Ruge el mar

Hoy ruge el mar. Como si estuviese enfadado, enojado por algo que le hicimos.
El viento de levante mueve con fuerza la copa de los árboles, las hojas más débiles caen volando hacia la calle. 
No hace frío, pero el viento … Cuanto hace el viento para que sea un día desapacible para estar fuera de casa.
Y dentro, repaso la lista de asuntos previstos para hoy, y que debo aplazar si continúo con el plan de quedarme en casa y no salir. 
Todo por la borda, como si estuviera surcando ese mar bravo de hoy, imaginando un cambio de rumbo para iniciar una nueva singladura, siguiendo un impulso imprevisto que empuja hacia el lado contrario, sin planes, sin provisiones, sin cordura.
Escuchando una música susurrada, con golpes de tambor marcando el ritmo constante.
El cielo gris, tendiendo a oscurecer, presagia la tormenta.
Y que más da. Déjate llevar, tu corazón adoptó ya el ritmo del tambor, el viento arrecia y no puedes esperar más. Atado al mástil para no sucumbir a la tentación de la ninfa Parténope, es su vida o la tuya, mientras escuchas sin parar sus cantos de sirena.
El agua de un golpe de mar en la cara, me devuelve al jueves que toca pasar. De puntillas para no despertar del todo de ese sueño “fatal” de música, tambor, sueños. Y por supuesto de ti.
Nunca te encontrare si me quedo aquí. 

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