Cuesta una barbaridad
despegarte de la piel de siempre,
de tus costumbres antiguas,
tus círculos de influencia,
tus enemistades.
Cuesta tanto
abandonar el refugio
sagrado,
el aire que respiras,
y la luz que te acompaña.
Y dar una vuelta a todo.
Estrenar nuevas escamas,
aventurar caminos nuevos,
sin afectos ni compromisos,
recibiendo avisos de locura.
Llantos de lo abandonado,
y frío intenso en las mejillas,
ahora que acabó
el verano.
Ahora que acabó
el verano.
Comienzo a oscuras,
de noche, buscando el día.
Pasos inciertos, pausados,
con determinación, sin dudas,
sin perder el equilibrio,
recorrer el sendero estrecho,
en pos de la nueva singladura.
Cuando el primer aviso
del sol amaneciendo
toque tu frente, consciente,
llevas recorrido
casi la mitad.
Más cerca del destino.
Luz y colores
que acompañan ahora
las pisadas.
Incierto de todo,
inventas historias imaginadas
a cada paso, más cerca,
a más cerca, más imaginas
la llegada.
No compares con nada
las primeras calles
empedradas.
El primer paso
en la plaza, bajo el arco,
las campanas.
Y el silbido de la gaita.
Y un beso entre almohadas,
el amor en cajita pequeña,
la sonrisa puesta
interminable
en la cara.
Estoy permanentemente en babia, donde habito.
¿La razón por la que escribo?
“… yo no estoy loco, y ciertamente no sueño. Pero mañana muero, y hoy querría aliviar mi alma.”
Edgar Allan Poe
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Camina camino. Camina
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