Un paso, dos.
Tres pasos, cuatro
cinco pasos o mil,
Seis son casi siete
más de este no sé contar.
¿Y cuando volverás?...
un día o jamas.
¿Y cuando volverás?...
Cuantas veces decimos,
y no volveré,
... y después.
Las emociones,
las flores,
esa canción que te lleva de viaje al futuro,
que ya pasójusto al lado de tu pié,
otra vez.
Bailemos
alrededor de un sueño,
tu mano en mi hombro,
la mia en tu espalda.
Dejemos que el tiempo
detenga el dolor.
Por un instante,
cruzarme en tu mirada.
Y soñar,
dejándome llevar
al son de tus requiebros.
El corazón, alterado,
quiere volar,
perseguido por un beso.
Quise ser un gallo
sin salir del cascarón.
Espera pollito un poco,
que pronto te harás mayor.
Y me hice mayor,
ya de gallo no me gustó.
Y quise volver al cascarón,
pero no vuelve lo que se rompe.
Así anda el gallo protestòn.
Quiquiriquí, cocorocó
El orgullo del esclavo lo libera con esfuerzo de sus ataduras
La primera vez que vi la mirada de orgullo y rabia, sabía que esa mirada lo salvaría. Contenía toda la fuerza que lo enfrentaba a quien pretendía someterlo. Buscando canalizarla a su justa rebelión, no paraba de soñar qué sería de su vida libre; volver a decidir, a luchar que hacer y con quien, sin dueño.
Ya le quedaban meses apenas para conseguir “sus papeles”, pero la ausencia de sus seres queridos y el recuerdo vivo cada instante, la impaciencia de ver tan cercano el final lo turbaba, lo enloquecía. Y le hacia dudar ¿porque esperar a ese día exacto? ¿Porque no intentar adelantar la fecha, huir despavorido hacia el nuevo tiempo? Ya había hecho los méritos. Incluso más. Ya había arriesgado cruzando el mar desconocido. Ya había acallado sus ímpetus iniciales, su violencia ante esta situación injusta, aceptando que era la manera de avanzar, de salir del pozo donde se encontraba en una tesitura sin salida, y buscar una esperanza para su familia.
Y ahora, tan nervioso, tanta impaciencia ¿porque? Si estamos ya casi al final, después de años, lloraba desconsolado y confundido. Esa cercanía tan premonitoria al final del camino, con el objetivo tan cerca, hacían muchísimo más duros estos últimos días.
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A punto de rendirse, de negarse al sometimiento, al respeto, esa muralla que separa a los esclavos de los libres.
En el siglo veintiuno sigue habiendo esclavos. Ahora se llaman emigrantes ilegales en el primer mundo. Los sin_papeles deben someterse a trabajos ingratos, infravalorados, infraretribuidos, sin seguro médico, en jornadas interminables sin rechistar, para asegurarse la subsistencia y quizás poder enviar pequeñas cantidades a sus familias en su país de origen, que allí se convierten, por la magia del cambio de moneda, en maná imprescindible.
Los emigrantes ilegales, llegan impresionados por el nivel de vida y se dan de bruces con crudeza ante la realidad que les espera, donde no pueden acceder al trabajo, a la vivienda ni a la sanidad. Y así aceptan la propuesta ilegal y abusiva de un patrón que les contrata verbalmente y sin garantías, sometidos con miedo a la denuncia a inmigración. La mayoría de las veces, el viaje es sin retorno. Así sufren desarraigo y soledad. Y añoranza de su papá, su mamá, sus hermanos o sus hijos, que reciben las remesas, y a los que engañan piadosamente diciéndoles que todo va bien, y que este sitio “es de colores”.
Alguna vez, hastiados, se rebelan con violencia o se refugian en el alcohol y ruidosas fiestas. Allí ves sus miradas de rebeldía y orgullo. Esa mirada de orgullo que no es, sino dignidad. No hay que mirar a otro lado. Hay que sostener esa mirada y ayudar.
El delito no solo lo comete el inmigrante ilegal, también el patrono que lo contrata y lo somete a condiciones de trabajo ilegales.
La esclavitud está abolida desde el 9 de marzo de 1927 con una Convención que termina oficialmente con la esclavitud y crea un mecanismo internacional para perseguir a quienes la practican. La ONU, como heredera de la Sociedad de las Naciones, asume sus compromisos y vela por su cumplimiento.
La esclavitud es la condición por la que una persona está sometida a otra, perdiendo su libertad. Así, el esclavista toma posesión del esclavo, pudiendo disponer de su destino.
En la actualidad aún existen demasiadas formas de esclavitud camufladas con eufemismos, pero con las mismas consecuencias.
El sol, perezoso y triste
No quería levantarse.
Y la luna le esperó
para besarle.
A la orilla de tu mar
y mi jardín de olas,
mi musa selenita
radiante amanece ahora.
Buscando la soledad
Huyendo de todos
Hiriéndome sin más
Cansado sin hacer nada
Respirando penas y silencios
Agotado
mi tiempo en pasado
En trozos de papel en blanco
Viajando sin moverme del sitio
El dolor metido sin sentido
Dentro de mi cabeza
Volví a perder las gafas
Resaca de mañana
Y el viento estalla
El sol salió impetuoso hoy
no quiero ir
a verlo
Sin ti
Alrededor de las cinco y media, con un café y, como no, conversación animada, esperabas tu turno acurrucada con los pies arriba del sofá y una manta. En un momento los ojos brillan cuando hablas con pasión de los recuerdos de él.
En ese instante del alma en el que la emoción se asoma, en tus ojos aparecen lágrimas de amor. Sin pena añoras, esperas, alegras, y a mi me llega tu verdad, serenidad.
Escribo para respirar. Para desahogar el alma. Para serenar mi cabeza, turbulenta y angustiada tantas veces. Cuando se me caiga la pluma de la mano, cuando no escriba ni un párrafo más, ni un verso. Entonces, ten por seguro que habré muerto. Y, aunque esté delante de ti, estaré ausente de mi para siempre.
Sueño que, si fueras a venir, tendría que correr al encuentro de tus brazos. Tendría que contener mis fuerzas, mis ganas de apretarte, de aferrarme a ti. Y sin embargo sueño con un abrazo largo y sutil, estrechando tu corazón y el mío. Y despierto entre lágrimas, porque ese abrazo tan sentido ya terminó. No fue un sueño, ocurrió. Fue el último abrazo al decirnos adiós
Soñé amores escondido detrás de mí mismo, como si fuera mi propia sombra. Detrás de mi sonrisa muda y trabada, imaginaba coger tu mano mientras devolvías la mirada cómplice por un instante. Imaginaba sentir un pulso coordinado, sentir un amor correspondido, alocado, como un flechazo. Y así pase toda mi vida enamorado. Viviendo amores imaginados, musas difusas que agrandan mis sueños de amor.