MOLDAVIA

Cuento de Sultana de Istambul

Arrinconado en una pequeñísima casa en el barrio portuario, lo único bueno es que en mi ventana está el Prut, casi desembocando en el gran Danubio, única salida rápida de este lugar extraño. Y el escape natural para mis sueños.

Tras casi dos meses sin recibir noticias de mi Reina, supongo que se marchó de vuelta a Istambul, dejándome abandonando aquí a mí suerte.
Entiendo que sus intereses la obligan a emprender esta vuelta. Y que quiere protegerme de las intrigas. La política cada vez se me hace más incomprensible.

Las batallas, sin embargo llevan otras estrategias. Y requieren de una fuerza que ya no poseo.
Quizás por eso me siento absolutamente desplazado, fuera de lugar. Sólo alimentando mi desánimo y mi tristeza.

No me quedaré mucho más tiempo aquí, resistiendo. Sin duda volveré a casa. Aunque está decisión me costaría la vida.
Pero seguir como extranjero cada día, ahoga todas mis esperanzas.

Viajar está bien. Conocer ciudades y paisajes nuevos. Aunque lo mejor sin duda es siempre volver a tu hogar.
Nunca podré acostumbrarme a ser apátrida. Nunca mientras pueda oler ese mar Negro cercano.

Deja un comentario