaré el camino entero dos veces si hace falta, revisaré mil veces las estrellas para tomarte en mis brazos. Esperaré a que cada noche salga la luna brillante, y se disipe; y amanezca otro día para decirte, entre risas y lágrimas:
Eres mi persona rara. Una rara bella, única e increíble, amor.
Y sin remedio, sentir ese golpe en el pecho, el calor en las mejillas, la mirada brillante, y atraído irremediablemente hacia tu abrazo, acercarte al oído, susurrando, te quiero. ❤️
Anoche soñé contigo 🎶
Y no estaba durmiendo 🎶
Soñar con un ángel
siempre es soñar despierto
Soñé que me necesitabas,
y fuimos a hablar silencios.
Desborde de lágrimas guardadas,
tus dudas y mis miedos.
Las risas que más curan
en el café mas viejo.
Sentados en la calle.
Verdades a ras de sueño.
Amiga con alma y magia,
no se porqué te cuento esto.
El corazón en la distancia
esta noche dio un vuelco.
Hermana de corazón,
me llamas.
Una cuestión de celos.
La soledad acompañada.
El dragón
guarda tu secreto.
Cogida de la mano, pequeña,
te llevo a casa de nuevo.
Avisa
cuando te haga falta,
y te devuelvo
el último beso.
Que seas muy feliz.
Mi deseo más ciego.
Siempre acaba bonito
este embrujado sueño.
A cada paso su tormento y una liberación,
feliz de estar contigo,
en sueños.
Toda la electricidad controlada,
atrapada en leve abrazo,
en un tímido beso.
Sin querer despertar al genio,
ni siquiera para pedir
los tres deseos.
Y la vuelta
cuesta arriba,
deseando los deseos.
Imaginando
que te quedas
jugando con fuego.
Éramos tan diferentes,
y me gustó tanto
ayudarte.
En el fondo del corazón
ya sabíamos sin duda
de lo imposible.
Ya pasé por duelo.
Tiempo oscuro
asumiendo la pérdida.
Pero la tensión
tan adictiva,
es imposible superar.
Tan solo la distancia
ayuda
a superarme.
No puedo asumir
este reto,
cerca y distancia sideral.
Éramos tan distintos
que imaginamos
no iba a funcionar.
Y brilla la luna
en el mar,
Amor impasible.
Y amanece,
sin llorar,
Amor impasible.
Hoy ruge el mar. Como si estuviese enfadado, enojado por algo que le hicimos. El viento de levante mueve con fuerza la copa de los árboles, las hojas más débiles caen volando hacia la calle. No hace frío, pero el viento … Cuanto hace el viento para que sea un día desapacible para estar fuera de casa. Y dentro, repaso la lista de asuntos previstos para hoy, y que debo aplazar si continúo con el plan de quedarme en casa y no salir. Todo por la borda, como si estuviera surcando ese mar bravo de hoy, imaginando un cambio de rumbo para iniciar una nueva singladura, siguiendo un impulso imprevisto que empuja hacia el lado contrario, sin planes, sin provisiones, sin cordura. Escuchando una música susurrada, con golpes de tambor marcando el ritmo constante. El cielo gris, tendiendo a oscurecer, presagia la tormenta. Y que más da. Déjate llevar, tu corazón adoptó ya el ritmo del tambor, el viento arrecia y no puedes esperar más. Atado al mástil para no sucumbir a la tentación de la ninfa Parténope, es su vida o la tuya, mientras escuchas sin parar sus cantos de sirena. El agua de un golpe de mar en la cara, me devuelve al jueves que toca pasar. De puntillas para no despertar del todo de ese sueño “fatal” de música, tambor, sueños. Y por supuesto de ti. Nunca te encontrare si me quedo aquí.
Soy solo un contador de historias. Las describo con detalle, las descubro cuando están tapadas o a oscuras. Solo las cuento con el ánimo alterado y el corazón conmovido. No podría de otra manera. Me siento incapaz de ponerle letras a lo que no me asombra o me remueve por dentro. En todo, el corazón y la pérdida de razón, pesan como una losa de las de tapar nichos. Alguna vez intento escribir desde la distancia más pulcra, la necesaria para no implicarme. Pero es una burla de la propia historia y acabo enredado en sus notas, en su aroma, o empapado en esa lluvia intensa de gota gorda y charcos que recuerdo de siempre de mi ciudad natal. Y de ese cielo plomizo y oscuro que te da la luz de la tristeza y el olor a mojado en las hojas de los árboles del parque.
Y no se de qué manera la historia se revuelve y me envuelve, y me devuelve lo que siento escondido dentro del pecho. Hoy lloverá sobre el medio día. Parece que cuentan que lo hará con fuerza. Y el viento batirá sobre los cristales de la terraza, dejando ver con dificultad las olas encrespadas rompiendo en espuma blanca la arena de la playa. Y casi nadie se arriesgará a transitar por el paseo a esa hora. Los que ahora lo hacen van con prisa y encogidos, que el viento ya enfría. Dudo si seguir aquí, contándote lo que miran mis pupilas, o coger el chubasquero y salir a la calle pitando.
Pero antes, decirte que perdones mi insistencia grosera para conseguir que me odies y así no hablarte, poniendo esa distancia terapéutica que tan bien puede que nos valga para olvidar, y abriría el capítulo nuevo de felicidad que te mereces. Nada fue mentira de lo que te demostré, nada de lo que te dije fue un invento. Todo lo sentí y lo siento con intensidad y certeza, amor. Todo lo di con generosidad sincera.
Y ahora si. Debería sacar de casa esta intensidad, y disipar junto al mar, este día frío y malo, las lágrimas sentidas que se me escapan. Lágrimas de cocodrilo, tú sabes.