Apurando los últimos tragos,
amanece en el silencio.
Agotado el tiempo
que nos trae aquí la noche.
Aparece la brisa de mañana.
Y es de mala gana
que empiezo a desperezarme,
buscando en un abrazo
tu calor

Apurando los últimos tragos,
amanece en el silencio.
Agotado el tiempo
que nos trae aquí la noche.
Aparece la brisa de mañana.
Y es de mala gana
que empiezo a desperezarme,
buscando en un abrazo
tu calor

Colores de la noche,
cerrada de madrugada
mientras esperaba,
mientras soñaba
contigo
Azul y negro.
Tus rasgos oscuros.
Y la luna de plata
que nos miraba
cogidos.
Tus ojos brillando.
Llorando los míos.
Mi corazón estalla,
me entrego
rendido.
La cerca me separa del jardín seco, de las perchas pajareras, árboles enormes ya sin hojas, donde se posan los pájaros que van de paso alejándose del invierno que acecha.
Tan cerca de que coloquen su valla de “en venta” y que deje de ser la puerta de salida, y la de vuelta.
——- (de mi pequeño universo en Badajoz – Extremadura)
Y de todo esto tengo memoria. Y testigos.
Otoños lluviosos benditos, corriendo para llegar a la sesión del Conquistadores y también en el Menacho, para salir con tiempo de regresar a casa sin regaños.
A veces refugiados en la cocina del bar Nuevo, o en los vermuts de los Canecos, desayunos en la Guardia Civil y después, a la tarde, a la Casa del Pueblo del PC ¿clandestino?.
También en los ensayos, en casa de Arni, o de Mundi, grabando una casette con Quique.
En los primeros ensayos en los bajos de Salesianos y luego en el local del Casino con los Tramp, y su primer concierto en aquel Come Together de José Luis, que no olvidaré.
Alucinando con los arpegios y punteos de Rafa, los discos que conseguía Nacho, siempre jugando, siempre creciendo.
En la improvisada disco del último piso, con DJ Chiqui, llevando entre todos los discos y echar una tarde entera.
Pasando el “scaner” de la mirada complaciente de Carmelo, de uniforme a la puerta en la calle del Obispo…
Y los guateques en el sótano de Javier Antonio. Su guitarra acústica era la mejor. Y su pequeña Puch súper transformada, y que luego vendió a Calata…
Y llover y llover, y correr hasta el conservatorio a esperar sentados en la escalera.
Que llueva, que llueva, y nos moje hasta las muelas, encerrados en el cuarto más pequeño, que era el de Claudio, aprovechando que estaba fuera estudiando derecho. Y allí amontonados en el rincón del tocadiscos, tan contentos.
Después vinieron otros otoños que también los tengo frescos. Pero sería largo de contar.

Hoy comienzo a preparar el invernadero.
Con los primeros vientos y sus rachas frías que anuncian que en breve el verano se acabó.
Si quiero preservar mis más lindos tesoros, he de arrastrarlos adentro de la cristalera, y rogar que se adapten al encierro, con toda la luz de fuera y el calor de dentro.
¿Y el amor? Para mi no hay amor de invernadero. Prefiero el aire frío en la cara, mojarme corriendo por la acera, sentarme en el remanso de una escalera, ir al cine el día más emboscado, y volver a casa con los zapatos mojados y el corazón henchido.
——- (de mi pequeño universo en Badajoz – Extremadura)


Conocí a tanta gente a la que pude hacer feliz. Y sin embargo los dejé en mitad del camino. Conocí a tanta gente a la que quise, siendo feliz. Y en el rellano me enteré que no eran para mí. Y ahora que nada importa si no nos vemos, si ya no es corta la distancia del sendero. Ahora que no te veo si te miro, pero te siento conmigo. Ahora que estoy al final del camino a ninguna parte si no es contigo. Es eterno el pulso del tiempo, el calor de tu mano, El Amor verdadero.
Con intensidad, concentradas en el filo del lagrimal, se desprenden al hablar y también en silencio, a cada paso lento con el que me muevo. Despacio, el tiempo pasa hoy. No se refiere a nada, ni lo esperaba. Pero se desprenden sin parar mejilla abajo o buscando un atajo. Presionando mi cabeza y dentro, el corazón abierto en canal, esponja de tantas ilusiones que, a veces, se hacen emociones en una lágrima.
Siempre cerca.
A esa distancia infinita,
infranqueable,
paralela.
Dulzura y tacto.
Fuerza escondida.
Tiéndeme tú mano,
dame la vida.
Quiero escalar el muro
que me puso de rodillas.
Andar el sendero,
regalarte la risa.
Anhelo extendida
hacia la brecha,
tu mirada limpia.
Cogida, tu mano.
Reina de la luz,
paciencia fría.
Volcán de pasión
retenida, suspira.
Carcel de otros
silencios ruidosos.
Curioso exploraría
tú piel, tus ojos.
Siempre paciente,
espero tú viento
susurrando mensajes
de tu mano, de tu cielo
… por fin .

Quise retenerte apretando fuerte Y mis manos se abren al pasar los días Entre los dedos ya no puedo guardarte, cómo poco a poco se escapa la vida En un tiempo al que no pertenezco todo lo que hago parece superfluo Y sigo eligiendo cuál es el momento de dejarlo pronto y desaparecer contigo Dejar atrás el futuro incierto cada vez más agrio, también más oscuro no me cuesta tanto. Dime donde busco donde me derramo, que no sea un diluvio El rincón tranquilo, un banco del parque El viento suave, hoy amanece lento Una ola, un abrazo, que cabemos juntos Una última mirada, espirar profundo.
Líquido sobrante que se derrama fuera del recipiente, y por consiguiente innecesario, excesivo e inútil, que no cumple ninguna función. Superfluo
El suave tacto
La textura sedosa
La intención
El ademán cancelado
El calor debido
La continuidad incansable
La paciencia
El respeto
La dulzura
La cadencia perfecta
La pausa
La intensidad precisa
El cariño dado
El tiempo detenido
La mesura
La caricia de corazón
El roce de tu mano
La lenta y dulce pasión
¡Acaríciame!
