Cumpliendo la tarea me paso la tarde sentado en mi banca donde en la mañana estaba rodeado de compañeros. Ahora, sin embargo, en la soledad más absoluta.
Ya terminé la hoja de calculos que me asignaron.
Para entretenerme imagino que los números aparecen por alguna razón literaria.
Así, como en toda historia, hay buenos (1, 2, 4, 5, 6, 8 y 0) y malos (3, 7 y 9) . Cuando la operación que me toca hacer va arrojando la cifra en su columna de unidades, decenas, centenas, … según avance, voy inventando una batalla donde aparecen malos y buenos en el resultado.
En toda historia siempre hay buenos y malos. Y me fui dando cuenta que los malos sumados a otros, buenos y malos, arrojaban cada vez un resultado. Dos malos
resultaban en uno bueno. Buenos y malos unidos resultaban unas veces una unidad buena, y otras una mala.
El resultado incierto a priori, se resolvía aplicando las matemáticas correctamente, apareciendo la cifra en cada columna.
Mirando con desgana las operaciones, se me ocurrió que apliqué una norma injusta designando a los números un adjetivo de bueno o malo por simpatía. Y que asumí ese criterio como ley.
Pero era un prejuicio. Ya que los números iban apareciendo secuencialmente según aplicaba las matemáticas.
Igual que en la vida, pensé. Asignamos valores a personas que desconocemos por simpatías, empatías o rechazos.
El vuelo de una mosca gigantesca me sacó de esta discusión.
De color negro, volaba chocando tozudamente contra los cristales de las ventanas cerradas, en un intento inútil de escapar al patio.
Yo también quería salir, pero debía esperar a que vinieran a buscarme para liberarme de este encierro.
La mosca seguía con su ruidoso vuelo. La seguí con la mirada sin levantarme de mi sitio. Y creo que me descubrió, porque de pronto viró y pasó rozando mi cabeza.
Me asusté. Ahora no me giraba para mirar. Sólo la seguía por el ruido de su vuelo. Y de reojo, si estaba en mi campo visual, la observaba con disimulo. Se que me miraba con sus ojos oscuros.
Siguiendo el vuelo de una mosca agoté el tiempo de esta espera.
Siguiendo el vuelo de una mosca, vinieron a buscarme a este aula de escuela.
Siguiendo el vuelo de una mosca, cerca de cumplir los seis años.